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Internacionales - 05-02-2018 / 21:02
EFEMÉRIDES POPULARES

Batalla del Jarama, uno de los más encarnizados combates de la Guerra Civil Española

Batalla del Jarama, uno de los más encarnizados combates de la Guerra Civil Española
El 06 de febrero de 1937, en España -en el marco de la Guerra Civil- se inicia la Batalla del Jarama, donde los republicanos se enfrentan a los sublevados antidemocráticos del general Francisco Franco. La tenaz defensa republicana no sólo retrasó los planes de los sublevados para cercar Madrid, sino que hizo lo mismo con el final de la guerra.
El 06 de febrero de 1937, en España -en el marco de la Guerra Civil- se inicia la Batalla del Jarama, donde los republicanos se enfrentan a los sublevados antidemocráticos del general Francisco Franco.
 
La ofensiva la inició el ejército sublevado con la intención de cortar las comunicaciones de Madrid. El diseño de la operación inicial era una acción de gran envergadura por el este de Madrid, que incluía la toma de Arganda del Rey, cortando las comunicaciones hacia Valencia y subir hasta Alcalá de Henares para alcanzar la carretera de Barcelona.
 
Las unidades republicanas, dispersas en el inicio de la ofensiva, se agruparon al mando del general José Miaja el 15 de febrero, que consiguen evitar el avance hacia Arganda. El ejército republicano contó entre los combatientes con las Brigadas Internacionales, en concreto las brigadas XI, XII, XIV y XV, que combatieron entre el Jarama y Morata de Tajuña. La tenaz defensa republicana no sólo retrasó los planes de los sublevados para cercar Madrid, sino que hizo lo mismo con el final de la guerra.
 
La Opinión Popular

La batalla del Jarama es una de las de mayor importancia de la Guerra Civil y, sin duda, la que mayor proyección internacional alcanzó entonces, fueron escenario durante tres semanas de febrero de 1937 de feroces combates desencadenados por Franco para cercar Madrid por su zona meridional y aislarlo de Valencia, sede gubernamental republicana.
 
Su desenlace, prácticamente en tablas, mantendría el tenso equilibrio entre contendientes hasta el final de la guerra, dos primaveras después de aquellos hechos, que se convirtieron en la expresión de una contienda que, por su encarnizamiento y la envergadura del despliegue de combatientes e impedimenta bélica, preludiaban una temida e inexorable II Guerra Mundial.
 
Más de 70.000 hombres participaron en distintas fases de la batalla. Por primera vez, de manera combinada, junto a las tradicionales tropas de infantería-milicias, caballería, ingenieros, artilleros, zapadores y pontoneros, intervinieron también carros de combate, aviones de bombardeo y artillería pesada, simultáneamente.
 
Protagonistas de aquellas jornadas de sangre y acero fueron brigadas internacionalistas como la Comuna de París, André Marty, Abraham Lincoln, o Seis de febrero, y tanquistas soviéticos, fusileros polacos o irlandeses, también voluntarios; o tabores de Regulares del Sáhara y de Ifni, mehalas y escuadrones de caballería marroquíes, árabes y bereberes, y pilotos nazis de la Legión Cóndor, así como soldados y milicianos españoles de igual arrojo y bravura que los foráneos.
 
Jefes militares como Líster, Modesto, Burillo, Rojo y Miaja, u Orgaz, Varela, García Escámez, Asensio, Barrón, Buruaga y Rada, protagonizaron episodios de valor, inteligencia, coraje y también otros equívocos, de crueldad y de astucia, estremeciendo decenas de miles de corazones que, desde rincones de todo el mundo, seguían sobrecogidos cada jornada de la batalla.
 
Hubo posiciones que cambiaron de manos hasta 14 veces y tan sólo la pugna por el control de apenas 15 kilómetros de terreno entre los puentes de Pindoque y de Arganda, que separaban las primeras líneas de ambas vanguardias, se cobró hasta 5.000 bajas entre ambos ejércitos contendientes. El número total de víctimas se ha cifrado en unas 16.000.
 
Como muestra de la dureza de los combates, 400 voluntarios estadounidenses, británicos, polacos y franceses, perdieron la vida en apenas unas horas en la Colina del suicidio y el Cerro Pingarrón. Sobre los encinares y las laderas sembradas de olivos de las lomas que jalonan su paisaje, hoy, aún, se yerguen decenas de hitos pulverizados que fueron testigos de aquella batalla.
 
Pero los combates, que duraron apenas tres semanas, se vieron seguidos de un frenesí fortificador para jalonar el terreno de bastiones, casamatas, trincheras, blocaos -nidos de ametralladoras- y otras construcciones bélicas con las que asegurar los contados palmos de terreno ganados por unos y otros contendientes a costa de un elevadísimo precio de sangre por republicanos y nacionalistas.
 
Por Rafael Fraguas
 
* Este articulo apareció en la edición impresa del Martes, 6 de febrero de 2007
 
Fuente: Diario El País de España

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