La Opinión Popular
                  01:39  |  Domingo 23 de Septiembre de 2013  |  Entre Ríos
El clima en Paraná
“Macri sigue emitiendo deuda y se olvida de la Salud, la Educación, el Medioambiente y la Cultura. Le recorta los ingresos a los jubilados pero perdona al Grupo Macri su deuda con el Correo Argentino”. Pino Solanas
Recomendar Imprimir
Sociedad e Interés General - 11-07-2018 / 20:07
EFEMÉRIDES POPULARES

La ejemplar vida de Hipólito Yrigoyen

La ejemplar vida de Hipólito Yrigoyen
Hipólito Yrigoyen nació en Buenos Aires el 12 de julio de 1852. Fue abogado, comisario, profesor y político. Conspirador y revolucionario. Fue el legendario líder de la Unión Cívica Radical, partido al que dotó de gran dinamismo y honda penetración popular, sumando al viejo tronco roquista de origen federal las nuevas expresiones sociales e intelectuales provenientes de la inmigración y la clase media.
Hipólito Yrigoyen nació en Buenos Aires el 12 de julio de 1852. Fue abogado, comisario, profesor y político. Conspirador y revolucionario. Fue el legendario líder de la Unión Cívica Radical, partido al que dotó de gran dinamismo y honda penetración popular, sumando al viejo tronco roquista de origen federal las nuevas expresiones sociales e intelectuales provenientes de la inmigración y la clase media.
 
Los levantamientos armados de Yrigoyen, lleva al presidente de la Nación, Roque Sáenz Peña, a sancionar la Ley del Voto Secreto en 1912, un sistema electoral que garantizará la libertad, transparencia y universalidad del voto. La llamada Ley Sáenz Peña sancionó el voto secreto, obligatorio y universal, pero de una universalidad limitada al género masculino.
 
Luchador incansable por la auténtica vigencia de la Constitución, fue el primer presidente elegido democráticamente en el país, al que signó políticamente durante 30 años. Dos veces presidente de la Nación, fue derrocado por un golpe de Estado promovido por las empresas petroleras, particularmente la Standard Oil Co, a raíz de la inminente nacionalización del subsuelo y el establecimiento del monopolio estatal de la producción petrolera.
 
En el día en que se cumple un nuevo aniversario del nacimiento del dos veces presidente, recordamos, del austero líder radical y de su legado en la vida de los argentinos, su lema:"Que se pierdan mil gobiernos, pero que se salven los principios".
 
Por Carlos Morales para La Opinión Popular

La misteriosa vida de Hipólito Yrigoyen
 
Por: Eduardo Zanini
 
La vida de Hipólito Yrigoyen estuvo llena de certezas y, aún hoy, está cargada de misterios. Fue abogado, comisario, profesor y político. Conspirador y revolucionario. Y dos veces presidente de la nación argentina a través del voto popular, por la vía del sufragio, a favor del cual luchó toda su vida.
 
Yrigoyen pensaba que el voto iguala, legitima, solidariza. Es la herramienta que coloca a todos los ciudadanos en un pie de igualdad.
 
Su primera presidencia abarcó el período 1916 a 1922, y luego fue nuevamente elegido para cumplir el mandato de 1928-1934, interrumpido por el golpe militar el 6 de setiembre de 1930, que inauguró cinco décadas de inestabilidad institucional en la Argentina.
 
Conoció la soledad de Martín García, donde lo encerraron sus enemigos, que con Yrigoyen inauguraron una isla como cárcel para los presidente argentinos depuestos. Fue, la de Yrigoyen, una vida de contrastes.
 
Nació en un hogar humilde y, no obstante, se codeó con la élite de la Argentina, pero no dejó de ser un caudillo que llegaba sin altisonancias a todos los sectores. Se había formado al lado de su tío, Leandro N. Alem. Pero sus influencias intelectuales provenían de Federico Krause, un filósofo alemán sostenedor del "idealismo kantiano".
 
Las crónicas históricas no recogen un solo discurso en plazas públicas, y su característica personal de hombre reservado lo convirtió en "El Peludo" para el lenguaje común y en "El Vidente" para sus adversarios, por su capacidad de anticiparse a los acontecimientos.
 
Pero nada le quitó la popularidad. Por eso curiosa ley de atracción de los contrarios, la gran ciudad sobrada de gente, preocupada por hablar en extenso de sí misma, resultó conquistada por este hombre silencioso.
 
Había donado su sueldo de Presidente a la Sociedad de Beneficencia, y seguía alojándose en su pobre casa vecinal de siempre, vestida con el moblaje ascético de antes... Sin embargo, también acaudalaba dinero como productor agropecuario: arrendaba y vendía campos para permitirse solventar revoluciones y solidaridades.
 
La firme decisión de Roque Sáenz Peña, que auspició desde el poder el cambio de la legislación electoral y así habilitó comicios imparciales, permitió que el radicalismo triunfara en sucesivas elecciones.
 
Yrigoyen alcanzó por primera vez, en 1916, la Presidencia, aunque su partido debió insistir para que aceptara la candidatura. Cuando una disidencia partidaria en Santa Fe hizo peligrar la necesaria mayoría de electores, se negó a cualquier negociación con el grupo discrepante, y este fue quien espontáneamente decidió rectificarse.
 
