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Sociedad e Interés General - 02-12-2017 / 06:12
EFEMÉRIDES POPULARES. EL 02 DICIEMBRE DE 1964 SE REALIZA LA "OPERACIÓN RETORNO"

El Retorno Frustrado de Juan Perón en 1964

El Retorno Frustrado de Juan Perón en 1964
Cansado del largo exilio en tierra extraña y la dura proscripción politica, desde que las minorías oligárquicas lo derrocaron en 1955, Juan Perón intenta regresar al país el 02 de diciembre de 1964, pero debido a los ruegos del presidente Arturo Umberto Illia, de la Unión Cívica Radical, a la dictadura militar brasilera, es detenido en Río de Janeiro y obligado regresar a España. En la imagen, Juan Perón, en Puerta de Hierro, esperando salir al aeropuerto para abordar la aeronave de Iberia que lo traería a Buenos Aires (diciembre, 1964)
Cansado del largo exilio en tierra extraña y la dura proscripción politica, desde que las minorías oligárquicas lo derrocaron en 1955, Juan Perón intenta regresar al país el 02 de diciembre de 1964, pero debido a los ruegos del presidente Arturo Umberto Illia, de la Unión Cívica Radical, a la dictadura militar brasilera, es detenido en Río de Janeiro y obligado regresar a España. 

¿Qué generaron con esto?: menos pacificación y más violencia política. Con esta frustración se fue imponiendo, entre los grupos militantes peronistas, la lógica violenta de que "como la burocracia sindical no logró traer a Perón por las buenas, nosotros lo traeremos por las malas".
 
En los años siguientes comenzará una nueva, virulenta y dilatada etapa de la Resistencia Popular, la del "Luche y vuelve", una conjunción de combate y esperanza, con otra metodología más aguerrida y otra concepción más militante -aportada por las organizaciones de cuadros de la Juventud Peronista- que desembocará, mediante puebladas y guerrillas, en el retorno definitivo del viejo general a la Patria y luego al poder en 1973.
 
Por Blas García

John William Cooke, prohombre del justicialismo e ideólogo del peronismo revolucionario
Blas García

La epopeya de la resistencia y el rol de Perón
 
Durante los severos años de la resistencia, la habilidad conductora de nuestro Líder, realimentaba la fe y la voluntad combativa de los peronistas, logrando incluir, dentro del Movimiento Peronista, a todos los que criticaban el sistema político-social imperante.
 
El régimen gorila retenía el poder, pero la presencia del peronismo que lo acechaba, lo hostigaba y lo combatía, le impedía hacerlo funcionar plácidamente. 

 
El Plan de Lucha

A partir de mayo de 1963 la Confederación General del Trabajo (CGT) llevó adelante una serie de medidas de protesta que se conoció como "El Plan de Lucha".Dicho plan dispuso la ocupación masiva de fábricas a nivel nacional, medida que afectó a 11.000 lugares de trabajo y casi 4 millones de trabajadores.
 
La acción estuvo centralizada por la dirección de la CGT y se dividió en diversos operativos entre el 18 de mayo y el 24 de junio, tuvo un carácter sorpresivo ya que no se anunciaba con antelación los establecimientos que serían afectados. Si bien sus objetivos manifiestos eran de carácter económico, tuvo una clara direccionalidad política.
 
Durante esas jornadas, comienzan a aparecer, por primera vez desde 1955, el apoyo de grupos de estudiantes, mayormente universitarios pero también secundarios, que procuran apuntalar el "plan de lucha" ocupando edificios de la Universidad o manifestándose junto a los trabajadores organizados. En ese marco de agitación política y gremial, el que escribe esta nota comenzó a militar por el retorno de Perón.
 
 
Se profundiza la movilización

En agosto se lleva adelante el Congreso Fundacional del Movimiento Revolucionario Peronista (MRP) y el legendario Jefe de la JP, Gustavo Rearte, redacta la Declaración de Principios del movimiento y participa activamente en la formación de la Juventud Revolucionaria Peronista (JRP).
 
