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“Quienes votaron a Macri aceptaron sacrificarse hoy para estar mejor mañana, pero están cada vez más descreídos. Ahora, lo que va a quedar va a ser peor que lo que dejó Menem”. Beatriz Sarlo
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Nacionales - 16-07-2017 / 10:07
TRAMA POLÍTICA

El macrismo, del optimismo al miedo

El macrismo, del optimismo al miedo
El macrismo, del optimismo al miedo.
La sociedad viene perdiendo confianza en el Gobierno de Mauricio Macri. Un estudio de la consultora Isonomía establece los tiempos y proporciones: en mayo y junio aquella percepción declinó 10%. Es difícil establecer una razón exacta del descenso. Se combinan cantidad de factores. Se trata de un rompecabezas difícil de compaginar para Cambiemos. Se trata, además, de una dificultad en el momento en que despega la campaña electoral.
 
Aquella pérdida de confianza, según el trabajo, tendría relación con tres factores. Ha declinado el optimismo, la visión colectiva expectante sobre el futuro. Un capital que el Gobierno administró con eficacia en sus 17 meses de poder. También cayó la valoración de la gestión global. Y la imagen, tres puntos, del propio Mauricio Macri. Un racimo de señales inquietantes.
 
La valoración política del propio trabajo de Isonomía y los estrategas oficiales, coincidiría en que el Gobierno se encamina hacia las PASO en un estado de cierta fragilidad. Al Gobierno, con esa realidad a la vista, se le ha disipado el optimismo que portaba desde comienzos de año.
 
La misión de la campaña, según aconsejó Jaime Durán Barba en la ronda de reuniones de la semana pasada, tendrá como objetivo prioritario revertir tal apreciación.
 
Trazó tres directrices: que la administración deje de incurrir en errores pueriles, como ocurrió con el manejo de las pensiones a los discapacitados; que copen la parada pública los dirigentes de mayor musculatura aunque no sean candidatos, como Macri, Horacio Rodríguez Larreta y María Eugenia Vidal, amén de Elisa Carrió y Graciela Ocaña; que se machaque con el pasado kirchnerista aunque sin convertir a Cristina Fernández en el centro gravitante de los mensajes.
 
Aún cuando la pérdida de confianza en el Gobierno se adjudica a varios factores, sobresale uno insoslayable. La persistencia de la inflación que corroe la capacidad de consumo. Las imágenes de multitudes aguardando comprar por una promoción de importante descuento del Banco Provincia espantaron al macrismo y sus aliados. Fue la espuma de una necesidad básica que asoma insatisfecha en algunos sectores.
 
Un gran éxito institucional de Macri ha sido la reconstrucción del INDEC. Pero el organismo, que conduce Jorge Todesca, no arrima buenas noticias. Lo admitió el propio responsable. La realidad no da todavía para otra cosa.
 
El asunto repuso tensiones con el equipo económico y con el Banco Central. El Gobierno se resignó a aceptar, por diagnósticos iniciales errados, que se votará casi sin una reactivación. Pero pensaba llegar con una tendencia en baja estable del índice de los precios. Mayo y junio fueron en esa dirección. Pero la incertidumbre regresa por el mes en curso.
 
Hay otras cuestiones que también fueron presentadas como emblemas de Cambiemos que el tiempo ha desteñido. La reparación histórica de los jubilados viene teniendo bastante menos efecto del imaginado. Ese beneficio llega sólo al 40% de la clase pasiva. El promedio de los incrementos (24%) está por debajo de lo prometido. Los juicios no menguaron. Al contrario: se iniciaron otras 12 mil causas por reajustes.
 
Pese a esas desventuras los números electorales en barbecho no resultan despreciables para Cambiemos. Al menos en los dos distritos principales. En la Ciudad ninguna ponderación está por debajo del 40%. El triunfo suena descontado. El enigma consiste en su volumen. La cuestión será Buenos Aires donde se juega el valor político clave de las legislativas.
 
La consultora Isonomía estableció en su primera medición con la campaña en marcha que Cambiemos y el Frente de Unidad Ciudadana merodean los 26 puntos. Ninguno todavía alcanza el tercio. Sergio Massa asoma 10 puntos más abajo. Pero existe un dato significativo: más del 25% no posee aún una decisión tomada.
 
