y otro por Miguel Estanislao Soler, aprovechando ser una fuerza más numerosa. Para las 14 horas, la batalla ya estaba ganada, y el saldo fue de 12 patriotas muertos en tanto que del lado de los realistas, 500 perdieron la vida. El gobernador de Chile, Marcó del Pont, intentó huir, pero fue tomado prisionero y confinado en San Luis.
 
Gracias a la Batalla de Chacabuco, en la que los patriotas salieron victoriosos, pudieron recuperar a Chile para la causa independentista y de ese modo finalizó el período de la Reconquista o Restauración y comenzó el período de la Patria Nueva. Un año después, en la misma fecha, O'Higgins proclamaba el Acta de Independencia de Chile.
 
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                  04:56  |  Miércoles 17 de Octubre de 2013  |  Entre Ríos
El clima en Paraná
“Macri es hoy un amontonamiento de promesas fracasadas, de frustraciones sin rumbo ni sentido, de soberbia mezclada con impericia, un nuevo gestor impostado en el imperio de la desesperanza”. Julio Bárbaro
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Sociedad e Interés General - 12-02-2018 / 07:02
EFEMÉRIDES HISTÓRICAS

La batalla de Chacabuco fue decisiva para la Independencia de Chile

La batalla de Chacabuco fue decisiva para la Independencia de Chile
“Fue tal la sensación que esta desgracia produjo entre las esparcidas tropas reales, que al día siguiente se abandonó la capital sin más pensamiento que el de acudir a Valparaíso, cada uno como podía, y embarcarse hacia Lima, aumentando el desorden y el espanto de las familias que se precipitaban a ganar un buque porque se creían comprometidas. Consiguientemente el general Marcó del Pont, muchos jefes y oficiales, las principales autoridades y la mayor parte de la tropa cayeron en poder de los vencedores, quienes sin mas resistencia invadieron todo el país hasta las confines de la fiel provincia de Concepción de Penco. La imparcialidad exige confesar que la pronta organización de un ejército en Mendoza con las dificultades que ofrece el país, el plan de la invasión a Chile y su entendida ejecución recomiendan el mérito de San Martín ...”, dijo el General español Andrés García Camba.
La batalla de Chacabuco fue una decisiva contienda de la Independencia de Chile en la cual combatieron el Ejército de los Andes de las Provincias Unidas del Río de la Plata y el Ejército Realista, resultando en un firme triunfo para el bando revolucionario independentista comandado por José de San Martín que contó con contingentes emigrados de Chile, pasando estos al Ejército Unido.
 
La madrugada del 12 de febrero, los hombres de San Martín se decidieron por atacar desde dos frentes, uno al mando de Bernardo O'Higgins y otro por Miguel Estanislao Soler, aprovechando ser una fuerza más numerosa. Para las 14 horas, la batalla ya estaba ganada, y el saldo fue de 12 patriotas muertos en tanto que del lado de los realistas, 500 perdieron la vida. El gobernador de Chile, Marcó del Pont, intentó huir, pero fue tomado prisionero y confinado en San Luis.
 
Gracias a la Batalla de Chacabuco, en la que los patriotas salieron victoriosos, pudieron recuperar a Chile para la causa independentista y de ese modo finalizó el período de la Reconquista o Restauración y comenzó el período de la Patria Nueva. Un año después, en la misma fecha, O'Higgins proclamaba el Acta de Independencia de Chile.
 
La Opinión Popular

Un resonante triunfo patriota
 
Por Claudio Chaves
 
San Martín abandonó España en setiembre de 1811. Dejaba atrás un país convulsionado por la invasión francesa como también una foja militar al servicio de una monarquía indigna en cualquiera de sus dos versiones, Carlos IV o Fernando VII.
 
Creció y se educó en el contexto europeo signado por la Revolución Francesa y las ideas liberales que le dieron origen y que en España encontró adeptos en lo que se llamó Despotismo Ilustrado, con figuras centrales como Gaspar Melchor de Jovellanos, Pedro Rodríguez de Campomanes o José Monino de Redondo, Conde de Floridablanca.
 
Como oficial del Ejército español simpatizó con la corriente política liberal que admiraba la figura de Napoleón, por militar exitoso, portador de valores modernos y jefe político de notable cualidades, capaz de conducir una revolución en orden y desde el centro del Estado. Simpatías que no le impidieron enfrentarlo cuando el Emperador invadió España.
 
