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Por Natalio R. Botana. Historiador y politólogo
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Sociedad e Interés General - 12-07-2017 / 20:07
EFEMÉRIDES POPULARES. EL 13 DE JULIO DE 1924 NACE UN ENTRERRIANO FEDERAL QUE LUCHÓ TODA SU VIDA POR LA FORMACIÓN DE LA CONCIENCIA NACIONAL

Fermín Chávez, el Maestro

Fermín Chávez, el Maestro
Fermín Chávez, Entrerriano y Federal. Fue un militante peronista histórico, muy cercano a Evita, figura de la Resistencia, y acompañó a Juan Perón en su regreso al país.
Hoy hubiera cumplido 93 años. Porque el 13 de julio de 1924 en El Pueblito, caserío del departamento de Nogoyá de nuestra provincia, Entre Ríos, nació Benito Enrique Benito Anacleto Chávez Giménez (Benito Enrique fue el nombre con que su padre lo anotó en la Alcaldía local, pero fue cristianado como Benito Anacleto). Desde la cuna, rozaba la clandestinidad del matrero. Con el tiempo se lo conocería como Fermín, nombre que apareció cuando ya era un joven crecido.

"Civilización y barbarie", "Perón y el peronismo en la historia contemporánea", "Eva Perón sin mitos", "Historia del país de los argentinos", "Poemas con matreros y matreras", "El diputado y el Político" y "Pensamiento Nacional", son algunas de sus más de 40 obras publicadas desde 1956.
 
Su bibliografía además incluye "Vida y muerte de López Jordán" y las biografías del caudillo riojano Angel Vicente "Chacho" Peñaloza y el escritor de Martín Fierro, José Hernández, de quien rescató su militancia federal, además de su talento poético. 
 
Militante peronista histórico, muy cercano a Evita, fue figura de la Resistencia Peronista, y acompañó a Juan Perón en su regreso al país.

La Opinión Popular

¿Por que Benito y por que Enrique? Don Eleuterio y Doña Gregoria eran criollos creyentes, y es posible imaginar la selección de santos de fechas cercanas de julio, San Benito y San Enrique.
 
El Pueblito es un paraje en el que su padre tenía un boliche, trabajaba como peluquero, y fabricaba escobas de palma. Benito se crió como un gurí criollo, escuchando sentencias morales de Eleuterio: Moral es la ley y la costumbre que debe guiar al hombre para obrar y hacer el bien. El peluquero también hablaba a sus hijos y a los gurises vecinos de Don Hipólito Yrigoyen, aquel caudillo a quien no habían visto personalmente, pero que había conquistado sus corazones. Doña Gregoria, a su vez, lo llevaba en sus recorridas por el campo en las que el futuro Fermín se fue identificando con el paisaje.
 
En la escuela primaria aparecieron diferencias con su casa. Las maestras enseñaban un pasado que no era el que había conocido en su hogar, donde se veneraba a Don Ricardo López Jordán. El prócer entrerriano era el Libertador, Don Justo José de Urquiza, precisamente "asesinado" por los "bárbaros" jordanistas. La contradicción se grabó en su memoria y lo llevaría a incursionar en las artes de Clío.
 
También fue importante Fray Reginaldo Saldaña y Retamar, sacerdote dominicano, historiador y misionero. Era nogoyaense y supuso en Benito un destino monacal. Terminado cuarto grado, último de la escuela del Pueblito, el fraile lo llevó a Córdoba.
 
 
Benito Enrique, el novicio
 
Allí estudió Humanidades en el Colegio Apostólico de la orden. Siguió el noviciado en el Convento de Santo Domingo, cerca de los restos de Belgrano y de las banderas inglesas de 1806 y 1807. Aprendió Filosofía, y desde 1944 Teología y Derecho Canónico, en el Colegio Internacional Dominicano del Cuzco. Fue en la capital de los incas donde oyó, por onda corta, una noticia que le despertaría una vocación más fuerte: la pueblada del 17 de octubre.
 