Durán Barba, por su parte, ha realizado otro trabajo minucioso y parcial que desmenuzan Vidal y su equipo. El resultado, en este caso, ubicaría a las dos fuerzas principales por ahora en un tercio. Con una luz de un punto de Cristina y Jorge Taiana respecto de Esteban Bullrich y Gladys González. El ecuatoriano lejos está de desesperarse por esa desventaja. Confía en la capacidad de atracción de los menos conocidos. Entre ellos, el ex ministro de Educación.
 
Aquella encuesta bonaerense fue realizada en 36 municipios que representan alrededor del 80% del padrón provincial. Es decir, se tomaron las poblaciones con mayor densidad. Se hizo una disección equivalente entre los distritos donde gobierna Cambiemos y aquellos en poder del kirchnerismo. En todos los casos se logró verificar la tendencia de triunfo de los oficialismos. Algo auspicioso para el Gobierno.
 
Sobre un total de 135 distritos, Cambiemos gobierna en 69 y el Frente de Unidad Ciudadana en 41. Aunque nada resulta lineal. En Mar del Plata, por ejemplo, el kirchnerismo saca clara ventaja. Se trata de una ciudad del interior con mucho peso que el PRO obtuvo en el 2015. Pero la administración ha sido mala.
 
No por casualidad Cristina resolvió arrancar su campaña a orillas del mar. Por allí también se lo ve con recurrencia a Daniel Scioli, quinto precandidato a diputado. El ex gobernador hizo buena parte de su carrera deportiva teniendo como vidriera a aquella ciudad. También volcó fondos millonarios en sus dos mandatos para animar cada temporada de verano.
 
Al Gobierno, con esa realidad a la vista, se le ha disipado el optimismo que portaba desde comienzos de año. No hay ahora pesimismo. Aunque si una cautela pronunciada. "La elección será de palo y palo", confesó un relevante ministro del gobierno de Vidal.
 
El mismo funcionario presume, como la mayoría de los encuestadores, que la fotografía de las PASO de agosto tenga quizás un reflejo distinto en octubre. ¿Qué querría decir? Que la horizontalidad inicial podría virar en una polarización. Acicateada por la presencia de Cristina.
 
Lo que no queda en claro todavía, más allá de la nueva moderación, es si el Gobierno se ha tomado un tiempo para planificar el día después de los comicios. Es verdad que los resultados serán determinantes. No es menos cierto que en cualquier alternativa, victoria o derrota, requerirá de alguna estrategia para continuar.
 
En el primer caso, para progresar con reformas de fondo que ayuden a recuperar la economía y no apague el porcentaje de expectativas que conserva en la sociedad. En el segundo, para garantizar la gobernabilidad y cumplir, quizás, con su papel de gobierno de alternancia o de transición.
 
Ya existieron anticipos de las dificultades que se avecinan. El Senado fue escenario de una disputa interna en el bloque del FPV cuando su jefe, Miguel Angel Pichetto, acordó con el oficialismo tratar la aprobación de una tarjeta aplicada a los beneficiarios de la Asignación Universal por Hijo (AUH). Se le plantaron el tucumano José Alperovich y el formoseño José Mayans. La punta de un iceberg que con la hipotética presencia de Cristina en la Cámara se extendería, probablemente, a los senadores de Chubut, La Pampa y Chaco. Esa es una de las amenazas en ciernes.
 
Salvo una catástrofe, el protagonismo de la ex presidenta en el Senado está asegurado. Pero la onda expansiva que podría generar sobre el peronismo no resultaría igual si gana o si pierde. De allí la trascendencia que para Cambiemos y también la oposición encierra el desenlace en Buenos Aires.
 
Al Gobierno no sólo le espera la economía en los dos años que le restan. También progresar sobre la regeneración institucional que fue una de sus soportes en el 2015. Ha podido hacer, en ese campo, bastante poco.
 
Tal morosidad respondería a dos motivos. Cristina tejió una madeja en sectores del Poder Judicial antes de retirarse. Con esa protección vivió un año y medio sin fueros. Ahora va en busca de ellos porque una victoria del Gobierno la comprometería.
 
