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Sociedad e Interés General - 11-06-2018 / 17:06
EFEMÉRIDES POPULARES. EL 12 DE JUNIO DE 1956 EN LA PENITENCIARÍA LAS HERAS

Fusilamiento de Juan José Valle, el general patriota

Fusilamiento de Juan José Valle, el general patriota
El 12 de junio de 1956 es fusilado el General Juan José Valle en la Penitenciaría Nacional de la Ciudad de Buenos Aires, actual parque Las Heras (en las calles Coronel Díaz y Las Heras) Pidió ser fusilado como civil, rechazando al capellán militar y confesándose con el sacerdote Alberto Devoto, el que fuera luego el popular obispo de Goya.
En 1956, el General Juan José Valle encabezó una malograda sublevación cívico-militar contra la dictadura militar gorila autodenominada Revolución Libertadora del Teniente General Pedro Eugenio Aramburu y el Almirante Isaac Rojas.
 
Derrotado el movimiento, el gobierno militar decidió efectuar un castigo ejemplificador y completamente inusual disponiendo el fusilamiento de los sublevados. Entre el 9 y el 12 de junio de 1956, civiles y militares fueron fusilados, algunos de ellos en ajusticiamientos clandestinos realizados en el basural de José León Suárez, antes de la orden de ley marcial. Por ese aberrante acto se ha denominado a aquel régimen militar como "la Revolución Fusiladora"máxima expresión del odio gorila hacia el peronismo. 
 
El 12 de junio de 1956 es fusilado el General Juan José Valle en la Penitenciaría Nacional de la Ciudad de Buenos Aires, actual parque Las Heras (en las calles Coronel Díaz y Las Heras) Pidió ser fusilado como civil, rechazando al capellán militar y confesándose con el sacerdote Alberto Devoto, el que fuera luego el popular obispo de Goya.
 
La Opinión Popular

El fusilamiento del General  Juan José Valle
 
Por Roberto Bardini
 
En la noche del sábado 9 de junio de 1956, a nueve meses del derrocamiento del presidente constitucional Juan Domingo Perón por la autodenominada'Revolución Libertadora', militares y civiles peronistas intentan recuperar el poder por las armas. Los generales Juan José Valle y Raúl Tanco, junto con el teniente coronel Oscar Lorenzo Cogorno, encabezan una dispersa rebelión cívico-militar que tiene sus focos aislados en Buenos Aires, La Plata y Santa Rosa, capital de La Pampa. El intento es abortado en unas cuantas horas y concluye en un baño de sangre.
 
No se conoce el número exacto de rebeldes que participan del levantamiento. Se ha especulado que, como máximo, son quinientos hombres; es posible que no llegaran a los doscientos. Sí se sabe que les falta coordinación, actúan en forma dividida en las tres ciudades y carecen de armas pesadas. También se sabe que sus planes han sido descubiertos desde semanas antes por el servicio de inteligencia militar, están infiltrados y, en síntesis, no tienen ninguna posibilidad de triunfar. El régimen de la Revolución Libertadora, sin embargo, los deja actuar para poder aplicarles una medida 'ejemplificadora'.
 
El domingo 10 de junio, a menos de veinticuatro horas del levantamiento peronista y cuando ya no existen focos de resistencia, el gobierno de facto encabezado por el general Pedro Eugenio Aramburu y el almirante Isaac Rojas lanza el decreto Nº 10.364, que impone la ley marcial. La pena de muerte debía hacerse efectiva a partir de entonces. Sin embargo, se aplica retroactivamente a quienes se habían sublevado el sábado 9 y ya se han rendido y están prisioneros.
 
El artículo 18 de la Constitución Nacional vigente hasta ese momento aseguraba:'Queda abolida para siempre la pena de muerte por motivos políticos'. No obstante, con una velocidad sorprendente el régimen de la Revolución Libertadora ordena que en menos de 72 horas se efectúen 28 fusilamientos de militares y civiles en seis lugares distintos. Los pelotones de ejecución gastan más cartuchos que los que alcanzaron a disparar los rebeldes condenados.
 
