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Internacionales - 14-11-2017 / 19:11
EFEMÉRIDES POPULARES

Alberto Methol Ferré: Un grande del pensamiento latinoamericano

Alberto Methol Ferré: Un grande del pensamiento latinoamericano
Alberto Methol Ferré: un grande del pensamiento nacional latinoamericano.
El 15 de noviembre de 2009, a los 80 años fallecía en Montevideo el patriota argentino y oriental Alberto René Methol Ferré. Fue un intelectual, escritor, periodista, docente de historia y filosofía, historiador, filósofo y teólogo nacido en Uruguay. Methol nos enseñó que la única misión es luchar día a día, la batalla por la segunda independencia de Nuestra América, al decir de José Martí.
 
Como teólogo es uno de los principales desarrolladores de la teología de la liberación desde la vertiente de la teología del pueblo. Es considerado uno de los intelectuales latinoamericanos más fecundos por su producción y más originales por su pensamiento.
 
La Opinión Popular 

Se fue con la discreción de los grandes, y acaso sin que nadie se diera cuenta de que acababa de morir quien acaso fue el pensador uruguayo más importante de las últimas tres o cuatro décadas. Ayer fue enterrado Alberto Methol Ferré.
 
Murió a los ochenta años, en la misma Montevideo que lo vio nacer en 1929. Filósofo, ensayista, analista político, periodista, historiador y teólogo, Methol fue definido hace algunos años por el diario argentino La Nación como "el más original pensador católico del siglo XX". La afirmación puede no ser una injusticia, pero tampoco agota su personalidad polifacética.
 
Perteneció al selecto grupo (no deben ser más de seis o siete, desde Carlos Vaz Ferreira a Carlos Real de Azúa, Arturo Ardao y dos o tres más), de los auténticos intelectuales que engendró el Uruguay, el tipo de individuo con un pensamiento estructurado y fermental, que deja al lector pensando en lo que acaba de leer y obligado a buscar sus propias respuestas cuando no está de acuerdo con lo que ha leído. Hacer pensar, no reemplazar la reflexión con clisés y dogmas, es ser una suerte de tábano dedicado a pinchar muchas ideas recibidas. Esa fue la función (apasionante, imprescindible) de Methol. Hasta para pelearse con él (cosa que a menudo correspondía) había que esforzarse en buscar los argumentos correspondientes.
 
Alguien lo definió hace poco, simplificando a un hombre complejo, como "un significativo representante del pensamiento conservador uruguayo". Cabe suponer que para ello sumó su catolicismo, sus orígenes en el Partido Nacional, sus raíces herreristas a las que nunca renunció. Pero fue también uno de los fundadores del Frente Amplio, su revista Víspera solía ser mal vista por sectores de derecha como una suerte de nido de subversivos, y hace poco se lo vio formando parte de un grupo de intelectuales que asesoraban al candidato presidencial José Mujica. Pudo ser muchas cosas, pero no fue un esquemático.
 
Provenía de un hogar agnóstico, pero se convirtió al catolicismo a los 19 años, y tras terminar la secundaria en el Liceo Francés estudió Filosofía y Derecho en la Universidad de la República. Hacia 1953 comenzó a sentirse atraído por el "tercerismo" peronista, y se produjo también su acercamiento a algunos sectores de la izquierda argentina, en particular el historiador Jorge Abelardo Ramos, con quien compartió la idea de una "nación latinoamericana". Por entonces estaba escribiendo ya sobre Camus, Berdiaeff o Mircea Eliade y vinculándose al pensamiento de Arturo Jauretche, aunque su primer aporte a la revista Nexo (que fundó en 1955 junto a Roberto Ares Pons y Washington Reyes Abadie, y que sobrevivió hasta 1958) fue un ensayo sobre El marxismo y Jorge Abelardo Ramos. Nunca renunciaría a algunas de sus convicciones de entonces, incluyendo recientes reivindicaciones del Mercosur y de la Unión de Naciones Sudamericanas en las que insistiría en una "alianza entre iguales" (especialmente Argentina y Brasil) en lugar de los enfrentamientos y los afanes hegemónicos habituales.
 
Tras la desaparición de Nexo, Methol escribió algunos de sus trabajos más enjundiosos (La crisis del Uruguay y el imperio británico, 1958; Geopolítica de la Cuenca del Plata, el Uruguay como problema, 1967), y en 1967 se vinculó también a la revista Víspera, una publicación de católicos "progresistas" que duró hasta 1975 y a la que aportó trabajos fundamentales en los que sin embargo no se dejó deslumbrar por algunos de los espejismos sesentistas al uso (por ejemplo, combatió la teoría del foco, y mantuvo distancias con algunos aspectos de la teología de la liberación entonces de moda).
 
Entre 1975 y 1992 integró el equipo de reflexión pastoral del Consejo Episcopal Latinoamericano (Celam), ocupó la secretaría de su Departamento de Laicos e implementó los cursos de Historia de la Iglesia Católica en América Latina en su Instituto Pastoral desde 1977 hasta 1982 en Medellín y en Bogotá. En uno de sus últimos libros, La América Latina del siglo XXI, analizó los desafíos de la Iglesia Católica y la V Conferencia del Episcopado Latinoamericano en el mundo global.
 