Puesto en esa situación, San Martín, sin renunciar a sus ideas libertarias, defendió a su país. La invasión napoleónica no lo empujó a posiciones reaccionarias, fernandistas o monarquistas.
 
Los enfrentó con coraje al igual que el pueblo español que se levantó en armas contra el invasor, organizándose en Juntas, expresión de poder popular más cercana a la democracia que a la monarquía. Winston Churchill, en su Historia de los pueblos de habla inglesa, aseguraba:
 
"Desde aquel momento comenzaba la guerra peninsular. Por primera vez las fuerzas desencadenadas por la Revolución Francesa, a las que Napoleón había disciplinado y dirigido, se encontraban no con reyes o jerarquías del viejo mundo, sino con toda una población inspirada por la religión y el patriotismo."
 
A su manera y como afirmaba luminosamente Carlos Marx en su estudio sobre la Revolución Española: "El pueblo español luchaba contra el ejército revolucionario de Francia poniendo en movimiento la revolución francesa en España."
 
Contradicciones poco gratas a la historia de un pueblo, tantas veces postergado, y que ahora se apoderaba de su destino emprendiendo un camino de redención con sabor a república y democracia.
 
Pero como en toda época tumultuaria los excesos estuvieron a la orden del día, excesos que pusieron en riesgo la vida de San Martín. Y esto ocurrió cuando su Jefe y casi un padre adoptivo, el general Francisco Solano, que integraba las filas de lo que en España se denominó afrancesados, fue vilmente asesinado por una turba del bajo pueblo de Cádiz que hizo responsable al general y a su partido la suerte corrida a manos de los invasores.
 
Apuñalado y baleado por la muchedumbre, en medio de una pueblada, su cadáver fue arrastrado por las calles gaditanas. San Martín, su amigo, su hijo, casi estuvo a punto de correr la misma suerte, salvándolo un sacerdote cuando perseguido por unos desaforados se refugió en su Iglesia.
 
España ardía y su suelo temblaba sin un poder capaz de coordinar la lucha. Cientos de combatientes populares sin orden, valores, ni proyección emprendieron una guerra de guerrillas que enloqueció a los invasores pero que no fueron otra cosa más que simples salteadores que en nombre de la Patria se alzaron con fortunas ajenas.
 
El Empecinado, Chagarito, fueron algunos de aquellos primitivos jefes que hurgaban en las mochilas de los soldados muertos y en las propiedades de pacíficos habitantes para robarse cuanto podían y cuando alguna autoridad inquiría sobre sus crueldades u objetivos militares, afirmaban:
 
"Queremos matar a alguien, Señor, ellos (los franceses) han matado a una persona en Trujillo, una o dos más en Badajoz y alguna más en Mérida; y nosotros no queremos quedarnos atrás, Señor. Queremos matar."
 
San Martín y otros oficiales, dignos soldados de aquella guerra, ya nada tenían que hacer en una España que en manos de facinerosos marchaba a la derrota. Allí todo estaba perdido. Fundamentalmente la idea. La lucha por la libertad debía darse en América.
 
No es como algunos autores han afirmado acerca de que su venida ha tenido que ver con las pocas chances de realización personal en el escenario peninsular. En América se abría para estos hombres un gigantesco escenario donde poner a prueba las ideas emergentes de la modernidad liberal.
 
Desembarcó en Buenos Aires, en marzo de 1812, junto a Carlos María de Alvear, José Matías Zapiola y Francisco Chilavert, entre otros militares, que por las mismas razones habían abandonado la guerra en España.
 
Vinculado rápidamente a la vida social y política del Plata creo el Regimiento de Granaderos a Caballo obteniendo el importante triunfo de San Lorenzo, a orillas del Paraná. Por su vínculo con Carlos María de Alvear fue nombrado Jefe del Ejército del Norte. Llegado a la región comprendió que no era por el Alto Perú, actual Bolivia, el lugar desde donde acabar con el poder español asentado en Lima.
 
Pergeñó, entonces, un plan que algunos historiadores atribuyen a otras voces. Por ejemplo a la de su secretario Tomás Guido, apoyándose en dichos de su hijo Carlos Guido y Spano; otros asignaron la idea a oficiales ingleses como Thomas Maitland que, a fines de 1790, pensaba apoderarse de América invadiendo Buenos Aires y luego traspasar los Andes.
 
