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                  18:32  |  Domingo 20 de Enero de 2013  |  Entre Ríos
El clima en Paraná
“Si la fuerza material está monopolizada por el régimen, las fuerzas morales, los valores que no se afincan en lo material están de nuestro lado, del lado del pueblo, y la militancia los transformará en fuerza avasalladora”. John W. Cooke
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Nacionales - 09-03-2018 / 08:03
EN EL MARCO DEL SEGUNDO PARO INTERNACIONAL DE MUJERES

Cientos de miles de mujeres marcharon contra la violencia machista y el ajuste del Gobierno y a favor del aborto legal

Cientos de miles de mujeres marcharon contra la violencia machista y el ajuste del Gobierno y a favor del aborto legal
Cientos de miles se movilizaron este jueves en todo el país, en el marco del segundo Paro Internacional de Mujeres, que tuvo el pedido de "aborto legal, seguro y gratuito" entre sus principales reclamos. Las calles del centro porteño se llenaron de pañuelos verdes, en este día de huelga al que adhirieron alrededor de 60 países. Integradas en su mayor parte por mujeres, las columnas se concentraron en Avenida de Mayo y comenzaron a marchar pasadas las 17 hacia el Congreso, donde se llevó a cabo el acto central.
Cientos de miles de mujeres marcharon en Capital contra la violencia machista, en repudio a las políticas neoliberales de ajuste del gobierno de Mauricio Macri y a favor del aborto legal, seguro y gratuito. Actos en todas las provincias multiplicaron la cifra y el impacto.
 
A lo largo de toda la Avenida de Mayo, mujeres de los más diversos sectores, edades y procedencias mostraron masivamente lo que tienen en común: el reclamo por la igualdad de géneros, el fin de los femicidios y contra el ajuste que golpea particularmente a ellas.
 
La bandera de arrastre de la cabecera de la marcha era una síntesis perfecta del sentido que se le quiso dar, la característica política del reclamo dirigido al Gobierno de Macri: "¡Aborto Legal Ya! Basta de Ajuste y Despidos", decía, reuniendo los reclamos por políticas de salud que contemplen responsablemente a mujeres y diversidades, con los reclamos por las gravísimas consecuencias sociales producto de las políticas de despidos, cierres de empresas, y brutales tarifazos en los servicios.
 
Para dar una marca de la amplitud del abanico que reclamó contra el Gobierno de los CEOs, todas las organizaciones, partidos y colectivos que participaron en las asambleas previas, sostenían la bandera. En el centro, para no perder el hábito, Norita Cortiñas, chiquitita y tan grande, con su pañuelo blanco, junto a otras Madres que se sumaron tras cumplir la histórica ronda de los jueves. Lo demás, cuadras y cuadras y cuadras de columnas de mujeres y pañuelos verdes, y remeras fucsias.
 
Detrás de la cabecera, porque se había consensuado en las extensas asambleas organizativas de febrero, se concentró el contingente de la Campaña Nacional por el Aborto Legal, Seguro y Gratuito. Fue, decididamente, el contingente que le dio alma a la cabeza de la marcha, con sus cánticos por el aborto y contra Mauricio Macri.
 
Toda movilización es política, es un simplismo negarle eso a la de ayer que celebra avances y conquistas colectivas, cuestiona a los poderes del Estado y al Gobierno de Macri, apunta contra las fuerzas de seguridad. Discierne alianzas, adversarios, enemigos.
 
La calle y el lenguaje son territorios en disputa. A primera vista, el 8M (de innegable especificidad) se parece cada vez más a actos del 24 de marzo. Arraigan en el pasado mientras interpelan y exigen por los derechos humanos de ayer, de hoy y de siempre.
 
El movimiento de mujeres se hace valer en las redes sociales, avanza en los medios masivos, aun en los programas de chimentos. Política es también trascender al conjunto ya convencido, sumar. El número imponente de la marcha de ayer, lo corrobora.
 
