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Nacionales - 10-03-2018 / 11:03
PANORAMA POLÍTICO

El Día de la Geisha

El Día de la Geisha
Macri ni debe saber que se eligió el 8 de Marzo para conmemorar a las 120 obreras textiles que murieron al incendiarse la fábrica donde trabajaban en 1857, en Nueva York cuando acompañaban un conflicto de miles de obreras que reclamaban una jornada laboral de diez horas. Y el 8 de marzo de 1917, las obreras textiles de Rusia decretaron una huelga que fue el prolegómeno de la Revolución de Octubre.
En el Día de la Mujer, Mauricio Macri agradeció "a todas las mujeres que me han hecho feliz" como si se tratara del Día de la Geisha. Desde la marcha del 8M, las "geishas" le respondieron con el hit del verano: MMLPQTP.
 
Macri ni debe saber que se eligió el 8 de Marzo para conmemorar a las 120 obreras textiles que murieron al incendiarse la fábrica donde trabajaban en 1857, en Nueva York cuando acompañaban un conflicto de miles de obreras que reclamaban una jornada laboral de diez horas. Y el 8 de marzo de 1917, las obreras textiles de Rusia decretaron una huelga que fue el prolegómeno de la Revolución de Octubre.
 
La marcha del jueves fue multitudinaria. Desde la primera del Ni una menos, las marchas feministas del 8M han crecido y ya forman parte del calendario de lucha, como el acto del 24 de marzo o del primero de mayo. El gran triunfo del feminismo ha sido instalar sus reivindicaciones en la agenda nacional.
 
Cuando Macri anunció que liberaría el debate, -que hasta ese momento había obstaculizado- para la despenalización del aborto, es cierto que estaba tratando de utilizarlo para tapar la crisis económica, pero también es cierto que en ese intento debía utilizar un tema que estuviera instalado en la sociedad. Y ese lugar había sido ganado por el movimiento feminista.
 
Es otro paso en un largo camino. La masividad del 8M, la presencia de decenas de miles de chicas jóvenes y las columnas de trabajadoras lo convirtió en otro acto en un país muy movilizado, en un proceso revulsivo en ascenso por el bombardeo de medidas antipopulares.
 
Pero aún así, el acto se realizó en la ciudad de Buenos Aires, donde el gobierno conservador se sostiene por la gran mayoría de los votos. Con menos diferencia, pero de la misma manera fue votado el gobierno nacional que mantiene una presa política como Milagro Sala, cuya libertad estuvo entre los puntos del reclamo de todas las marchas.
 
Muchas de las mujeres que asistieron seguramente han votado por las listas de Cambiemos que ahora plantea una especie de política igualitaria entre hombres y mujeres sobre la base de una concepción meritocrática que al mismo tiempo sirve para justificar la desigualdad desde el punto de vista social.
 
Mauricio Macri envió una ley que supuestamente trata de expresar el reclamo de "mismo salario a igual tarea", pero al mismo tiempo sus políticas económicas tienden a enriquecer al rico y bajar los salarios. Iguala para abajo a hombres y mujeres trabajadoras.
 
Desde el primer Ni una menos hasta ahora se ha mantenido el altísimo índice de femicidios y de violencia de género, en una sociedad que tiende a negar esta realidad de esencia muy machista y se considera civilizada y cosmopolita. Hay una distancia muy grande entre la percepción que tiene de este problema el activismo feminista, y el que percibe el resto de las mujeres y el resto de la sociedad, incluyendo a los hombres. Y hay una distancia incluso generacional. No será un problema que se resuelva con una ley. 

 
El feminismo surge de las sufragistas socialistas y fundamentalmente de las filas anarquistas obreras, como la argentina-uruguaya Virginia Bolten, directora de La Voz de la Mujer, el primer periódico feminista argentino.
 
"La mujer proletaria  -decía Bolten a principios del siglo pasado- esclava del hombre, esclava del esclavo mismo, se halla hoy gracias a la civilización salvaje de que tanto alardean las clases cultas, relegada a la categoría de un mueble que se arroja al montón de lo inservible, cuando nos cansamos de su uso; pero ella debe luchar a la par del hombre y reclamar imperiosamente sus derechos; sí!" Bolten estaba casada, tenía varios hijos y fue una figura importante en los movimientos obreros y feministas de Argentina y Uruguay.
 
