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“Es falso que si los combustibles aumentan en el mercado internacional tienen que hacerlo en el país. El petróleo que consumimos se extrae y se comercializa en la Argentina y debe estar atado a nuestros propios costos”. Pino Solanas
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Nacionales - 14-01-2018 / 11:01

El relato macrista busca imponerse

El relato macrista busca imponerse
Para Macri solamente se puede sobrevivir en la jungla capitalista si alimentamos el capital humano individual y el de la familia, si cada uno se convierte en un buen empresario de sí mismo. Si trabajamos mucho y ahorramos, no necesitaremos jubilaciones ni pensiones. Para lo que esté o vaya quedando afuera están la Gendarmería, la Prefectura y la policía o la culpa y la frustración individual. En eso está el macrismo. Todo lo que ocurre en estos días gira en torno a este nuevo intento de reescribir la historia argentina. Desde la furiosa campaña antisindical hasta el megadecreto de desregulación económica –verdadero ataque mortal a las instituciones democráticas– tiene como norte la utopía neoliberal y “meritocrática”. La suerte de este designio todavía está por verse.
No es una acusación moral decir que una fuerza política -el macrismo para el caso- tiene un "relato político". El macrismo también tiene un relato. Es la meritocracia. O el "capital humano" como lo llaman los neoliberales. Acaso se trate de uno de los relatos más añejos del mundo moderno. Acompañó todo el desarrollo del capitalismo. Fue el fundamento y la legitimación de la desigualdad.
 
El capitalismo tiene su propia teodicea, su relato sobre los orígenes. Consiste en que la desigualdad tiene como fundamento las diferencias de mérito entre los seres humanos. Las personas innovadoras, ingeniosas -y también ahorrativas, sobrias y trabajadoras- progresan. Y se hacen capitalistas. Las que, en cambio, son perezosas, rutinarias, derrochadoras y lujuriosas degeneran en las clases marginales de la sociedad.
 
Es una teodicea porque construye un pasado mítico y un "pecado original" del mundo burgués. La acumulación del capital fue, es y seguirá siendo el resultado de una lucha de poder y no el fruto de una afortunada o meritoria performance individual o familiar. Para comprobarlo bastaría con examinar el origen histórico de las grandes fortunas en nuestro país. 
 
Los bien pagados publicitarios de Macri, ciertamente no han inventado nada. Difunden el mito de origen del capitalismo a través de interesantes mecanismos de sugestión y construyen un gigantesco dispositivo público-privado de sugestión.
 
Todo relato tiene un "otro", un antagonista real o imaginario. O, mejor dicho, un antagonista imaginario que toma cuerpo en la realidad. ¿Contra quién se esgrime esta exaltación de los méritos del individuo meritorio hacedor de su propia fortuna?
 
En términos históricos y generales su antagonista es el Estado, las reglamentaciones burocráticas, los impuestos, la clase política. En la Italia de la posguerra a este relato se lo llamó el qualunquismo, la filosofía de las personas "de a pie".  El retiro de lo público, la exigencia de "menos gobierno", el individualismo antipolítico extremo.
 
En el mundo neoliberal existen los individuos, sus familias, algunos amigos y no mucho más. No hay ninguna colectividad humana que trascienda los vínculos inmediatos. Ni historia, ni patria, ni horizontes compartidos de ninguna especie.
 
El relato macrista no es solamente la sistematización de los motivos individualistas del neoliberalismo; es un ambicioso programa político-cultural para la sociedad argentina. Acabar con el movimiento sindical y el derecho laboral. Con los sueños industrialistas, con los subsidios estatales hacia los sectores populares, con el desarrollo científico-técnico autónomo, con la protección de los sectores sociales que no puedan protegerse con sus propios méritos.
 
Y ese programa podría, por primera vez, desarrollarse con un fuerte apoyo social proveniente del individualismo, el miedo y el odio.

Opinión
 
El relato macrista
 
No es una acusación moral decir que una fuerza política -el macrismo para el caso- tiene un "relato político". La mala prensa de la palabra relato viene de la marea posmoderna de los años ochenta en su vertiente conservadora.
 
