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¿Hacia dónde vamos?
Por Natalio R. Botana. Historiador y politólogo
“Macri es una mezcla de superficialidad e ignorancia. Hay mucha gente enojada con el Gobierno por la situación económica que nunca termina de arrancar y puede darle un castigo en las elecciones de octubre”. Beatriz Sarlo
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Nacionales - 03-09-2017 / 11:09

La pésima reacción del Gobierno de Macri convirtió el caso Maldonado en una crisis política de primera magnitud

La pésima reacción del Gobierno de Macri convirtió el caso Maldonado en una crisis política de primera magnitud
La reacción del Gobierno de Macri, con negativas, obstrucciones y trabas a la investigación, y la relación privilegiada entre Patricia Bullrich y Gendarmería, aumentan las sospechas. Las voces, los cuerpos, los mensajes confluyen para denunciar la desaparición forzada de Santiago Maldonado. Fue visto con vida por última vez durante un operativo violento e ilegal de la Gendarmería, según testimonios y material audiovisual harto difundidos.
Es un misterio por qué algunos casos logran conmover incluso a las sociedades más anestesiadas. Pero ocurre. La primer reacción de los gobiernos ante una crisis suele ser negarla. "Ya va a pasar", sugiere esa mezcla de pereza intelectual y aislamiento que produce la adormidera del poder.
 
Pero en este caso todo fue y sigue siendo peor. El bloque oficialista -que trasciende largamente al Gobierno e incluye voceros oficiosos- eligió el tortuoso camino de magnificar un supuesto terrorismo mapuche, como una remix solapada del "algo habrán hecho", la misma operación de desplazar la culpa hacia la víctima.
 
Es culpable la madre que demora el ADN, son culpables los mapuches que no dejan pasar a los investigadores, es culpable el propio Santiago Maldonado porque viaja a Chile, porque es artesano, porque se cambia el nombre, porque atacó a un puestero o porque simplemente estuvo en el lugar equivocado en el momento menos indicado.
 
Patricia Bullrich creyó que le hacía un favor al Gobierno cuando se cerró en la defensa de la sospechada Gendarmería y dijo en el Senado que lo hacía porque "yo me la banco". Sí, dijo eso. Es curioso cómo evolucionan las personas. Como si provenir de la izquierda los obligara, ya de grandes, a sobreactuar una dureza de derechas de caricatura.
 
Nada de esto le hace bien al Gobierno, que se cierra sobre una postura que los deja enojados y a la defensiva. Cuando lo más sencillo sería enfrentar el problema: Pudo ser la Gendarmería, lo vamos a investigar y caerán los que tengan que caer. Y sobre todo: Para qué enredarse en la discusión sobre si es o no una desaparición forzada. Esa negativa no trae nada bueno. Falta sensibilidad política o sobra revanchismo.
 
Pero la "grieta" genera estas confusiones. Si los K apoyan el reclamo, si los gremios docentes, las Madres, los piqueteros, los actores, hacen del caso una bandera, esto es una maniobra de desestabilización y la mejor manera de desbaratarla es confrontar, y demonizar a los que nos buscan demonizar.
 
Lo que falta es tan obvio como ausente. Serenarse, regresar al punto de partida, allá en esa estepa desolada, a trabajar profesionalmente en la investigación. Y sobre todo, como Estado, garantizar que no habrá impunidad ni encubrimiento.
 
No se trata de bancarse nada, sino de averiguar dónde está Santiago Maldonado y que fue lo que pasó. Se podrían hacer tantas cosas para demostrar esa convicción: Desde nombrar a un fiscal especial, de renombre y prestigio, hasta solicitar la cooperación de fuerzas internacionales de probada capacidad de investigación. Todo hubiera sido más sencillo si prevalecía el sentido común. Ahora es una crisis de primera magnitud y el desenlace tendrá consecuencias políticas.
 