Por eso, las columnas sindicales que concurrieron este jueves a la marcha forman parte esencial de la lucha feminista. Es el corazón de donde surgió la lucha contra el patriarcado como sistema de poder y se amplió a derechos más abarcadores que los laborales, como el derecho a decidir sobre sus cuerpos.
 
Es paradójico porque muchos de los derechos que reclamaron las mujeres anarquistas y socialistas fueron llevados a la realidad por el peronismo, más precisamente por Evita que, sin definirse como feminista, tenía muy claro el potencial de las mujeres: "Tenemos, hermanas mías -dijo en su discurso tras la aprobación del voto femenino que había impulsado- una alta misión que cumplir en los años que se avecinan. Luchar por la paz".
 
"Pero la lucha por la paz es también una guerra. Una guerra declarada y sin cuartel contra los privilegios de los parásitos que pretenden volver a negociar nuestro patrimonio de argentinos. Una guerra sin cuartel contra los que avergonzaron, en un pasado próximo, nuestra condición nacional. Una guerra sin cuartel contra los que quieren volver a lanzar sobre nuestro pueblo la injusticia y la sujeción".
 
Algunas feministas le critican a Evita su devoción pública y permanente por Perón. Seguramente en la intimidad podría ser así. Pero hacerlo tan explícito tenía un sentido político porque se daba cuenta de que la única garantía de avanzar en esas luchas era fortalecer el liderazgo de Perón frente a la presión de la embajada norteamericana, la oligarquía, la Iglesia y los militares. Y al mismo tiempo, ella, que proyectaba una imagen tan potente, tenía que ser taxativamente clara de que no competía con su pareja por ese liderazgo.
 
Desde sectores que reclaman la ortodoxia peronista se ha criticado también a Cristina Kirchner como "socialdemócrata" por enfocarse en políticas de ampliación de derechos, como la ley de matrimonio igualitario, las políticas de género y demás. Como si fuera una desviación del eje excluyente de la lucha por la justicia social, la soberanía política y la independencia económica.
 
Pero el peronismo siempre actuó en temas de ampliación de derechos, como fue la ley del voto femenino, la jubilación y los derechos de la ancianidad y los derechos de la niñez. Con su tosquedad y su estilo más plebeyo (como han sido siempre los avances sociales), el peronismo siempre estuvo en esas luchas junto a un sector del radicalismo alemista-irigoyenista-alfonsinista y de la izquierda en general que contó con feministas como Alicia Moreau de Justo o Fanny Edelbaum.
 
La ley de despenalización del aborto, por ejemplo, facilitará la solución, pero después habrá que enfrentar las situaciones "normales" de represión familiar, el machismo en la pareja o el conservadurismo de los médicos.
 
Hay problemas de representación política que no son ajenos. A pesar de la fuerte oposición de Mauricio Macri y la mayoría de Cambiemos a la ley de matrimonio igualitario, esa fuerza recibió el respaldo de gran parte del voto gay. Y lo mismo sucede con el voto femenino.
 
La ley de matrimonio igualitario no acabó con la discriminación, aunque fuera un hito en ese camino. Y su impacto favorable, al igual que la despenalización del aborto, está relacionado con el nivel socioeconómico.
 
La sociedad capitalista tiene 250 años y sin embargo sus valores tienen profundas raíces y no se le ha encontrado la vuelta. La sociedad patriarcal sobre la que se asienta el femicidio, la violencia de género, la discriminación política y laboral de las mujeres, tiene milenios y muchos de sus valores subsisten naturalizados sin ser percibidos por los hombres o introyectados en las mismas mujeres.
 
Destruir el patriarcado como institución no es terminar con los hombres, sino con el machismo. Y feminizar a la sociedad. Son procesos culturales complejos. Hacer más femenina a una sociedad que debe dejar de ser machista, son temas de espacios físicos, culturales, de poder y de economía. En ese sentido, el debate sobre la participación de los hombres en la marcha no es alocado. En una sociedad patriarcal hasta en sus formas progresistas, es legítimo que se exprese con fuerza un espacio masivo y exclusivamente de la mujer, aún sabiendo que muchos hombres estén dispuestos a acompañar esa transformación.
 
