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Sociedad e Interés General - 24-05-2018 / 19:05
EFEMÉRIDES HISTÓRICAS

La Revolución de Mayo de 1810

La Revolución de Mayo de 1810
La Revolución de Mayo, cuadro de Francisco Fortuny. La Revolución de Mayo fue una serie de acontecimientos revolucionarios ocurridos en mayo de 1810 en la ciudad de Buenos Aires, capital del Virreinato del Río de la Plata, dependiente del rey de España, y que tuvieron como consecuencia la deposición del virrey Baltasar Hidalgo de Cisneros y su reemplazo por la Primera Junta de gobierno. Los eventos de la Revolución de Mayo se sucedieron durante el transcurso de la llamada Semana de Mayo, entre el 18 de mayo, fecha de la confirmación oficial de la caída de la Junta Suprema Central en España, y el 25 de mayo, fecha de asunción de la Primera Junta.
En 1809, la Junta Central de Sevilla envió como nuevo virrey del Río de la Plata a Baltazar Hidalgo de Cisneros, quien ordenó la desmovilización de las milicias que habían defendido Buenos Aires de las invasiones inglesas de 1806 y 1807, además de exigir el restablecimiento del monopolio comercial español. Los criollos bonaerenses rechazaron ambas medidas.
 
Mantuvieron sus tropas armadas y presionaron por la tolerancia de comercio con Inglaterra, que ahora era aliada de la Junta Central de España en la guerra contra Napoleón. El virrey, consciente de la debilidad de sus fuerzas y sin esperanza de recibir ayuda de la metrópoli, aceptó las demandas de Buenos Aires.
 
Un grupo de criollos se reunía secretamente discutiendo diversos planes para derrocar al virrey. Los más activos eran los militares Cornelio Saavedra Miguel de Azcuénaga, los abogados Manuel Belgrano, José Castelli y Mariano Moreno, y los comerciantes Juan Larrea y Domingo Matheu.
 
El 17 de mayo de 1810 llegó una noticia que desencadenó la revolución. En España había caído la Junta Central, la que había nombrado virrey a Cisneros, y se había instalado un Consejo de Regencia, arrogándose la representatividad de España y las colonias. En los días siguientes, los conspiradores bonaerenses movilizaron las milicias y convocaron al pueblo a Cabildo Abierto y destituyeron al virrey, declarando que su autoridad era ilegítima, al no existir la Junta que le había otorgado el cargo.

La Revolución de Mayo inició el proceso de surgimiento del Estado Argentino sin proclamación de la independencia formal, ya que la Primera Junta no reconocía la autoridad del Consejo de Regencia de España e Indias, pero aún gobernaba nominalmente en nombre del rey de España, Fernando VII, quien había sido depuesto por las Abdicaciones de Bayona y su lugar ocupado por el francés José Bonaparte.
 
Aun así, dicha manifestación de lealtad, conocida como la máscara de Fernando VII, es considerada una maniobra política que ocultaba las intenciones independentistas de los revolucionarios, inspirados en la Revolución Francesa y la Independencia de Estados Unidos. Así, el 25 de mayo de 1810 tiene más valor simbólico que histórico. Valor simbólico de un hecho fundacional que todo pueblo necesita reconocer para afianzar su identidad.
 
No hubo violencia, que es una de las características ineludibles que tiene el vocablo revolución, ni hubo cambios radicales. No fue tampoco una gran movilización popular como lo fue la reconquista de Buenos Aires durante las invasiones inglesas. No fue un gesto imperativo de la masa sublevada como el 17 de octubre de 1945, pero tampoco una decisión tomada exclusivamente por los doctores y la "gente decente" como lo cuenta la historia liberal mitrista.
 
No declaró la independencia pues se hizo en nombre de Fernando VII. Destituyó un virrey, pero ese hecho ya tenía antecedentes con la destitución de Sobremonte cuando se eligió a Liniers. No existieron las escarapelas celestes y blancas que nos enseñó falsamente la historia oficial porque se repartían estampitas con la efigie de Fernando VII, con un tono rojizo como el de la bandera española.
 
Por último, aunque parece evidente que no puede asignarse a un día y a un hecho puntual la carga simbólica de la independencia y constitución de la Argentina libre y soberana, hay quienes consideran el 9 de julio, fecha de la declaración de la Independencia, como ícono del nacimiento del país, y otros, a la fecha del 25 de mayo.
 
Uno de los motivos del debate tiene que ver con el hecho de que hay quienes consideran que la Revolución de Mayo fue un acontecimiento protagonizado solo por Buenos Aires mientras que la Declaración de la Independencia fue un acto que contó con la activa participación de las provincias. Parece claro, eso sí, que la Revolución de Mayo es la celebración del inicio de una serie de acontecimientos que desembocaron en la formalización de la independencia en 1816.
 
La Opinión Popular

El verdadero 25 de Mayo y no aquél que nos contaron en las aulas
 
"Durante el Virreinato del Rio de la Plata, el monopolio español en las colonias americanas impidió el libre comercio con otros países, encareciendo su intermediación los intercambios comerciales - tanto de Buenos Aires - como los de las ciudades del interior. Esta realidad muchísimo enriqueció a los contrabandistas, la mayoría proveniente del Viejo Mundo.
 