"El fin de los relatos" (o de los meta-relatos, para el caso es lo mismo) era la buena noticia. Lo que liberaba nuestro destino humano de leyes inexorables y de destinos ya establecidos, lo que ampliaba el horizonte de nuestra libertad.
 
En realidad, estaba ya muy claro en ese tiempo que la muerte que se predicaba tenía un sujeto principal, el relato comunista, la teleología que describía una tendencia inexorable a la revolución y a la sociedad sin clases, cuya agonía se vislumbraba desde hacía varios años pero que entonces estaba estallando en Berlín.
 
En la Argentina más cercana, la palabra relato reapareció en el periodismo con un sentido igualmente derogatorio pero mucho más precisado. La palabra remitía al "relato K". Y su definición no era la adopción de determinada filosofía de la historia sino la pura y simple práctica de la mentira que se asignaba al gobierno anterior.
 
Sería lindo entrar en el tema de la relación entre gobierno y mentira a propósito de los actuales gobernantes pero nos iríamos de tema. Lo cierto es que efectivamente el kirchnerismo tenía y tiene un relato. Es decir, una lectura de la historia, una mirada sobre el lugar del país en el mundo, una escala de valores morales y sociales, una idea de futuro.
 
Y ciertamente los últimos gobiernos anteriores se dispusieron a ser juzgados por ese horizonte político que predicaban, como pocas veces ocurrió en la historia de nuestro país. Claro, el juicio no fue ni podría haber sido favorable en todos los casos.
 
Es muy problemático que un relato que postula la igualdad y la emancipación salga totalmente airoso del contraste con la realidad de un país capitalista en el sur de América Latina.
 
Pero eso no le resta importancia al relato, porque el relato es la vara con la que se quiere ser juzgado y, más allá del juicio, la naturaleza de la propia vara tiene mucha importancia. El relato es una tensión, un modo de relacionarse del gobernante con sus gobernados y una apuesta a determinado proyecto de sociedad.
 
El macrismo también tiene un relato. Es la meritocracia. O el "capital humano" como lo llamaron y lo llaman los neoliberales de la academia. Acaso se trate de uno de los relatos más añejos del mundo moderno. Acompañó todo el desarrollo del capitalismo. Fue el fundamento y la legitimación de la desigualdad. El refuerzo ideológico más potente del "Estado ausente".
 
El capitalismo, según dijo Marx en el capítulo de "El capital" que estudia la acumulación originaria del capital, tiene su propia teodicea, su relato sobre los orígenes. Consiste en que la desigualdad tiene como fundamento las diferencias de mérito entre los seres humanos.
 
Las personas innovadoras, ingeniosas -y también ahorrativas, sobrias y trabajadoras- progresan. Y se hacen capitalistas. Las que, en cambio, son perezosas, rutinarias, derrochadoras y lujuriosas degeneran en las clases marginales de la sociedad. Y llegado el caso pueden aspirar a eludir o a morigerar su miseria trabajando para algún meritorio patrón.
 
Es una teodicea porque construye un pasado mítico y un "pecado original" del mundo burgués. Después de examinar la historia violenta y sanguinaria de la acumulación primitiva, Marx escribiría su lapidario dictamen: "El capital llegó al mundo chorreando sangre y fango por todos los poros."
 
La acumulación del capital fue, es y seguirá siendo el resultado de una lucha de poder y no el fruto de una afortunada o meritoria performance individual o familiar. Para comprobarlo bastaría con examinar el origen histórico de las grandes fortunas en nuestro país. 
 
Los bien pagados publicitarios de Macri, ciertamente no han inventado nada. Difunden el mito de origen del capitalismo a través de interesantes mecanismos de sugestión y construyen un gigantesco dispositivo público-privado de sugestión.
 
Pero ahí termina su mérito y su novedad porque su mensaje "político" es el mismo que desde hace muchas décadas difunde la publicidad de cualquier mercancía.
 
Todo el modo de vida capitalista reproduce el relato meritocrático. Macri suele sumar a la meritocracia la reivindicación de la cultura del trabajo; son fórmulas de gran seducción: casi no hay quien no crea que es una persona trabajadora y meritoria.
 