Por Luis Bruschtein
 
Fuente: Página12
 
 

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04-02-2026 / 11:02
A través de la práctica de demorar la puesta en vigencia del cambio de ponderaciones que resulta de una encuesta de gastos de hogares más actualizada que la de 2004, que todavía se aplica, se verán afectados los ingresos reales de todos aquellos sectores que ajustan sus remuneraciones siguiendo el Índice de precios al consumidor (IPC), como jubilaciones, pensiones y asignaciones de la previsión social como la AUH, y se estará alterando el cálculo de variables fundamentales para la economía, como el producto bruto (que en el futuro va a ser recalculado a la baja) o la pobreza (en sentido inverso, en el futuro se demostrará que es mayor a la que actualmente se informe).
 
Así lo han puesto de manifiesto especialistas en el tema, entre ellos Alejandro Barrios, ex director del Indec, quien explicó que las ponderaciones resultantes de la Encuesta de Gastos de Hogares de 2017/18 "ya está disponible hace años, incluso la Ciudad de Buenos Aires ya la está aplicando; la demora en aplicarla a nivel nacional es que hay un gobierno que iba a implementar un cambio en los precios relativos, con subas importantes en los servicios regulados por el Estado (por quita de subsidios). La decisión fue parar la aplicación de los nuevos índices hasta que se completen esos cambios; y se considere que ya no van a seguir aumentando, mes a mes, el teléfono, la luz, el transporte, las prepagas, etc. Rubros que en el índice actualizado tienen un peso mucho mayor que en el de la canasta de gastos de hace 20 años".
 
En consecuencia, el índice que se seguirá aplicando "hasta que se complete el proceso de desinflación", en palabras de Luis Caputo, da como resultado un aumento de precios al consumidor inferior al que surge del cálculo con el nuevo índice. "Esto va a provocar en el futuro un recálculo de variables de los años anteriores, como pasó otras veces, pero esta vez con el agravante de que las autoridades actuales son conscientes de que demoran el cambio de fórmula para subestimar la inflación", agregó Barrios.
 
Así, por ejemplo, el cálculo del PBI tendrá probablemente una revisión, porque al desindexar los precios a una tasa más alta que la que se usa actualmente, resultará un PBI real (descontada la inflación) menor al que hoy se informa. En consecuencia, se recalculará a la baja el PBI de todos estos años (aumentos inferiores a los que ahora se informan, caídas superiores, e incluso subas leves que se transformarán en bajas).
 
Lo contrario sucederá con los índices de pobreza, ya que cuando en el futuro se recalculen los ingresos deflactados por un índice no subestimado como el actual, van a ser menores en términos reales, mientras que las canastas de precios al ser reajustados van a ser más altas. En consecuencia los índices de pobreza así recalculados resultarán más altos que los que ahora se informen.
 
Este manoseo de los índices en el corto plazo también podrá ser motivo de controversias, de parte por ejemplo de tenedores de bonos con variable CER (ajuste por inflación) o títulos con cláusula de ajuste UVA (también tiene un componente que varía según el IPC). Además, el cálculo del valor de las jubilaciones y pensiones se hace, mensualmente, de acuerdo al aumento del IPC en meses anteriores, por lo cual la sub estimación del índice va en desmedro de los perceptores de esos ingresos. Lo mismo vale para los que reciben la AUH y otras asignaciones que se ajustan periódicamente por la inflación.
 
Otro ingreso que se verá afectado es el salario, en la medida en que las paritarias se negocien en función de un índice de inflación que luego se demuestre que no era el real. "La decisión de que tendremos un índice de fantasía abre las puertas del infierno", advirtió el ex diputado nacional y ex dirigente de ATE Claudio Lozano. "De manera desembozada e impune decretan que ellos decidirán lo que debe dar la estadística pública sobre inflación. Lo ocurrido no hace más que explicitar lo que se venía observando en el funcionamiento del Indec, porque hace rato que debería haberse incorporado la Encuesta de Gastos de los Hogares del 2016/17 y se lo demoró sin ninguna razón estadísticamente válida".
 
La Opinión Popular
 

03-02-2026 / 11:02
Tras la renuncia de Marco Lavagna al frente del Indec, porque Javier Milei se niega a medir bien la inflación, Luis "Toto" Caputo decidió postergar la publicación de la nueva canasta de medición de precios, que daría una inflación mucho mayor. "Con el Presidente siempre pensamos que había que cambiarlo una vez que el proceso de desinflación estuviera consolidado", afirmó. O sea, nunca. El Gobierno libertario oculta así el fracaso económico mientras los trabajadores del organismo alertan por intervención.
 
