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Por Natalio R. Botana. Historiador y politólogo
“La idea de Macri de unir a los argentinos es un eslogan, porque la estrategia del Gobierno desde el 1º de marzo en su discurso de campaña fue dividir, ya que le resulta funcional a su proyecto político”. Matías Tombolini
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Internacionales - 24-04-2017 / 08:04

Elección presidencial en Francia: Libertad, ¿igualdad y fraternidad?

Elección presidencial en Francia: Libertad, ¿igualdad y fraternidad?
Marine Le Pen - Emmanuel Macron.
Emmanuel Macron, del "centro extremo", ganó la primera vuelta en Francia, en tanto que la candidata derechista Marine Le Pen salió segunda. Ambos pasarán al ballottage el 7 de mayo. Con un buen resultado, el candidato de la izquierda, Jean-Luc Mélenchon, logró el 19,5 por ciento de los votos.
 
La elección presidencial en Francia vuelve a exteriorizar el descontento de la sociedad con los resultados de la política y pueden entenderse como una derechización de la sociedad francesa pero también como la expresión del descontento con un gobierno y la búsqueda de resultados en la oposición, ya sin pensar tanto en las orientaciones ideológicas.
 
Le Pen, que lideraba las encuestas, parece quedarse otra vez en la puerta, marcando un límite de la sociedad a las posturas más radicalizadas. Pero si Europa en su conjunto no logra dejar atrás la década perdida y se encamina a un nuevo ciclo de crecimiento con inclusión es probable que esa resistencia ceda y los gobiernos de los tres o cuatro principales países de la zona caigan en ideologías extremistas.
 
La Opinión Popular
 
DISPUTARÁN LA SEGUNDA VUELTA EMMANUEL MACRON, DEL MOVIMIENTO EN MARCHE!, Y MARINE LE PEN, DEL FRENTE NACIONAL
 
Francia elige entre un centrista liberal y una xenófoba
 
Los partidos políticos tradicionales salieron despedidos por la puerta de las urnas. Francia consagró en la primera vuelta de las elecciones presidenciales, en un acto de magia, la candidatura del centro liberal de Emmanuel Macron, ex ministro de Finanzas del presidente François Hollande, cuyo movimiento En Marche!, recién fue creado en 2016, y volvió a izar a la cumbre a la extrema derecha con la clasificación de su candidata, Marine Le Pen.
 
Después del terremoto del 21 de abril de 2002, por segunda vez en el naciente siglo la ultraderecha logra disputar una vuelta final de una elección presidencial. Jean Marie Le Pen, el fundador del Frente Nacional, había dejado afuera al primer ministro Socialista Lionel Jospin.
 
Esta vez fue peor porque la ultraderecha también congeló en el camino a los conservadores, representados en este elección de 2017 por François Fillon. 23,9% para Emmanuel Macron, 21,6 para Marine Le Pen, 19,5% para Fillon, 19,3 para la izquierda radical de Francia Insumisa de Jean-Luc Mélenchon y 6,5% para el socialista Benoît Hamon, los resultados confirman la siembra de los sondeos.
 
El PS conoció este domingo uno de los resultados más degradantes de su historia. Minutos después de que se conocieran los porcentajes, el llamado "Frente Republicano" empezó a plasmarse como antídoto contra la extrema derecha. Benoît Hamon fue uno de los primeros en intervenir.
 
Sin denunciar el balance gris del presidente François Hollande ni las escabrosas traiciones de su propio partido de que fue víctima, Hamon dijo: "Fracasé en mi intento de desarmar el desastre que se anunciaba desde hace varios años. Asumo la responsabilidad". Según Hamon, "la eliminación de la izquierda por segunda vez en 15 años firma una derrota moral para la izquierda. Pero la izquierda no ha muerto".
 
El representante socialista llamó a derrotar al Frente Nacional, lo que implica un voto a favor de Macron. Lo mismo hizo el candidato de la derecha, François Fillon. El derrotado representante de Los Republicanos dijo que "los obstáculos que se pusieron en mi camino fueron muy numerosos y muy crueles. Asumo mi responsabilidad. Esta derrota es la mía".
 
Luego, ante la perspectiva de la segunda vuelta entre Macron y Le Pen, Fillon, se pronunció dignamente por el primero: "No hay otra opción que votar contra la extrema derecha. Votaré por Emmanuel Macron". Los caciques regionales y ex ministros de la derecha también cerraron filas dentro de ese Frente Republicano que se activa por segunda vez.
 