Y que son esos méritos los que explican su progreso si lo experimentan. Queda en la maldad de los demás y en las injusticias del Estado (de los que se roban todo) la explicación de su infortunio, cuando éste tiene lugar.
 
Todo relato tiene un "otro", un antagonista real o imaginario. O, mejor dicho, un antagonista imaginario que toma cuerpo en la realidad. ¿Contra quién se esgrime esta exaltación de los méritos del individuo meritorio hacedor de su propia fortuna?
 
En términos históricos y generales su antagonista es el Estado, las reglamentaciones burocráticas, los impuestos, la clase política. En la Italia de la posguerra a este relato se lo llamó el qualunquismo ("cualquierismo" sería su traducción un poco forzada), la filosofía de las personas "de a pie".
 
Fue la forma de disolución pacífica del fascismo, el cambio del lenguaje reaccionario que se deslizó de la violencia autoritaria al retiro de lo público, a la exigencia de "menos gobierno", al individualismo antipolítico extremo.
 
Los temas qualunquistas fueron exitosamente retomados por el neoliberalismo ascendente de fines de los años setenta del siglo pasado: Margaret Thatcher lo resumiría magistralmente con su frase "la sociedad no existe".
 
En el mundo neoliberal existen los individuos, sus familias, algunos amigos y no mucho más. No hay ninguna colectividad humana que trascienda los vínculos inmediatos. Ni historia, ni patria, ni horizontes compartidos de ninguna especie.
 
Lo interesante no es solamente el argumento meritocrático. Es muy importante, ante todo, el aquí y el ahora del mensaje. El relato macrista no es solamente la sistematización de los motivos individualistas del neoliberalismo; es un ambicioso programa político-cultural para la sociedad argentina.
 
Es muy importante subrayar una vez más la novedad política que significa que por primera vez en la historia desde la sanción de la ley Sáenz Peña en 1912, la derecha argentina accede al gobierno en elecciones limpias y sin proscripciones y sobre la base de una coalición liderada por un partido propio.
 
El macrismo ha interpretado esta condición inaugural como una oportunidad y un desafío. Se representa a sí mismo como el portador de una misión histórica, de un papel refundacional de la cultura política argentina.
 
Desde el triunfo electoral de Yrigoyen en 1916, las clases dominantes tuvieron que pagar sistemáticamente un desagradable tributo al populismo, nunca pudieron ejercer su dominio sin negociar políticamente con caudillos y partidos populares, aún cuando accedieran al poder apoyados en las armas.
 
Desde 1945, el populismo argentino -es decir la democracia argentina- construyó un dispositivo material e ideal inexpugnable hasta hoy contra el poder de las élites. Hasta los regímenes dictatoriales más tenebrosos tuvieron que tener o conquistar amigos en la política popular, en los sindicatos, en las clases subalternas.
 
El gran sueño oligárquico de 1955 fue el cierre de esa etapa y al servicio de ese designio descargaron una violencia inaudita, cuyo paradigma histórico es el bombardeo de la Plaza de Mayo de junio de ese año.
 
La prohibición, la proscripción, la cárcel, los fusilamientos fueron la metodología que tenía que abrirle paso al "posperonismo". Pero la contrarrevolución no logró convertirse en hegemonía ni en instituciones duraderas ni en garantías contra las más diversas formas de la rebelión popular.
 
Ni aún el genocidio emprendido en 1976 logró construir la soñada pax del privilegio argentino. Tulio Halperín Donghi dio en 1994 una conferencia en el Club de Cultura Socialista, luego publicada con el título "La larga agonía de la Argentina peronista".
 
Allí da cuenta de cómo aún durante la dictadura terrorista, los planes de Martínez de Hoz chocaron con los cálculos políticos de los jefes militares que temían las consecuencias de un aumento exagerado de la desocupación.
 
Finalmente, para el historiador, la hiperinflación del final del gobierno de Alfonsín aparecía como el "instante resolutorio" de la larga agonía. El principio del fin de la Argentina peronista. El juicio (o el deseo) de Halperín no se justificó. Después vino el estallido de la "Argentina menemista" en 2001 y el largo y laborioso proceso de reconstrucción de la "vieja Argentina" por parte de los gobiernos kirchneristas.
 
