a favor de Cambiemos. Pero esa explicación no alcanza. Hubo provincias donde el peronismo pudo ganar y en otras perdió, aunque no por tanta diferencia.
 
Pero lo más grave es que el PJ también sufrió derrotas en históricos bastiones, como Concordia, donde Cambiemos se impuso en el departamento con el que el peronismo siempre hizo la deferencia en Entre Ríos. Escrutadas el 97,8 % de las mesas, Cambiemos obtenía el 47,16% de los votos y Somos Entre Ríos el 44,44%. Es un amarillo ampliado que no es definitivamente arrasador -nada lo es, nunca- pero, sí, una ola que alcanza para envalentonar al anti peronismo provincial con vistas a 2019.
 
También, Bordet se equivocó al decir que no pasaba nada si se perdía. No es así, el resultado complicó realmente las chances del PJ para las próximas elecciones. Si no se revierten las condiciones que llevaron a este resultado, no hay futuro para el peronismo en 2019. Y la derrota en el peronismo se paga cara.

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                  08:07  |  Viernes 24 de Noviembre de 2013  |  Entre Ríos
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Por Natalio R. Botana. Historiador y politólogo
“En cada barrio se repiten las preocupaciones que relatan los vecinos en relación con el empleo. O falta trabajo, o es precario, o tienen temor a perderlo. En todos los casos, la plata no alcanza”. Margarita Stolbizer
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Entre Ríos - 24-10-2017 / 08:10
PANORAMA POLÍTICO PROVINCIAL

¿Bordet se hunde con el salvavidas de plomo de CFK y Urribarri?

¿Bordet se hunde con el salvavidas de plomo de CFK y Urribarri?
¿Se animará Bordet a relanzar su gestión, proclamar su emancipación política y lanzar su postulación a la reelección? Por lo pronto, profundizó su presencia en la campaña política en las PASO de agosto y en la general de octubre. Los spots televisivos lo mostraron a él como protagonista central y mantuvieron alejado de todo al ex gobernador Urribarri. Es decir, en esas semanas el gobernador optó por actuar como candidato. ¿Está listo Bordet a pasarse al bando de los que quieren dejar atrás el capítulo CFK y renovar el peronismo? O sea, recrearlo como la alternativa de poder que hoy no es.
Desde la alianza Cambiemos desplegaron una campaña enérgica y agresiva. Jugaron duro sobre la responsabilidad del peronismo en la corrupción del gobierno nacional de Cristina Fernández y el provincial de Sergio Urribarri. Apostar a la crítica del pasado, le permitió eludir una evaluación rigurosa de un presente donde ha empeorado la calidad de vida de la gente.
 
Además, los candidatos del macrismo, postergaron explícitamente para después de las elecciones todas las discusiones acerca de temas tan cruciales como la reforma fiscal, laboral y jubilatoria sin preocuparse de que es a la ciudadanía a quien le corresponde decidir sobre esos temas (tan buenos para la gente no deben ser). Así, no puede sorprender que esta campaña electoral haya provocado un interés muy escaso.
 
Cambiemos ganó a nivel nacional pero, sobre todo, se llevó los distritos electorales más importantes: Buenos Aires, Capital, Santa Fe, Córdoba, Mendoza y Entre Ríos. Derrotó a Cristina en la Provincia de Buenos Aires por una buena diferencia, que era el principal desafío político. Salieron triunfadores beneficiándose de la polarización y de las denuncias de corrupción.
 
Una campaña deslucida donde los temas judiciales asociados a la corrupción política y el desfile de funcionarios K por los tribunales y sedes policiales fueron los ejes destacados. Ahora, acosada por acusaciones de corrupción y con gran parte del Partido Judicial colaborando con la campaña electoral del macrismo, si Cristina va en una boleta, lo que está garantizado es la derrota.
 
El peronismo entrerriano nunca tuvo un fracaso electoral tan contundente en la provincia, desde 1983 a esta parte. Cambiemos se impuso con el 52,97 por ciento frente al 37,98 por ciento que obtuvo el justicialismo. El gobernador Gustavo Bordet justificó que por Entre Ríos también pasó la 'oleada nacional' a favor de Cambiemos. Pero esa explicación no alcanza. Hubo provincias donde el peronismo pudo ganar y en otras perdió, aunque no por tanta diferencia.
 