San Martín no necesitaba de estas luces para comprender lo evidente. No se podía atacar a Lima desde los Andes bolivianos como la experiencia lo indicaba. Vilcapugio, Ayohuma y Sipe Sipe, como derrotas, evidenciaban el error. En cartas a Tomás Godoy Cruz y a Guido decía: "Defender Jujuy para proteger Salta y Tucumán" y "para hacer intransitables aquellos países no se necesita un solo soldado, sobra con la gauchada para que se mueran de hambre".
 
La guerra debía tener otro frente, el asunto consistía en alcanzar poder político y militar en Cuyo, cruzar los Andes, apoderarse de Chile, alejado de Lima y luego marchar por mar hacia el Perú. Y así fue. Logrado el nombramiento puso en movimiento su idea. Tres años le llevó la tarea.
 
Mil ochocientos dieciséis fue un año difícil para el Libertador. Debió suspender la marcha pues no fue autorizado por el Directorio, tiempo que le trajo enormes dificultades en el gobierno de Cuyo matizado con una gran satisfacción personal pues en agosto de ese año nació su hija Merceditas.
 
No obstante la dificultad señalada, dos hechos determinantes ocurrieron ese año: la entrevista de San Martín con el Director Supremo Juan Martín de Pueyrredón en Córdoba, en el mes de julio, cuando llegaron a un acuerdo con el proyecto sanmartiniano, y la declaración de la Independencia por la cual el Libertador bregaba insistentemente.
 
En carta a Godoy Cruz le imploraba "¿Cuándo se juntan y dan principio a sus sesiones? ¿Hasta cuándo esperamos para declarar nuestra independencia? ¿No le parece a Ud. Una cosa bien ridícula, acunar moneda, tener pabellón y cucarda nacional y por último hacer la guerra al Soberano de quien en el día se cree dependemos? ¿Qué relación podremos emprender si estamos a pupilo? Los enemigos nos tratan de insurgentes (y con mucha razón) pues nos declaramos vasallos."
 
Amerita observar que la declaración de la Independencia va en la línea del pensamiento y las ideas que hicieron a San Martín abandonar España pues el lector debe saber que a finales de 1814 Fernando VII se restauró como monarca absolutista en España retrotrayendo la situación a un clima pre revolución francesa.
 
Finalmente en enero de 1817 se puso en movimiento el Ejército de los Andes. Una división comandada por el general Gregorio de Las Heras cruzaría por Uspallata siguiendo el recorrido de la actual ruta 7 hasta las Cuevas y de ahí bajando hacia Chacabuco.
 
Lo más compacto del Ejército cruzaría por Los Patos en la provincia de San Juan. Una división al mando del general Estanislao Soler, otra a cuyo frente iba Bernardo de O' Higgins y la reserva conducida por Matías Zapiola. Otras dos fracciones amenazarían por La Rioja y San Rafael con el afán de dispersar las fuerzas españolas ubicadas al otro lado de la cordillera. Debían encontrarse todas en la cuesta de Chacabuco.
 
 
La batalla de Chacabuco
 
Antes del enfrentamiento en la sierra de Chacabuco, San Martín dirigió un escrito al jefe político de la villa de San Felipe, cercana al lugar, exigiéndole reunir cuatrocientos caballos. En ella le advierte: "O la América es libre o desciende encorvada al cadalso que le preparan los tiranos. No hay medio. Mi ejército viene decidido a morir o ser libre".
 
Viniendo desde Cuyo, una vez traspasada la Cordillera, el Ejército de los Andes debía sortear un escollo más para alcanzar al lugar establecido por el Libertador: consistía en superar unas sierras de 1.200 metros para luego marchar en descenso hacia la cuesta de Chacabuco. Allí había planificado San Martin la batalla.
 
Los españoles estaban desconcertados pues no esperaban ni estaban preparados para la batalla dado que tenían sus fuerzas dispersas al desconocer el lugar exacto del cruce. San Martín los había mareado con sus distintas columnas.
 
Sin entrar en los detalles específicamente militares del encuentro diré que los españoles dudaron en acudir a la cita. Fue el Jefe político de Santiago, Francisco Casimiro Marcó del Pont quien decidió dar batalla en nombre del honor. Les fue mal. Muy mal.
 