En ese rango histórico parecen querer colocarse Macri y su gobierno. Sobre la base de la combinación entre manipulación ideológica y violencia se proponen construir en el país la normalidad neoliberal. Arrasar con todas las creencias y con todas las instituciones de la larga historia de los últimos setenta (o tal vez cien) años de historia argentina.
 
Acabar con el movimiento sindical y el derecho laboral. Con los sueños industrialistas, con los subsidios estatales hacia los sectores populares, con el desarrollo científico-técnico autónomo, con la protección de los sectores sociales que no puedan protegerse con sus propios méritos.
 
Y ese programa refundacional podría, por primera vez, desarrollarse con un fuerte apoyo social proveniente del individualismo, el miedo y el odio. Así, los argentinos construiremos una "cultura del trabajo".
 
Aprenderemos que solamente se puede sobrevivir en la jungla capitalista si alimentamos nuestro capital humano individual y el de nuestra familia, si cada uno se convierte en un buen empresario de sí mismo.
 
Si trabajamos mucho y ahorramos, no necesitaremos jubilaciones ni pensiones. Para lo que esté o vaya quedando afuera están la Gendarmería, la Prefectura y la policía o la culpa y la frustración individual. Y la institución central del nuevo régimen: la prisión preventiva.
 
En eso está el macrismo. Todo lo que ocurre en estos días gira en torno a este nuevo intento de reescribir la historia argentina. Desde la furiosa campaña antisindical hasta el megadecreto de desregulación económica -verdadero ataque mortal a las instituciones democráticas- tiene como norte la utopía neoliberal y "meritocrática". La suerte de este designio todavía está por verse.
 
Por Edgardo Mocca
 
Fuente: Página12
 

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20-01-2018 / 11:01
Nicolás Caputo, el "hermano de la vida" del presidente Mauricio Macri, vendió la empresa emblema de la familia al Grupo TGLT, propiedad de Federico Weil.
 
En medio de denuncias por preferencias en la polémica adjudicación de obras públicas por parte del gobierno de Cambiemos a Caputo, el blanqueo de 26,5 millones de dólares que realizó el año pasado y luego de haber capitalizado en dos años la empresa en cinco veces su valor, "Nicky" Caputo y el resto de los socios familiares se aleja del negocio de la construcción cediendo en total el 82,32 por ciento en la constructora a otro empresario cercano a Cambiemos.
 
Se trata del vicepresidente de TGLT, Darío Lizzano, quien a través de su fondo de inversión es socio en Genneia de la familia Brito, que se quedó con un parque eólico que tenía en su poder Socma y derivó en una denuncia penal contra Macri.
 
El empresario Nicolás Caputo es el quinto empresario que más ganó en lo que va de la era Macri. Primo hermano del actual Ministro de Finanzas Luis Caputo y amigo íntimo del presidente Macri, su negocio creció sostenidamente en los últimos diez años con obras en la Ciudad de Buenos Aires y a nivel nacional. La capitalización de la firma se disparó con su amigo del alma en la Jefatura de CABA, primero, y en la Presidencia, después.
 
Con la victoria en ballotage de Macri para presidir la Nación, las acciones de Caputo subieron muy fuerte. De los 6,70 pesos que valían en octubre de 2015 pasaron a 33,90 el mismo mes del año pasado, con un alza de 405,9 por ciento.
 
Desde la asunción de Macri como presidente, Caputo Sociedad Anónima, Industrial, Comercial y Financiera (SAICF) registró una ganancia neta de 143,8 millones de pesos. Pero las denuncias en los últimos dos años de gestión del macrismo no se circunscribieron sólo a ser beneficiado por la obra pública licitada sino que se suma el hecho de haber sido parte del clan presidencial que aprovechó el programa de Sinceramiento Fiscal que lanzó el Gobierno con destino a contribuyentes para blanquear 465 millones de pesos, equivalente a 26,5 millones de dólares.
 