El otro problema radica en la porosidad de Cambiemos que nunca logró transformar su identidad como alianza electoral en otra de gobierno. Ya está de nuevo a pleno en su única versión, ante la cercanía de las elecciones.
 
El recuento de estos 17 meses parece elocuente. Macri sólo logró alejar -por renuncia voluntaria-al juez Norberto Oyarbide. No logró suspender en el Consejo de la Magistratura a Eduardo Freiler. La idea de un castigo para Daniel Rafecas se alejó. Tampoco consiguió apartar de aquel organismo al representante K, el senador Ruperto Godoy, objetado por no ser abogado.
 
Fue y vino varias veces en la búsqueda de fórmulas para desplazar a Alejandra Gils Carbó. Sus ensayos fracasaron. La disputa permanece ahora en un terreno de batalla política y verbal. Pero la Procuradora continúa intocable. Incluso salió como nunca a desafiar. Comparó a Macri con Nicolás Maduro, por el cotidiano avasallamiento que el caudillo de Venezuela somete a la Fiscal General de ese país, Luisa Ortega Díaz.
 
El Gobierno se propuso acotar las facultades de la Procuradora con un proyecto de Ley que jamás prosperó. Amagó con una destitución por decreto maquinada fuera de tiempo. Agita un supuesto juicio político para el cual carece de número en el Congreso. Acaba de renovar su ofensiva, con la participación del mismo Macri, para ver si Gils Carbó resulta finalmente permeable a las presiones y renuncia. Una quimera.
 
Nunca tanto zigzagueo puede llegar a buen destino. Trasunta, además, una inocultable sensación de impotencia. Esa imagen es la que el Gobierno debería borrar con el resultado electoral. Para varias cosas. Entre otras, evitar que los jueces se sienten a tomar el té en Comodoro Py y olviden la parva de causas sobre la corrupción kirchnerista.
 
Por Eduardo van der Kooy
 
Fuente: Clarín
 
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18-07-2018 / 08:07
La afirmación de Mauricio Macri, previo a las PASO, de "llevar la inflación a menos del 10 % en sólo dos años" fue otra falsa promesa. El Indec dio a conocer ayer la inflación de junio, que marcó un 3,7%, el peor registro desde mayo de 2016. El alza de precios minoristas llegó así al 29,5% interanual, y el de los mayoristas, al 44,1%.
 
De este modo, la devaluación mostró su cara visible, impactando, sobre todo, en el precio del transporte y los alimentos, pero también en combustibles y tarifas. Por caso, de acuerdo a los números oficiales, el último mes los alimentos aumentaron 5,2% y, entre ellos, los que más subieron fueron los de la canasta básica, aquellos que consumen los sectores populares más vulnerables: harina, pastas secas y polentas.
 
En el rubro verduras, en tanto, el kilo de lechuga se colocó al top, pasando de los $38,70 de fines del año pasado a los $63,17 de junio, aumento un 67% en los primeros seis meses de 2018. La docena de huevos, por su parte, avanzó un 53% en el mismo lapso.
 
También, entre aquellos alimentos que subieron por encima de la inflación están la naranja, la cebolla, el tomate y la batata, cuyos precios crecieron hasta un 50% en la primera mitad del año; y los fideos secos (31%). Otros alimentos como el arroz y el pollo también crecieron por encima de la media del semestre: 18% y 17%, respectivamente.
 
También tuvieron una escalada fuerte los rubros Transportes, con el 5,9% por el aumento del boleto mínimo; Salud, con 4,3% por los incrementos en las prepagas; y Equipamiento y Mantenimiento del Hogar, con un 4%.
 
Del dato de ayer se desprende que la inflación acumulada del primer semestre llega al 16%, por encima de la irrisoria meta fijada inicialmente por el Gobierno de Macri, del 15%. De continuar el actual ritmo inflacionario durante lo que resta de 2018, la suba de precios habrá alcanzado a fin de año el 32%: la cifra supera la banda inferior del 27% fijada por el FMI y está en el límite de la banda superior.
 
En caso de que la inflación supere el 32% el Gobierno deberá rendir cuentas al Fondo, que podrá optar entre exigir un ajuste mayor  al que ya se implementa o anular el acuerdo alcanzado.
 