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 Cientos de miles de mujeres marcharon contra la violencia machista y el ajuste del Gobierno y a favor del aborto legal

Todas juntas
 
Mientras, la cadena de mujeres que conformaban el corralito por delante se encargaban de limar, traquetear y perforar las macizas columnas de organizaciones políticas y gremiales que se habían instalado a lo largo de toda la avenida de Mayo en una especie de anticipación de la cabecera.
 
El marco político lo daba la variedad de presencias en el arranque, todas de índole sindical, laboral y político. Había una representación del Hospital Posadas; del INTI; una joven que asomaba por detrás de la primera fila con un pequeño cartel en el que se leía "No al cierre de Stockl (la metalúrgica de Burzaco que lleva tres meses sin pagar salarios), 130 familias en la calle"; de la Casa de la Moneda; Trenes argentinos; La Bancaria; Ctera también; las Aeronáuticas de Latam. Además de las representaciones específicas como NiUnaMenos, la Campaña Nacional por el Aborto; Ammar, el sindicato de las meretrices, en una de las puntas; Amadh, su oposición y denunciante de la prostitución y trata, en la otra; la representación de las travestis de Diana Sacayán. Y las agrupaciones de izquierda.
 
El arco era amplio, todas mujeres e identidades de las diversidades. Todas con algo, con mucho para reclamar. A todas, con las enormes diferencias que podía haber, a todas las unía el sometimiento patriarcal y la pauperización macrista. MMLYQTP, empezaron cantando apenas para desacomodar, la corrección de trato fue clara, yuta por puta. Toda una definición política y de criterios. La policía, ausente esta vez, igual es la policía. sobre todo la de Macri, la de Bullrich, la de Larreta.
 
Pero antes, en una recorrida inicial, antes de las 16.30 -momento en que se constituyó la cabecera en Piedras y Avenida de Mayo-, se podía ver una fila que abarcaba el largo de la cuadra, desde Chacabuco hasta la cabecera. ¿Esta fila? "Es para el pañuelo". El verde de la Campaña que se entremezcló con el violeta del 8M, del movimiento feminista.
 
No es no, se había pintado en rojo colorado sobre la mejilla una rubia, que cantaba "Aborto legal, en el hospital", mientras la consigna surgía desde el contingente de la Campaña. Delante de la cabecera, en el corralito de brazos que armaban mujeres y travestis de diferentes organizaciones, con un megáfono vociferante, divertida, ampulosa, la militante trans Alma Fernández, más oscura que su vestido oscuro cantaba consignas que iban desde vapulear a Macri hasta la ya clásica "Poder / poder / poder popular / y ahora que estamos todas / ahora que estamos juntas / y ahora que sí nos ven / abajo el patriarcado / se va a caer / se va a caer / arriba el feminismo / que va a vencer / que va a vencer.
 
Y desde atrás competían: "A ver, Mauricio, a ver si nos entendemos / las mujeres nos morimos / por abortos clandestinos / salimos a la calle / salimos a luchar / por aborto libre / seguro y legal".
 
La cabeza de la columna, sobre Piedras, arrancó a las 17.30 al grito de "¡Paro / paro / paro / paro general". El grito, más que cántico, estaba dirigido tanto al gobierno como a la cabeza de la CGT. "No queremos más despidos / no queremos represión / para las trabajadoras / la reincorporación", cantaba Alma.
 
Como en todas las marchas anteriores, la sorpresa sobre la capacidad resolutiva feminista para dirigir la brutal desorganización de casi un millón de cuerpos constituidos en columnas abroqueladas o en el amorfo ir y venir de autonomías es ilimitada. Arrancar a las 17.30, para caminar ocho cuadras en más de dos horas, no alcanza a explicarlo todo.
 
Como todas las marchas o concentraciones masivas del movimiento feminista, al menos desde el 3 de junio de 2015, la primera NiUnaMenos, la organización a pulmón y sobre la marcha es por sí sola un aprendizaje de negociaciones para este cronista. En este caso, el de ayer, las ocho cuadras demandaron más de dos horas porque en el recorrido debieron gestionar con columnas de militantes durísimas para ceder medio metro hacia el costado. Y se corrían, y se miraba hacia adelante y había más y más y más banderas. Y nuevamente discusión y negociación y consenso.
 