La decisión de Milei y Caputo de suspender sin límites la actualización del IPC solo una semana antes de su puesta en marcha fue demasiado hasta para Lavagna, que había aceptado retrasarla hasta ahora, además de hacer magia con los índices de la inflación y la pobreza. Presentó la renuncia al Indec y fue reemplazado por su segundo, incondicional de Caputo.
 
No hay eufemismos ni figuras simuladas que tapen lo que realmente pasó, a sólo 8 días de que se conozca un IPC que debería estar actualizado, tal como lo había prometido el Gobierno: Lavagna confió internamente que salió del ente estadístico, precisamente, porque Milei y el ministro de Economía, Caputo, se negaban a implementar la nueva medición de inflación por la que él venía peleando hacía más de dos años. Horas más tarde, Caputo se vio obligado a salir a confirmar los dichos de Lavagna.
 
Los dichos de Caputo son escandalosos y abren dudas peligrosas respecto a los números, porque los técnicos del INDEC ya tenían medidos precios con el nuevo IPC y se había anunciado la aplicación de ese índice para el próximo martes 10, cuando se sepa la inflación de enero. Esa medición daba arriba del 3 por ciento, pero a Lavagna le pedían que esté en torno al 2 por ciento. Además, es polémico porque Caputo no le pone fecha a la nueva medición. Es decir, Milei y Caputo se niegan, sin fecha cierta, a medir la inflación con la Encuesta de Hogares del 2018, para seguir haciéndolo con la del 2004.
 
Una medición que no refleja el costo de vida de las familias. Lo que el Gobierno hace evitando actualizarlos, es que no se vean reflejados en enero los aumentos de tarifas, en un escenario donde además los alimentos vienen subiendo. En pocas palabras, Milei está midiendo la inflación con los mismos parámetros de gastos familiares que había 22 años atrás.
 
Lo que eran sospechas terminaron siendo confirmadas por el propio gobierno. El viernes pasado el Banco Central difundió el Informe de Política Monetaria donde se admite abiertamente que si se hubiese utilizado el nuevo IPC la inflación hubiese sido más alta en los últimos dos años por la suba de los servicios públicos, que recién a partir de ahora tendrán más peso en la canasta del Indec. El propio Banco Central confirmó la manipulación del índice de inflación.
 
Mientras la población siente que los salarios se pulverizan y el pluriempleo crece, los datos oficiales truchos muestran un aumento inflacionario "moderado", utilizado por el Gobierno anarco capitalista también para planchar paritarias y jubilaciones. Esta brecha entre la realidad social y las estadísticas alimenta la desconfianza generalizada, incluso entre especialistas.
 
La Opinión Popular
 

02-02-2026 / 11:02
El secuestro de Nicolás Maduro se transmitió en tiempo real por televisión y redes sociales, en una estudiada coreografía que hacía parecer toda la escena como parte de la última mega producción de Hollywood. A eso se sumó luego una campaña virtual de Donald Trump en la que se presentaba al mandatario como una especie de dueño del continente entero, incluyendo -sobre todo- a Groenlandia. El spin-off local de Trump no se queda atrás. Javier Milei, otra figura nacida en un set de TV, mezcla su presidencia con recitales masivos, romances fogosos y una cultura memética permanente en redes sociales. En todo el planeta es el momento de la política comic show, un juego que, a la vez, es mucho más que eso.
 
Milei construyó su llegada al poder desde los paneles de televisión. Allí mezcló gritos violentos, peleas salvajes y un aporte original: la capacidad de discutir autores económicos en prime time desde una matriz libertaria extrema. Su figura se nutrió además de otros condimentos: obras de teatro durante los veranos, noviazgos mediáticos -en 2018 salió con Daniela Mori, exintegrante de la banda de cumbia Las Primas-, revelaciones perturbadoras sobre su sexualidad tántrica, covers de temas de rock y clásicos, apariciones disfrazado como superhéroe y, por supuesto, su marca registrada: su extraña cabellera.
 
Mientras por un lado agita la violencia con invitaciones permanentes a "odiar más" y compara a sus rivales con monos o cucarachas, por el otro ofrece circo: el recital en el Movistar Arena, su show en el festival de Jesús María, una aparición en un canal de streaming oficialista junto a su perro clonado, un beso fogoso con su entonces pareja en un teatro costero, cuadros en la Quinta de Olivos donde se compara con Wolverine y con un león, una bizarra cuenta en inglés presentada mediante un cómic donde aparece volando sobre Buenos Aires como superhéroe.
 
