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Por Natalio R. Botana. Historiador y politólogo
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Sociedad e Interés General - 30-07-2017 / 07:07
EFEMÉRIDES POPULARES. EL 30 DE JULIO DE 1893 IRIGOYEN ENCABEZA UN LEVANTAMIENTO EN LA PROVINCIA DE BUENOS AIRES

Los radicales reclaman, con las armas en la mano, el sufragio secreto, universal y obligatorio

Los radicales reclaman, con las armas en la mano, el sufragio secreto, universal y obligatorio
Los radicales, con una milicia popular armada de 3.000 hombres, acantonados en Temperley, el 30 de julio de 1893.
La UCR, el primer partido político moderno de la Argentina, no nació de un acuerdo de salón sino de una demostración de fuerza cívico-militar en 1890 que se juntó para exigir un cambio profundo: una herramienta política de construcción de la democracia, de abajo hacia arriba, en las instituciones y en la sociedad.
 
Había allí los viejos federales, herederos de las montoneras provinciales, y autonomistas descontentos con el centralismo porteño, liberales enfrentados con los conservadores que no soltaban las riendas del poder, grupos de profesionales, trabajadores y jóvenes con ideas socialistas o sin adscripción ideológica aún, reclamando que se abrieran las compuertas de la participación cívica y se terminara con la corrupción.
 
Por Carlos Morales

Desde la Revolución de 1890, la Unión Cívica se presentaba ante la sociedad como una organización política que proponía una nueva forma de hacer política. Pero en su seno se percibían notables diferencias entre sus dos conductores.
 
Los objetivos de Alem y Mitre eran notablemente diferentes. Sólo coincidían en expulsar a Juárez Celman del gobierno. Pero mientras Alem luchaba por elecciones libres y transparencia gubernativa, el mitrismo aliado con el roquismo, pretendía recuperar el poder para colocarlo en manos confiables que aseguraran que nada cambiaría.
 
Se dividieron y la Unión Cívica Radical se orientó hacia la intransigencia. Sus dirigentes negaron la legitimidad del acuerdo entre mitristas y roquistas y decidieron pasar a la resistencia.
 
El régimen, a través del fraude y la transmisión del poder entre los miembros de la elite, cerraba todos los canales legales de participación y expulsaba a la oposición del sistema.
 
Leandro Alem declaraba: "No derrocamos al gobierno de Juárez Celman para separar hombres y sustituirlos en el mando; lo derrocamos para devolverlo al pueblo a fin de que el pueblo lo reconstituya sobre la base de la voluntad nacional". 
 
Entre 1891 y 1893 se produjo un fuerte debate al interior de la UCR entre abstencionistas, que planteaban no participar en las elecciones mientras subsista el fraude, y la concurrencista que proponía no abandonar la lucha electoral.
 
Las elecciones de 1892 que llevaron a la presidencia a Luis Sáenz Peña, en las que se perpetró un fraude monumental, volcaron la balanza a favor de los abstencionistas.
 
A principios de julio de 1893 se realizó una importante reunión entre el ministro del Interior, el cívico Aristóbulo Del Valle, Leandro Alem y Bernardo de Irigoyen. Los dos líderes radicales se esforzaron por convencer a Del Valle para que dé un golpe de Estado y suma el gobierno con el apoyo del radicalismo. El ministro se niega para "no sentar un funesto precedente". Fracasada esta gestión la Unión Cívica Radical se lanzó a la lucha revolucionaria.
 
La primera acción armada se produjo en la mañana del 29 de julio en San Luis, donde los radicales encabezados por Teófilo Sáa atacaron el cuartel de policía, tomaron prisionero al gobernador roquista Jacinto Videla y formaron una junta revolucionaria de gobierno.
 
En Rosario el movimiento fue dirigido por Lisandro de la Torre. Lisandro y sus hombres armados con bombas y fusiles aportado por oficiales radicales de Zárate, tomaron la Jefatura de Policía y lograron que la ciudad cayera en manos de los rebeldes.
 