El "hermano de la vida" de Mauricio decidió entonces vender su empresa, en una operación por u$s 109 millones.
 
La Opinión Popular

20-01-2018 / 10:01
Apocalypse now a vuelo de helicóptero con fondo de Simpatía por el diablo, de los Stones. Explosiones y voladuras: la nafta argentina ya es la segunda más cara de la región, sólo detrás de Uruguay, que está entre los diez países del mundo que la tienen más cara. En Estados Unidos está a la mitad. Desde que subió Mauricio Macri subió el cien por ciento.
 
Llamaradas de napalm: con los últimos aumentos del 70 por ciento que se aplicarán entre enero y abril, la electricidad argentina estará entre las diez más caras del mundo y siguen los cortes de luz peor que antes.
 
Incendios y demoliciones: cuando se termine de aplicar el cien por ciento de aumento al transporte público, estará entre los 20 más caros del mundo. En los países donde las tarifas son similares o más caras que en Argentina, el salario promedio es el doble o el triple que aquí.
 
Granadas y metralla, obuses y trazadoras: hay que sumar el 40 por ciento de aumento al gas y el 70 por ciento a los peajes bonaerenses. Los precios se disparan y anuncian paritarias con techo-zócalo del 15 por ciento y sin cláusula gatillo.
 
Dirán que es exagerado pero que le vayan a preguntar a una familia de ingresos medianos o bajos. Es lo más parecido al Infierno, sufrimiento que provocó Cambiemos con los votos que logró en 2015 y en octubre de 2017, muchos de los cuales provinieron de sectores como maestras y jubilados que se erigieron así en artífices de su propia condenación arrastrando al resto de la sociedad.
 
Atenuante: para no espantar ese voto, Cambiemos posdató los aumentos para después de las elecciones de medio término y recién ahora empiezan a sentirse los mordiscones en el salario.
 
Las maestras que votaron a Cambiemos reciben ahora la noticia de que Mauricio Macri anuló la paritaria nacional docente que establecía un piso en todo el país para las paritarias provinciales. Ese voto implicó pérdida de capacidad adquisitiva para sus salarios, pero también funcionó para desfinanciar a la educación pública.
 
Es el gobierno de los Ceos que se formaron en la educación privada que le está dando una clase a esas maestras de cómo se destruye a la educación pública que ellas integran.
 
Los numerosos jubilados que optaron por ese voto se anoticiaron -después de las elecciones- que habían facilitado el camino a Cambiemos para establecer la reforma previsional que modifica el índice de movilidad de sus jubilaciones, pensiones a discapacitados y ex combatientes de Malvinas y la AUH y por lo cual el aumento será menos del que recibían antes.
 
O sea que votaron para que les bajen la cantidad de lo que reciben a fin de mes. Pero la reforma facilitada por sus votos implica también el desfinanciamiento de la ANSES, una condena a mediano plazo. Con los quites legislados, se calcula que para 2022, el sistema tendrá pérdida, dejará de ser autosustentable.

19-01-2018 / 11:01
La compra de dólares para atesoramiento fue el elemento principal de la salida de divisas en 2017. El balance cambiario que entregó ayer el Banco Central indica que el año pasado se registraron compras de moneda extranjera por 47.931 millones de dólares brutos y 22.148 millones en términos netos, es decir, descontando las ventas de billetes en el mercado interno.
 
El documento precisa que en diciembre se perdieron 5515 millones de dólares brutos por compras del sector privado y la fuga fue de 2737 millones en números netos. Se trata de los niveles de fuga más elevados desde agosto de 2009, cuando estalló la crisis financiera internacional.
 
El mes pasado hubo más de un millón de personas (1.040.000) que compraron dólares, cuando en meses anteriores la cantidad de clientes era cercana a los 800.000. El 96 por ciento de los que compraron fueron clientes minoristas.
 
Estos datos ponen en evidencia las consecuencias de la apertura comercial. La industria, por las importaciones, registra un nivel cada vez más deficitario, mientras que los sectores dedicados a la exportación de materias primas siguen siendo los únicos con saldo favorable de comercio. La economía se reprimariza, pierde empleo y capacidad de producir.
 
