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Sociedad e Interés General - 11-07-2018 / 20:07
EFEMÉRIDES POPULARES

La ejemplar vida de Hipólito Yrigoyen

La ejemplar vida de Hipólito Yrigoyen
Hipólito Yrigoyen nació en Buenos Aires el 12 de julio de 1852. Fue abogado, comisario, profesor y político. Conspirador y revolucionario. Fue el legendario líder de la Unión Cívica Radical, partido al que dotó de gran dinamismo y honda penetración popular, sumando al viejo tronco roquista de origen federal las nuevas expresiones sociales e intelectuales provenientes de la inmigración y la clase media.
Hipólito Yrigoyen nació en Buenos Aires el 12 de julio de 1852. Fue abogado, comisario, profesor y político. Conspirador y revolucionario. Fue el legendario líder de la Unión Cívica Radical, partido al que dotó de gran dinamismo y honda penetración popular, sumando al viejo tronco roquista de origen federal las nuevas expresiones sociales e intelectuales provenientes de la inmigración y la clase media.
 
Los levantamientos armados de Yrigoyen, lleva al presidente de la Nación, Roque Sáenz Peña, a sancionar la Ley del Voto Secreto en 1912, un sistema electoral que garantizará la libertad, transparencia y universalidad del voto. La llamada Ley Sáenz Peña sancionó el voto secreto, obligatorio y universal, pero de una universalidad limitada al género masculino.
 
Luchador incansable por la auténtica vigencia de la Constitución, fue el primer presidente elegido democráticamente en el país, al que signó políticamente durante 30 años. Dos veces presidente de la Nación, fue derrocado por un golpe de Estado promovido por las empresas petroleras, particularmente la Standard Oil Co, a raíz de la inminente nacionalización del subsuelo y el establecimiento del monopolio estatal de la producción petrolera.
 
En el día en que se cumple un nuevo aniversario del nacimiento del dos veces presidente, recordamos, del austero líder radical y de su legado en la vida de los argentinos, su lema:"Que se pierdan mil gobiernos, pero que se salven los principios".
 
Por Carlos Morales para La Opinión Popular

La misteriosa vida de Hipólito Yrigoyen
 
Por: Eduardo Zanini
 
La vida de Hipólito Yrigoyen estuvo llena de certezas y, aún hoy, está cargada de misterios. Fue abogado, comisario, profesor y político. Conspirador y revolucionario. Y dos veces presidente de la nación argentina a través del voto popular, por la vía del sufragio, a favor del cual luchó toda su vida.
 
Yrigoyen pensaba que el voto iguala, legitima, solidariza. Es la herramienta que coloca a todos los ciudadanos en un pie de igualdad.
 
Su primera presidencia abarcó el período 1916 a 1922, y luego fue nuevamente elegido para cumplir el mandato de 1928-1934, interrumpido por el golpe militar el 6 de setiembre de 1930, que inauguró cinco décadas de inestabilidad institucional en la Argentina.
 
Conoció la soledad de Martín García, donde lo encerraron sus enemigos, que con Yrigoyen inauguraron una isla como cárcel para los presidente argentinos depuestos. Fue, la de Yrigoyen, una vida de contrastes.
 
Nació en un hogar humilde y, no obstante, se codeó con la élite de la Argentina, pero no dejó de ser un caudillo que llegaba sin altisonancias a todos los sectores. Se había formado al lado de su tío, Leandro N. Alem. Pero sus influencias intelectuales provenían de Federico Krause, un filósofo alemán sostenedor del "idealismo kantiano".
 
Las crónicas históricas no recogen un solo discurso en plazas públicas, y su característica personal de hombre reservado lo convirtió en "El Peludo" para el lenguaje común y en "El Vidente" para sus adversarios, por su capacidad de anticiparse a los acontecimientos.
 
Pero nada le quitó la popularidad. Por eso curiosa ley de atracción de los contrarios, la gran ciudad sobrada de gente, preocupada por hablar en extenso de sí misma, resultó conquistada por este hombre silencioso.
 
Había donado su sueldo de Presidente a la Sociedad de Beneficencia, y seguía alojándose en su pobre casa vecinal de siempre, vestida con el moblaje ascético de antes... Sin embargo, también acaudalaba dinero como productor agropecuario: arrendaba y vendía campos para permitirse solventar revoluciones y solidaridades.
 
La firme decisión de Roque Sáenz Peña, que auspició desde el poder el cambio de la legislación electoral y así habilitó comicios imparciales, permitió que el radicalismo triunfara en sucesivas elecciones.
 