Sus seguidores le advirtieron que, sin los electores de Santa Fe, la primera magistratura corría peligro. "Que se pierdan mil gobiernos, pero que no se pierdan los principios", les dijo Yrigoyen. Y esperó pacíficamente hasta que, por sí solos, los santafesinos debieron modificar su postura y votar al candidato radical en el Colegio Electoral.
 
En el gobierno, el flamante Presidente introdujo prácticas novedosas. En general, los ministros no fueron elegidos entre los hombres de mayor fuste intelectual entre la UCR, y largos y cotidianos acuerdos de gabinete mostraron, sin disimulo, la vigilante influencia de Yrigoyen en todas las resoluciones del Poder Ejecutivo.
 
Estaba claro que gobernaría con estilo personalista y concentrado. Yrigoyen no se preocupó de que los ministros contestaran personalmente, según era tradicional, las interpelaciones parlamentarias, si no que estás se satisfacían mediante comunicaciones escritas. Para las carteras militares designó civiles, y no jefes de las Fuerzas Armadas.
 
La clase media, tan típica expresión de la dinámica social traída por los inmigrantes, penetró en la administración nacional y en el Poder Judicial, y conquistó buena parte del profesorado universitario.
 
Yrigoyen acentuó el carácter argentino y americano del país. Ante la guerra europea iniciada en 1914, sostuvo la neutralidad ya proclamada por el presidente De la Plaza y se opuso a los deseos "rupturistas" del Congreso, que votó a favor de la incorporación al bando aliado.
 
Pero fue terminada la contienda, y en el propio escenario de Sociedad de las Naciones, cuando mostró su resolución de que la Argentina contribuyera a superar la violencia, y la paz se asentara, rehusándose a discriminar entre vencedores, neutrales y vencidos. Como ese criterio fue rechazado, no vaciló en ordenar el retiro de la delegación enviada.
 
En las universidades, aceptó la renovación de los planes de estudio y de sus sistemas de gobierno, reclamos formulados por los estudiantes del llamado "movimiento reformista". La trascendencia de este movimiento quedó documentada en la frase que figura en el inicial manifiesto juvenil: "Estamos pisando una hora americana".
 
Desde el punto de vista económico, la Argentina de 1900 se sostenía con la renta de un modelo agro-ganadero concentrado. Yrigoyen nacionalizó la explotación petrolera e impulsó la primera fase de la industria de los hidrocarburos.
 
La primera presidencia correspondió con una época en la cuales las conmociones sociales, tras concluir en 1918 la guerra europea, se expresaban en el mundo capitalista con protestas radicalizadas.
 
La Semana Trágica y la represión en la Patagonia entre 1919 y 1921 fueron episodios de muerte y violencia que no están exentos de su responsabilidad.
 
Sus dos coincidencias coincidieron con épocas de crisis. El primer mandato transcurrió durante el desarrollo pleno de la guerra en Europa; el segundo, con los comienzos de lo que en Estados Unidos se conoció como la Gran Depresión económica.
 
Del exterior, provenían también ideologías nuevas, antiliberales, y formas de gobierno novedosas que entusiasmaban a sectores intelectuales de la Argentina, a los eclesiásticos y a los militares: Charles Maurras y Benito Mussolini eran sus exponentes más admirados. Habían conjugado orden, control ante el avance obrero, freno del comunismo y crecimiento en el terreno económico. Estas ideologías pronto tendrían sus difusores en Argentina.
 
Sus detractores, quienes derrocaron a Yrigoyen, creyeron que habían triunfado y se habían ganado un lugar en la historia de la República. Jamás visualizaron, porque en definitiva tampoco les importaba, el daño que habían infringido a las instituciones argentinas.
 
Casi tres años después de su derrocamiento, el 3 de julio de 1933, en Buenos Aires, moría Hipólito Yrigoyen. Una multitud, el pueblo, que sí visualizó en ese hombre la oportunidad de progresar individual y colectivamente, y que también encontró en él a quien podía llevar al país a un destino de libertad, igualdad y prosperidad, llevó en andas por las calles el féretro con sus restos.
 
Introducción del libro "Hipólito Yrigoyen", de Eduardo Zanini (Editorial Vergara).

Agreganos como amigo a Facebook
22-09-2018 / 18:09
22-09-2018 / 18:09
22-09-2018 / 18:09
Perteneciente a la generación revolucionaria independentista de José de San Martín y Simón Bolívar, el caudillo montonero oriental José Gervasio Artigas es el fundador del federalismo en la Argentina.
 
El gobierno porteño abandonó el destino de la provincia oriental a las tropas portuguesas que luchaban contra Artigas, quien, al frente del gauchaje de las campañas había combatido la dominación española, y se enfrentaba simultáneamente, a dos fuerzas: el centralismo bonaerense que lo obligó a levantar la bandera del federalismo para defender su patria grande y las tropas lusitanas que pretendían anexar la Banda Oriental al Brasil para controlar el Río de la Plata y el Paraná.
 