El 13 de mayo de 1810 llegó a Buenos Aires (ciudad de 40 mil habitantes, donde casi un tercio eran negros y esclavos), una noticia conmocionante: en España, gobernada desde 1808 por los franceses con regentes títeres, el rey Fernando VII era prisionero de Napoleón Bonaparte. Ante eso, la autoridad del virrey Baltasar Hidalgo de Cisneros fue cuestionada; y por las presiones de milicias criollas y jóvenes revolucionarios se tuvo que convocar a un Cabildo Abierto para el 22 de mayo.
 
Ese Cabildo que tomaba las grandes decisiones estaba dominado por españoles ricos. Uno de ellos era el almacenero José Martínez de Hoz, representante de los mercaderes de Cádiz y contrabandista de mercaderías inglesas, que había comprado el título de "don" por mil reales, lo que le daba voz y voto, y lo había convertido en aristócrata. Él y sus pares eligieron ese 22 de mayo una "Nueva Junta" presidida por el propio Cisneros, provocando una violenta reacción de la población ilustrada que se reunía en las casas de Nicolás Rodríguez Peña y del acaudalado comerciante Miguel de Azcuénaga.
 
Resultado: el militar Cornelio Saavedra (jefe del Regimiento de Patricios) y el abogado Juan José Castelli (apodado "Pico de Oro" por su elocuencia), en representación de los que querían un nuevo gobierno, la rechazaron a los gritos para hacerse oír por el virrey, que era un poco menos sordo que una tapia.
 
Dos días después, el 24 de mayo, hubo una negociación en el Cabildo que casi les dio el triunfo a los que preferían la continuidad del virrey al frente de un nuevo gobierno. Con el extraño acuerdo de muchos de los que estaban en contra, se aprobó otra junta presidida por Cisneros, secundado por dos españoles, Solá e Inchaurregui, y los criollos Saavedra y Castelli. Los dos últimos, según Tomas Guido en sus "memorias", firmaron su aceptación, al igual que otros revoltosos nacidos en Buenos Aires.
 
Al conocerse esta realidad, el "pueblo" - poco más de 800 personas, que integraban lo denominado así por los criollos cultos, no incluyéndose en esa generalización a los negros, puesto que en sus familias había esclavos con ese color - se reunió en la Plaza Mayor (llamada posteriormente de la Victoria y hoy de Mayo), de 40.500 metros cuadrados, como siempre ubicada entre las actuales calles Rivadavia, Balcarce, Hipólito Yrigoyen y Bolívar.
 
Desde allí, un grupo dirigido por el militar Antonio Luis Beruti entró en el Cabildo pateando puertas y les exigió a los asustados negociadores, sí o sí, la renuncia del virrey, tras romper el documento en el que se acordaba la conformación de la Nueva Junta. Se decidió, entonces, la elección definitiva para el día siguiente.
 
El día 25, que amaneció frio y lluvioso, Domingo French (teniente coronel que en 1802 había sido el primer cartero de Buenos Aires, y que en la primera invasión inglesa, en 1806, organizó con Juan Martín de Pueyrredón el Regimiento de Húsares), le encargó a su amigo Beruti entregar cintas blancas a los que querían otra clase de gobierno en la Plaza Mayor. Al advertir que esbirros del virrey Cisneros hacían lo mismo, Beruti sacó de una tienda de la cercana Recova unos rollos de paño rojo para entregar otros distintivos a los exaltados revolucionarios. Alguien vio lo que hacían French y Beruti, más tarde lo contó a su manera y así nació la leyenda oficial de la escarapela.
 
En el Cabildo, a su vez, de 450 invitados solo acudieron 251, votando apenas 69 por la continuidad del mandato del virrey. El resto eligió nueve integrantes para el nuevo gobierno (siete criollos y dos españoles), todos combatientes contra los británicos, tal como propusieron el sacerdote porteño Manuel Alberti y Domingo Matheu, español, marina y comerciante.
 
Esa vez se eligió la denominada Primera Junta (que en realidad no era eso: ya en 1808 una de las provincias del virreinato, la Banda Oriental, había elegido otra). La integraban Saavedra, su presidente; los abogados Juan José Paso y Mariano Moreno, los secretarios; y Castelli, Manuel Belgrano (abogado, economista y periodista), Azcuénaga (también militar y dueño de lo que hay es la quinta presidencial de Olivos), Alberti, Juan Larrea (rico comerciante español, de veintisiete años, que pagó con su dinero nuestra primera flota naval, suicidándose en la pobreza en 1847) y Matheu como vocales.
 
La historia continuó revelando que aquél primer texto de los revolucionarios, un proyecto de Constitución hecho en 1810 y cuyo objetivo era harto positivo, nunca llegó a ser debatido ni aprobado porque dos jefes militares españoles alistaron poderosos ejércitos para invadirnos.
 