Valle se hallaba oculto en el barrio de San Telmo. El general podría haberse asilado en una embajada pero al atardecer del 12 de junio decide entregarse para poner fin a la matanza. A pesar de que ha encabezado el levantamiento antes de la instauración de la pena de muerte, lo fusilan a las diez de la noche.
 
Aramburu, un católico a ultranza, no tuvo la más mínima piedad cristiana con sus camaradas de armas alzados. Se dice que lloró al firmar -junto a Rojas y otros tres militares de alta graduación- la pena de muerte de Valle, quien había sido su compañero en el Colegio Militar. No obstante, cuando la desesperada esposa del oficial condenado a morir fue a la residencia de Olivos a suplicarle que lo perdonara, le informaron que el presidente de facto no la podía recibir porque se encontraba descansando.
 
 
Vencedores y vencidos
 
 
La 'Revolución Libertadora' del 16 de septiembre de 1955 se dedica a desmontar la maquinaria justicialista y a borrar todo lo que recuerde al gobierno derrocado. El Partido Peronista es disuelto. El ejército interviene la Confederación General del Trabajo y designa como responsable al capitán de navío Alberto Patrón Lapacette. Más de cien mil dirigentes obreros son destituidos. Grupos civiles, entre los que se encuentran conservadores, radicales y comunistas, asaltan sindicatos. Se desata la cacería: funcionarios, dirigentes políticos, empleados públicos, gremialistas, militantes y simples simpatizantes son perseguidos y encarcelados; aumentan las denuncias sobre torturas brutales.
 
El 5 de marzo de 1956, el decreto 4161 decide que 'en su existencia política, el Partido Peronista ofende el sentimiento democrático del pueblo argentino'. La medida prohíbe en todo el país 'la utilización de la fotografía, retrato o escultura de los funcionarios peronistas o de sus parientes, el escudo y la bandera peronista, el nombre propio del presidente depuesto, el de sus parientes, las expresiones peronismo, peronista, justicialismo, justicialista, tercera posición'. La prohibición se extiende a 'las fechas exaltadas por el régimen depuesto, las marchas Los Muchachos Peronistas y Evita Capitana, los discursos del presidente depuesto y su esposa'.
 
El nuevo régimen castiga con cárcel el hecho de nombrar a Juan Domingo Perón y a María Eva Duarte, y de exhibir los símbolos partidarios 'creados y por crearse'. Durante años, el periodismo escrito y radial se referirá al general derrocado como'el dictador depuesto' y 'el tirano prófugo'.
 
Se destruyen monumentos y se queman libros escolares. La Ciudad Infantil Evita es arrasada y se clausura la Fundación de Ayuda Social Eva Perón. El militar que asume como interventor elabora un informe en el que menciona el derroche peronista que significaba darles de comer carne y pescado todos los días a los chicos y, además, bañarlos y ponerles agua de colonia. El interventor contrata una cuadrilla para romper a martillazos toda la vajilla con el sello de la institución.
 
Se crean cincuenta comisiones investigadoras. Al contrario de las normas del derecho, no son los acusadores quienes tienen que probar el delito sino los acusados quienes deben demostrar su inocencia.
 
Durante el mandato de Aramburu y Rojas se acusa a Perón de 121 delitos, se le inicia un juicio por 'traición a la patria' y se le prohíbe el uso del grado militar y el uniforme. En las fuerzas armadas, comienza una depuración que continuará durante varios años.
 
El cadáver de Evita, que aguardaba en el segundo piso de la CGT, en Azopardo al 800, la construcción de un mausoleo, es vejado por un grupo de militares, escondido en diversos lugares y, finalmente, sacado furtivamente fuera del país. El motivo: evitar que su sepultura se convierta en un lugar de peregrinación peronista. Los profanadores, entre los que se encuentra el capitán de navío Francisco Manrique, mantendrán el cuerpo oculto en Europa durante dieciséis años. Durante esos largos años, ella también fue una desaparecida, una tumba sin nombre, una N.N..
 