La Opinión Popular

 OPINIÓN
 
Un clamor que estremece
 
La fuerza cumplía órdenes directas del Ministerio de Seguridad, reconoció el Comandante de la operación. Pablo Noceti, jefe de Gabinete de la ministra Patricia Bullrich, estaba a la cabeza de la movida. Tales circunstancias fueron ocultadas o camufladas o negadas por el Gobierno, mientras pudo.
 
Más de un mes sin saber nada de Santiago en el contexto de una acción represiva del Estado: las normas locales y los tratados internacionales estatuyen encuadrar legalmente el caso como desaparición forzada. Así se caratula el expediente judicial, tras titubeos y dilaciones.
 
Los efectos de la desaparición se perpetúan, es un delito continuo.  Las leyes penales no inventan cuando imponen la imprescriptibilidad de los delitos: apenas (nada menos) dan forma a lo real.
 
La incertidumbre y los escollos para conseguir evidencias son, por así decir, inherentes a los casos de desaparición forzada. La principal línea de investigación para autoridades judiciales y ejecutivas es la responsabilidad de la Gendarmería. La mayor sospecha recae sobre sus agentes y oficiales.
 
De sospecha hablamos, no de plena prueba, ni menos de condena. No incurramos en la perversa lógica tan típica de los medios, de demasiados dirigentes políticos y hasta de personas del común. Una sospecha no es lo mismo que un procesamiento. Ni un procesamiento es igual a una condena firme.
 
 
Orden de jerarquía
 
Las búsquedas de personas o de información en hechos atroces y resonantes activan testimonios y denuncias: decenas, cientos. La gran mayoría son pistas falsas, consecuencia de la voluntad de cooperar, de la ansiedad de gentes del común, de afán de protagonismo, en ocasiones de mentalidades perturbadas o fantasiosas.
 
Es deber de quienes pesquisan tomar nota de todas y dedicarles atención. Nada debe recriminarse cuando se pide data a Chile o se chequea una versión trucha sobre un camionero en Entre Ríos... salvo que se descuide la labor esencial. De la difusión mediática hablaremos líneas más abajo, ya explicaremos por qué.
 
Lo imperdonable es la falta de voluntad del Gobierno nacional para instar las tareas impuestas por protocolos consagrados por la comunidad internacional y las reglas locales.
 
Van ejemplos, sin agotar el repertorio. Apartar a la Gendarmería de la investigación y separarla físicamente de quienes alegan ser sus víctimas con argumentos verosímiles. Suspender a los jefes de la acción, como medida cautelar y no como sanción disciplinaria. Pesquisar la repartición a fondo desde los primeros días, que son los más gravitantes. Controlar sus llamadas, revisar los celulares, sus movimientos, allanar sus instalaciones de modo inmediato.
 
Patricia Bullrich se niega a tirar "gendarmes por la ventana". Nadie le pide eso, apenas que honre el deber que juró cumplir. Cinco drones dispuso Bullrich para sobrevolar la movilización a Plaza de Mayo. Ninguno atraviesa el cielo de Chubut, Río Negro o Neuquén. El orden de las prioridades sí que altera el producto y tiene el peso de una confesión.
 
 
Culpar a la víctima
 
La Casa Rosada y sus aliados mediáticos hacen un culto de escamotear el hecho principal. Siembran árboles por doquier para ocultar el bosque.
 
La comunidad mapuche es equiparada a cuanta organización terrorista dé vuelta por el mundo. Un editorialista de Clarín la emparenta con ISIS aunque se ahorra de anoticiar cuáles son los atentados múltiples con víctimas mortales que produjeron. Otro de La Nación, como quien no quiere la cosa, parangona al lonko mapuche Facundo Jones Huala con Hitler. Clarín mezcla la cobertura del acto en la Plaza con noticias sobre "otro atentado terrorista mapuche". Guau.
 