En octubre de 1964 visita nuestro país el presidente de Francia y héroe de la segunda Guerra Mundial, el general Charles de Gaulle. Por orden de Perón, el peronismo utilizó el acontecimiento para manifestarse. El presidente francés fue masivamente recibido y saludado, a su paso por las calles de Buenos Aires y Córdoba, al grito de: "De Gaulle - Perón -Tercera Posición".
 
El 17 de octubre de 1964, en una multitudinaria concentración en Plaza Once, que fue reprimida ferozmente, el Cuadrunvirato del Comando Táctico Peronista, la conducción local, da a conocer, por boca de Andrés Framini, el anuncio del retorno de Perón, el Comando Estratégico, a la Argentina antes del fin de ese año.
 


El radical Illia y el mito del "viejito bueno" 
 
Gobernaba en esos años Arturo Umberto Illia, un médico y político radical que ejerció el cargo de Presidente de la Nación entre el 12 de octubre de 1963 y el 28 de junio de 1966.
 
El mito del "viejito bueno" (instalado sobre todo durante la campaña alfonsinista de 1983) no existía entonces: Illia era sólo otro gorila más que había aceptado presentarse a elecciones con el peronismo proscripto y que ganó las elecciones con solo el 25% de los votos. 
 
Illia no era un "viejito bueno". Fue parte de los 18 años de exclusión del peronismo. Como todos los gorilas, aceptaba la proscripción del movimiento popular de masas. Se dice que pensaba variar esta posición y talvez esto le costó el golpe de 1966 que lo derrocó.
 
Pero, ¿qué habría ocurrido si Illia o el radicalismo dejaba de jugar como alternativa institucional de los militares gorilas y decía que no, que no aceptaba concurrir a elecciones con el peronismo proscripto?
 
Aunque, ¿Se iba a perder el radicalismo la oportunidad de gobernar? En dos oportunidades la UCR se presta a la infamia institucional del Ejército Gorila para dejar afuera al PJ: con Frondizi y con Illia.
 
Eran los años del gorilaje extremo. No a Perón, no al peronismo y no a la devolución del cadáver de Evita. Era tan irritativo el peronismo que no fue posible resolver ni la infamia de lo de Evita.
 
Es evidente que el gorilismo era un sistema político que sólo podía gobernar por medio del autoritarismo, de la violencia, de la inconstitucionalidad, del antirrepublicanismo, del desprecio a las instituciones. ¿Qué generaron con todo esto?: violencia.
 

 
 

La Operación Retorno
 
El viaje se inició en el aeropuerto de Barajas, en España, y fue interrumpido en Río de Janeiro por pedido del gobierno argentino de Illia.
 
A la 1,45 hora española del día 2 de diciembre de 1964, Perón partió de Madrid rumbo a la Argentina acompañado por una comitiva que entre otros integraban: Augusto Vandor, Andrés Framini, Delia Parodi, Carlos Lascano y Alberto Iturbe. A las 9,45, hora de Brasil, el ex presidente Juan Domingo Perón volvía a tocar, en Río de Janeiro, tierra americana luego de nueve años de exilio. 

Después de dos horas de espera en el avión, subió a bordo de la máquina el jefe de protocolo del Ministerio de Relaciones Exteriores de Brasil, Joao Lampreia Gracie y comunica a la comitiva que deberá retornar a España. Lo acompañaba un oficial que hablaba con marcado acento inglés.
 
"¿A quién se debe la orden?", inquirió Perón, con disgusto. "Al presidente de Brasil",fue la repuesta, y de inmediato el funcionario pide al viajero que descienda de la aeronave, para ser trasladado a la zona militar del aeropuerto.
 
Perón se niega: "Soy pasajero en tránsito y me protege el derecho internacional. Nadie puede esgrimir el derecho a obligarme a descender de este avión, que por otra parte es territorio español". 
 