 
Favores que matan
 
Entre 1952 y 1955, el general Juan José Valle había sido profesor en la Escuela Superior de Guerra y en sus clases explicaba a los alumnos la noción de 'pueblo en armas', tomada del militar alemán Colmar von der Goltz. En junio de 1986, en una entrevista con un periódico, su hija Susana lo describió así: 'Papá era de los pocos militares no nazis. Su formación era otra, en donde la izquierda no asustaba. Estudió en La Sorbona, vio de cerca el fascismo en Italia y lo rechazó sin miramientos. Era un hombre que rara vez se vestía de uniforme, no tenía custodia, ni coche propio, ni chofer, ni miedo (...). Prefería hablar con los sectores civiles del peronismo, con los trabajadores, con el pueblo, que reunirse con los militares'.
 
En las postrimerías del gobierno peronista, cuando Valle era miembro de la Junta de Calificaciones del ejército -en virtud de que su alto puntaje lo ubicaba como el primero de su promoción- había favorecido con el ascenso a general a su amigo Aramburu, que era uno de los últimos de esa camada. Fue entonces cuando Perón le dijo: 'Este hombre le va a pagar muy mal. Estos favores siempre se pagan caros'.
 
Luego del triunfo de los militares subversivos, Valle fue encarcelado en el buque Washington de la marina de guerra. Ahí comienza a pensar en la posibilidad de una rebelión en la que participen militares, gremialistas y sectores del pueblo, y lo comenta con algunos camaradas de armas detenidos. Algunos se suman a la idea; otros, desmoralizados por el confinamiento, se apartan del oficial.
 
Después, el régimen de la Revolución Libertadora le impone un arresto domiciliario y lo envía a 60 kilómetros de la Capital Federal. Susana, su únicahija, relata: 'Se va a la casa de mi abuela materna, con guardián en la puerta. Pero se les escapa. Nos escapamos todos. Mamá y yo por delante, porque no estábamos detenidas, y mientras hacemos esto papá escapa por la puerta de atrás, y se declara prófugo'.
 
A partir de entonces -recuerda Susana- los tres deambulan de casa en casa, duermen y comen gracias a la solidaridad que les abre las puertas de algunos hogares, viven en villas miseria. El militar fugitivo se reúne clandestinamente con camaradas peronistas más jóvenes, como los coroneles Cortines e Irigoyen y el teniente coronel Cogorno. También entra en contacto con dirigentes sindicales como Andrés Framini y Armando Cabo.
 
 
"Ellos lo fusilaron, yo me lo llevé en el corazón"
 
En junio de 1956, Susana es una adolescente de 17 años. Esa noche, le permiten ver a su padre durante unos instantes en el patio gris de la Penitenciaría Nacional. Mientras ella llora, lo ve llegar erguido, 'entero y sonriente', rodeado por un grupo de Infantería de Marina que lleva puestos cascos de acero y porta ametralladoras. Los soldados parecen más asustados que el oficial que va a morir en veinte minutos más.
 
Las autoridades los dejan conversar unos minutos en una sala fría, custodiados por los infantes armados. El general se sienta en una silla y ella se coloca en sus rodillas. En un cuarto contiguo, un enfermero militar tiene preparados dos chalecos de fuerza por si el padre y la hija sufren un choque emocional. Ellos no dan muestras de ningún quebranto, pero algunos de los jóvenes custodios están a punto de desmayarse y otros deben ser retirados de la sala, víctimas de crisis nerviosas.
 