Un allanamiento a los agredidos halla bombas molotov, motosierras y objetos cortantes. Esas sí se consideran pruebas de cargo. ¿Qué ha de ser un objeto cortante? ¿Un cortaplumas con navaja? Habría que añadir a MacGyver entre los enemigos públicos número uno que son un montón, como "las peleas del siglo". ¿O a los guardabosques, que antes eran tomados como protectores del medio ambiente?
 
La insidia contra las víctimas despista, valga la expresión. 
 
 
La narrativa M
 
Empecemos a hablar de la retórica macrista. Elegimos encabezar esta columna con el problema central: la desaparición de Santiago, es un orden de prioridades. Claro que el discurso oficial es parte de su estrategia. Enchastrar a la víctima, estigmatizar a la comunidad mapuche, a la que banca sin integrarla.
 
El reduccionismo subestima el impacto y las adhesiones a nivel nacional e internacional. Aducen que son sólo los odiosos kirchneristas o la izquierda (a quienes se coloca al borde de la muerte civil), los subversivos originarios.
 
El rostro de Santiago, el nombre de pila, las pancartas e imágenes los refutan en todas las latitudes. Las redes sociales copan en parte la escena. Un agudo artículo de Natalia Aruguete y Ernesto Calvo en la revista Anfibia informa sobre su protagonismo, entienden que forzaron a los medios a cambiar su agenda.
 
Quizá sea forzoso acotar que no todos los medios o periodistas jugaron a encubrir. Numerosos comunicadores, radios, canales de tevé y diarios sostuvieron desde el primer momento los reclamos. Por ejemplo, PáginaI12 que viene informando con precisión, nutriendo a otras voces. Pero el fenómeno existe: ciudadanxs de la red, jóvenes, no organizados ni encuadrados, claman por Maldonado. Posiblemente se identifiquen más con él que con Patricia Bullrich, tal vez sientan temor.
 
La prensa internacional se hace eco. Trabajadores de la cultura, afamados o no, enarbolan carteles. En las canchas de fútbol también hay memoria y conciencia. Laburantes de los medios hegemónicos contradicen con coraje la línea editorial y se fotografían demostrándolo.
 
Anteayer una marea humana rebasó la Plaza de Mayo. La imagen se repitió  en numerosas ciudades del país. Quien no quiere oír, no escucha. El gobierno perjura que es una campaña política, desvía la atención.
 
De nuevo, lo peor no es como discute sino como (no) investiga, como no actúa a la altura de sus obligaciones.
 
 
La historia y las diferencias
 
Los crímenes contra la libertad y contra la vida son abominables, en cualquiera de sus variantes. Los agrava y califica haber sido perpetrados malversando el uso de la violencia estatal, que deja de ser legítima.
 
Los seres humanos somos idénticos en dignidad y derechos, ninguna vida vale más que otra. Un ranking de víctimas es una perversión. Pero sí se pueden diferenciar, como el Código Penal y las reglas de convivencia, casos diferentes.
 
Miles de personas faltan de sus hogares pero hay un abanico de situaciones  diferentes. La casuística no es uniforme: quienes se extravían, quienes se van de sus hogares, los que caen víctimas de la trata.
 
Desde Felipe Vallese en 1962 hubo desaparecidos en la Argentina. El  terrorismo de estado dictatorial se valió de la desaparición como herramienta pero hay ejemplos de desapariciones forzadas sin que existiera un plan sistemático de exterminio.
 
El Jefe de Gabinete, Marcos Peña, guiona a los trolls rentados y alecciona a los miembros del elenco gubernamental mediante su famosa cadena de e-mails. Mencionemos situaciones análogas, mintamos que son idénticas, diluyamos el caso concreto.
 
Jorge Julio López desapareció durante la presidencia de Néstor Kirchner. "Republicanos" macristas, confesos o no, mendaces o mal informados, actúan como eco de la Casa Rosada: aducen que serían situaciones idénticas. Vale la pena, entonces, hacer un racconto. López declaró como testigo de cargo en una causa por crímenes de lesa humanidad. Uno de los acusados, luego condenado era el represor Miguel Etchecolatz.
 