Yrigoyen alcanzó por primera vez, en 1916, la Presidencia, aunque su partido debió insistir para que aceptara la candidatura. Cuando una disidencia partidaria en Santa Fe hizo peligrar la necesaria mayoría de electores, se negó a cualquier negociación con el grupo discrepante, y este fue quien espontáneamente decidió rectificarse.
 
Sus seguidores le advirtieron que, sin los electores de Santa Fe, la primera magistratura corría peligro. "Que se pierdan mil gobiernos, pero que no se pierdan los principios", les dijo Yrigoyen. Y esperó pacíficamente hasta que, por sí solos, los santafesinos debieron modificar su postura y votar al candidato radical en el Colegio Electoral.
 
En el gobierno, el flamante Presidente introdujo prácticas novedosas. En general, los ministros no fueron elegidos entre los hombres de mayor fuste intelectual entre la UCR, y largos y cotidianos acuerdos de gabinete mostraron, sin disimulo, la vigilante influencia de Yrigoyen en todas las resoluciones del Poder Ejecutivo.
 
Estaba claro que gobernaría con estilo personalista y concentrado. Yrigoyen no se preocupó de que los ministros contestaran personalmente, según era tradicional, las interpelaciones parlamentarias, si no que estás se satisfacían mediante comunicaciones escritas. Para las carteras militares designó civiles, y no jefes de las Fuerzas Armadas.
 
La clase media, tan típica expresión de la dinámica social traída por los inmigrantes, penetró en la administración nacional y en el Poder Judicial, y conquistó buena parte del profesorado universitario.
 
Yrigoyen acentuó el carácter argentino y americano del país. Ante la guerra europea iniciada en 1914, sostuvo la neutralidad ya proclamada por el presidente De la Plaza y se opuso a los deseos "rupturistas" del Congreso, que votó a favor de la incorporación al bando aliado.
 
Pero fue terminada la contienda, y en el propio escenario de Sociedad de las Naciones, cuando mostró su resolución de que la Argentina contribuyera a superar la violencia, y la paz se asentara, rehusándose a discriminar entre vencedores, neutrales y vencidos. Como ese criterio fue rechazado, no vaciló en ordenar el retiro de la delegación enviada.
 
En las universidades, aceptó la renovación de los planes de estudio y de sus sistemas de gobierno, reclamos formulados por los estudiantes del llamado "movimiento reformista". La trascendencia de este movimiento quedó documentada en la frase que figura en el inicial manifiesto juvenil: "Estamos pisando una hora americana".
 
Desde el punto de vista económico, la Argentina de 1900 se sostenía con la renta de un modelo agro-ganadero concentrado. Yrigoyen nacionalizó la explotación petrolera e impulsó la primera fase de la industria de los hidrocarburos.
 
La primera presidencia correspondió con una época en la cuales las conmociones sociales, tras concluir en 1918 la guerra europea, se expresaban en el mundo capitalista con protestas radicalizadas.
 
La Semana Trágica y la represión en la Patagonia entre 1919 y 1921 fueron episodios de muerte y violencia que no están exentos de su responsabilidad.
 
Sus dos coincidencias coincidieron con épocas de crisis. El primer mandato transcurrió durante el desarrollo pleno de la guerra en Europa; el segundo, con los comienzos de lo que en Estados Unidos se conoció como la Gran Depresión económica.
 
Del exterior, provenían también ideologías nuevas, antiliberales, y formas de gobierno novedosas que entusiasmaban a sectores intelectuales de la Argentina, a los eclesiásticos y a los militares: Charles Maurras y Benito Mussolini eran sus exponentes más admirados. Habían conjugado orden, control ante el avance obrero, freno del comunismo y crecimiento en el terreno económico. Estas ideologías pronto tendrían sus difusores en Argentina.
 
Sus detractores, quienes derrocaron a Yrigoyen, creyeron que habían triunfado y se habían ganado un lugar en la historia de la República. Jamás visualizaron, porque en definitiva tampoco les importaba, el daño que habían infringido a las instituciones argentinas.
 
Casi tres años después de su derrocamiento, el 3 de julio de 1933, en Buenos Aires, moría Hipólito Yrigoyen. Una multitud, el pueblo, que sí visualizó en ese hombre la oportunidad de progresar individual y colectivamente, y que también encontró en él a quien podía llevar al país a un destino de libertad, igualdad y prosperidad, llevó en andas por las calles el féretro con sus restos.
 
Introducción del libro "Hipólito Yrigoyen", de Eduardo Zanini (Editorial Vergara).