Al final de cuentas, una era la cabecera de la marcha, sin ella no había marcha; y las otras eran columnas que seguramente habrían de haber ocupado la retaguardia, pero que habían llegado temprano y se habían estacionado. El abanico feminista es amplio y da cabida a ideas y organizaciones con tanta competencia entre sí que podrían desatar una batahola, pero no, no lo hacen.
 
En el camino, había una multitudinaria presencia feminista. Había varones, para qué negarlo. Habían alcanzado con su presencia la síntesis de las discusiones previas, especialmente en las redes, en las que se debatió si varones sí, si machirulos no, si cubrían a las mujeres y de qué manera, si no las cubrían, si eran necesarios, si no lo eran.
 
Hubo un par de momentos difíciles en la marcha, con tensión corporal al milímetro, y se situaron en los dos extremos pero con dos hombres. Uno, claramente un provocador que quería pasar por donde no podía. El otro, un hombre muy alterado que participaba en la marcha pero le costaba adaptarse al pedido de hacer lugar al paso de la cabecera.
 
Y entonces estallaba el Mauricio Macri la yuta que te parió, y todo volvía a su cauce. Andar sobre la avenida de Mayo, a esa hora, además de pedir permiso a cada paso, significaba toparse con fotos de Santiago Maldonado y de Milagro Sala, pancartas que decían "MM asesinaste por la espalda a Rafael Nahuel", o carteles manuscritos en los que se leía "Ni Una Trabajadora Menos.
 
También acusaciones como "terrorismo de Estado, Nunca Más", algunas fotos de genocidas, ahora que el Gobierno instó a las domiciliarias. "No olvidamos ni nos reconciliamos", diría más tarde, en pleno discurso de cierre Liliana Daunes.
 
En el recorrido, antes de llegar al escenario del Congreso, estaban las enormes columnas de la Tupac, CTEP; Barrios de Pie; Partido Piquetero; como las representaciones de AMPA, la Asociación de Mujeres Penalistas de Argentina; las mujeres del Sindicato de Justicia de la CABA; la Conadu; un grupito de sociología por la equidad de Género; otro de Cunita, dependiente de la Comisión de Salud del Instituto Patria; de Jóvenes Científicxs Precarizadxs (del Conicet), que aprovecharon para decir que hoy, desde las 10 de la mañana organizarían un reclamo por el despido de 800 investigadoras/es en el Polo Científico de Godoy Cruz; la agrupación Quinteras Contra el Machismo. Un grupo de mujeres de AHF Argentina, una ong internacional que realiza testeos por VIH en espacios públicos; además de Mama cultiva.
 
Un muchacho de barba portaba un cartel que decía "Seamos más hombres, menos machos", fue una de las excepciones. Los varones en general no parecieron buscar protagonismo.
 
La columna siguió avanzando con mucha dificultad. Al cruzar la 9 de Julio, se podía ver hacia atrás, la Plaza de Mayo, la misma densidad de la marcha como si se miraba hacia adelante. También algunas columnas prefirieron avanzar más rápido por las calles laterales, Rivadavia e Yrigoyen. Al llegar a la Plaza Congreso, la multitud parecía infranqueable.
 
La plaza estaba absolutamente poblada por grupos sueltos, y las calles que la bordean, saturadas de columnas. Una cuadra antes de llegar, a la altura de San José, la marcha se detuvo. Detrás de la cabecera, el contingente de la Campaña tenía su ritual: comenzaron a ulular, da escalofrío en el cuerpo, ulular que se acentúa, se acelera, hasta que estalla al mismo tiempo en bengalas verdes que inundan el espacio mientras el centenar, quizás más, de militantes de la Campaña saltan y corren gritando para llevarse a todas y todos por delante. Las columnas macizas de organizaciones que las anticipaban se disgregaron por el solo efecto del sonido y la vista del brujerío corriendo como una aplanadora.
 