Pero lo más grave es que el PJ también sufrió derrotas en históricos bastiones, como Concordia, donde Cambiemos se impuso en el departamento con el que el peronismo siempre hizo la deferencia en Entre Ríos. Escrutadas el 97,8 % de las mesas, Cambiemos obtenía el 47,16% de los votos y Somos Entre Ríos el 44,44%. Es un amarillo ampliado que no es definitivamente arrasador -nada lo es, nunca- pero, sí, una ola que alcanza para envalentonar al anti peronismo provincial con vistas a 2019.
 
También, Bordet se equivocó al decir que no pasaba nada si se perdía. No es así, el resultado complicó realmente las chances del PJ para las próximas elecciones. Si no se revierten las condiciones que llevaron a este resultado, no hay futuro para el peronismo en 2019. Y la derrota en el peronismo se paga cara.


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Autocrítica sobre la corrupción y profunda renovación dirigencial
 
Quedó claro en la provincia que, más allá de la "ola amarilla" de Cambiemos, la gente marcó un fuerte rechazo a la dirigencia del Partido Justicialista y en especial a quienes siguen siendo mucho de sus principales referentes, que por denuncias periodísticas y judiciales se los vincula con negociados, dineros sucios y hechos de corrupción. La participación política de estos elementos, su apoyo real o simulado, resulta más perjudicial que el problema electoral que se pretende resolver.
 
El ex gobernador Jorge Busti señaló claramente este lunes: "Para que el peronismo vuelva a ser la opción mayoritaria serán necesarias dos premisas fundamentales: una auténtica autocrítica en materia de casos de presunta corrupción y una profunda renovación dirigencial". El período que se abrió el domingo a la noche pone fin a una época en la provincia. Eso, la gente lo sabe perfectamente y se lo ha venido reclamando en todo este tiempo, aunque solamente hubo promesas, pero ninguna medida concreta.
 
 
A Bordet se le acaba el tiempo
 
Lo que el gobernador vaya a hacer a partir del lunes 23 de octubre es el enigma que mayor intriga despierta entre oficialistas y opositores. Todos, sin excepción, se preguntan si realmente el mandatario saldrá a diferenciarse, si romperá o no la sociedad política con Sergio Urribarri y lo que expresó el cristinismo en la Nación en su periodo de hegemonía del 2011 al 2015, en donde fueron amos y señores, y mediante la cual pasaron de una elección consagratoria a una retirada en que la imagen negativa supera ampliamente a la positiva. 
 
A lo largo de estos casi dos años de gestión, Bordet tomó distancia del rol clásico de conductor del justicialismo entrerriano y convivió -sin exteriorizar manifiestamente su fastidio- con un gabinete mayormente formado por su antecesor. En ningún momento tomó giros bruscos que pudieran inquietar al hombre que lo eligió como su sucesor y hasta se solidarizó políticamente cuando a Urribarri lo empezaron a asediar las denuncias penales, a pocos días de su salida del poder. Son gestos que no son comunes entre peronistas que suceden a otros.
 
¿Es factible un distanciamiento entre Bordet y Urribarri? Los que frecuentan a Bordet dicen que el mandatario no tiene mayores inconvenientes por la relación con Urribarri. Pero, igualmente es cierto que muchos de los dirigentes afines al ex gobernador esperan un momento de reivindicación de él en el cual vuelva a ocupar el centro de la escena. "Después de las elecciones el Pato se va a poner al frente" prometían. Parece que no será así, por ahora al menos.  
 
 
Nueva etapa, ¿nuevo gabinete?
 
Así las cosas, Bordet deberá dar indicios de lo que buscará de cara al 2019. Hay quienes aventuran que él será quien dé las primeras muestras de independencia con un replanteo de su gabinete, separando a los nombres heredados; precisamente, muchos de los cuales son cuestionados.
 
En la grilla aparece, siempre en los medios y trascendidos, el ministro de Gobierno, Mauro Uribarri, quien, más allá de cualquier análisis, está ligado a su padre por la sangre antes que la política y su vínculo con Bordet es fundamental al acuerdo central entre el ex gobernador y el actual y de ello dependerá lo que se viene. También figuran los titulares de algunos Ministerios y organismos que vienen dándole dolores de cabeza al Gobierno provincial, hoy comandados por el urribarrismo más puro y que reciben críticas por su intrascendencia política y su pobre gestión.
 
Pero más grave que estos nombres, algunos actores de peso en el peronismo provincial entienden que será difícil revertir el "aburguesamiento" que tienen algunos funcionarios que llevan 10, 12 y hasta 14 años en el gobierno, algunos en los mismos cargos, que parecen sin ideas y fuerzas para reimpulsar la gestión (ya por si compleja por la merma de recursos de los nuevos tiempos macristas) y en algunos casos, para colmo, con pocas ganas de militar políticamente en el peronismo.
 