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19-11-2018 / 20:11
19-11-2018 / 20:11
Juan Manuel de Rosas fue un gobernante que enfrentó situaciones muy difíciles y tuvo que gobernar en circunstancias excepcionales. Su asunción al poder fue recibida con aprobación por la gente humilde: los peones, mulatos y orilleros, que lo querían porque lo consideraban su defensor contra los abusos de los comerciantes y hacendados.

Durante su gobierno tuvo que enfrentar siete conflictos bélicos: dos con Francia, uno con Inglaterra, otro con la Confederación Peruano-Boliviana, otro permanente con la Banda Oriental (ya independizada), dos con Brasil (Caseros fue parte de la guerra con el Imperio brasileño).
 
En 1845, las dos potencias políticas, económicas y militares mundiales de la época: Inglaterra y Francia reclamaron la libre navegación de los ríos interiores argentinos para comerciar con Paraguay. Para ejemplificar el desatino pedido por los europeos, es como si se nos ocurriera navegar el Támesis o el Sena para ofrecer nuestros productos sin pagar aranceles o pedir permisos. No se la llevarían "de arriba".

El intento colonialista de invadirnos, fue enfrentado por las armas nacionales en  la Vuelta de Obligado, en una gran batalla contra el imperialismo británico. El 20 de noviembre es una fecha épica y memorable en la historia de nuestra dignidad nacional. Esta batalla, pese al resultado adverso, dio como consecuencia la victoria diplomática de la Confederación Argentina, debido al alto costo que demandó la operación "comercial". 

La valiente resistencia opuesta por el gobierno nacional, obligó a las potencias agresoras a reconocer la soberanía argentina sobre los ríos interiores: Inglaterra levantó el bloqueo en julio de 1847. Francia, en junio de 1848. Desde la caída de Rosas hasta hace algunos años esta fue una batalla ignorada por la historia oficial, a pesar que casi trescientos argentinos entregaron sus vidas defendiendo la Soberanía Nacional. Además, la batalla tuvo significancia internacional, porque en ella se dirimió el derecho de soberanía de los pueblos.

Porque defendió el territorio nacional y la Soberanía Nacional enfrentando a las máximas potencias del mundo, José de San Martín le legó su sable corvo "Como prueba de su satisfacción por la firmeza con que sostuvo el honor de la República contra las injustas pretensiones de los extranjeros que trataban de humillarla".

Escribe: Blas García

19-11-2018 / 19:11
18-11-2018 / 20:11
18-11-2018 / 20:11
En 1970, la Revolución Argentina que había derrocado, cuatro años atrás, al radical Arturo Illia, comenzaba a transitar el principio del fin. Sus objetivos de organizar la República en base a un catolicismo a ultranza, una economía neoliberal conservadora, sin actividad política, con escasa participación gremial y con ideas corporativas al estilo de la España franquista, se vieron jaqueados por los desaciertos económicos, la rebelión popular delCordobazo y la aparición de organizaciones armadas.
 
La ebullición y la impaciencia política se exteriorizaban en los partidos políticos tradicionales y con Juan Perón, desde Madrid, quien combatía al gobierno militar y organizaba una agrupación multipartidaria, "La Hora del Pueblo", para presionar una retirada del gobierno militar de facto.
 
El primero de abril de 1971, el general Alejandro Agustín Lanusse lanza el Gran Acuerdo Nacional (GAN) un proyecto ambicioso, y a la vez un tanto ingenuo, para reunir al arco político y decidir las reglas del juego electoral. Como un gesto de acercamiento a Perón le devuelve el cuerpo de Evita, pero el GAN tiene los días contados.
 
Lanusse convoca a elecciones para el 11 de marzo de 1973, con cláusulas proscriptivas y frases que pasaron a la historia como "Perón no viene porque no le da el cuero". Pero, el 17 de noviembre de 1972, a las once y nueve minutos de una mañana lluviosa, Perón retorna a la Patria.
 
Un 19 de noviembre de 1972, Juan Perón y Ricardo Balbín, históricamente enfrentados, se encuentran, se abrazan y demuestran que en política no hay enemigos, sino adversarios. Pusieron en marcha un proyecto nacional de unidad para que los dos grandes movimientos populares mayoritarios del país, el peronismo y el radicalismo, construyeran un modelo estable de democracia.
 
Perón falleció el 1º de julio de 1974 y con él se va la posibilidad de una salida pacífica. El país entraría en una pendiente violenta difícil de remontar. Con los años, el proyecto de unidad comenzado por Perón y Balbín fue comparado con el Pacto de la Moncloa español de 1977. Este dio resultado, al primero le faltó tiempo y líderes.
 
Carlos Morales

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