Después llegó el momento del discurso, en el escenario dispuesto sobre la plaza y que leyó como en otras ocasiones, la locutora feminista Liliana Daunes. "Hoy estamos acá -empezó Daunes- porque construimos juntas un segundo paro internacional feminista. Paramos contra los despidos, el ajuste del gobierno y por aborto legal, seguro y gratuito. Paramos porque venimos a decirle basta a las violencias femicidas y travesticidas y a las violencias económicas y estatales que las sustentan".
 
También incorporó el paro dentro del marco de la lucha feminista internacional; destacó el mapa del trabajo "en clave feminista" y las alianzas transversales entre diferentes conflictos. Recordó que "paramos porque exigimos el aborto legal, seguro y gratuito", y para "defender nuestras disidencias sexuales y de género". "Para decir basta a las violencias"; "paramos para denunciar que el Estado es responsable y los gobiernos son responsables". "Paramos porque exigimos un Estado laico"; "porque construimos el movimiento de mujeres como sujeto político".
 
El 8M cerró ya no como un mensaje al poder, fue mucho más que eso, fue y es acto de presencia, la visibilidad de sus cuerpos, pintarrajeados como guerreras (no es un chiste la corrida de las brujas y su ulular entre la humareda verde, aunque sea un grito de alegría), sus reclamos, la reciente presentación del proyecto de ley por el aborto legal, seguro y gratuito; la contundencia de cientos de miles de mujeres tomando la calle. Solas, no importa que muchas fueran acompañadas. Solas, visiblemente solas en su paro, en su huelga, en su demostración de que sin ellas el mundo queda partido y no avanza.
 
Por Horacio Cecchi
 
Fuente: Página12
 

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Cientos de miles de mujeres marcharon contra la violencia machista y el ajuste del Gobierno y a favor del aborto legal
Página considera que “el futuro ya llegó” y valora la “fuerza multiplicada por la masividad y la alegría, el movimiento de mujeres se instaló como protagonista decisivo en el escenario nacional”.
20-01-2019 / 09:01
Chico conoce chica, la comedia de Hollywood le saca el jugo. Presidente conoce presidente, las Cancillerías y los medios afines abusan del paralelismo: hablan de "química", "empatía", "onda" y otras simplezas. Como en las comedias o en la vida real el primer encuentro puede influir, pero la larga convivencia siempre es crucial.
 
El presidente brasileño, Jair Messias Bolsonaro, recibió a su colega argentino Mauricio Macri en Brasilia. Dos desaires anteriores (ahora dicen) quedaron atrás: Bolsonaro no vino para el G-20, Macri veraneaba cuando asumió su par. Sobreactuaron amistad aunque a Macri (cultor de la doctrina Chocobar) sus asesores le aconsejan no fotografiarse "disparando" con las manos.
 
Objetivamente tienen un destino común, una frontera gigantesca, un intercambio comercial único. Ningún país es soberano del todo, en la aldea global. Pero hay mandatarios o visiones ideológicas que se empeñan en ampliar los márgenes nacionales de decisión. Otros prefieren el alineamiento con los países hegemónicos aunque jamás hablen de dependencia.
 
A los contertulios de Brasilia no los unen el amor ni el espanto, sí intereses  y la subordinación al Departamento de Estado.
 
Como Aníbal Troilo, Estados Unidos nunca se fue de este Sur, pero su política exterior posterior al atentado a las Torres Gemelas permitió un resuello. Coincidió con la llegada de experiencias populares variadas, más o menos radicales pero muchas antagónicas con la herencia neoconservadora de los '90.
 
Prevalecieron la paz y la no intervención en otros Estados, por un lapso prolongado y con una intensidad tal vez sin precedentes. La Unión de Naciones Suramericanas (Unasur) medió exitosamente para frenar sangrientos intentos golpistas contra el presidente boliviano, Evo Morales, y contra el ecuatoriano Rafael Correa que incluso fue secuestrado por fuerzas de seguridad.
 