A esta lista se suma su escasa preocupación por la higiene y el recambio de vestuario -con el mameluco de YPF como emblema, incluso en Davos- y su llanto desconsolado en el Muro de los Lamentos, una postal inédita para un presidente argentino. Con matices, todos estos episodios -los extravagantes y los violentos- comparten algo en común: arrastran la atención popular, dominan redes sociales y colonizan la agenda mediática y política, mientras corren los límites de lo decible en la sociedad argentina. "La primera estrategia de esta derecha es polarizar a la sociedad", explica el historiador Steven Forti en Extrema derecha 2.0. "No se trata de excentricidades, sino de una estrategia bien pensada."
 
Ese manual fue adoptado por la administración libertaria desde su llegada al poder. Cuando no fue el cierre del INADI o de Télam, fue un ataque a la comunidad homosexual, al periodismo o a alguna artista musical. Y cuando no había escándalo político, lo había estético: cuatro camperas en pleno verano, intentos de ocultar la papada o defensas públicas de películas de Guillermo Francella. De una u otra forma, siempre provocaba bronca, perplejidad o fascinación, emociones ideales que premian lo ruidoso.
 
Lo explica Giuliano da Empoli en Los ingenieros del caos, libro de cabecera del asesor presidencial Santiago Caputo: "El megáfono de Trump era la indignación de los medios." Con Trump y Milei ocurre lo mismo: se los puede amar o detestar, pero no ignorar.  Richard Nixon lo llamaba "la teoría del loco". Fingir irracionalidad para volverse imprevisible y, por eso mismo, temible. Trump lo dijo sin rodeos: "Xi Jinping sabe que estoy totalmente loco."
 
La pregunta es inevitable: ¿estamos ante líderes desbordados o ante personajes cuidadosamente construidos? "La banalidad de la locura", la llama el politólogo Brian Klaas: una saturación de exabruptos que termina anestesiando a la sociedad.
 
La Opinión Popular
 

01-02-2026 / 10:02
Desde su llegada a la Casa Rosada, Javier "Pinocho" Milei construyó un relato épico de gestión que, al ser contrastado con datos verificables, empieza a mostrar fisuras cada vez más profundas. Promesas infladas, cifras manipuladas, logros magnificados y afirmaciones directamente falsas forman parte de un patrón comunicacional que ya no puede explicarse como simples errores.
 
Se trata, cada vez más claramente, de una estrategia política basada en la distorsión sistemática de la realidad. Organizaciones especializadas en verificación de datos, como Chequeado, desmintieron en reiteradas oportunidades afirmaciones centrales del discurso presidencial. Uno de los ejemplos más notorios fue la declaración en la que Milei aseguró haber sacado a diez millones de argentinos de la pobreza.
 
El número, ampliamente difundido por el oficialismo, resultó ser metodológicamente incorrecto, engañoso y sin respaldo estadístico sólido. Si bien algunos indicadores mostraron leves mejoras, la magnitud del cambio real está muy lejos del relato triunfalista que el prescindente intenta instalar. Algo similar ocurrió con su afirmación de haber eliminado los piquetes en todo el país. Lejos de desaparecer, los cortes de calles continuaron registrándose, aunque con menor visibilidad y mayor intervención de las fuerzas de seguridad.
 
La reducción de protestas no equivale a su erradicación, pero Milei optó por presentar una victoria absoluta que los datos desmienten. La manipulación también alcanza el terreno histórico. En reiteradas ocasiones, el mandatario afirmó que la Argentina fue uno de los 3 países más ricos del mundo, una afirmación que no resiste el menor análisis serio de los registros económicos internacionales.
 
Esta construcción mítica, repetida hasta el cansancio, busca reforzar la narrativa del "paraíso perdido" arruinado por la política tradicional, aun cuando carece de sustento empírico. El uso irresponsable de información falsa no se limita a discursos oficiales. En redes sociales, Milei llegó a difundir encuestas inexistentes, atribuidas falsamente a la Fundación FOPEA, con el objetivo de desacreditar al periodismo.
 
La propia organización salió a desmentir públicamente la información, dejando al descubierto una práctica preocupante: la utilización deliberada de datos falsos para atacar a la prensa crítica. Este comportamiento no es aislado. Forma parte de una lógica de comunicación basada en la confrontación permanente, la exageración de logros, la victimización y la construcción de enemigos internos.
 
