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“Agraviados en nuestra dignidad, heridos en nuestros derechos, despojados de nuestras conquistas, venimos a alzar en el punto donde otros las dejaron, viejas banderas de la lucha”. CGT de los Argentinos, 1 de mayo de 1968
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Nacionales - 16-05-2018 / 09:05
LA INFLACIÓN NACIONAL DE ABRIL FUE 2,7 POR CIENTO. EN LOS ÚLTIMOS 12 MESES ALCANZÓ EL 25,5 POR CIENTO

Abril, según el Indec: la inflación más alta del año

Abril, según el Indec: la inflación más alta del año
LA ESCALADA DEL DÓLAR Y LOS TARIFAZOS ACELERARON LOS PRECIOS. El índice de precios al consumidor a nivel nacional registró un aumento de 2,7% en abril, según informó el INDEC. Con esta suba, en el primer cuatrimestre del año la inflación minorista fue de 9,6%. El principal objetivo de la política económica, que era bajar la inflación, está cada vez más lejos. En los últimos doce meses superó el nivel que había en 2015, con 25,5 por ciento. El IPC núcleo es más alto que en 2017.
El principal objetivo en materia económica del gobierno de Mauricio Macri está cada vez más lejos de cumplirse. Con promesas de campaña alrededor de la enorme facilidad de bajar la inflación, terminar con "ese gran mal que aqueja a los argentinos" como es la suba de precios y así poder ser un "país normal", la alianza Cambiemos construyó su discurso económico. Ahora, la caída de ese relato no encuentra piso.
 
La inflación de abril fue hasta el momento la más alta del año, según informó ayer el Indec. Los precios minoristas aumentaron en el último mes un 2,7% y acumulan un incremento del 9,6% en el primer cuatrimestre de 2018. En los últimos doce meses, suma 25,5%. No obstante, la suba del dólar aumentó todavía más las expectativas de inflación por lo que para mayo se espera un índice de precios más alto, lejos de las promesas del Gobierno de los CEOs y con la meta del 15% anual en el olvido.
 
Según el Indec, los factores determinantes en la inflación de abril fueron los aumentos de tarifas del gas, los combustibles y el transporte. Más allá de las expresiones de deseo del Gobierno, la realidad se refleja en la suba de precios desde principios de año: en enero la inflación fue del 1,8%, en febrero del 2,4%, en marzo del 2,3%, mientras que ya se descuenta que el récord del 2,7% de abril será superado en mayo por la irrefrenable devaluación.
 
Para prever esto basta con advertir que el 1º de mayo el dólar estaba a 21,90 y ayer cerró a 25,60. La suba ha comenzado a trasladarse a las góndolas: indispensables de la mesa de los argentinos como la carne, el pan y la leche o el kilo de lechuga a $180, por solo citar algunos ejemplos, dan cuenta de ello.
 
Es algo que, después de tanto negacionismo, ni el Gobierno de Macri puede ocultar. Ayer, el vicejefe de Gabinete, Mario Quintana, admitió que "esta devaluación va a tener un impacto en la inflación y el crecimiento". Un nuevo ataque al salario de los trabajadores.
 
Después de más de dos años, lentamente el Gobierno de los Ricos empieza a reconocer que no se puede mentir a todos, todo el tiempo. Queda, todavía, corregir el camino sinuoso de esas mentiras. Una economía dependiente abierta a las importaciones, que destruye la industria nacional, y tarifas dolarizadas, que benefician a las empresas privatizadas de servicios, son factores que explican los aumentos.
 
Mientras los precios no frenan, el Gobierno de los Ricos insiste con cerrar las paritarias al 15 % y en cuotas. Un aumento de miseria si se considera que la inflación de este año, en el mejor de los casos, alcanzará el 25 %. Ante el derrumbe del poder adquisitivo, es necesaria la lucha en defensa del salario y de las condiciones de vida del pueblo trabajador.
 
