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Sociedad e Interés General - 05-01-2018 / 17:01
EFEMÉRIDES POPULARES. EL 06 DE ENERO DE 1956 SE ESTABLECE EL INTA

El INTA, una Institución Creada para la Liberación

El INTA, una Institución Creada para la Liberación
El Instituto Nacional de Tecnología Agropecuaria es un organismo público que encarna en sí mismo una política de Estado con vocación de progreso y equidad social. Fue creado el 06 de enero de 1956 y posee autonomía operativa y financiera, otorgada mediante la Ley 25641/02, que establece el financiamiento mediante el 0,5% de las importaciones. En la imagen: Entrada a la Estación Experimental Anguil.
El Instituto Nacional de Tecnología Agropecuaria es un organismo público que encarna en si mismo una política de Estado con vocación de progreso y equidad social. Una política de Estado es aquella que en su concepción y ejecución trasciende a los gobiernos. 
 
Y el Instituto Nacional de Tecnología Agropecuaria es un organismo público de desarrollo nacional que encarna en si mismo una política de Estado de profunda vocación de progreso y de equidad  social.
 
El INTA es un organismo dependiente del Ministerio de Agricultura, Ganadería, Pesca y Alimentos de la República Argentina.
 
Sus funciones son generar, adaptar y transferir tecnologías, conocimientos y procesos de aprendizaje para el ámbito agropecuario, forestal y agroindustrial dentro de un marco de sostenibilidad ecológica.
 
Fue creado el 06 de enero de 1956 y posee autonomía operativa y financiera, otorgada mediante la Ley 25641/02, que establece el financiamiento mediante el 0,5% de las importaciones.
 
La Opinión Popular

El Instituto Nacional de Tecnología Agropecuaria es un organismo público que encarna en si mismo una política de Estado con vocación de progreso y equidad social.
 
 
Gentileza de Juan María Escobar 
 
 
EL CUMPLEAÑOS UNA INSTITUCIÓN CREADA PARA LA LIBERACIÓN: EL INTA. 
 
Por Ing. Agr. Carlos Cheppi
 
Presidente del INTA
 
El 4 de diciembre de 1956, fue martes. Las noticias de ese día eran las tensiones de la post-guerra de Corea, los éxitos deportivos en los juegos olímpicos en Australia y unos insurgentes que el domingo pasado habían desembarcado en Cuba y se dirigían a la Sierra Maestra.
 
En el orden local, el gobierno de facto imponía  sus profesores en la UBA y había preocupación por el aumento del precio del pan. Ese mismo día martes, fue creado el Instituto Nacional de Tecnología Agropecuaria.
 
Ese 4 de diciembre de  1956 el titular del Ministerio de Agricultura y Ganadería otorgaba el "derecho de autor"  del nuevo Instituto al "Plan de Restablecimiento Económico" de la autodenominada "Revolución Libertadora".
 
Resulta curioso que un plan que propiciaba la ortodoxia económica y el abandono a los principios de la Constitución del 49 sea inspirador de una institución tan desarrollista como el INTA.
 
En realidad, la idea del INTA venía de más atrás. La Constitución del 49 en cinco ocasiones le asignaba al Estado el deber de promover las ciencias. Pero la "revolución  libertadora" la suprimió, reemplazándola por otro texto que no hacía mención ni una sola vez a ese deber.
 
Siendo el INTA una institución pública promotora del desarrollo, no podría sustentarse en concepciones que  hacen desertar al Estado de todo.
 
Deserción que incluye el propiciar el avance tecnológico para los argentinos.
 
El Segundo Plan Quinquenal, malogrado por el golpe del 55, expresaba como objetivo fundamental del Estado el impulsar el desarrollo de la ciencia y de la técnica.
 
En materia agropecuaria, enunciaba como fin el mejoramiento de la vida social, material y cultural de la población rural.
 
En lo referido a la investigación agropecuaria, expresaba que ésta sería realizada en forma directa por el Estado.
 
En cuanto a la extensión rural, manifestaba que el Estado organizaría en todo el país un servicio permanente y adecuado de asistencia técnica a los productores con el objeto de auxiliarlos para el mejor cumplimiento de sus objetivos económicos, sociales y culturales.
 
Si leemos la ley de creación del INTA, vemos que en sus objetivos hay muchas similitudes con aquel plan quinquenal.
 
Si leemos nuestro actual Plan Estratégico Institucional, esas similitudes siguen estando.
 
¿Debe tomarse estas coincidencias como producto de la casualidad?
 
Sin duda que no. Veamos porqué.
 
Una política de Estado es aquella que en su concepción y ejecución trasciende a gobiernos y a hombres.
 