López desapareció y hasta ahora nada se sabe sobre su destino. Las sospechas recaen sobre grupos de represores que se tomaron venganza y emitieron un mensaje para amedrentar otros testigos. La investigación principal recayó en el gobierno de la provincia de Buenos Aires, donde vivía López. En Chubut se ocupa el gobierno nacional como derivación de la innegable presencia de Gendarmería.
 
El gobernador Felipe Solá y el ministro de Seguridad León Arslanián desplegaron un activismo enérgico aunque infructuoso. Se efectuaron rastrillajes, allanamientos, sobrevuelos de helicópteros, se comidió a buzos tácticos. Ellos mismos, personalmente, atendieron a ciudadanos ansiosos por aportar datos y que temían a (o desconfiaban de) la Policía Bonaerense.
 
Siguieron, claro, pistas falsas, no desecharon ninguna. Solá recibió a los familiares cercanos de López quienes le pidieron gestionara un encuentro con Kirchner. El gobernador lo llamó, el presidente les dio audiencia en la Casa de Gobierno al día siguiente. La foto de López estaba en el escritorio de su despacho, como la del joven Axel Blumberg. Allí se quedaron hasta que terminó su mandato.
 
Gentes de a pie, organismos de derechos humanos, partidos políticos, se congregaron en la Plaza de Mayo, al modo de anteayer. El kirchnerismo participó con militancia, dirigentes, adherentes. Los mandatarios provincial y nacional se colocaron del lado de las víctimas. He ahí un primer mojón de la defensa de derechos humanos conculcados en democracia. No es suficiente pero no deja de ser imprescindible.
 
Ni Macri ni Bullrich se dieron cita con el hermano y los padres de Maldonado. La comunicación oficial los ningunea o maltrata, según el humor de los "formadores de opinión M". Ese distanciamiento es cuestionable siempre. El presidente ostentó desprecio tomando un helado en Tucumán a la hora del acto en Plaza de Mayo.
 
La magistratura oficialista -la misma que cubrió la Patagonia con excavadoras en acciones contra "empresarios K"- se muestra abúlica, contemplativa. De vez en cuando hacen declaraciones sugiriendo que no está probado lo que ellos deben investigar. Ni lo estará si siguen obstruyendo. De por sí, es dificilísimo cuando se hace en serio...
 
 
Recapitulemos
 
Las Plazas hablan, en las redes sociales los internautas del macrismo son goleados por los espontáneos. La Confederación de Trabajadores de la Educación Argentina (Ctera) propone a sus afiliados cómo abordar la desaparición de Santiago en las aulas. Reaccionan padres indignados: he ahí un título de tapa para La Nación.
 
El educador Manuel J. Becerra derrama lucidez en otra nota editada en Anfibia. Cuenta que las directivas de Ctera no son obligatorias (no es una fuerza armada, ironizaría este cronista). Que él mismo quiso dejarla de lado en una clase ante pibas y pibes de cuarto año. Hablar sobre otra cuestión, seguir el programa. La clase le preguntó sobre Santiago, puso el temario. Miran las redes, ven carteles en la calle, conocen el nombre y el rostro del joven. Se interrogan y le preguntan al profe.
 
Gendarmería es la fuerza de Seguridad predilecta de Bullrich. Custodia a Milagro Sala, la única presa con prisión domiciliaria vigilada como si fuera Rudolf Hess. Armó una pericia sobre la muerte dudosa del fiscal Alberto Nisman. El editorialista de Clarín Julio Blanck adelantó el sesudo dictamen un mes antes de haber sido entregado, cuando se supone que no estaba concluido. A lo mejor tiene poderes extrasensoriales.
 
Bullrich defiende a su tropa, entorpece la investigación, incumple sus deberes de funcionaria pública. Los indicios son apabullantes, no bastan para acreditar dolo penal ni para hallar al joven. De nuevo: sospecha-procesamiento-condena... etc.
 