Nueva orden y nueva negativa. Lampreia amenaza con remolcar el avión y Perón baja. Permanece en Río hasta las 23,57, hora de Brasil, cuando sube las escalerillas y clausura así un nuevo episodio de la historia del peronismo.
 
La cancillería brasileña de inmediato dio a conocer el siguiente comunicado: "En atención a un pedido argentino y dentro del más alto espíritu de colaboración y amistad existente entre los dos países, el gobierno brasileño convino en detener en Río de Janeiro el viaje que el señor Juan Domingo Perón realizaba en un avión de Iberia".
 
John William Cooke sostuvo en enero de 1965: "La presión yanqui funcionó aceitada y orgánicamente".
 
 
De la desenvoltura al espasmo
 
Desde que se anunció que Perón se proponía regresar al país, sucesivamente fue: un cobarde que jamás renuncia­ría a su vida ociosa para correr riesgos acercándose a su patria; después un peligro que se cernía sobre la democracia perfecta que gozabamos; y por fin, un derrotado, una víctima de la "solidaridad continental", motivo para burlas y escarnio.
 
El gobierno nacional, adoptó una actitud de desdeñosa indiferencia frente al anuncio del retorno, y explicó claramente que, viniese o no viniese Perón, no habría de tur­barse la tranquilidad feliz de este milenio radical que estábamos viviendo.
 
Pero cuando el viaje, que los adivinos del radicalismo habían anunciado que no se haría, se transformó en una certeza, esta desenvoltura se transformó en un gesto de espasmo nervioso, porque quedó demostrado que la realidad no se ataja con metáforas radicales.
 
Entonces corrieron a pedirle a la liga de gobiernos satélites de EE.UU., agrupados en la OEA, que detuviesen la marcha de ese general enemigo que no traía más armas que su decisión, ni más fuerzas que su prestigio en el pueblo.
 
Una vez más, como en 1852, con Justo José de Urquiza contra Juan Manuel de Rosas, el despotismo brasileño solucionó los problemas del despotismo argen­tino. Con la diferencia de que entonces ganó la guerra para nuestra oligar­quía, mientras que ahora apenas si había resuelto una escaramuza.
 
 
Consecuencias 
 
El retorno frustrado de Perón dividió aun más al peronismo entre sectores "duros" y "blandos", entre los intransigentes y los conciliadores.
 
Una manera de concebir el retorno del líder había fracasado. Eran los que creían que vendría en el "avión negro", con el protagonismo casi excluyente de las organizaciones gremiales, la complicidad secreta de algunos militares conspiradores y la masa peronista movilizada aunque sin mucha organización.
 
Por el contrario, se fue imponiendo, entre los grupos militantes del peronismo, la lógica violenta de que "como la burocracia sindical no logró traer a Perón por las buenas, nosotros lo traeremos por las malas".
 
En los años siguientes comenzará una nueva, dura y larga etapa de la Resistencia Popular, la del "Luche y vuelve", con otra metodología más virulenta y otra concepción más militante -aportada por las organizaciones de cuadros de la Juventud Peronista- que desembocará, por fin, el 17 de noviembre de 1972, en el retorno del viejo general a la Patria y luego al poder.
 
Escribe: Blas García

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13-12-2017 / 18:12
12-12-2017 / 19:12
La matanza fue perpetrada el 13 de diciembre de 1976 por una patrulla del Ejército contra 22 presos políticos secuestrados a los que previamente habían arrancado de la cárcel de Resistencia y centros clandestinos de detención, de los cuales hay varios que aún están desaparecidos.

El Ejército argumentó que los prisioneros intentaron fugarse en dos vehículos ayudados por un comando guerrillero que supuestamente atacó al convoy del Ejército que los transportaba en la ruta a Formosa.

