Manzur Abdala, su viejo, que siempre le decía "leé, Germancito, leé", mientras se escondían de la policía brava de Onganía para entreverarse en reuniones peronistas donde se estudiaba cómo voltear a ese general patricio para recuperar la democracia y que así pudiera volver el general plebeyo, Perón.
 
Abandonó los estudios de mecánica en un colegio industrial y empezó a ganarse la vida como pintor de autos en la Secretaría de Minería. Enseguida lo eligieron delegado. Porque era el mejor. El mejor compañero, el más generoso, el más divertido y, encima, el que levantaba todas las minas.
 
Germán, "negro, hincha de Boca y peronista -decía-. Qué más puedo pedir". Se hizo hermano de la vida y de la lucha contra la dictadura y por los derechos humanos de Víctor de Gennaro, el tano. Juntos eran dinamita. Eran dos mosqueteros con una sola bandera de libertad. Un día, en la clandestinidad en la iglesia Santa Cruz, fundaron la agrupación con la que iban a ganar las elecciones en la Asociación de Trabajadores del Estado.
 
Siempre cerca de los organismos de los derechos humanos. Siempre lejos de los jerarcas sindicales corruptos y entreguistas. Siempre cerca del peronismo pero abiertos al diálogo y al trabajo conjunto con todos los sectores democráticos. Siempre adelante.
 
Fue uno de los principales enemigos tempranos que tuvo Carlos Menem en el peronismo. Junto a Chacho Álvarez fue integrante del Grupo de los Ocho, que resolvió irse a buscar otros espacios para desarrollar las mismas convicciones de siempre.
 
Hubo solo una cosa que lo pudo. Un maldito y extraño cáncer que se le instaló en la base de la columna vertebral. Dicen sus amigos que sufría dolores brutales que ni la morfina podía calmar. Que sentía como si le estuviesen acribillando la cintura y después las piernas. Su cuerpo se bancó 26 operaciones.
 
Germán se fue y dejó un agujero negro entre los grandes referentes sociales de este país. Se extrañan sus ojeras turcas, su cigarrillo entre los dedos, su mate amargo, su grito de gol bostero, sus ocho hijos, su uniforme de jean, su devoción por Serrat, por Neruda y por Cooke, y su hecho maldito del país burgués.
 
Se fue al más allá a organizar sindicatos decentes y a seguir luchando por la libertad, la dignidad del trabajo y los derechos humanos.
 
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“Octubre será fundamental porque Macri quiere legitimar su mandato para seguir endeudando el país, privatizar la Anses y aplicar una flexibilización laboral brutal, que va a generar aún mayor desigualdad”. Jorge Taiana
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Sociedad e Interés General - 13-07-2017 / 19:07
EFEMÉRIDES POPULARES

Germán Abdala, un patriota que hoy necesitamos más que nunca

Germán Abdala, un patriota que hoy necesitamos más que nunca
Germán Abdala. Ejemplo de militante sindical y político.
A las 9 de la mañana del 13 de julio de 1993, a los 38 años de edad, muere Darío Germán Abdala, sindicalista y político, dirigente del Peronismo y de la Asociación de Trabajadores del Estado.
 
En los '70 se hizo militante peronista como don Manzur Abdala, su viejo, que siempre le decía "leé, Germancito, leé", mientras se escondían de la policía brava de Onganía para entreverarse en reuniones peronistas donde se estudiaba cómo voltear a ese general patricio para recuperar la democracia y que así pudiera volver el general plebeyo, Perón.
 
Abandonó los estudios de mecánica en un colegio industrial y empezó a ganarse la vida como pintor de autos en la Secretaría de Minería. Enseguida lo eligieron delegado. Porque era el mejor. El mejor compañero, el más generoso, el más divertido y, encima, el que levantaba todas las minas.
 
Germán, "negro, hincha de Boca y peronista -decía-. Qué más puedo pedir". Se hizo hermano de la vida y de la lucha contra la dictadura y por los derechos humanos de Víctor de Gennaro, el tano. Juntos eran dinamita. Eran dos mosqueteros con una sola bandera de libertad. Un día, en la clandestinidad en la iglesia Santa Cruz, fundaron la agrupación con la que iban a ganar las elecciones en la Asociación de Trabajadores del Estado.
 
Siempre cerca de los organismos de los derechos humanos. Siempre lejos de los jerarcas sindicales corruptos y entreguistas. Siempre cerca del peronismo pero abiertos al diálogo y al trabajo conjunto con todos los sectores democráticos. Siempre adelante.
 
Fue uno de los principales enemigos tempranos que tuvo Carlos Menem en el peronismo. Junto a Chacho Álvarez fue integrante del Grupo de los Ocho, que resolvió irse a buscar otros espacios para desarrollar las mismas convicciones de siempre.
 