La Opinión Popular

 
A la corrida de precios no hay quien la pare
 
La inflación de abril fue del 2,7 por ciento con respecto a marzo por el impacto de la suba de tarifas del gas, el transporte y prendas de vestir, informó ayer el Indec. En cuatro meses, el avance del IPC nacional acumula un 9,6 por ciento y con la fuerte suba que se perfila para mayo y junio como consecuencia de la escalada del dólar, la meta anual de inflación del 15 por ciento quedará cumplida en apenas seis meses. La inflación de abril fue la más alta del año y ese incremento viene acelerando el cálculo anual: desde el 23,4 por ciento interanual en octubre de 2017 hasta el actual 25,5 por ciento, por encima del nivel de suba de precios que recibió Cambiemos al asumir el Gobierno en diciembre de 2015.
 
El Banco Central empeoró en su tarea de cumplimiento de las metas de inflación. En 2016, el Gobierno se propuso tener una inflación del 25 por ciento pero la suba finalmente fue del 41. Esos 16 puntos de desvío implican una brecha del 60 por ciento. El año pasado, la meta fue del 17 por ciento pero la inflación se ubicó en el 24,8 por ciento, una diferencia de 7,8 puntos (error del 45 por ciento). La meta para 2018 es del 15 por ciento, que implica un 5 por ciento cuatrimestral, una brecha de 4,6 puntos en relación a la inflación observada de 9,6 por ciento (92 por ciento de diferencia). La suba de precios esperada para todo el año ahora ronda no menos de 25 por ciento, 10 puntos por arriba de la meta oficial.
 
La inflación del 2,7 por ciento de abril estuvo empujada por un incremento del 8 por ciento en el rubro vivienda, agua, electricidad y gas, que acumula en el año un alza del 51 por ciento. El aumento en las boletas de gas durante el mes pasado dispuesto por el Ministerio de Energía fue de alrededor de 40 por ciento. Las próximas quitas de subsidios en gas están previstas para octubre de este año y abril y octubre de 2019.
 
El segundo rubro en orden de relevancia para explicar la inflación de abril fue la suba del transporte, que creció un 4 por ciento. El boleto promedio de colectivo subió de 8,50 a 9,50 pesos, un 11,7 por ciento promedio frente a marzo y casi un 50 por ciento en relación a los 6,50 pesos de comienzos de año. En tanto, el pasaje de tren subió un 12 por ciento para las líneas Mitre, Sarmiento y San Martín. En junio habrá una tercera dosis de incrementos en transporte.
 
"El proceso de desinflación ya estaba en pausa antes del salto del dólar", advirtió en su informe de inflación la consultora Ecolatina. Uno de los argumentos que presenta es el avance del 2,1 por ciento del denominado IPC-Núcleo, que excluye a los regulados y los estacionales del análisis de los precios. En cuatro meses, el incremento del IPC-Núcleo es del 8,6 por ciento, 1,2 punto porcentual por encima del dato del primer cuatrimestre de 2017. "Dado que la política monetaria del Banco Central tiene una mayor incidencia sobre estos precios -en relación al IPC Núcleo-, su aceleración es la más preocupante", agregó Ecolatina.
 
El rubro de prendas de vestir y calzado subió un 4 por ciento por el inicio de la temporada otoño-invierno, mientras que restaurantes y hoteles avanzó un 2,3 por ciento. Recreación y cultura lo hizo en un 1,9 por ciento y salud, en 1,8 por ciento. Las prepagas ya anticiparon una nueva suba de las cuotas del 7,5 por ciento a partir de junio.
 
En conferencia de prensa, ayer el ministro de Hacienda, Nicolás Dujovne, repitió que "estamos convencidos de que la inflación va a bajar", vinculó los aumentos de precios en abril a la política tarifaria y pronosticó que en mayo la inflación será inferior a la de abril, a pesar de la devaluación.
 
El capítulo de alimentos y bebidas no alcohólicas subió un 1,2 por ciento mensual en abril, por debajo del promedio de la economía, acumula un alza del 8 por ciento en lo que va del año y un 19,9 por ciento en la comparación de abril frente al mismo mes de 2017. El desagregado por productos muestra que los huevos de gallina se destacaron con un incremento mensual del 9,6 por ciento, mientras que la harina de trigo 000 lo hizo en un 6,5 por ciento y el queso cremoso, un 5,8 por ciento. La manteca subió 5,5; la carne picada, 4,2; el pan francés, 3,3; hamburguesas congeladas, un 3,1; el filet de merluza,un 4,9 y el aceite de girasol, 4 por ciento.
 