La distorsión de cifras y hechos se convierte así en una herramienta política para sostener un relato épico que muchas veces choca contra la realidad cotidiana de millones de argentinos. Mientras la inflación continúa afectando el poder adquisitivo, la recesión golpea al consumo y el ajuste impacta con fuerza en jubilados, trabajadores y sectores medios, el discurso presidencial insiste en mostrar una Argentina idealizada que pocos logran reconocer en su vida diaria.
 
En este contexto, la manipulación informativa no solo erosiona la credibilidad del Gobierno, sino que también debilita el debate democrático y el derecho ciudadano a estar informado con veracidad. Gobernar a base de datos falsos puede rendir frutos comunicacionales de corto plazo, pero tiene costos profundos. Cuando la mentira se convierte en política de Estado, la confianza pública se deteriora, la institucionalidad se debilita y el vínculo entre gobernantes y sociedad se vuelve cada vez más frágil. En definitiva, más que errores ocasionales, las distorsiones discursivas de Milei parecen responder a una estrategia clara: imponer un relato antes que explicar la realidad. Una apuesta peligrosa que, tarde o temprano, termina chocando contra los hechos.
 
La Opinión Popular
 

31-01-2026 / 09:01
Décadas de globalización con la lógica del mercado se desplomaron sobre los argentinos con Javier Milei gritando el Rock del Gato mientras cinco provincias se incendiaban fuera de control y la mayoría de los gobernadores se sometían a ser extorsionados para aprobar la reforma laboral.
 
Décadas de erosión de la democracia y el medio ambiente cayeron sobre los argentinos con el florecimiento del libertarismo autoritario, que es como decir silencio atronador o fuego helado. Las dos cosas no van juntas. El resultado es libertad para pocos y autoritarismo para los demás.
 
Rocca, Magnetto y Galperín fueron algunos de los creadores del Golem esquizofrénico. Lo construyeron para que los proteja, financiaron sus campañas, le dieron letra con leyes para proteger sus intereses y publicaron loas en los medios que controlan. Pero en este momento parte de sus intereses entraron en colisión con el rumbo aperturista total del gobierno y sus alianzas.
 
Las elecciones de medio término en una sociedad que perdió el sentido, fragmentada, extenuada por la inflación y la pandemia, le dieron un impulso que se multiplicó con el respaldo de la Casa Blanca.
 
Ese paralelismo crispado de un imperio en decadencia encontró un aliado incondicional en la subordinación total de Milei. No hay término medio en las Casas Blanca y Rosada. Una decisión absoluta de dominio se complementó con una decisión absoluta de sumisión.
 
Con la apertura que impulsaron los grandes empresarios, y que implementó este Gobierno, entró una avalancha de productos chinos. El capital concentrado creyó que tenía espalda para sobrevivir al exterminio de sus competidores de la pequeña y mediana industria y comercio y que podría deglutir esos espacios que quedaban libres.
 
Pero el ímpetu del comercio chino, ultra tecnológico, con cadenas de suministro ultra coordinadas y eficientes, se llevó puestos hasta los tubos de Techint y metió en problemas a la gran aplicación comercial de Marcos Galperín, el hombre más rico del país.
 
Galperín reside en Uruguay para no pagar impuestos en Argentina, donde creció su empresa, Mercado Libre. Impulsó con entusiasmo el discurso libertario contra los subsidios estatales y contra la regulación de los mercados.
 
Desde la pandemia, el campeón antisubsidios recibió subsidios por 370 millones de dólares. Y ahora, el también campeón de la apertura de las importaciones, le exigió al gobierno que regule a Temu, la aplicación de comercio china que le arrebató una porción de la torta.
 
Paolo Rocca, que colocó a su ex empleado Horacio Marín como CEO de YPF, recurrió a la Justicia por la licitación de tubos para un gasoducto que perdió ante una firma india que fabrica tubos con acero chino. Galperín hizo lo mismo con Temu. Y Magnetto afronta problemas parecidos con la compra de Telefónica por el Grupo Clarín.
 
Son contradicciones fuertes en el capital hegemónico, que el gobierno sobrelleva con enormes ofrendas, como la reforma laboral. El triunfalismo que invadió a la Casa Rosada por el resultado electoral se enfocó en su primera cosecha. La ley de trabajo propuesta incluyó un artículo sobre el impuesto a las ganancias que saca coparticipación a las provincias.
 
El Gobierno mandó a Diego Santilli a discutir con los gobernadores, pero le advirtió que no hará ninguna concesión. Y Santilli les prometió que los premios llegarían después de la aprobación en el Congreso. 
 

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