Las inversiones extranjeras directas sumaron 299 millones de dólares en diciembre y acumularon 2497 millones en el año. La cifra resulta muy baja cuando se la compara contra el ingreso de inversiones de portafolio, que en lugar de tener fines productivos se destina a comprar instrumentos financieros de corto plazo como las Lebac.
 
Este rubro registró una entrada de 1208 millones de dólares el mes pasado y de 15.783 millones en el acumulado del 2017. Esto implica que el país registró la llegada de unas 6 veces más capitales para especular que para invertir en la economía real.
 
En lo que refiere al giro de utilidades, en diciembre las multinacionales enviaron a sus casas matrices 283 millones de dólares y acumularon envíos por 2125 millones en el año. Se trata de otra fuente de pérdida de divisas de la economía local, en la cual se observa una de las fugas de capitales más elevadas en 30 años.
 
Esto se debe a las medidas de desregulación financiera que se tomaron a lo largo del año pasado, para permitirle a distintos sectores comprar moneda en forma ilimitada, entrar y sacar dólares del mercado interno sin tiempos prudenciales y autorizar a los exportadores a dejar de liquidar sus ventas en el país.
 
Por el momento este rojo externo se compensa con un fuerte endeudamiento, que supera los 30 mil millones de dólares.

19-01-2018 / 10:01
Como en sus mejores tiempos, Hugo Moyano y Luis Barrionuevo juntaron a sindicalistas afines en Mar del Plata y emitieron un duro documento contra el gobierno de Mauricio Macri, que llevarán a sus pares en la próxima reunión del Consejo Ejecutivo de la CGT, prevista para febrero.
 
"Hacer más ricos a los ricos y más pobres a los pobres, es el resultado de los dos primeros años de Macri", según una frase del documento que se titula la "Declaración de Mar del Plata", en el que los sindicalistas reclaman derogar la reforma previsional, cajonear la laboral, que las paritarias no tengan tope del 15% y eliminar los decretos de Macri.
 
Apuntaron contra el fin de la inembargabilidad de los salarios y la habilitación a crear fideicomisos con Anses ("no queremos timba financiera con plata de jubilados"), que forma parte del megadecreto de Macri. También cuestionaron la anulación de la paritaria docente, por otro decreto.
 
En esta convocatoria se defendieron de la campaña antisindical del Gobierno y buscaron frenar la receta de Cambiemos de "meter en cana" a sindicalistas en momentos críticos u oportunos, en un contexto en el que la imagen del Gobierno decae por despidos, represión o revisión del plan económico. Todos aspectos de la realidad que buscan tapar o disimular en lo posible.
 
El objetivo es mostrar a los dirigentes sindicales hasta dónde puede llegar el Gobierno. Lo que se busca con este accionar es intimidar a los gremios para frenar las protestas que renacen en la Argentina ante el cierre de empresas, que ha llevado a una creciente desocupación. Se advierte también una campaña destinada a ponerle un freno a las paritarias, a los fines de contener una inflación creciente no resuelta por las autoridades económicas.
 
Dirigentes sindicales con las manos sucias hay unos cuantos. Si han cometido un delito o irregularidad en el manejo de sus sindicatos, el mismo debe ser sometido a los dictámenes de la Justicia, pero eso no significa que se pueda aprovechar esto para avanzar sobre los derechos de los trabajadores, los cuales se alcanzaron a través de décadas de lucha y muchas vidas.
 
El sindicalismo combativo sostiene que la reforma laboral impulsada por el Gobierno de Macri no hace más que cercenar derechos consagrados de los trabajadores, y que lo que intenta el oficialismo es copiar el modelo chino o el de la India, donde los trabajadores están sometidos a un régimen de semiesclavitud y con nula representación gremial.
 
Si se impone el régimen laboral macrista, quienes terminarán siendo ganadores son los grandes grupos empresarios, y los que acaban perdiendo serán los trabajadores, que verán disminuir sus derechos y sus salarios en forma significativa ante la mirada complaciente del gobierno de Macri hacia las desmesuradas pretensiones empresariales.
 
La Opinión Popular

18-01-2018 / 17:01
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