Organizó las Fuerzas Libertadoras en la Banda Oriental y la "Liga de los pueblos libres" contra el centralismo unitario porteño, que subordinaba el naciente país a la política de Buenos Aires y Gran Bretaña. La singularidad de Artigas reside en que fue el único americano que libró en el Río de la Plata una lucha incesante y simultanea contra el Imperio británico, contra el Imperio español, contra el Imperio portugués y contra la oligarquía de Buenos Aires.
 
Artigas se erigió en caudillo de la defensa nacional en el Río de la Plata y al mismo tiempo en arquitecto de la unidad federal de las provincias del Sur. Defendió la frontera exterior, mientras luchaba para impedir la creación de fronteras interiores. Fue, en tal carácter, uno de los primeros caudillos latinoamericano y, sin duda, el más grande caudillo argentino.

Los argentinos hemos pagado tributo a la falsificación de la historia y a la falsía de nuestro origen; y hemos amputado al gran caudillo latinoamericano Artigas, para confinarlo a la Banda Oriental. Y desde hace un siglo, su estatua evoca a un prócer del Uruguay.

Por eso, hoy queremos rescatar su figura y una línea histórica que se inicia en el Federalismo que él fundó, continua con el Irigoyenismo y culmina en el Peronismo, que integra a los mejores hombres e ideas del viejo movimiento en el nuevo y que trasmite las tradiciones nacionalistas, populares y democráticas, originadas en las antiguas raíces de la Patria.
 
Escribe: Blas García

21-09-2018 / 16:09
El 22 de septiembre de 1866, en Paraguay -en el marco de la invasión de este país por parte de la Triple Alianza (Argentina, Brasil y Uruguay)- se libra la batalla de Curupaytí donde, en una verdadera masacre,  mueren alrededor de 9.000 argentinos y menos de 100 paraguayos.
 
La batalla tuvo inicio con el bombardeo de la flota brasileña a las fortificaciones paraguayas, seguido del avance terrestre del ejército aliado. Pero las pésimas condiciones del terreno dificultaron el ataque aliado, lo que resultó más fácil a los paraguayos defender sus posiciones. El desenlace de este enfrentamiento fue favorable al ejército paraguayo, y fue su mayor victoria en esa guerra.
 
Cuando los soldados aliados estuvieron a tiro, se ordenó disparar a la artillería paraguaya que estaba casi intacta y que causó enormes bajas a las tropas enemigas que avanzaban en formaciones muy densas y con mucho esfuerzo y lentitud debido a la zona lodosa.
 
Estas fuerzas, al superar la zona batida por la artillería debían pasar por zanjas cubiertas con espinas y estacas para llegar al campo de tiro de la infantería paraguaya atrincherada en sus posiciones. Los soldados aliados no pudieron acercarse a las trincheras enemigas, y los pocos que lograron hacerlo fueron literalmente fusilados.
 
El desastre de Curupaytí, que constituye un cabal ejemplo del fracaso de un ataque frontal sin reconocimiento previo contra una posición prácticamente inexpugnable, paralizó las operaciones de los aliados durante diez meses, terminó de hundir el ya mermado prestigio del entonces presidente argentino Bartolomé Mitre como generalísimo y reavivó especialmente en Argentina el rechazo popular a la guerra, lo cual devino en una serie de levantamientos en las provincias que hicieron forzoso retirar tropas del frente.
 
La Opinión Popular

21-09-2018 / 16:09
A principios de los setenta se acentuó el reclamo popular por el regreso a la Patria de Juan Domingo Perón. El general Alejandro Lanusse había tomado el poder en marzo de 1971 mediante un golpe palaciego dentro del régimen militar surgido en 1966, y decidió restaurar la democracia institucional en 1973.
 
El 22 de septiembre de 1972, en una maniobra fraudulenta, el destituido presidente Perón es excluido, por tercera vez desde 1955, de las elecciones presidenciales. Perón, desde el exilio en España, tomó la decisión de nombrar un candidato a presidente por el peronismo cuya misión sería eliminar la proscripción por la que él no podía presentarse, para que Perón pudiera retornar al país y -tras la necesaria renuncia del presidente peronista que se descontaba que sería elegido- se llamara a elecciones y triunfara Perón.
 
Perón se decidió por Héctor J. Cámpora y el 11 de marzo de 1973, Argentina tuvo elecciones generales. Cámpora, con el apoyo de Perón en el exilio, gana las elecciones con el 49,5% de los votos; el líder radical, Ricardo Balbín, había salido segundo con un 21,3%, y, como el FreJuLi no había obtenido más del 50% de los votos tenía que realizarse un ballotage entre la primera y segunda fuerza.
 
Sin embargo, Balbín reconoció la victoria de Cámpora y renunció al ballotage. El delegado de Perón asumió el 25 de mayo de 1973, dándose así por finalizado el período dictatorial de la autoproclamada Revolución Argentina.
 
La Opinión Popular

NicoSal soluciones web

© Copyright 2009 LA OPINIÓN POPULAR – www.laopinionpopular.com.ar - Todos los derechos reservados.

E-mail: contacto@laopinionpopular.com.ar