Mientras los precios se disparan, los salarios se derrumban. Ante las proyecciones de inflación mayor al 30% anual, y con los aumentos salariales del 15% implicarían como mínimo una pérdida de poder adquisitivo del 12% a fin de 2018. Varios sindicatos cerraron los acuerdos paritarios en un mísero 15 %. El Gobierno de los Ricos, tras el fuerte Paro General prometió establecer un techo alrededor del 25 % y en cuotas. Un aumento insuficiente cuando la inflación tendrá un piso del 30 % este año.
 
La Opinión Popular

18-07-2018 / 07:07
En el mercado ya se está hablando de un tema que se perfila como firme candidato a ir ocupando un espacio cada vez más protagónico en los medios de comunicación. En realidad, este tema viene bajo la forma de una pregunta: ¿el desarme de la "bola de nieve" de Lebac dará lugar a otra "bola de nieve", pero de Letes?
 
Ya son varios los que tienen esta sospecha. Y todo parte de la base de una premisa que un conocido consultor de la City sintetiza de esta manera: "El esquema financiero del Gobierno está atado con alambres". Esta endeblez es lo que lleva a pensar a muchos que para desactivar una bomba se estaría incubando otra no menos peligrosa.
 
Mientras, en Casa Rosada razonan de una forma más pragmática: no todo puede ser resuelto al mismo tiempo, y ahora la prioridad es la de resolver lo más urgente, para luego ir pensando en otras cuestiones. Por lo pronto, una de esas urgencias ha sido lograr un poco de calma con el dólar, luego de semanas muy turbulentas. Claro que solucionar este tipo de cuestiones no es gratis. Tiene sus costos que, por cierto, son elevados.
 
El nuevo brote de preocupación en la City tiene que ver con lo que se está gestando con las Letras del Tesoro en dólares (Letes), un pasivo de corto plazo emitido por Hacienda. Este tipo de "pagaré" empezó ser utilizado para darles a los inversores una alternativa para que puedan dolarizarse sin que necesariamente deban recurrir al mercado de divisas.
 
Responde a esta lógica: quienes tienen sus mentes dolarizadas, en vez de comprar billetes físicos, pueden adquirir deuda de corto plazo que paga tasas de entre 4 y 5,5 por ciento. Esta opción, a todas luces de emergencia, surgió para reducir la fuerte presión cambiaria.
 
Actualmente, el stock de Letes ronda los u$s15.000 millones. Más allá de que el Gobierno tenga que asumir un interés cada vez mayor, el problema es que no logra renovar todo lo que vence.
 
"El aumento de la incertidumbre, tanto en la economía real como en el mercado financiero local, supone serios riesgos respecto de la estructura de repago de la deuda vigente", afirman desde Delphos Investment. Además, la consultora señala que la capacidad para refinanciar los vencimientos de las Letes en el corto plazo es un tema "vital".
 
Esto es así ya que la línea de crédito del FMI se encuentra plenamente asignada al pago de intereses y capital. En este marco, "el excedente de cancelaciones tendrá que ser financiado íntegramente en los mercados", añaden desde Delphos. En otras palabras: si el Gobierno sigue sin poder renovar la totalidad, no le quedará otra que salir a endeudarse en la plaza para conseguir ese incremental de dólares que necesita.
 
¿Y por qué sucede esto? Porque no le alcanzará el dinero que reciba del FMI para pagar todo, en vistas a una tasa de refinanciación de las Letras bastante más elevada.

17-07-2018 / 10:07
En una carta dirigida a la directora gerente del FMI, Christine Lagarde, un amplio conglomerado opositor le advierte al Fondo Monetario Internacional (FMI) que la deuda pactada entre el organismo y el gobierno de Mauricio Macri es considerada "odiosa o execrable" en términos jurídicos y que agotará todos los mecanismos parlamentarios y judiciales para desconocerla.
 
En la misma semana en que Lagarde visitará la Argentina para reunirse con el Presidente, Mauricio Macri, y el ministro de Hacienda, Nicolás Dujovne, el organismo difundió un nuevo informe en el que vaticina una baja en el crecimiento de América Latina, impulsado, entre otros motivos, por la crisis que atraviesa la Argentina. 
 