La rebelión se extendió a Santa Fe, donde el lugarteniente De La Torre, Mariano Candioti, al frente de unos 300 hombres tomó los principales edificios del gobierno provincial expulsando a tiros a los roquistas y asumiendo el 30 de julio de 1893 como gobernador de la provincia.
 
En Buenos Aires, la revolución estalló el 30 de julio y fue dirigida por Hipólito Yrigoyen y su hermano el coronel Martín Yrigoyen. Los revolucionarios recibieron la adhesión de los habitantes de 88 municipios y nombraron al sobrino de Alem gobernador de la provincia.
 
Yrigoyen, siguió al frente del movimiento, coordinando las distintas acciones militares de su ejército de 3.000 hombres acantonado en Temperley, pero no quiso asumir la gobernación provincial y designó en el cargo a su correligionario Juan Carlos Belgrano. El joven Marcelo T. De Alvear fue designado Ministro de Obras Públicas del gobierno revolucionario.
 
Los hechos estaban tomando una magnitud nunca imaginada por los dueños del poder. El 10 de agosto la Cámara de Diputados de la Nación aprobó un proyecto que recomendaba la intervención a la Provincia. El ministro Del Valle se reunió en La Plata con Yrigoyen. Le advirtió que ya no podía demorar más la represión y le rogaba que evitara "un baño de sangre". Yrigoyen decidió la disolución del gobierno revolucionario.
 
Pero el conflicto estaba lejos de terminar. El 14 de agosto estalló en Corrientes otro movimiento revolucionario del partido liberal con apoyo radical. Los rebeldes tomaron Bella Vista, Saladas y Mburucuyá y el 22 se apoderaron de la Capital provincial. Como ocurriera con Buenos Aires, se decide la intervención federal.
 
Los movimientos revolucionarios de 1893 coincidieron con una aguda crisis económica. A diferencia de la crisis del 90, que había afectado básicamente a las actividades urbanas como la bolsa, los bancos y el comercio y el fenómeno revolucionario se había reducido exclusivamente a las ciudades, en la segunda mitad del 93 la crisis llegó a las zonas rurales, en coincidencia con uno de los picos más bajos del precio internacional del trigo.
 
Fuente: www.elhistoriador.com.ar

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17-08-2017 / 19:08
Oscar Alfredo Gálvez nació en Caballito el 17 de agosto de 1913. Fue Campeón en Turismo de Carretera y en Pista (en 1947 y 1948); y en TC en 1953, 1954 y 1961. Adhirio fervorosamente al peronismo.
 
Escribió parte de la historia del automovilismo argentino, junto con su hermano Juan, y el menor Roberto, aunque éste último sólo asomó a este deporte. Hijos de una familia porteña, en que el padre era mecánico, desde chicos sintieron su pasión por los fierros, lo que hizo que Oscar se sintiera "mecánico", y dejara la escuela primaria, después de intentar tres veces cursar el 4º grado.
 
Los hermanos Gálvez fabricaban sus propios autos, rígidos, duros, cuadrados, pesados, prepararon el auto para que Oscar corriera en 1937 las Mil Millas Argentinas, y Juan logró acompañarlo, modificando su documento, pues era todavía menor de edad, y el anecdotario señala que perdieron el segundo puesto por perder tiempo en cambiar la correa que ataba el capot (que se cortaba por ser un cinturón común de pantalones).
 
En 1939 participaron en el Gran Premio Getulio Vargas, en que los Gálvez rompieron el diferencial, lo ataron con alambre y continuaron, pero sobre el final volcaron, se reacomodaron y llegaron segundos, atrás de Juan Manuel Fangio.
 
En 1940 tuvieron un tremendo vuelco al caer a un precipicio, y decidieron comenzar a usar casco. Oscar -lo que son las épocas- consiguió uno de paracaidista y Juan otro de los que usan en los tanques de guerra.  Esos eran los tiempos con anécdotas pintorescas de los pioneros de esta actividad.
 
La Opinión Popular

16-08-2017 / 21:08
16-08-2017 / 21:08
16-08-2017 / 21:08

El 17 de agosto de 1850, en Boulogne-sur-Mer (Francia), moría José Francisco de San Martín, un revolucionario americano, que fue un convencido impulsor de la liberación de la Patria Grande. Sus campañas militares fueron un aporte importante a la insurrección contra la colonización hispánica y decisivas para conseguir la Independencia Americana.