Hubo solo una cosa que lo pudo. Un maldito y extraño cáncer que se le instaló en la base de la columna vertebral. Dicen sus amigos que sufría dolores brutales que ni la morfina podía calmar. Que sentía como si le estuviesen acribillando la cintura y después las piernas. Su cuerpo se bancó 26 operaciones.
 
Germán se fue y dejó un agujero negro entre los grandes referentes sociales de este país. Se extrañan sus ojeras turcas, su cigarrillo entre los dedos, su mate amargo, su grito de gol bostero, sus ocho hijos, su uniforme de jean, su devoción por Serrat, por Neruda y por Cooke, y su hecho maldito del país burgués.
 
Se fue al más allá a organizar sindicatos decentes y a seguir luchando por la libertad, la dignidad del trabajo y los derechos humanos.
 
La Opinión Popular
 
Darío Germán Abdala nació en Santa Teresita, provincia de Buenos Aires, el 12 de febrero de 1955. Hijo de un comerciante, se educó en su ciudad natal, San Clemente del Tuyú, y en Buenos Aires. Desde muy joven militó en la Juventud Peronista, y ayudaba a la población de villas de emergencia; se vinculó a la central sindical CGT. Desde 1975 trabajó en los Talleres de Minería del Estado como pintor, y participó en la actividad sindical en su sindicato, Asociación de Trabajadores del Estado (ATE), donde trabó amistad con los dirigentes Víctor De Gennaro y Claudio Lozano.
 
Durante la última dictadura cívico militar, junto a De Gennaro, enfrentaron la intervención a su sindicato, manejado por Juan Roberto Horvath, vinculado al gobierno. Al frente de una agrupación llamada "ANUSATE", derrotaron a Horvath en las elecciones sindicales de 1984, y Abdala asumió como secretario general de la Sección Capital de ATE.
 
Se mantuvo relativamente prescindente en las luchas internas del Partido Justicialista antes y después de la derrota electoral de 1983. En 1985, junto a Carlos "Chacho" Álvarez, fundó el Movimiento Renovador Justicialista de la Capital Federal. Integró los llamados "25 gremios", opuesto a las "62 Organizaciones", y militó en el Movimiento de Unidad y Solidaridad.
Desde mediados de la década de 1980 se le diagnosticó cáncer, y fue sometido a más de veinte intervenciones quirúrgicas.
 
En 1989 fue electo diputado nacional por el Partido Justicialista. Desde el mismo mes de diciembre en que asumió el cargo, comenzó a distanciarse del presidente Carlos Menem y su política neoliberal. Propuso y consiguió una ley de convenciones colectivas de trabajo especial para trabajadores estatales.
 
A mediados de 1990, cuando el presidente Menem indultó a los militares condenados por delitos durante la dictadura de 1976-1983, fundó el Grupo de los Ocho, con Chacho Álvarez, Darío Alessandro, Luis Brunati, Juan Pablo Cafiero, Franco Caviglia, Moisés Fontela y José "Conde" Ramos, fundando un bloque de diputados separado del Partido Justicialista. Considerando que quienes habían abandonado las "banderas" del Justicialismo eran los oficialistas, se negaron a desafiliarse al Partido Justicialista.
 
En 1992 comenzó a perder fuerzas la oposición "desde adentro" dirigida por el Grupo de los Ocho, proceso que Abdala fue de los primeros en identificar. Ese año fue reelecto, por tercera vez, secretario general de ATE Capital. Aprovechando la ratificación de su fuerza sindical, participó en la formación de la Central de Trabajadores de la Argentina, unión sindical rival de la CGT oficialista. Su primer congreso fue celebrado en noviembre de ese año, y Abdala debió concurrir al mismo en silla de ruedas, dado el agravamiento de su enfermedad.
 
Falleció el 13 de julio de 1993, y sus cenizas fueron esparcidas en el mar, frente al balneario de Santa Teresita.
 
Fuentes: Wikipedia y Página12
 
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26-07-2017 / 17:07
25-07-2017 / 19:07
El 26 de julio es un día de recordación para todos los sectores populares, porque ese día murió de cáncer y a los 33 años, Eva Duarte de Perón, esa gran revolucionaria que quiso ser llamada simplemente Evita.
 
Querida por el Pueblo hasta el misticismo y odiada por la oligarquía hasta la profanación de su cadáver, legó a su Patria una extraordinaria obra de justicia social, los derechos de los trabajadores y de la mujer, y el ejemplo de su fuerte compromiso militante por el bienestar de los más humildes.
 
De orígenes humildes, migró a la ciudad de Buenos Aires a los 15 años donde se dedicó a la actuación, alcanzando renombre en el teatro, el radioteatro y el cine. En 1943 fue una de las fundadoras del sindicato de la Asociación Radial Argentina (ARA), siendo elegida presidenta. En 1944 conoció a Juan Perón, entonces secretario de Estado.
 