Sin embargo, en el juicio quedó demostrado que las víctimas fueron recogidas semiconscientes después de ser torturadas en la prisión clandestina de la ex Dirección de Investigaciones de la Policía, de la Alcaidía Policial y de la Unidad Federal 7. Horas después, fueron llevados por la ruta 11 y a la altura de Margarita Belén -70 kilómetros al norte de Resistencia- los hicieron ingresar a dos autos en los cuales fueron acribillados.

La masacre de Margarita Belén es un uno de los crímenes más espantosos, planeado y decidido en los más altos niveles, que expresa rotundamente lo siniestro que fue la dictadura militar.

La gran mayoría de los masacrados pertenecían a la Juventud Peronista y a Montoneros. Eran militantes políticos, luchadores sociales o guerrilleros, que no merecían morir en esas condiciones. Los militares intentaron justificar esos crímenes diciendo que estaban en guerra. Pero, ni en la guerra se recurre a esos métodos. Y en todo caso, quienes los practican luego serán juzgados como lo que son: criminales de guerra.

La Opinión Popular

12-12-2017 / 19:12
Los integrantes del grupo unitario rivadaviano, primeros endeudadores del país, tras dejar a un Estado nacional en ruinas, con una situación internacional gravísima y una guerra ganada a Brasil en los campos de batalla pero perdida en los papeles, se retiraron del gobierno, pero no del poder. Le dejaron a Manuel Críspulo Bernabé Dorrego Salas una maldita herencia con mínimos márgenes para innovar o cambiar el rumbo de la economía y la política.
 
Republicano, federal y democrático, Dorrego, enfrentando poderosos intereses, tratará de torcer lo que muchos imaginaban como un destino manifiesto del fracaso nacional. Suspenderá el pago de la deuda, aplicará medidas de gobierno en defensa de los sectores populares e intentará una política de acercamiento con los gobernadores de provincia buscando evitar el naufragio y la disolución de la nación.
 
El principal objetivo de la política financiera de Dorrego fue terminar con la especulación que tenía como sede al Banco Nacional creado por los rivadavianos. Resultaba imposible seguir endeudando al país. En favor de las clases populares, fijó precios máximos sobre el pan y la carne para bajar la presión del costo de la vida y prohibió el monopolio de los productos de primera necesidad. Tuvo éxito y en febrero y marzo de 1828 el peso recuperó casi todo el valor que había perdido gracias a la política de Dorrego.
 
A mediados de 1828, la mayor parte de la clase terrateniente, afectada por la prolongación de la guerra, retiró a Dorrego el apoyo político y económico. Le negó, a través de la Legislatura, los recursos para continuar la guerra, llevándolo así a transigir e iniciar conversaciones de paz con el Imperio esclavista del Brasil.
 
El 1º de diciembre de 1828 el general unitario Juan Galo de Lavalle encabezó una sublevación contra el gobierno del coronel Manuel Dorrego a quien depuso. Pocos días más tarde Dorrego fue capturado y condenado a muerte, sin proceso ni juicio previo.
 
Dorrego fue fusilado, por orden de Lavalle, en un corral a espadas de la iglesia del pueblo de Navarro, el 13 de diciembre de 1828. Pero a los "salvajes unitarios" no les alcanzó con fusilarlo sino que, como consta en la autopsia, le cortaron la cabeza y se la destrozaron a culatazos.
 
Cuando Simón Bolívar se enteró del fusilamiento de Dorrego, dijo que "en Buenos Aires se ha visto la atrocidad más digna de unos bandidos". San Martín, que llegó hasta Montevideo poco después del golpe de Lavalle, no tenía duda alguna sobre quién era el principal responsable del crimen: "los autores del movimiento del 1° de diciembre son Rivadavia y sus satélites, y a usted le consta los inmensos males que estos hombres han hecho, no solamente a este país, sino al resto de América, con su conducta infernal".
 
La Opinión Popular

11-12-2017 / 20:12
10-12-2017 / 20:12
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