El resonante triunfo patriota hoy lo conmemoramos los argentinos y los hermanos chilenos al cumplirse el 12 de febrero doscientos años de aquella memorable jornada.
 
Fuente: Infobae

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16-10-2018 / 20:10
16-10-2018 / 19:10
El 17 de Octubre de 1945, Juan Perón fue rescatado de la cárcel por la masiva movilización de la clase trabajadora, exponiendo así la falencia del régimen oligárquico antinacional -rapaz y parasitario- y la caducidad de los viejos partidos políticos seudodemocráticos, sobrepasados por el proletariado, que de ahora en más, podía obtener reivindicaciones que ya no se pedían, se reclamaban, porque ya no se confiaba en la buena voluntad de los sectores dominantes sino en la propia fuerza de los trabajadores.
 
Ese día resurge la Argentina profunda, el subsuelo de la Patria sublevado, y reaparece para continuar escribiendo la historia de las masas populares, una secuencia que va desde las lanzas primero -con las montoneras federales del interior-, el voto después -con el radicalismo yrigoyenista- y por último los sindicatos obreros -con el peronismo-. Tres momentos en los que el Pueblo lucha para realizarse con el federalismo, la soberanía política y la democracia social.
 
Como consecuencia de la actuación revolucionaria de las masas populares el 17 de octubre de 1945, el justicialismo llega al poder y produce transformaciones en todos los ámbitos de la realidad del país. La Revolución Nacional, de Eva y Juan Perón, rompió con el modelo semicolonial dependiente, logrando la independencia económica, la justicia social y permitiendo importantes conquistas a los sectores populares. Una Nueva Argentina con el Pueblo de protagonista.

La terrible reacción gorila de la vieja Argentina oligárquica y autoritaria, en el golpe de septiembre de 1955, dan la medida de la trascendencia revolucionaria del peronismo. Cómo los movimientos nacionales antecesores: el federalismo de Rosas y el radicalismo de Yrigoyen; solo se alcanzaron conquistas transitorias y fueron derrotados por la estructura de la injusticia y la dependencia. Revolución y contrarrevolución.
 
A partir de 1955, la exclusión política del peronismo produjo un proceso de Resistencia que ampliaría su perfil. Aglutinó, representó y canalizó a todas las rebeldías y críticas contra el sistema económico, social y político, crecientemente ineficaz y en el cual era el único actor apartado. En esta lucha, el peronismo constituyó el agrupamiento de las fuerzas populares y proletarias, mientras que el régimen militar se identificaba con los intereses de la oligarquía, la burguesía entreguista y los partidos liberales.
 
Todos estos esfuerzos son partes de un mismo combate, en la que todavía no se han alcanzado triunfos definitivos. Corsi e ricorsi, la Patria aparece como un proyecto inacabado que debemos realizarlo plenamente hoy cuando el capitalismo globalizado pretende desembarazarse de las limitaciones que, a lo largo del siglo XX, le impusieran los Estados Nacionales y los movimientos sociales encabezados por la clase trabajadora, para aplicar sus políticas neoliberales de injusticia social.
 
Las medidas económicas del macrismo están inspiradas en el neoliberalismo, que fue establecido durante la Revolución Fusiladora (1955), continuadas por las armas en la dictadura de Jorge Rafael Videla (1976-1983) y por los votos en el gobierno de Carlos Menem (1989-1999). Este tipo de recetas reaccionarias, que aumentan la injusticia quitando derechos sociales y agrandan la dependencia con el fuerte endeudamiento, siempre fracasaron, provocando resistencias populares y revueltas sociales. 


Por eso, como integrantes del Movimiento Nacional y Popular que cambió la historia política argentina, volvemos a levantar, como en 1945, el cuestionamiento del sistema económico-social injusto y la necesidad de dar pelea para cambiarlo.
 
Escribe: Blas García

16-10-2018 / 19:10
15-10-2018 / 19:10
El 16 de octubre de 1798, en Buenos Aires, Virreinato del Río de la Plata, nace Martiniano Chilavert. Fue un militar argentino de destacada participación en la guerra del Brasil y en las guerras civiles entre federales y unitarios. En su última etapa de exilio, al enterarse de la batalla de Vuelta de Obligado (en que una flota anglofrancesa ataca el territorio argentino), aunque opositor político decidido a Juan Manuel de Rosas, en abril de 1846 le ofreció sus servicios. En esto, Chilavert compartía las ideas del general José de San Martín.
 