Valle le explica a Susana por qué decidió no asilarse en una embajada y entregarse: '¿Cómo podría mirar con honor a la cara de las esposas y madres de mis soldados asesinados? Yo no soy un revolucionario de café'.Antes de enfrentar el pelotón, el oficial tiene varios gestos. Renuncia al ejército, pide ser fusilado de civil y rechaza al confesor que le han asignado, Iñaki de Aspiazu, por ser capellán militar. En su lugar, solicita la presencia de monseñor Devoto, el popular obispo de Goya.
 
Cuando Devoto llega, comienza a sollozar emocionado. Valle bromea: 'Ustedes son todos unos macaneadores. ¿No están proclamando que la otra vida es mejor?'. Y a su hija, que tiene las mejillas llenas de lágrimas, le dice: 'Si vas a llorar, andáte, porque esto no es tan grave como vos suponés; vos te vas a quedar en este mundo y yo ya no tengo más problemas'.
 
Mucho tiempo más tarde, Susana recordará otros detalles. Estaba sentada en las rodillas del general, con sus manos entrelazadas y, a pesar de que ella no fumaba en su presencia, su padre le pidió un cigarrillo. 'También recuerdo la temperatura de sus manos: no era ni fría ni caliente; estaba absolutamente normal. Papá estaba convencido de lo que iba a hacer'.
 
Un oficial dijo: 'Ya es hora'. Valle se quitó el anillo que llevaba y lo colocó amorosamente en manos de la muchacha. También le entregó algunas cartas: una dirigida a Aramburu, otra para 'el pueblo argentino' y otra 'para abuela, mamá y para mí'. Le dio un abrazo, la besó y, aún más tranquilo que antes, se fue a paso firme por un largo pasillo después de hacer un despreocupado ademán de despedida. Sus custodios, en cambio, marchaban en forma vacilante, con las rodillas a punto de doblarse.
 
'Uno de los soldaditos salió de la fila y se me prendió llorando: Te juro que yo no lo mato. A ese chico lo tuvieron que retirar con un ataque denervios', relata Susana. 'Después, me fui. Ellos lo fusilaron, yo me lo llevé en el corazón'. Al día siguiente, un lacónico comunicado oficial informó: 'Fue ejecutado el ex general Juan José Valle, cabecilla del movimiento terrorista sofocado'.
 
 
"Se acabó la leche de la clemencia"
 
En uno de los párrafos de la carta dirigida a Aramburu, Valle expresa:
 
'Declaro que el grupo de marinos y militares, movidos por ustedes mismos, son los únicos responsables de lo acaecido. Para liquidar opositores les pareció digno inducirnos al levantamiento y sacrificarnos luego fríamente. Nos faltó astucia o perversidad para adivinar la treta. Así se explica que nos esperaran en los cuarteles, apuntándonos con las ametralladoras, que avanzaran los tanques de ustedes aun antes de estallar el movimiento, que capitanearan tropas de represión algunos oficiales comprometidos en nuestra revolución. Con fusilarme a mi bastaba. Pero no, han querido ustedes escarmentar al pueblo, cobrarse la impopularidad confesada por el mismo Rojas, vengarse de los sabotajes, cubrir el fracaso de las investigaciones, desvirtuadas al día siguiente en solicitadas de los diarios y desahogar una vez más su odio al pueblo. De aquí esta incontenible ola de asesinatos'.
 
Más adelante, el oficial condenado al paredón agrega:
 
'Conservo toda mi serenidad ante la muerte. Nuestro fracaso material es un gran triunfo moral. Nuestro levantamiento es una expresión más de la indignación incontenible de la inmensa mayoría del pueblo argentino esclavizado. Dirán de nuestro movimiento que era totalitario o comunista y que programábamos matanzas en masa. Mienten. Nuestra proclama radial comenzó por exigir respeto a las instituciones ytemplos y personas. En las guarniciones tomadas no sacrificamos a un solo hombre de ustedes'.
 