Los números fríos del FMI recortaron las previsiones de crecimiento económico de la región al 1,6% en 2018 y al 2,6% en 2019, cuatro y dos décimas menos, respectivamente, que lo calculado en abril. En lo que respecta al caso argentino, el FMI puntualizó que "las menores estimaciones reflejan perspectivas más difíciles para economías clave, debido a la constricción de las condiciones financieras y el ajuste necesario de las políticas".
 
El argumento, cínico, perverso, es similar al utilizado por el presidente Macri: "Sufrir hoy, para estar mejor mañana", mientras vemos cómo ese "mañana" nunca llega y la promesa de ese futuro paradisíaco se aleja un poco más, hasta esfumarse. Como si estuviéramos condenados a vivir de prestado, entre la miseria y la dependencia, de rodillas ante el "verdugo" que propone más ajuste y lo disfraza de "necesario".
 
Más bien, habría que decir que nacimos bendecidos en una tierra rica en reservas de agua dulce, con gente dedicada y dispuesta al trabajo, tierra fértil en la que crece lo que tiremos. Y en cambio, desde el gobierno de Macri prefieren sembrar corrupción, miseria, entregar nuestros recursos al mejor postor, poniéndonos de rodillas ante el FMI, que promociona como "necesarias" paritarias del 8%, que promueve despidos y tarifazos.
 
El conglomerado opositor sostiene que, de acuerdo a la Constitución Nacional, le corresponde al Congreso "contraer empréstitos sobre el crédito de la Nación" y "arreglar el pago de la deuda interior y exterior de la Nación".
 
Pero nadie podría acusar de traidor al diablo. La traición, si cabe, viene de aquellos representantes que la mayoría de los argentinos eligió para defender sus intereses y hoy nos ponen de rodillas bajo el yugo de un diablo que nadie votó.
 
La Opinión Popular

16-07-2018 / 16:07
16-07-2018 / 09:07
La industria sufrió un fuerte retroceso en mayo según las estadísticas que reveló la Unión Industrial Argentina (UIA) y que difundirá en las próximas horas. El nivel de actividad fabril cayó por debajo del -2% en la comparación interanual, situación que se verá agravada ante un escenario de crisis generalizada que se observará desde junio en adelante, con sectores clave en pleno descenso, lo que provocará que la producción manufacturera termine el año con un promedio de cero crecimiento.
 
A contramano de esa realidad y sin autocrítica frente a la crisis que cada día golpea con más recesión, devaluación e inflación, el presidente Mauricio Macri, desde la nube de gas en que vive, se empeña en afirmar que "vamos por el camino correcto" hacia "un país pujante e inclusivo".
 
"De eso se trata el cambio que vine a proponerles desde el primer día: de construir una Argentina más justa, transparente, donde se dice la verdad y se trabaja con las manos limpias", dijo ayer Macri aferrándose a la letanía de ese inasequible país virtual, tan distinto de la realidad con la que se convive a diario.
 
Hablan por él y sus "manos limpias", el millonario escándalo por la millonaria deuda (que se niega a pagar) del Correo Argentino, una de sus tantas empresas; o la cantidad de funcionarios (él incluido) con empresas fantasmas en paraísos fiscales para facilitar el lavado de dinero; o las denuncias que salpican a su alfil bonaerense, la gobernadora Mariu Vidal, por solo citar algunos casos.
 
Sin autocrítica frente a la crisis que cada día golpea a cinco de cada diez chicos que viven en la pobreza, que no comen como corresponde y vastos sectores de la clase media que son empujados a la miseria. Mientras se acepta el brutal ajuste que impone el FMI, sin proponer un plan económico que cambie el rumbo neoliberal, con empleo y producción capaz de reactivar la economía.
 
En la misma línea se pronunció el jefe de Gabinete, el inútil Marcos Peña, al postular que, pese a la "economía más fría" y "recesiva" de los próximos meses, lo que se viene tras la "tormenta" es un camino de "crecimiento y desarrollo". Son metáforas de un país virtual. La pregunta sobreviene: ¿En qué mano esconderá Macri la varita mágica que no la vemos?
 
La Opinión Popular

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