En el conflicto que enfrentó a Rosas con Justo José de Urquiza y el esclavista Imperio del Brasil, dirigió todas las fuerzas de artillería de la Confederación en la batalla de Caseros, haciendo fuego contra el grueso de las tropas brasileñas hasta agotar la munición. Como se le terminaron las balas, mandó recoger los proyectiles del enemigo que estaban desparramados alrededor suyo y disparó con éstos. Y cuando no hubo nada más que disparar, finalmente la infantería brasileña pudo avanzar y así terminó la batalla.
 
Habiendo tenido ocasión de escapar, permaneció sin embargo fumando tranquilamente al pie del cañón hasta que lo llevaron frente a Urquiza. Allí contestó las insolentes provocaciones del entrerriano y este ordenó su fusilamiento por la espalda (castigo usualmente aplicado a los traidores), pero cuando lo llevaron al sitio de fusilamiento, el 4 de febrero de 1852, Chilavert, tras derribar a quienes lo arrastraban, exigió ser fusilado de frente y a cara descubierta. Se defendió a golpes, pero fue ultimado a bayonetazos y golpes de culata. Su cadáver permaneció insepulto varios días.
 
A los pocos días, Urquiza ordenó el fusilamiento del regimiento completo de Aquino, desde oficiales hasta el último soldado y los colgó de los árboles de Palermo.
 
La Opinión Popular

15-10-2018 / 19:10
Juan Perón había surgido a la vida política dos años antes, desde la Secretaría de Trabajo y Previsión, y había dignificado al obrero otorgando derechos vulnerados desde siempre. Unidos en el odio a Perón y defendiendo sus intereses, el frente oligárquico logra aislarlo, despojarlo de todos su cargos forzando su renuncia y recluirlo en la isla de Martín García. Parecía que una vez más en nuestra historia, los que más tenían, los que hacían las  leyes, los que vivían del trabajo ajeno, imponían su voluntad omnipotente.
 
Pero los trabajadores argentinos reaccionan y en la mañana del lunes 16 de octubre de 1945, los dirigentes de la CGT se entrevistan con presidente Edelmiro J. Farrell, al cual le trasmite su preocupación por la situación del coronel Perón, así como que algunos gremios han empezado a salir a la calle reclamando por su libertad. También le expresan la preocupación reinante en la clase trabajadora ante las versiones de los diarios acerca del nuevo gabinete que estaría integrado por hombres de la oligarquía y del conservadorismo.
 
Por su parte, la Unión Obrera Local- expresión sindical del Partido Comunista-sostiene que"desautoriza las versiones a favor de una huelga inminente lanzadas por un grupo afecto al gobierno desplazado y por elementos nazis que pretenden obstruir el camino de las elecciones libres".
 
A su vez, el Partido Socialista denuncia "la maniobra encaminada a confundir la opinión de los trabajadores y crear factores de perturbación y anarquía...tentativa de los dirigentes entregados a la dictadura implantada por el ex secretario de Trabajo y Previsión".
 
Los partidos de "izquierda" de la oligarquía, más que confundidos, no saben de donde sale esa "chusma" peroniana, como la denominan despectivamente, que nada tiene que ver con el modelo de obrero de sus libros y manuales, pulcro y atildado, con el que están acostumbrados a tratar.
 
A la tarde se conoce la decisión de la Central Obrera: por 16 votos contra 11, "la CGT, en defensa de las conquistas obtenidas y las por obtener y considerando que éstas se hallan en peligro ante la toma del poder por las fuerzas del capital y la oligarquía, declara un Paro General en todo el país por el término de 24 horas, que se hará efectivo el día jueves 18 de octubre, a partir de la cero hora".
 
Comienza así, el devenir histórico por el cual los trabajadores argentinos se introducen por primera vez y para siempre en la escena política nacional, para terminar con la semicolonia pastoril y construir una nación moderna e independiente, y lo hacen con un movimiento popular que tiene como eje al proletariado. En nuestro país nada volvería a ser igual.
 
Escribe Blas García

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