Ya había nacido su inclinación literaria. En marzo de 1941 el diario porteño Crisol publicó su poema Paisaje del Plueblito, que en julio salió en un periódico de Nogoyá. Ya lo tironeaba la política. Habían caído en tierra fértil las charlas con nacionalistas que visitaban el convento y, sobre todo, quedó cautivado por un coronel que conoció el 20 de junio de 1943 en la calle Victoria, frente a la Plaza de Mayo.
 
Aún novicio, en el nogoyaense El Parque publicó El general Perón y el derecho de gentes, en 1946. Ese año apareció en Tacuara de Buenos Aires A Darwin Passaponti, dedicado al mártir del 17 de octubre. En octubre recibió la dispensa que lo volvió a la vida civil.
 
De nuevo en Buenos Aires empezó a escribir en Tribuna y asistió a la Fiesta de la Poesía donde oyó recitar a Neruda, Guillén, León Felipe y Rafael Alberti.
 
Trabajó en el área de Cultura de Poder Ejecutivo, colaboró con la CGT, y continuó en el periodismo, sin abandonar su actividad literaria. En 1950 publicó, con Leonardo Castellani, una antología de la poesía lírica argentina. Ese año se iniciaron las reuniones de la Peña de Eva Perón, donde se escucharon poesías suyas. Allí conoció a la mujer de la que diría, en un libro de los '90, Eva Perón no es un mito.
 
La revolución de 1955 lo llevó a vivir la política como lucha. Su acercamiento a la investigación histórica no fue poco riguroso. Ya viejo se enorgullecía al afirmar que en su Vida de López Jordán no había dato que no estuviera basada en documentos. A la del caudillo entrerriano, siguió la biografía de un intelectual que, como él, defendía sus verdades arriesgando el pellejo: José Hernández. Luego seguiría la Vida del Chacho.
 
 
Un matrero jordanista
 
Al mismo tiempo se sumó a la resistencia peronista, listo a la hora del combate, aunque remiso a la de los honores, ocupó puestos de riesgo y ganó la confianza personal de Perón.
 
La ojeriza de López Rega lo excluyó del primer retorno "peroniano". No ocurriría lo mismo con el segundo y definitivo. Fermín contaba del viaje de regreso que tenía buena orientación en el aire, y notó que el avión cambiaba su rumbo para aterrizar en Morón. Tardo en enterarse de los acontecimientos que habían obligado al cambio.
 
Vivió los agitados días de la tercera presidencia, y tuvo a su cargo la redacción del comunicado oficial de la muerte de Perón. Tras el golpe de marzo de 1976, cuando algunos académicos se entrevistaban con el dictador Videla o trabajaban en el diario del hampón Massera, retomó las costumbres clandestinas y comenzó la publicación de un periódico de salida incierta, irregular distribución y nombre elocuente: Pueblo Entero. En él colaboraban muchos grandes de la cultura peronistas, que serían recordados en su Alpargatas y Libros de 2003.
 
Al recomenzar la actividad política, apoyó la candidatura presidencial de Antonio Cafiero, y dirigió la revista Movimiento. En su primera tapa, titulada Todos unidos triunfaremos, aparecían las caras de las principales figuras del peronismo.
 
Luego de la primera derrota electoral peronista, se volcó a la producción intelectual. Sin embargo, no estuvo ajeno a los hechos políticos, y acompañó a José María Rosa en el apoyo a la aprobación del acuerdo por el Canal Beagle. En 1986 fue uno de los principales animadores del homenaje a los 80 años de su "paisano, el gaucho Pepe de la parroquia de Catedral al Norte", a quien le dedicó versos que firmaba "El gaucho Fermín de la parroquia de la Concepción".
 
Luego llegó la victoria electoral del candidato arribado de las faldas andinas. Fermín se encolumnó disciplinadamente. No duraron sus esperanzas, y al poco tiempo tomó distancia de un gobierno que, montado en la crisis, desmantelaba lo que quedaba de la obra del primer peronismo. Se había quedado, al decir de muchos, en el '45. Por eso rechazó ofrecimientos de cargos.
 
