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Internacionales - 28-04-2017 / 11:04
EFEMÉRIDES POPULARES

Raúl Sendic, fundador y líder histórico del Movimiento Tupamaro de Uruguay

Raúl Sendic, fundador y líder histórico del Movimiento Tupamaro de Uruguay
Raúl Sendic, el fundador y líder histórico del MLN Tupamaros.
Raúl Sendic Antonaccio, conocido como «el Bebe», fue un revolucionario, guerrillero y político uruguayo. Militante del Partido Socialista, en 1962 (una década antes del golpe de Estado) organiza, junto a otros militantes de la izquierda uruguaya, un grupo de acción directa que luego se integrará al denominado "Coordinador" y finalmente conformará el Movimiento de Liberación Nacional Tupamaros.
 
En agosto de 1970 es detenido y encarcelado en el Penal de Punta Carretas y casi un año después, en septiembre de 1971, protagoniza, junto a 105 tupamaros y 6 presos comunes una fuga masiva conocida como "Operación El Abuso" o "El Abuso".
 
Detenido en 1972, permaneció 14 años en calidad de rehén, aislado en distintos cuarteles de las Fuerzas Armadas. Restablecida la democracia, Raúl, el Bebe, Sendic abrió una profunda discusión en el seno de lo que había sido el Movimiento Tupamaro cuya militancia organizó en el interior las famosas mateadas en las que dialogaban con el pueblo oriental.
 
Sendic murió el 28 de abril de 1989 en París, adonde había acudido para atenderse de la enfermedad de Charcot-Marie-Tooth (esclerosis lateral amiotrófica). Su vida simboliza cabalmente la suerte corrida por el MLN Tupamaros: de la derrota militar al renacimiento político de su antigua militancia.
 
La Opinión Popular

 
El Bebe nunca se rindió
 
El grito retumbó en el pasillo de la vieja casa de la calle Sarandí casi con la misma contundencia con que sonaban los disparos de una patrulla de Fusileros Navales de la Marina uruguaya: "no voy a salir, todavía tengo unos tiritos". Era el 1 de septiembre de 1972 y Raúl Bebe Sendic resistía a los tiros su detención hasta que una bala le destrozó la mandíbula y lo dejó desangrándose inconsciente.
 
Su captura, junto a su compañera Xenia y a Jorge Ramada fue el tiro de gracia para el MLN Tupamaros que hacia finales de 1972 estaba asediado por la intensa represión desatada por el gobierno del presidente Bordaberry, y golpeado por la caída de la totalidad de sus cuadros dirigentes y la pérdida de sus refugios y estructuras logísticas.
 
Raúl Sendic había nacido en 1925 en un pueblo del interior del Uruguay y desde muy joven se definió política e ideológicamente por el socialismo. Incansable lector de Marx, Lenin y Rosa Luxemburgo no se quedó en la especulación teórica y comenzó a participar activamente en actividades antifascistas y de solidaridad con las movilizaciones de los trabajadores rurales del norte del país, sometidos a condiciones cuasi feudales de sometimiento y explotación.
 
Miembro del Partido Socialista, formó parte de su renovación programática a mediados de los '50 y -luego de recibirse de Procurador- se radicó en la zona rural del norte donde participó de las luchas de los cañeros -los peludos, como se los conocía- impulsando y concretando la formación del primer sindicato de la actividad, la Unión de Trabajadores del Azúcar de Artigas.
 
La arraigada intransigencia patronal y la complicidad estatal con la explotación reinante llevó rápidamente a la radicalización de dirigentes, activistas y trabajadores bajo la forma de acciones de autodefensa de masas y escarmiento de represores y rompehuelgas.
 
En 1965, integrantes de varias organizaciones políticas acordaron en Parque del Plata, la conformación de una organización armada y clandestina que se definía como "brazo armado del movimiento popular". Si bien la organización comenzó a realizar pequeñas operaciones de propaganda armada, no es sino hasta 1966, luego de un fracasado asalto a las oficinas de Funsa, que se firma en un comunicado con el nombre de MLN Tupamaros.
 
Al año siguiente los tupas elaboraron un informe conocido como Documento 1 que Sendic llevaría a Cuba. En sus ocho capítulos se explicitaban claramente los puntos centrales de la estrategia tupamara: la concepción de la lucha de liberación nacional como una lucha necesariamente continental, la guerrilla urbana como método principal de acción y el carácter prolongado de la misma.
 
El texto, en consonancia con los planteos de otros grupos revolucionarios latinoamericanos, no se privaba de vapulear a la URSS por su ambigüedad política y su apoyo a regímenes represivos.
 