Todo indica que Santiago Maldonado desapareció tras ser detenido  por los gendarmes y que estos ocultan su cuerpo. Hay que investigarlo, desde ya. Todavía hay un resquicio para esperanzarse con un desenlace menos atroz. Cada día que pasa, el margen se estrecha.
 
Cuando la Corte Suprema pronunció la vergonzosa sentencia del 2x1 para represores el macrismo retrocedió ante la reacción social. "Entregó" a los tres cortesanos que hicieron mayoría, dos de ellos nombrados por Macri.
 
El fallo, seguro, había sido conversado entre el tribunal y el Ejecutivo. Al menos uno de los Supremos, Carlos Rosenkrantz, fue designado para realizar esas tareas sucias con ropaje leguleyo. Macri los dejó solos con un desprestigio que puede acompañarlos (por ahí y ojalá) toda la vida. Se lavó las manos, se "blanqueó". Frente a la desaparición de Maldonado cambió el modus operandi. No volvió sobre sus pasos, se empacó. Otro indicio que da para pensar.
 
Por Mario Wainfeld, de Pagina12
 
Por Ignacio Fidanza, de La Política Online
 
Fuentes: Pagina12, La Política Online y La Opinión Popular
 

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24-09-2017 / 11:09
Alrededor de treinta colegios tomados en la ciudad de Buenos Aires. Esto sólo ocurre en la Capital. Como se decía antes. La ciudad con más altos ingresos, con mayores niveles de consumo y más conectada con el mundo es la que promueve más alborotos juveniles. Previsible, según algunos sociólogos.
 
En los colegios de enseñanza media del interior, en escuelas donde la pobreza convive con la violencia y los más tortuosos dramas, esta rebeldía no se manifiesta. Tampoco allí se sabe que haya agrupaciones de izquierda, como que esa afición por la revolución o por lo que ellos creen que es la revolución, fuera un lujo de pibes porteños.
 
Es raro. Las rebeliones se expresan en los colegios de mayor excelencia. El Nacional y el Pellegrini, por ejemplo. En los lugares donde debería levantarse una voz de protesta por la pésima calidad de la enseñanza, el deterioro de los edificios escolares, las agresiones contra los profesores, la violencia latente y manifiesta en los claustros y en los patios, el silencio es absoluto.
 
No me preocupan los chicos, me preocupan los grandes. Políticos que sospechan que van a ser diputados o senadores alentando el jolgorio; padres que suponen que se reconciliarán con sus hijos o sus propios sueños juveniles, mostrándose comprensivos y "piolas"; profesores que recuperan la estatura de Peter Pan y la sensualidad de algún personaje de Nabokov, sumándose a la excitación y el alboroto.
 
¿Y los chicos? Los chicos nada. Se divierten, practican la deliciosa y cálida fraternidad de la rebeldía, juegan a la revolución, sabiendo o sospechando que se trata de eso, de jugar, de excitarse, de lastimar y ser lastimados. Supongo que si la decisión de las autoridades educativas de la ciudad de Buenos Aires hubiera sido la opuesta, habrían encontrado motivos para hacer lo mismo que están haciendo, porque lo que importa es contradecir, discutir lo establecido, impugnar a los mayores.
 
Si además, a ese ejercicio se le suman argumentos ideológicos, políticos y estéticos mucho mejor. Siempre es más elegante, más culto, más fino si se quiere, otorgarle al quilombo alguna trascendencia que lo justifique. El Che y Ceratti; Charlie García y Marx; Rimbaud y Trotsky, pueden llegar a ser una ensalada exquisita. Por lo menos, visualmente, el espectáculo es tentador.
24-09-2017 / 11:09
En la Casa Rosada, hasta las paredes lo repiten: "Mauricio Macri está más preocupado por el caso de la desaparición de Santiago Maldonado que por Cristina Fernández".
 