El 21 de junio, el ministro consejero de la embajada de Estados Unidos, Garret G. Ackerson, envía un despacho confidencial a Washington en el que destaca: 'Al principio el presidente describió la revuelta como peronista y neoperonista, pero luego él y otros miembros del gobierno insistieron en su naturaleza esencialmente comunista y expresaron la convicción de que sus líneas de conducta apuntaban al Comunismo Internacional. (...) Las ejecuciones por rebelión han sido muy pocas en la historia argentina. Se había convertido en una especie de tradición no ser fusilado a sangre fría por participar en movimientos revolucionarios'.
 
En esos días, el socialista de derecha Américo Ghioldi afirma eufórico en las páginas del periódico La Vanguardia: 'Se acabó la leche de la clemencia'. El político, apodado popularmente Norteamérico, también es autor de otra frase elocuente: 'La letra con sangre entra'. A partir de entonces, los peronistas rebautizan al régimen militar subversivo de septiembre de 1955 como la'Revolución Fusiladora'.
 
'El gobierno de la Revolución Libertadora había esperado que el intento militar se realizara para provocar un mayúsculo escarmiento', escribe Ernesto Salas en la resistencia peronista: la toma del frigorífico Lisandro de la Torre. En un país donde no existía la pena de muerte y los fusilamientos por motivos políticos parecían cosa del pasado, donde la permanente agitación golpista no había cobrado consecuencias graves en los cabecillas militares, las reglas del juego fueron súbitamente dejadas de lado. La misma noche de la conspiración varios militares y civiles fueron pasados por las armas; algunos luego de juicios sumarios, otros ametrallados por la espalda en los basurales de José León Suárez. La orden de fusilamiento partía de un decreto que no podía ser aplicable a los prisioneros, ya que se había dictado con posterioridad a su detención. El general Valle fue fusilado unos días después, pese a los pedidos de perdón lanzados por distintos sectores, contra los muros de la antigua prisión de la calle Las Heras. Lo que constituía un horroroso crimen, falto de antecedentes, no impidió que una parte de la sociedad argentina y la mayoría de los partidos políticos, siguieran rindiendo homenaje a las obras de la Revolución Libertadora'.
 
Pero la historia tiene sus vueltas. Cuando 18 años más tarde, en junio de 1970, Susana se enteró de la muerte de Aramburu a manos del Comando Juan José Valle, de los Montoneros, sintió que 'sólo la cirugía estética le podría borrar de su cara la alegría', según declaró al semanario La causa peronista el 20 de agosto de 1974.
 
Fuente: Nac & Pop

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17-10-2018 / 20:10
El 18 de octubre de 1801, en Talar de Arroyo Largo, cerca de Concepción del Uruguay, en el entonces Virreinato del Río de la Plata, nace Justo José de Urquiza. Genio militar y hábil comerciante, fue varias veces gobernador de la provincia de Entre Ríos, Jefe traidor del Partido Federal y el primer presidente constitucional de la República Argentina, en 1854.
 
Siendo uno de los principales jefes del partido federal, encabezó el movimiento que derrocó en 1852 al gobernador nacional y popular de Buenos Aires, Juan Manuel de Rosas, con ayuda de tropas brasileñas. Y vuelve a traicionar el proyecto del interior federal cuando ordena la retirada en la batalla de Pavón (1861) cuando las tropas entrerrianas iban ganando y le entrega la victoria al unitario porteño Bartolomé Mitre.
 
Su "neutralidad" frente al bombardeo brasilero del pueblo hermano uruguayo que estaba al mando del coronel Leandro Gómez, en la heroica Paysandú; su participación en la guerra genocida para destruir el Paraguay, ejemplo de un desarrollo autónomo en América Latina; las maniobras para evitar la elección de López Jordán y la entrega de la recaudación de impuestos provinciales en manos de un particular, lo llevaron a la muerte.
 