En 1993, fue convocado para continuar la Historia Argentina de Pepe Rosa, muerto dos años antes y que había llegado a 1946. Colaboramos en su realización Jorge Sulé, Juan Carlos Cantoni y quien esto escribe. Fueron momentos fecundos y felices.
 
Volvieron sus ilusiones en 2003, y cuando festejamos sus ochenta años, le preguntaron como lograba mantenerse joven y saludable. Su respuesta -"trabajando"- estaba en los títulos casi cotidianos que salían de su pluma: La vuelta de Don Juan Manuel, Eva Perón no es un mito, De Matreros y Matreras, El Che, Perón y León Felipe, Diez hijos de Evita y hasta su insólito Pueri peronisti, versión en latín de la "marchita", que mostraba su sentido del humor, tapado por su pudor de gaucho.
 
Sus últimas obras: Civilización y Barbarie en la Cultura, Historicismo e Iluminismo, La Reconstrucción de la Conciencia Nacional, Pero esto tiene otra llave, lo ubican entre los grandes intérpretes de nuestra cultura y nuestra identidad. El gaucho poeta volvió en su Otra vuelta con Martín Fierro, y en la monumental Historia y Antología de la Poesía Gauchesca de 2004, con estudios de Guillermo Ara, José Gabriel, Ángel Núñez y Aurora Venturini. Tuve el honor de escribir, junto a él, los cuatro tomos finales de la Historia, que llegan a 2001.
 
 
Un hombre sin rencores
 
Recibió premios, menos sin duda de los que merecía: Consagración Nacional, la Orden Pampa, el Jauretche del Instituto Jauretche de Merlo, y el que recordaba con ironía: Mayores ilustres. Fue ciudadano ilustre de Nogoyá y de Buenos Aires, y profesor en las universidades de Buenos Aires y de Lomas de Zamora.
 
Nos habíamos acostumbrado a almorzar con él en un modesto restaurante de su barrio de San Telmo. Y nos dejó un 28 de mayo. Pudimos cumplir con su voluntad: dejar sus restos en El Pueblito, donde en el jardín de la iglesia, al son de chamarritas de gauchos jordanistas, oye el canto de los pájaros y siestea a la sombra de una tipa.
 
 
Enrique Manson*
 
13 de Julio de 2010
 
* Profesor de Historia, funcionario en los ministerios de Educación de la Nación, de la Ciudad de Buenos Aires y de la provincia de Buenos Aires, docente universitario, autor, entre otros, de Argentina en el Mundo del Siglo XX y El Proceso a los argentinos.

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La Batalla de Tucumán fue un enfrentamiento armado librado el 24 y 25 de septiembre de 1812 en las inmediaciones de la ciudad de San Miguel de Tucumán, durante el curso de la Guerra de Independencia.
 
La orden del Triunvirato era que el Ejército del Norte se retirara y se hiciese fuerte en Córdoba. Sin embargo, el general Manuel Belgrano concibió la idea de detenerse en Tucumán, donde la población está dispuesta a sumarse al ejército.
 
Los rumores de que la tropa se retiraba hasta Córdoba, causó alarma en la ciudad de Tucumán. Tañeron las campanas del Cabildo y el cuerpo, en sesión pública, dispuso enviar representantes ante Belgrano, para pedirle que diera batalla a los españoles en Tucumán.
 
Belgrano no buscaba más que ese pretexto para desobedecer la orden de retirada. Les dijo que se quedaría si su fuerza era engrosada con 1.500 hombres de caballería, y si el vecindario le aportaba 20.000 pesos plata para la tropa, cantidades que la comisión ofreció duplicar. Decidió ignorar por lo tanto las intimaciones del Triunvirato y hacerse fuerte allí.
 
El Ejército del Norte, al mando de Belgrano derrotó a las tropas realistas del brigadier Juan Pío Tristán, que lo doblaban en número, deteniendo el avance realista sobre el noroeste argentino y salvando la naciente Patria.
 
Junto con la batalla de Salta, que tuvo lugar el 20 de febrero de 1813, el triunfo de Tucumán permitió a los rioplatenses o argentinos confirmar los límites de la región bajo su control para construir una Patria.
 
Por Carlos Morales

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