Participó activamente en la generación de la histórica movilización revolucionaria del proletariado argentino el 17 de octubre de 1945 y en la campaña electoral de 1946 que permitió el triunfo popular. Con el Pueblo en el Gobierno, impulsó y logró la sanción en 1947 de la ley de sufragio femenino. Tras lograr la igualdad política entre los hombres y las mujeres, buscó luego la igualdad jurídica de los cónyuges y la patria potestad compartida con el artículo 39 de la Constitución de 1949.
 
En 1949 fundó el Partido Peronista Femenino, el que presidió hasta su muerte. Desarrolló una amplia acción social a través de la Fundación Eva Perón, dirigida a los sectores más pobres. La Fundación construyó hospitales, asilos, escuelas, impulsó el turismo social creando colonias de vacaciones, difundió el deporte entre los niños, otorgó becas para estudiantes, ayudas para la vivienda y promocionó a la mujer en diversas facetas. Adoptó una posición activa en las luchas por los derechos sociales y laborales y se constituyó en vínculo directo entre Perón y los sindicatos.
 
Su voz, sus discursos, su joven belleza y su rebeldía quedaron para siempre en el corazón de todo un pueblo. Inmortal, intocada por la muerte, agigantada en su martirio, un mito que el tiempo se encarga de tener siempre vigente, aquí en su Patria y en el mundo.
 
Como a todos los grandes líderes populares de la historia, el odio la envolvió y la siguió más allá de la muerte. Sus enemigos, la antipatria y la oligarquía, ejecutaron la macabra y enfermiza venganza de profanar y secuestrar su cadáver.
 
Ni siquiera así, y prohibiendo nombrarla, sus enemigos pudieron arrancarla de la memoria y el cariño popular. El odio de la oligarquía y el amor del pueblo son parte del mismo fenómeno, escindido en dos efectos antagónicos; uno y otro se alimentan recíprocamente.
 
Evita sigue viva, mas revolucionara, más mujer, más combativa que nunca. Ya volvió, en los albores de los años ´70, como símbolo y bandera revolucionaria, en un periodo de grandes transformaciones políticas y sociales, en Argentina y en toda Latinoamérica, para sumar a vastos sectores juveniles a la militancia por el retorno de Juan Perón.
 
Evita reaparece siempre, para que pongamos en práctica los valores que nos legó, como bien lo recordara el poeta José María Castiñeira de Dios en "Volveré y seré millones".
 
Escribe: Blas García 

24-07-2017 / 18:07
24-07-2017 / 18:07
Gustavo Rearte, dirigente político y sindical, nació en Buenos Aires, el 25 de julio de 1931. Desde que su uso de razón se lo permitió, adhirió a los preceptos sociales del Peronismo. Fue una de las figuras más destacadas del ala izquierda de ese Movimiento, inclusive fue el fundador de la Juventud Peronista en 1957, rama que no existía hasta ese momento. 
 
Rearte empezó como obrero en la fábrica SIAM, después en Jabón Federal y llegó a ser secretario general del Sindicato de Jaboneros y Perfumeros. Además de fundar la JP,Gustavo fue integrante de su primera Mesa Ejecutiva. Cuando La Fusiladora, con sus esbirros: Lonardi, Aramburu y Rojas derrocan a Perón en el '55, fue uno de los jóvenes trabajadores peronistas que integran los numerosos Comandos de la Resistencia, formando parte del reconocido "Comando Juan José Valle".
 
La lucha por la vuelta de Perón y contra el régimen dictatorial lo lleva a encontrarse y juntarse con otros militantes peronistas: sus propios hermanos Alberto y Miguel RearteCarlos Caride, Jorge Rulli, Envar "Cacho" El Kadri, Susana Valle, Felipe Vallese, Héctor Spina, y muchos otros.
 
En enero de 1959 integró la dirigencia combativa que organizó la legendaria toma revolucionaria del frigorífico Lisandro de la Torre, para evitar su privatización. El posterior desalojo, por fuerzas militares y policiales, desencadenó un estallido insurreccional en la zona y el principio de una huelga general nacional que puso en jaque al gobierno de Frondizi. Tras la represión, Rearte fue preso.
 
Por esas épocas, en el peronismo combativo fue creciendo la idea de que las formas legales de lucha política, para conseguir el regreso de Juan Perón de su exilio, estaban cerradas, por lo menos para el justicialismo, y solamente quedaba la lucha violenta como opción, así surgen las experiencias guerrilleras de Uturunco, en Santiago del Estero, y luego de Taco Ralo, en Tucumán.
 
Por Blas García

24-07-2017 / 18:07
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