La afirmación se basa -y a la vez demuestra- en que el Presidente le atribuye una alta credibilidad a las encuestas que lee y a los informes reservados que recibe de sus asesores políticos.
 
Si bien sobre el caso Maldonado esos sondeos indican que no tendrá incidencia significativa en la intención de voto del electorado que irá a las urnas el 22 de octubre, Macri está inquieto por el ruido que esa desaparición hace sobre su imagen en el exterior.
 
Tuvo ya varias alertas y la última fue de la vicepresidente Gabriela Michetti, quien le transmitió lo que se habla en el mundo diplomático tras su paso por la reciente Asamblea de la ONU.
 
Un Macri irritado y molesto se pasó la semana instando a sus funcionarios a actuar con rapidez para revertir la pasividad e ineficiencia que el Gobierno ha mostrado hasta ahora. Esa actitud de firmeza tuvo resultados.
 
La ministra de Seguridad, Patricia Bullrich, quien venía sumando un collar de declaraciones fallidas, desapareció de los medios y se llamó a silencio, como lo reclamaba buena parte del gabinete.
 
La otra consecuencia fue el apartamiento del juez de la causa, Guido Otranto, y la designación en su lugar del juez federal de Rawson, Gustavo Lleral, quien tendrá dedicación exclusiva en el caso Maldonado.
 
Esa movida fue realizada por la Cámara Federal de Apelaciones de Comodoro Rivadavia luego de una serie de conversaciones y pedidos que involucraron desde el ministro de Justicia, Germán Garavano, hasta el presidente de la Corte Suprema, Ricardo Lorenzetti.
 
El presidente Macri no quiere entregar trofeos a la oposición, pero tarde o temprano este caso costará sus uniformes a un par de jerárquicos de Gendarmería y, más diluido en el tiempo, Patricia Bullrich tendrá un nuevo destino. 

23-09-2017 / 17:09
23-09-2017 / 10:09
La tasa de empleo, que es aquella que mide el porcentaje de personas ocupadas sobre el total de la población, cayó en el segundo trimestre del año tanto a nivel país como en los principales distritos.
 
Para el agregado nacional, la baja fue de 41,7 a 41,5 por ciento respecto del mismo período de 2016, de acuerdo a los datos del Indec. En el conurbano bonaerense el descenso fue mayor, de 40,5 a 40,0 por ciento, mientras que en la Ciudad de Buenos Aires pasó de 51,4 a 51,3.
 
En la región Cuyo el empleo retrocedió de 40,4 a 40,1 por ciento; en el Noreste, de 38,5 a 38,1, y en la Patagonia, de 41,0 a 39,7. La ocupación se mantuvo estable en la región Pampeana, con 41,4 por ciento, y solo aumentó en el Noroeste, de 39,6 a 40,6 por ciento.
 
La información oficial evidencia que la recuperación económica que promociona el Gobierno como si se hubiera ingresado en una fase de fuerte expansión no alcanza siquiera a mantener la proporción de personas con trabajo en la sociedad.
 
Crecimiento del PIB con deterioro del empleo, aumento de la pobreza y agravamiento de la desigualdad social es un escenario que retrotrae a los argentinos a la experiencia de los 90. Finalmente va quedando claro que lo que estaba del otro lado del túnel que hizo célebre Gabriela Michetti era una vuelta a las pesadillas de aquellos años.
 
La posibilidad de que una aceleración del repunte económico revierta ese proceso de pérdidas materiales y simbólicas para las mayorías se desvanece al conocer los planes del Gobierno para 2018, anticipados en el proyecto de Presupuesto, y en las declaraciones públicas de los funcionarios.
 
Los aumentos de tarifas de luz, gas, colectivos y trenes, presumiblemente también del agua y los combustibles, le darán otra vuelta de rosca a la concentración de la riqueza y reducirán los ingresos disponibles para otros consumos. 

22-09-2017 / 17:09
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