Las coincidencias políticas gravitaban pero todos los gobiernos cooperaban en un organismo flamante, de nimia institucionalidad cuyas resoluciones exigen unanimidad de los presidentes. O, cuanto menos, inexistencia de vetos así fuera de uno solo.
 
Diplomacia presidencial al rojo vivo que eleva el protagonismo de los mandatarios y confina a las Cancillerías. Néstor Kirchner fue electo presidente del organismo con la anuencia de todos sus integrantes: una sola bolilla negra bastaba para dejarlo afuera.
 
Las derechas autóctonas, con la cooperación recurrente de "la Embajada" de EE.UU. le coparon la parada a Unasur. Cambiaron la correlación de fuerzas mediante golpes de Estado atípicos, novedosos: en Paraguay, Honduras, Brasil y ahora van por Venezuela. Macri y Bolsonaro 2019 se contraponen a Lula da Silva-Néstor Kirchner en 2003. Pasaron cosas, caramba. 

19-01-2019 / 11:01
19-01-2019 / 10:01
Es cada vez mayor la cantidad de personas que se suman a la protesta callejera contra la suba de los servicios públicos que implementa el gobierno de Mauricio Macri. Por cuarto viernes consecutivo, miles de porteños cortaron anoche las avenidas Rivadavia, Corrientes o Cabildo, entre otras, para protagonizar un nuevo "ruidazo" por los padecimientos derivados de las políticas de la alianza Cambiemos. También hubo manifestaciones en el conurbano bonaerense y en ciudades del interior de la provincia.
 
Las quejas por los aumentos de tarifas, por sueldos y jubilaciones cada vez más insignificantes frente a la inflación, se combinaron con reclamos puntuales de docentes por el cierre de las escuelas nocturnas resuelto por el jefe de gobierno, Horacio Rodríguez Larreta.
 
De fondo se alternaba el ya tradicional "Mauricio Macri la puta que te parió", como el menos usual "fuera, fuera, fuera Macri fuera". "Macri son un fracaso como presidente. La inflación es un cáncer. Sos un inepto, le mentís a la gente", se expresa un vecino desde su cartel. "Nos sacaron el Fútbol para Todos para hacer 3000 jardines. ¿Dónde están?", indaga otro.
 
Anoche volvieron a sentirse las cacerolas, los bocinazos y ruidazos en distintas ciudades del país. Se dan después de la segunda marcha de la multisectorial contra los tarifazos que este jueves se realizó en Rosario y que continuará en Mar del Plata y Mendoza. Así como los ruidazos seguirán todos los viernes por la noche.
 
El motivo central de las protestas es el mismo: la crisis económica del modelo neoliberal macrista. La gente se une para marchar o golpear cacerolas, para reclamar por los despidos, los bajos salarios, los aumentos del transporte y de los servicios públicos, porque la plata ya no alcanza.
 
La bronca se acumula de la misma manera que los gastos para llegar a fin de mes. La gente se junta por un reclamo, por una inconformidad que la unifica. Es una queja por el presente, pero con la esperanza de lograr un cambio en el futuro. Protestan porque entienden que quedarse en la comodidad de sus casas se convierte en un silencio cómplice del ajuste macrista.
 
Las protestas continuarán, con mayor o menor presencia en las esquinas de las ciudades, o terminar diluyéndose ante la falta de respuestas positivas. O pueden aumentar, si este año vuelven a golpear los bolsillos populares de manera intolerable. ¿Influirán en las elecciones? Es una pregunta difícil de responder. Por ahora, el ruido sigue. La gente está harta de Macri.
 
La Opinión Popular

18-01-2019 / 09:01
Con Mauricio Macri, se profundizó un fenómeno que había arrancado en la primera mitad del 2018 y que muestra de lleno cuál fue el sector más perjudicado por la crisis económica: los trabajadores asalariados perdieron otra vez participación en el reparto de la torta de ingresos y así se alejan cada vez más del famoso fifty fifty.
 