José Hernández, autor del Martín Fierro, afirmó: "Urquiza, era el Gobernador Tirano de Entre Ríos, pero era más que todo, el Jefe Traidor del Partido Federal, y su muerte, mil veces merecida, ... era el justo castigo al Jefe Traidor". 
 
La Opinión Popular

17-10-2018 / 20:10
17-10-2018 / 20:10
16-10-2018 / 20:10
16-10-2018 / 19:10
El 17 de Octubre de 1945, Juan Perón fue rescatado de la cárcel por la masiva movilización de la clase trabajadora, exponiendo así la falencia del anciano régimen oligárquico antinacional -rapaz y parasitario- y la caducidad de los viejos partidos políticos seudodemocráticos, sobrepasados por el proletariado, que de ahora en más, podía obtener reivindicaciones que ya no se pedían, se reclamaban, porque ya no se confiaba en la buena voluntad de los sectores dominantes sino en la propia fuerza de los trabajadores.
 
Ese día resurge la Argentina profunda, el subsuelo de la Patria sublevado, y reaparece para continuar escribiendo la historia de las masas populares, una secuencia que va desde las lanzas primero -con las montoneras federales del interior-, el voto después -con el radicalismo yrigoyenista- y por último los sindicatos obreros -con el peronismo-. Tres momentos en los que el Pueblo lucha para realizarse con el federalismo, la soberanía política y la democracia social.
 
Como consecuencia de la actuación revolucionaria de las masas populares el 17 de octubre de 1945, el justicialismo llega al poder y produce transformaciones en todos los ámbitos de la realidad del país. La Revolución Nacional, de Eva y Juan Perón, rompió con el modelo semicolonial dependiente, logrando la independencia económica, la justicia social y permitiendo importantes conquistas a los sectores populares. Una Nueva Argentina con el Pueblo de protagonista.

La terrible reacción gorila de la vieja Argentina oligárquica y autoritaria, en el golpe de septiembre de 1955, dan la medida de la trascendencia revolucionaria del peronismo. Cómo los movimientos nacionales antecesores: el federalismo de Rosas y el radicalismo de Yrigoyen; solo se alcanzaron conquistas transitorias y fueron derrotados por la estructura de la injusticia y la dependencia. Revolución y contrarrevolución.
 
A partir de 1955, la exclusión política del peronismo produjo un proceso de Resistencia que ampliaría su perfil. Aglutinó, representó y canalizó a todas las rebeldías y críticas contra el sistema económico, social y político, crecientemente ineficaz y en el cual era el único actor apartado. En esta lucha, el peronismo constituyó el agrupamiento de las fuerzas populares y proletarias, mientras que el régimen militar se identificaba con los intereses de la oligarquía, la burguesía entreguista y los partidos liberales.
 
Todos estos esfuerzos son partes de un mismo combate, en la que todavía no se han alcanzado triunfos definitivos. Corsi e ricorsi, la Patria aparece como un proyecto inacabado que debemos realizarlo plenamente hoy cuando el capitalismo globalizado pretende desembarazarse de las limitaciones que, a lo largo del siglo XX, le impusieran los Estados Nacionales y los movimientos sociales encabezados por la clase trabajadora, para aplicar sus políticas neoliberales de injusticia social.
 
Las medidas económicas del macrismo están inspiradas en el neoliberalismo, que fue establecido durante la Revolución Fusiladora (1955), continuadas por las armas en la dictadura de Jorge Rafael Videla (1976-1983) y por los votos en el gobierno de Carlos Menem (1989-1999). Este tipo de recetas reaccionarias, que aumentan la injusticia quitando derechos sociales y agrandan la dependencia con el fuerte endeudamiento, siempre fracasaron, provocando resistencias populares y revueltas sociales. 


Por eso, como integrantes del Movimiento Nacional y Popular que cambió la historia política argentina, volvemos a levantar, como en 1945, el cuestionamiento del sistema económico-social injusto y la necesidad de dar pelea para cambiarlo.
 
Escribe: Blas García

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