En algún reportaje reciente, Methol continuó defendiendo sus ideas fundamentales sobre la "nación latinoamericana", y lo que denominaba "el fracaso de la independencia" de los países del subcontinente, que explicaba así: "América Latina se descompuso en un conjunto de Estados-Ciudad. Se trató en cada caso de una ciudad principal desde la que se estructuró un nuevo Estado. Esas ciudades eran los puertos principales, o eran la ciudad interior principal ligada al puerto fundamental, como Santiago y Valparaíso en Chile o Quito y Guayaquil en Ecuador. En Uruguay y Argentina coincidían la capital y el puerto. Los unitarios de Buenos Aires para hacer la Argentina a su medida necesitaron separar Montevideo, porque este era el puerto alternativo que daba lugar al federalismo real. La expulsión del Estado de Montevideo, como le llamó Lord Ponsomby, el representante inglés que fue su verdadero creador, al Uruguay, así como el desguace del Alto Perú (Bolivia) generó el dominio unitario sobre el interior argentino".
 
 
Vigencia del pensamiento de Artigas según Methol
 
En una entrevista al me-dio Nexo Saravista, Methol resumía así su pensamiento: "La esencia de nuestra cuestión es la siguiente. Hubo en la Independencia con la atomización de los Estados Ciudad, una gigantesca victoria del Imperio Británico, el primer imperio industrial de la historia, que nos convirtió en súcubos, en periferia. Esa fue la derrota esencial de Artigas, generada básicamente por los ingleses. Porque los unitarios porteños eran el sector inglés de las Provincias Unidas del Río de la Plata, y los portugueses también estaban bajo el control inglés. De manera que es una gran victoria inglesa la derrota de Artigas. A tal punto que la verdad de nuestra realidad, en forma feroz, es que la Plaza Independencia va a adquirir la plenitud de su sentido solamente con la victoria de la integración. De lo contrario la Plaza Independencia está ocultando que la verdadera e invisible estatua dominante es la de Lord Ponsomby y no la visible de Artigas. Hoy la estatua de Artigas es la máscara de Lord Ponsomby. Y Artigas no fue máscara de nadie".
 
Por Guillermo Zapiola
 
Fuente: El País Digital 

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20-01-2018 / 18:01
La Segunda Guerra Mundial, desatada por las potencias imperialistas, y que arrastró a la Unión Soviética y a otros pueblos de Europa y de Asia, criminalmente invadidos, los llevó a una sangrienta lucha de liberación.
 
El 21 de enero de 1944, en Leningrado, los soviéticos rompen el asedio alemán a la ciudad, que duró 29 meses. El sitio de Leningrado fue una acción militar alemana durante la Segunda Guerra Mundial encabezada por Wilhelm Ritter von Leeb, que buscó inicialmente apoderarse de la ciudad de Leningrado (la actual San Petersburgo).
 
El objetivo de las tropas nazis era borrar a Leningrado de la faz de la tierra: acabar con la cuna de la revolución bolchevique y el símbolo de la cultura rusa sería una solución perfecta para socavar la resistencia soviética.
 
Había otros factores también: era un puerto marítimo estratégico y alojaba la única fábrica productora de tanques pesados, coches y trenes blindados del mundo. Los comandantes nazis analizaron la posible escalada de la resistencia y decidieron matar a la ciudad de hambre.
 
Adolf Hitler, ante la perspectiva de tener que mantener a una población enemiga de más de 3.000.000 de habitantes, instruyó que se la sitiara y se dejara morir a la población por hambre y frío. El sitio duró casi 900 días, desde 1941 hasta 1944, uno de los asedios más largos de la historia de la humanidad.
 
La ciudad estuvo a punto de perecer si no hubiera sido que se estableció un corredor a través del helado lago Ládoga por donde llegaba una escuálida ayuda a los sitiados. 
 
Los muertos hasta ser liberada la ciudad superaron la cifra extraoficial de 1.200.000, más personas de las que perdieron EE.UU. y el Reino Unido juntos a lo largo de toda la Segunda Guerra Mundial, que culminó en la derrota del fascismo, la formación del campo mundial del socialismo y la lucha por su soberanía de los pueblos coloniales y dependientes.
 
La Opinión Popular

19-01-2018 / 17:01
19-01-2018 / 16:01
19-01-2018 / 16:01
El 20 de enero de 1942, en el distrito berlinés de Wannsee, tuvo lugar una conferencia de grupo de representantes civiles, policiales y militares del gobierno de la Alemania nazi sobre la «Solución final del problema judío» (Endlösung der Judenfrage). Las decisiones tomadas condujeron al Holocausto.
 
Debido a la apertura de un frente militar contra EE.UU., Alemania reorganizó la administración de recursos en los territorios ocupados. Hermann Göring, mariscal del Reich, da plenos poderes al General de las SS Reinhard Heydrich, con el objeto de encontrar la «solución final» al problema judío en Europa.
 
La discusión se centró en el objetivo de expulsar a los judíos de todos los ámbitos de Alemania. Se expusieron las medidas a tomar y se presentó el plan de la «deportación» de los judíos hacia el este para «apropiada (...) durante dicha acción sin duda una gran parte será eliminada por causas naturales», el «remanente final tendrá (...) que ser tratado en conformidad, porque (...), si son liberados, actuarían como la semilla de un nuevo resurgimiento judío».
 
La reunión fue la primera discusión de la Solución Final y los protocolos con el contenido de la reunión fueron hallados intactos por los Aliados al final de la Segunda Guerra Mundial y usados durante los juicios de Núremberg como prueba contundente sobre el programa de exterminación de los judíos en los campos de concentración.
 
El protocolo de la reunión no menciona explícitamente el asesinato en masa. Pero, el criminal nazi Adolf Eichmann, secuestrado en Argentina el año 1960 por el Mossad y llevado a juicio en Jerusalén, donde fue condenado a muerte por crímenes contra la humanidad y ejecutado el 31 de mayo de 1962, admitió en su juicio que el lenguaje real usado durante la conferencia fue mucho más directo e incluyó términos tales como «exterminación» y «aniquilación».
 
La Opinión Popular 

17-01-2018 / 21:01
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