El fifty-fifty (cincuenta y cincuenta) que impulsó el primer peronismo proponía que trabajadores y empresas se repartieran en partes iguales los ingresos que genera el país.
 
Esta vez la caída de su porción fue de 4,7 puntos durante el tercer trimestre: pasaron de recibir el 50,6% de la torta al 45,9%. Así, volvió a niveles distributivos del 2010.
 
A la par, eso significó un crecimiento de la parte del producto que se quedaron los empresarios, a costa del salario de los trabajadores. Ahí el salto fue casi en espejo y los dueños de las empresas pasaron a recibir el 45,7% del total, lo que implicó un crecimiento de 4,8% puntos.
 
Es decir que el 4% de los que participan en la producción, o sea los empresarios tal como señala el propio Indec, se quedaron con una porción casi idéntica a la del 74% representado por los asalariados.
 
La cuestión del fifty-fifty tiene un poder simbólico fuerte en la Argentina, aunque en los países desarrollados la distribución capital-trabajo es bastante más favorable para los asalariados: la participación asalariada ronda el 60% y durante los 70 giraba en torno al 65%, tal el caso de Estados Unidos.
 
Aunque en 1945 esta proporción era vista como una conquista social, en la actualidad es insuficiente. Para reducir la pobreza y aumentar la equidad es necesario impulsar reformas para que los trabajadores aumenten su participación a niveles más parecidos a los observados en los países desarrollados. Todo lo contrario de lo que está haciendo el gobierno de Mauricio Macri.
 
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18-01-2019 / 08:01
Gracias a la política económica neoliberal del inepto gobierno de Mauricio Macri, la inflación mayorista fue de 73,5% en 2018, las más alta desde la crisis de 2002, explicadas ambas por el impacto directo e indirecto de la devaluación de la moneda en sus respectivos momentos.
 
Según informó ayer el Indec, el aumento interanual en el índice de precios mayoristas del año pasado fue consecuencia de la suba de 104,8% de los productos importados, una cifra casi calcada al alza del dólar en 2018, y del incremento de 71,2% en los precios de los bienes nacionales.
 
Así, alcanzó su nivel más alto desde 2002, cuando a la salida de la convertibilidad marcó 77,1%. Entre los rubros relevados que más subieron el año pasado se destaca el petróleo crudo y gas, con el 105,5 por ciento, empujados por el alza del dólar y la cotización internacional de esos commodities.
 
La dolarización de tarifas impactó en manufacturados y energía eléctrica, con un aumento de 67,6%, mientras que la industria automotriz dejó en evidencia la alta participación de componentes importados y unidades terminadas del exterior, dado que los precios de este segmento aumentaron 90,6% promedio.
 
El costo de la construcción, por su parte, fue de 44,8%, impulsado casi en su totalidad por la remarcación en materiales.
 
Esta semana se conoció la cifra oficial de inflación minorista del año pasado, la cual se ubicó en 47,6%, el mayor registro en 27 años, producto de la duplicación en el precio del dólar, los tarifazos y la desregulación de precios sensibles al bolsillo. Sin embargo, el aumento de la inflación mayorista fue 25,9 puntos porcentuales superior que la registrada al público.
 
Esta diferencia se explica por la decisión de absorber márgenes empresarios de algunos sectores, en los que aún había sido posible, para no trasladar todo el aumento ante el actual escenario de recesión económica.
 
No todos los precios fueron trasladados, primordialmente porque, por ejemplo, al almacenero, se le cayó la demanda y hay menos poder adquisitivo. Si sube los precios no vende nada.


Conclusión: con Macri hay inflación para rato. En este 2019, existirá una fuerte inercia inflacionaria, la pesada herencia de 2018. La brecha entre inflación mayorista y minorista deja un arrastre de precios que se irá trasladando a los bolsillos de pueblo y que se sumará a los brutales tarifazos del Gobierno de los Ricos.
 
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