Si bien Dujovne dijo que la inflación de mayo será inferior a la de abril, la escalada del dólar durante el mes (del orden del 16 por ciento) complica el cumplimiento de esa proyección. El traslado a precios de la devaluación obligó a las consultoras a recalcular su estimación de inflación para mayo. La firma EcoGo calcula un avance de precios del 2,7 por ciento, Ferreres pronostica un 2,4 y el Observatorio de Políticas Públicas de la Universidad de Avellaneda, un 2,9. En mayo también tiene impacto el aumento del 23 por ciento en la boleta de Aysa.
 
Por Javier Lewkowicz
 
Fuente: Página 12
 

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20-05-2018 / 11:05
No fue un descuido ni un fallido de Mauricio Macri cuando, recién asomando su candidatura, desestimó a la inflación cómo un problema, asegurando que era un asunto de solucionar, y su existencia era solamente la manifestación de "la incapacidad para gobernar".
 
Y es que entre sus economistas más cercanos, entre los que se destaca desde hace ya un tiempo Federico Sturzenegger, le sugerían que bastaba con manejar la cantidad de dinero en circulación para estabilizar los precios.
 
Ellos, el PRO, harían lo que nunca otros habían hecho: frenar la emisión monetaria. Si la solución era tan sencilla, la inflación no sería un problema, reflexionó el entonces candidato a presidente. Y así lo transmitió. A dos años y medio de gobierno de Cambiemos, la realidad económica le dio un mazazo en la frente a semejante simplificación.
 
El modelo económico impuesto a partir de diciembre de 2015 llevó a que la apertura comercial, la desregulación (descontrol) de los movimientos de capitales internacionales y las altas tasas de interés convirtieran la economía argentina en un pequeño casino para los grandes jugadores de las finanzas internacionales.
 
Y ubicara al país, por vía del endeudamiento externo y los múltiples déficit en las cuentas externas (balanza comercial, turismo, fuga de capitales, pagos de dividendos e intereses) en "uno de los países más vulnerables" ante las turbulencias financieras externas, como el propio Macri admitió al anunciar que iniciaba negociaciones con el FMI.
 
El modelo elegido para "la vuelta al mundo" que proclama el Gobierno de los Ricos también le impuso al país una muy elevada dependencia del dólar al momento de determinar sus precios internos.
 
Dolarizó tarifas, dolarizó el precio de los combustibles, eliminó retenciones (vinculando el precio de exportación al que debe pagar el mercado interno por los mismos productos), desreguló (perdió el control) sobre precios de insumos básicos y abrió el mercado interno a la importación de todo tipo de productos, permitiendo que desplazara a la producción interna.
 
Por lo dicho más arriba, el desequilibrio permanente en las cuentas externas genera tensión en el mercado cambiario y una tendencia constante al aumento del tipo de cambio. Por momentos, como el actual, en  forma abrupta. Por lo dicho en el párrafo anterior, eso está llamado a producir shocks inflacionarios periódicamente.
 
El gobierno de Cambiemos, con su fórmula simple para "gobiernos capaces", no logró resolver la inflación heredada. Pero creó otra mucho peor, por lo dañina en términos de desarrollo económico y costos sociales.
 
En el actual esquema económico, el dólar se cuela en los precios por todos los agujeros que deja la falta de controles. 

19-05-2018 / 17:05
19-05-2018 / 09:05
19-05-2018 / 09:05
Están el jeringozo, el esperanto y el mauribol. El primero ya se sabe que se arma con un juego de sílabas; el segundo con palabras de distintos idiomas y el último lleva la primera fracción de su nombre en homenaje a su principal promotor y el "bol" del final es porque, al hablar ese idioma, se trata de hacerse el tonto. Como los chicos.
 
Por ejemplo cuando se dice: "este es otro FMI". Todos saben que nunca hubo otro, más que el tristemente famoso representante de las economías centrales que ponen la mayor parte del dinero de sus préstamos.
 
Como es lenguaje de tontos, hay que ponerse en ese lugar e imaginar que si las potencias prestan 25 o 30 mil millones de dólares a un país en crisis -pongamos Argentina- no le impondrán ninguna condición. En el mauribol hay que entenderlo así. Por eso los de Cambiemos, que ya van por el decimoquinto nivel de ese lenguaje tontón, dicen: "este es un FMI distinto", niños.
 