Entonces Belgrano, que no era militar, ante la deserción de quienes sí lo eran, pero encontraron pretextos para meterse debajo de la cama, tuvo que armar una tropa de apuro y perdió la breve guerra contra los realistas de Paraguay. Castelli, su primo, debió hacer lo mismo y enfrentar a los del Alto Perú (hoy Bolivia), esperanzado en poder apoderarse de las riquísimas minas de Potosí. Ambos fueron derrotados, pero fueron "mirados" de distinta manera por sus enemigos".
 
Para entonces, en las Provincias del Río de la Plata había estallado la indetenible Revolución de Mayo.
 
Fuente: De 'Bronce y barro' de Andrés Bufali. Ediciones Vergara. 2015
 
Andrés Bufali en su obra 'Bronce y barro' pone en su lugar a las cosas y a los personajes protagonistas de la llamada Revolución que - 206 años atrás - comenzó el proceso de independencia del reinado español. Y su relato, revela y desmitifica, lo que casi todos aprendimos en las escuelas y colegios de una manera que no suma, sino resta, sobre los valores de nuestra identidad.
 
Fuente: Chaco Día por Día

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21-10-2018 / 09:10
21-10-2018 / 08:10
El 21 de octubre de 1886 muere José Rafael Hernández y Pueyrredón. Fue un militar, periodista, poeta y político argentino, especialmente conocido como el autor del Martín Fierro, obra máxima de la literatura gauchesca.
 
Entre 1852 y 1872, época de gran agitación política, José Hernández defendió, con las armas en la mano, la postura federal de que las provincias no debían permanecer dominadas por las autoridades centrales establecidas en Buenos Aires.
 
Participó en la última rebelión gaucha del interior federal, la de López Jordán, un movimiento que finalizó en 1871 con la derrota de los gauchos y el exilio de Hernández.
 
A su regreso a Argentina en 1874, continuó su lucha por otros medios tales como el periodismo y el desempeño de varios cargos oficiales. Pero fue, sin embargo, a través de su poesía como consiguió un gran eco para sus propuestas, y la más valiosa contribución a la causa de los gauchos.
 
El gaucho Martín Fierro (1872) es un poema épico popular y está considerado una de las grandes obras de la literatura argentina. Tras la onceava edición, en 1879, publicó La vuelta de Martín Fierro. El gran mérito del autor del Martín Fierro fue el de llevar a la literatura la vida de un gaucho, contándola en primera persona, con sus propias palabras e imbuido de su espíritu.
 
José Hernández luchó por la autonomía de los gauchos. Curiosamente lo que no consiguió en su actividad política lo obtuvo por medio de la literatura.
 
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18-10-2018 / 19:10
18-10-2018 / 19:10
Este 19 de octubre se cumple un nuevo aniversario de la muerte de Julio Argentino Roca, una figura molesta para algunos que lo ven como un genocida porque derrotó militarmente a los indios que ocupaban parte del territorio nacional. Fue antes de su presidencia, cuando Roca era ministro, encabezó la llamada Conquista del Desierto, en base a una ley aprobada por el Congreso.
 
La pelea contra los indios venía ya desde la época de la Independencia; el objetivo de la ley del Congreso fue ocupar esas tierras para atraer a los millones de inmigrantes que el país necesitaba. Que no iban a venir si persistían los malones indígenas.
 
Roca derrotó a los mapuches e incorporó al Estado nacional el sur y sudoeste de Buenos Aires, el sur de Córdoba, San Luis y Mendoza, y las actuales provincias de La Pampa, Río Negro, Neuquén, Chubut, Santa Cruz y Tierra del Fuego. Sin esos territorios, no habría, además, Antártida argentina ni Malvinas argentinas.
 
Es básico tener en cuenta que los mapuches no eran pueblos originarios en la zona sino que habían derrotado militarmente a otras tribus. Ellos  habían venido de Chile y tenían contacto permanente con sus hermanos que vivían del otro lado de los Andes.
 
Es decir que, con Roca, la Argentina consolidó su dominio territorial y construyó el Estado nacional. Un solo Estado en una sola Nación porque los millones de inmigrantes pobres se convirtieron en argentinos gracias al ley 1.420, sancionada por Roca, que introdujo la enseñanza primaria obligatoria, universal, gratuita y laica. Para ello, debió derrotar políticamente a la Iglesia Católica, que controlaba la educación.
 
La infraestructura, especialmente los ferrocarriles, recibió un impulso decisivo. En lo social, el inicio del sistema de seguridad social y de jubilación estatales. Leyes laicas como la de registro y matrimonio civil lo enfrentaron nuevamente con la Iglesia. Por la vastedad del proyecto de Roca, hubo una ruptura diplomática con la Santa Sede, que se solucionó recién en su segundo mandato.
 
A nivel internacional, los límites con Chile, la presencia en la Antártida y la Doctrina Drago, que impide el cobro de deudas mediante fuerza militar. Roca no estuvo solo sino que formó parte de una clase dirigente notable. Y fue esa Generación del 80 la que transformó un país pobre, vulnerable y despoblado en una de las economías más pujantes de su época. 
 
La Opinión Popular

18-10-2018 / 19:10
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