El desarrollo de las acciones tupamaras fue vertiginoso: desde los fusiles -que nunca se pudieron usar por falta de percutores- recuperados del Club de Tiro Suizo en agosto de 1963, pasando por el secuestro del Presidente de UTE (la Edenor oriental) Ulises Pereyra Reverbell como apoyo a la huelga general de los trabajadores estatales, la toma de la ciudad de Pando en 1969 y el secuestro y ejecución de Dan Mitrione, agente de la CIA que entrenaba a las fuerzas represivas uruguayas en técnicas de tortura en julio de 1970 y la fuga de 111 tupamaros de la cárcel de Punta Carretas en 1972, los comandos del MLN realizaron más de 100 acciones importantes en dos años, sin contar innumerables hechos pequeños de pertrechamiento, propaganda armada, sabotajes, etc.
 
Pese a su eficacia operativa, destacada incluso por la prensa que al inicio los llamó los Robin Hood orientales y a la simpatía que despertaron entre amplios sectores de la población, los tupamaros no lograron hacer pie organizadamente en el movimiento de masas.
 
Sus numerosos contactos con algunos gremios, la captación de algunos dirigentes sindicales y aún la participación en la conducción de otros, no se tradujo en influencia y dirección política real, obstáculo insalvable para construir una retaguardia donde replegarse cuando arreciara la represión a partir de 1971, con la participación abierta de las FF. AA. y el uso masivo de la tortura minando inexorablemente la estructura y la capacidad combativa de la organización hasta su derrota y dispersión.
 
La detención de Sendic y su posterior reclusión por años en condiciones infrahumanas junto a ocho de los viejos fundadores no quebrantaron su voluntad militante y -tras su liberación en 1985- se dedicó a recorrer los barrios, hablando con la gente, organizando mateadas que fueron verdaderos foros de discusión y formación política de masas en torno a nuevos ejes políticos y nuevas prácticas militantes.
 
La cuestión agraria, la lucha contra la pobreza, la deuda externa y la Reforma Constitucional pasaron a ser el centro de la reflexión política que generó algunas de las formulaciones programáticas plasmadas en las coincidencias de los integrantes del Frente Amplio.
 
En 1985, pocos días después de ser liberado, el Bebe Sendic, en una entrevista periodística, afirmó que "no supimos organizar al pueblo", conclusión que las nuevas generaciones de militancia popular deberán tener en cuenta en los umbrales de la asunción de un histórico tupamaro como presidente de Uruguay.
 
Por Alberto Elizalde Leal
 
Fuente: Miradas al Sur, 28 de febrero 2010
 

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La Batalla de Ayacucho fue el último gran enfrentamiento dentro de las campañas terrestres de las guerras de independencia hispanoamericanas (1809-1826) y significó el final definitivo del dominio colonial español en América del sur. La batalla se desarrolló en la Pampa de Quinua o Ayacucho, Perú, el 09 de diciembre de 1824. Alrededor de 80 valientes Granaderos argentinos (los últimos de los 4.000 que cruzaron los Andes con José de San Martín) participaron en la victoria, junto a combatientes colombianos, venezolanos, peruanos y chilenos. 
 
El general venezolano Antonio José de Sucre, a los 29 años, fue el protagonista central de la batalla, al mando de las fuerzas patrióticas, que acometieron directamente a la masa desorganizada de tropas colonialistas que, sin poder formar para la batalla, descendía en hileras de las montañas. Lo acompaña el intrépido general colombiano José María Córdoba, de 25 años, que alzando su sombrero blanco de jipijapa en la punta de su espada, entusiasma a sus hombres lanzándose al combate con el grito: "¡División! ¡De frente! ¡Armas a discreción y paso de vencedores".

La frase lanzada por el general Jacinto Lara al iniciar el combate es menos homérica pero más criolla. Los hombres de Lara eran hijos de los llanos venezolanos y "gente cruda". Su general les dirigió antes de la batalla la siguiente arenga: "¡Zambos del carajo! ¡Al frente están los godos puñeteros! El que manda la batalla es Antonio José de Sucre, que como  ustedes saben, no es ningún cabrón. Conque así, apretarse los cojones y ... ¡a ellos!".
 
Las fuerzas patriotas sumaban 5.780 hombres y los realistas, 9.310 soldados. La victoria americana fue completa. Cayeron prisioneros el virrey José de la Serna con todos sus generales, empezando por José de Canterac y Jerónimo Valdés, con más de 600 oficiales y dos mil hombres de tropa. Más de dos mil muertos (307 patriotas y 1800 realistas) quedaron sobre el campo de Ayacucho donde concluía el poder colonial español en América.

La victoria de los revolucionarios independentistas supuso la desaparición del contingente militar realista español más importante que seguía en pie, sellando la independencia peruana con una capitulación militar que puso fin al Virreinato del Perú. Terminaron así estas guerras de liberación en todo un continente, que había comenzado medio siglo atrás, cuando los yanquis iniciaron las hostilidades contra los ingleses el 19 de abril de 1775.

 
Presencia indestructible de Eva Perón 
Por Blas García

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