Las necesidades de recambio de gabinete no solo tienen que ver con dejar atrás el cristinismo vernáculo construido por Urribarri. También tiene que ver con relanzar el Gobierno, inyectar sangre nueva, renovar y reconstruir expectativas. Abrir una nueva etapa necesariamente debe venir de la mano de nuevas caras.
 
Igualmente un nuevo gabinete debe balancear un armado desproporcionado políticamente. Con Paraná fuera de juego en el gabinete provincial, sin hombres de peso y manejo, resulta difícil revertir los 30.000 votos en contra en la capital provincial.
 
Bordet, con calculadora en mano, debe comprender hoy que es imposible un armado vencedor para el 2019 con Paraná descapitalizado políticamente, mientras Concordia, que concentra cabezas de ministerios y organismos descentralizados, pierde en forma histórica.
 
Una nueva camada de dirigentes de Paraná en el gobierno pueden darle un orden y una perspectiva al PJ de Paraná que hoy parece no encontrar, ya que el justicialismo de la capital provincial parece estar en la transición de la expiración de la vieja dirigencia derrotada hacia una nueva que aún no termina de nacer.
 
La necesidad de un nuevo funcionaradiado se relaciona también con una mejor gestión, que le permita a Bordet tener una "vidriera", una plataforma para lanzarse. Con un peronismo nacional en diáspora, sin referencias claras y con la segura utilización que hará el macrismo de la figura de CFK para seguir polarizando e impedir la unidad y renovación del peronismo, el Gobernador carecerá, en forma segura desde hoy y en todo el 2018, de un paraguas nacional en donde cubrirse, por lo que deberá fortalecer su perfil provincial con la propia gestión.
 
 
Relanzar la gestión hacia 2019
 
¿Se animará Bordet a relanzar su gestión, proclamar su emancipación política y lanzar su postulación a la reelección? Por lo pronto, profundizó su presencia en la campaña política en las PASO de agosto y en la general de octubre. Los spots televisivos lo mostraron a él como protagonista central y mantuvieron alejado de todo al ex gobernador Urribarri. Es decir, en esas semanas el gobernador optó por actuar como candidato.
 
¿Está listo Bordet a pasarse al bando de los que quieren dejar atrás el capítulo CFK y renovar el peronismo? O sea, recrearlo como la alternativa de poder que hoy no es. Porque, si desde este lunes Bordet no comienza a dar señales firmes de que el cristinismo y el urribarrismo serán parte del pasado, sentirá con mayor intensidad la presión del macrista Rogelio Frigerio y del radical Atilio Benedetti, que están agazapados y buscan dar el primer paso en la carrera hacia la gobernación de Entre Ríos.
 
 
Los problemas de la "oposición racional"
 
Desde el punto de vista político, el resultado de las elecciones dejó una enseñanza sobre la conveniencia del posible respaldo peronista para los próximos dos años al gobierno de Mauricio Macri. También demostró que el voto no va para la "oposición racional", como la de los dirigentes del PJ cordobés, Juan Schiaretti y José Manuel de la Sota, el gobernador de Salta, Juan Manuel Urtubey, o Gustavo Bordet. Donde también arrasó el voto a Cambiemos fue en el Frente Renovador de Sergio Massa.
 
Es difícil que Cristina, de probada vocación autoritaria, pueda establecer un nuevo liderazgo con todas las antipatías que generó y la sed que hay en el peronismo de dar vuelta la página. Pero, el "peronismo racional" no convoca ni desde el oficialismo ni desde la oposición y el espacio que le queda es muy reducido como para encabezar nada. Son caso de complacencia con el oficialismo mal recibida por los votantes y, en general, mal retribuida por el macrismo.
 
La performance de los gobernadores peronistas no-K fue más floja que en las PASO. Quedaron muy pocos bien parados como para "hacerse pie" de una convocatoria a la renovación y a la reunificación del PJ tan necesarias como dificultosas para imaginarse un rumbo alentador del peronismo frente a 2019.
 
Los gobernadores tendrán que definir sus posiciones políticas y hacia donde dirigirán sus alianzas para mantener sus provincias en el futuro. Y cualquier acuerdo que hagan con Macri será en situación minoritaria a nivel nacional y con concesiones a nivel provincial. Tal vez, la oposición al gobierno macrista exija un accionar más contundente, sin rodeos, porque ya no hay espacio para tibios.
 
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