En 1816, año en que se concretó nuestra Independencia Nacional, San Martín era el patriota más esclarecido, desde el punto de vista político tanto como del militar, en el Río de la Plata, y conducía los sucesos en función de su estrategia para vencer al colonialismo español en toda América. 
 
En su proyecto para declarar la Independencia, San Martín se impuso militarmente a los españoles y políticamente a aquellos sectores vinculados a la elite de Buenos Aires que ya estaban negociando, tanto con España como con Inglaterra, una nueva dependencia para la Argentina. Esto no se lo perdonaron nunca los unitarios porteños y el Libertador se tiene que ir de nuestra Patria en 1824, perseguido por Rivadavia, y amenazado de muerte.

Desde su Cuartel General de Mendoza, el 4 de septiembre de 1816, nos dejaba una enseñanza siempre vigente: "La Patria no hace al soldado para que la deshonre con sus crímenes, ni le da armas para que cometa la bajeza de abusar de estas ventajas ofendiendo a los ciudadanos con cuyos sacrificios se sostiene. La tropa debe ser tanto más virtuosa y honesta, cuanto es creada para conservar el orden, afianzar el poder de las leyes y dar fuerza al gobierno para ejecutarlas y hacerse respetar de los malvados que serían más insolentes con el mal ejemplo de los criminales. La Patria no es abrigadora de crímenes". 

Hoy como ayer, la alternativa histórica es entre independencia económica o subdesarrollo y miseria, lo que implica optar entre un país dependiente o luchar por una nación justa, libre y soberana. Por eso, nuestra historia es la conjunción de triunfos y derrotas, de avances y de retrocesos en el camino hacia la liberación nacional. Y por eso, nuestra tradición política es hija de la lucha por la emancipación nacional, que se origina en las más antiguas raíces de la Patria.
 
José de San Martín, el ejemplo más claro a seguir, nos señaló: "Seamos Libres, lo demás no importa nada. Juremos no dejar las armas de la mano, hasta ver el país enteramente libre, o morir con ellas, como hombres de coraje". 

Escribe: Blas García

13-08-2017 / 18:08
El Juicio a las Juntas fue el proceso judicial realizado por la justicia civil (por oposición a la justicia militar) en la Argentina en 1985 por orden del presidente Raúl Ricardo Alfonsíncontra las tres primeras juntas militares de la dictadura autodenominada Proceso de Reorganización Nacional (1976-1983) debido a las graves y masivas violaciones de derechos humanos cometidas en ese período.
 
En diciembre de 1983, cinco días después de asumir como presidente, Alfonsín sancionó el decreto 158 por el cual ordenaba procesar a las tres juntas militares que dirigieron el país desde el golpe militar del 24 de marzo de 1976 hasta la Guerra de las Malvinas. El mismo día creó una Comisión Nacional sobre la Desaparición de Personas (Conadep), integrada por personalidades independientes para relevar, documentar y registrar casos y pruebas de violaciones de derechos humanos, y fundar así el juicio a las juntas militares.
 
El juicio tuvo una gran trascendencia internacional y sobre todo para la región, en donde en los países limítrofes como Chile, Uruguay o Brasil, que sufrieron crímenes similares, llevar a los represores ante la justicia fue imposible y nunca condenaron a sus criminales. Jorge Rafael Videla Emilio Eduardo Massera fueron condenados a reclusión perpetua e inhabilitación absoluta perpetua con la accesoria de destitución. Los demás acusados fueron destituidos de sus cargos.
 
Este juicio, muy importante en la historia mundial, tuvo un alto impacto, tanto político como psicológico, y una trascendencia que puso al presidente Raúl Alfonsín a la vanguardia de su época en derechos humanos.
 
El 14 de agosto de 1998, bajo el Gobierno de Carlos Saúl Menem, los jueces de las más altas instancias deciden "dar carpetazo" (clausurar) a las investigaciones sobre los desaparecidos durante la dictadura. Volverán a abrirse recién durante el Gobierno de Néstor Kirchner.
 
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