Y el Instituto Nacional de Tecnología Agropecuaria es un organismo público de desarrollo nacional que encarna en si mismo una política de Estado de profunda vocación de progreso y de equidad  social.
 
El origen del INTA fue forjado en valores democráticos y participativos que integran nuestra ciudadanía, y que conllevan un alto sentido popular enraizado en los argentinos de bien.
 
No de otra manera podemos explicar que nuestro organismo y su tarea por el desarrollo nacional se haya mantenido firme por medio siglo, a pesar de rupturas del orden constitucional, cambios de gobierno y de los embates recibidos cuando al poder lo asaltaban aquellos defensores de la idea de un país chico y para pocos.
 
El INTA es el resultado de un credo que concibe la búsqueda del conocimiento como vital para el crecimiento de la Nación.
 
El INTA entiende al conocimiento como un bien social por excelencia, que debe ser apropiado por todos los argentinos.
 
A no dudarlo.
 
El INTA es una institución de un país grande y para todos.
 
Durante su trayectoria de medio siglo, el INTA ha corporizado en si mismo una de las pocas experiencias de política de Estado exitosas de nuestro país.
 
Cuando el INTA fue creado, el país venía padeciendo de décadas de estancamiento de su producción agropecuaria.
 
Toda la tierra fértil y cultivable estaba ya ocupada.
 
Un criterio de explotación ausentista, junto con un modelo extensivo bajo en incorporación de tecnología, había puesto en crisis al agro argentino.
 
De haberse librado las cosas a su suerte, el estancamiento se habría configurado en estructural como tantos otros males que aquejan a nuestro país y que aquel plan quinquenal quería modificar.
 
Pero en el sector agropecuario no hubo pasividad.
 
Se implementó una política de Estado que es la promoción de la ciencia aplicada a través del INTA.
 
Así el campo argentino se tecnifica y en breve recuperó su liderazgo a nivel mundial.
 
Hoy, en un país que perdió bastante su autoestima, nos suena extraño. pero la evidencia muestra que el sector agropecuario argentino es el más competitivo del mundo.
 
Como se mencionó, en este posicionamiento fue clave el Estado. Pero por favor, no se entienda al Estado como una entidad abstracta.
 
En el avance tecnológico agropecuario, el Estado se manifiesta por medio del INTA.
 
Al INTA lo conforman los representantes del gobierno si. pero también las facultades de agronomía y de ciencias veterinarias, la SOCIEDAD RURAL, CRA, CONINAGRO, AACREA y la  FEDERACIÓN AGRARIA.
 
El Estado no es el gobierno.
 
El Estado somos todos.
 
Defender al Estado es defendernos a nosotros mismos.
 
Esta estructura colegiada e inclusiva fue un gran acierto de la ley de creación del INTA.
 
Y esta estructura se replica en todas las regiones y provincias en donde estamos presentes.
 
Cuando recuperamos nuestra democracia, el Ingeniero Carlos López Saubidet tuvo la vocación audaz de profundizar la federalización de nuestro organismo, regionalizando la conducción de la institución e incluyendo en los consejos regionales a las provincias.
 
A esto nos referimos cuando manifestamos que la nuestra es una institución de raigambre democrático y participativo.
 
A esto nos referimos cuando sostenemos que la nuestra es una institución con profundo sentido federal.
 
Así decimos que al INTA  lo integra y le da vida el hombre de campo argentino.
 
Así de simple. Él es el único dueño de la institución.
 
Solo por ese hombre de campo puede explicarse que en cincuenta años de vida y aún en épocas muy difíciles, el organismo no haya sido desmontado y dado en remate.
 
Lo que es más.
 
Lejos de  ser desguazado, nuestro instituto ha crecido y ya es parte cotidiana de la vida rural.
 
Este carácter inclusivo hizo que el INTA no solo haya contribuido a la mejora de la productividad agropecuaria y de la vida rural en el sentido material.
 
Por su accionar integrador, descentralizado y horizontal, el INTA también potenció al federalismo, a la participación y al apuntalamiento de los valores democráticos en el país.
 
Esta impronta federal, democrática y participativa explica la fortaleza y éxito del INTA.
 
Los logros del Instituto Nacional de Tecnología Agropecuaria, al tratarse de una institución pública y abierta a todos, ya son parte cotidiana de nuestra vida rural.
 
Hoy nadie se plantea que el control de la aftosa, que los nuevos cultivares introducidos, que el mejoramiento de razas animales, que el avance en siembra directa, que la agricultura de precisión, que las experiencias exitosas en control de la desertificación, que la teledetección e información climática, y que tantos otros sucesos científico,  fueron todos logros del INTA.
 