Ellos saben que no es así -por eso hablan mauribol-, porque lo que cambió del FMI es que ahora no quiere pagar los costos políticos de sus medidas y las impone en forma secreta. El Gobierno se hace cargo. Es la nueva condición.
 
Por eso Macri dijo, mauriboludeando, que "la gente quiere que le saquen la mochila de encima", dando a entender como mochila el presupuesto para políticas sociales, educativas o de salud, los subsidios a los servicios y bajar el alto costo salarial, entre otras cuestiones.
 
O sea, el que entiende mauribol, traduce que la gente quiere que la revienten, que ya está cansada de vivir así, quiere que le rebajen el salario, la jubilación y los maten con el precio de los alimentos y las tarifas. Hay que sacarle esa mochila de encima a la gente, dice Macri. Y algunos le creen. Por eso lo de mauribol, es una lengua ad hoc para un público especial.
 
Todos en Cambiemos hablan mauribol para un público mauriboleado. Por ejemplo, la disculpa del ministro de Hacienda, Nicolás Dujovne: "Nos cuesta bajar la inflación porque estamos haciendo muchas cosas a la vez".
 
En la primaria la profe te arrancaba la cabeza si ibas con esa excusa. Y lo dice un ministro al que la inflación -de la que es responsable- no lo perjudica porque tiene su fortuna millonaria en dólares y en el exterior.
 
En otro país, la vergüenza le impediría hablar de inflación con sus dólares afuera, pero aquí, como se habla mauribol, es lo natural.

19-05-2018 / 08:05
Fronteras adentro, el gobierno de Mauricio Macri se alista para una negociación aún más delicada que la que sostiene con el Fondo Monetario Internacional (FMI): el Presidente pretende trasladar a las provincias una carga significativa del ajuste adicional al que se comprometerá a cambio del auxilio financiero.
 
La obsesión de Macri consiste en cerrar cuanto antes el objetivo de déficit fiscal primario para 2019. Ese será el número mágico que el Gobierno debe llevar a Washington para acordar con el FMI. La crisis cambiaria incendió la previsión anterior, del 2,2% del PBI. "Vamos a presentar una meta creíble. No nos pedirán déficit 0, pero tampoco será el 2,2%. Será seguro una cifra que empiece con 1", dijo una fuente de máxima confianza del Presidente.
 
Cada decimal representa millones de pesos de ahorro (un punto del PBI equivale a unos US$6000 millones). El "gran acuerdo nacional" del que habló esta semana el jefe de Gabinete, Marcos Peña, anticipa una etapa de fuertes tensiones políticas.
 
Detrás de la intención declarada de abrir una etapa de desarrollo real de la Argentina, subyace la urgencia de decidir cómo se reparte el recorte.
 
Macri estableció dos parámetros, según relatan fuentes de su entorno íntimo. Uno: la tijera no se aplicará sobre el presupuesto social (jubilaciones, AUH y otras partidas que se llevan el 75% de la masa total). Dos: llegó la hora de que las provincias -en su mayoría en manos del peronismo- reduzcan fuerte el gasto.
 
"La clave pasa por revisar responsabilidades -añaden en la Casa Rosada-. A los gobernadores les transferimos una masa fenomenal de recursos y ahora les toca asumir las funciones que van atadas".
 
Aluden a la devolución pactada en 2016 del 15% de la coparticipación de impuestos que la administración central retenía desde la estatización en 2008 de las jubilaciones privadas. Gracias a esos fondos, la mayoría de las provincias roza el equilibrio fiscal.
 
El Gobierno imagina recortes de partidas nacionales que financian planes de vivienda provinciales, obras públicas y regímenes jubilatorios especiales (como ya sugirió Macri). Le tocaría a cada gobernador determinar cómo cuadra sus números sin ese dinero.
 
Por su parte, los gobernadores peronistas cerraron filas este miércoles en Tucumán, donde definieron que se sentarán a negociar con Macri pero se pondrán firmes para que el acuerdo con el Fondo Monetario Internacional (FMI) no implique un ajuste en sus provincias. No quieren que repitan sus recetas en provincias en las que el empleo público forma parte de su "estructura".
 
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