Tampoco es frecuente que la gente se plantee que el acceso a estos sucesos científicos, que su apropiación por parte del hombre de campo,  fue el resultado de la labor de los extensionistas del INTA.
 
Acá no hay patentes que pongan limites y sustraigan el onocimiento a los argentinos que son sus dueños. Y estamos orgullosos de que así sea.
 
Somos una institución pública que no privatiza el saber. No lo mezquinamos.
 
No lo vendemos.
 
Porque nuestro objetivo es la búsqueda de la felicidad y la prosperidad para todos. Y todos significa TODOS.
 
Esa búsqueda se expresa a través de nuestra misión.
 
Nuestra misión  que es el desarrollo de la investigación y extensión agropecuarias para promover la tecnificación y el mejoramiento de la productividad agraria y de la vida rural, con sostenibilidad ambiental y equidad social.
 
Es lo que hemos venido realizando a lo largo de nuestro medio siglo de existencia.
 
Sin embargo, en nuestro derrotero hemos tenido distintos momentos.
 
De los buenos y de los otros. 
 
Pero por el compromiso en expandir la frontera del conocimiento,  hemos tenido también una dinámica particular que nos hizo fuertes cuando tuvimos que resistir.
 
Hubo épocas, y me refiero a los setenta,  en las cuales reunirse con productores y formar grupos de trabajo, algo intrínseco a nuestra función institucional, era visto como sedicioso por definición.
 
En esos años, muchos empleados fueron cesanteados o sancionados injustamente por actividades que no encerraban otro objetivo que el mejoramiento de la vida rural.
 
En otros casos más graves, pagaron incluso con sus vidas el compromiso con tan noble objetivo.
 
Creo que nuestros 50 años nos da la oportunidad de que el INTA salde una deuda histórica que tiene con ellos.
 
En nuestras bodas de oro, vaya entonces .nuestro reconocimiento
 
Nuestro más profundo respeto.
 
Nuestro sentido homenaje.
 
Un homenaje que le hemos debido por mucho tiempo.
 
Con distintos alcances, no fue este el único periodo difícil que tuvo que afrontar nuestro Instituto.
 
Años después, me refiero ahora a los noventa, se trató en el país de desguazar su sistema científico tecnológico.
 
El INTA no solo logro sortear al embate privatizador que lo  hubiera reducido a una empresa que solo le presta servicios a los que pueden pagárselos.
 
Además de sobrevivir como entidad pública del Estado, el INTA también jugó un rol vital socorriendo a través de diversos programas como el Prohuerta que, con el decidido apoyo del Ministerio de Desarrollo Social, ayudó a contener a la población que fue arrojada a la pobreza durante esa década.
 
Para ir concluyendo, me gustaría hacer con Ustedes una reflexión que nos puede resultar ilustrativa.
 
Durante los inicios de la Edad Moderna, Portugal era una nación marginal del viejo continente.
 
Ante esto y por iniciativa de su Estado, se funda la Escuela de Sagres, institución que recogía y profundizaba todo el conocimiento marítimo y del arte de la navegación existente en su tiempo.
 
Allí se formaron los futuros navegantes portugueses.
 
Apenas treinta y dos años después de la muerte de su fundador, un egresado de esa escuela de Sagres llamado Vasco da Gama navegaba alrededor de África y llegaba a la India.
 
Otro, llamado Pedro Álvarez Cabral descubría el Brasil. El Portugal, en poco tiempo, se había convertido en una potencia global.
 
En la actualidad, hay amplio consenso en aceptar que los éxitos de Japón, Corea y los denominados Tigres Asiáticos se debió a que sus Estados estimularon la educación técnica,  promovieron la  investigación y estimularon fuertemente la innovación científico-tecnológica.
 
Así, la historia nos enseña que el papel del Estado en este campo es definitivo e insoslayable.
 
Cuando el Estado impulsa la innovación, los beneficios son incalculables. Cuando la abandona, los perjuicios también lo son.
 
Sostenemos con la fuerza de los pueblos la convicción de que la Argentina no ha de abandonar nunca más el camino de la investigación para el desarrollo.
 
Celebremos entonces nuestras bodas de oro sirviendo a un país que no renunciará jamás a la búsqueda del saber.
 
Será entonces, el INTA del cincuentenario, pilar del conocimiento de la Argentina bicentenaria que camina hacia la prosperidad. 
 
Que camina hacia la construcción del bienestar general que nos dicta el preámbulo de nuestra Constitución
 
Ahora si para terminar
 
Muchas gracias
 
Fuente: Nac & Pop

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