El hombre que a los 40 años y sin ninguna experiencia electoral desafió a todos los niveles del pensamiento político y de las mecánicas partidistas se posicionó enseguida de cara a la segunda vuelta del próximo 7 de mayo.
 
"Quiero ser el presidente de los patriotas contra la amenaza de los nacionalistas", dijo Macron. Su estrategia dio vuelta todos los moldes con los que funcionaba la Quinta República (1958). Hace apenas tres años, cuando François Hollande lo nombró ministro de Economía, nadie lo conocía.
 
Su dos posturas sucesivas, una, "ni de izquierda ni de derecha", luego, "de izquierda y de derecha", le permitieron convocar a un electorado tanto de centro derecha como socialista. Espantados por la inmolación política de su partido y las traiciones, 47% de los votantes del PS eligieron a Macron.
 
El ya seguro candidato de la última vuelta manejó a su antojo la temporalidad de las narrativas políticas, como si los años en los que fue asistente del gran filósofo francés Paul Ricoeur, autor de esa obras ineludible que es Tiempo y Relato, le hubiesen servido para jugar con la plastilina del tiempo y el relato político. Su adversaria, Marine Le Pen, evocó un momento "histórico" aunque lo cierto es que el resumen de las urnas no es lo que ella y el Frente Nacional esperaban.
 
Durante años figuró en las encuestas como pegada al primer puesto pero la realidad la dejó en el segundo. Se trata de un relativo fracaso con respecto a las otras elecciones, las regionales por ejemplo, ya que Marine Le Pen sacó un 6% menos que su partido. Emmanuel Macron terminó disputándole el título de "primer partido de Francia" que el Frente Nacional se había ganado en las elecciones que se celebraron desde 2014 hasta ahora.
 
Ello no oculta que, consulta tras consulta (regionales, municipales, europeas), la ultraderecha fue consolidando sus posiciones hasta convertirse en la estrella que orienta las posiciones de las otras fuerzas políticas, incluida la de los socialistas. Antes, la derecha y el socialismo moribundo solían copiarle su manual, ahora se ven obligados a levantarse todos contra ella.
 
 Relativo o no, el batacazo de Marine Le Pen es muy profundo:como lo recuerda el vespertino Le Monde, no hay que olvidar que "por primera vez en la historia de la Quinta República, la extrema derecha supera el 20% en la primera vuelta de una elección presidencial".
 
Su poder de nocividad permanece intacto, tanto más cuanto que el Frente Nacional es desde este momento el partido eje de la derecha en torno al cual se recompondrá esa corriente. Pese a que ninguna encuesta le deja a Marine Le Pen la más mínima posibilidad de ganarle a Emmanuel Macron el próximo siete de mayo, la ultraderecha francesa tiene la batuta de la orquesta conservadora.
 
La actual ministra socialista de Salud, Marisol Touraine, reconoció que se trata de un "momento de gran gravedad. No logramos evitar que Marine Le Pen pase a la segunda vuelta. Sin la más mínima duda, hay que votar por Emmanuel Macron. Hay que derrotar a Marine Le Pen de la forma más rotunda posible y evitar que pese en la vida política de nuestro país en los próximos años".
 
De esta consulta se desprende una mayoría que funciona como un abanico y abarca un centro liberal-social / demócrata y socialista y una fuerza compuesta por la derecha y la ultraderecha: el primer eje sumaría cerca de un 52%, el segundo algo más del 47%.
 
Las cifras de esta vuelta inaugural son una sentencia para los partidos del sistema de gobierno, la derecha y los socialistas. Los primeros deben limpiar sus liderazgos internos y su posición ante la extrema derecha, los segundos aclarar su identidad: sea socialistas, sea un partido socialdemócrata de orientación de centro liberal.
 
Benoît Hamon tuvo demasiada inexperiencia y un tremendo peso sobre sus espaldas: le tocó ponerle rumbo a una campaña en la cual los capitanes del barco socialista abandonaban el navío. Este hombre joven y honesto, licenciado en historia, pagó el tributo de quienes querían hacer historia con su cadáver político. Le Pen y Macron se los tragaron a todos.
 
El esquema que se desprende de la cumbre electoral del domingo termina por dar vuelta las páginas de la historia contemporánea francesa.
 
La historia empezó a ir mucho más rápido de lo que los líderes políticos franceses estaban acostumbrados cuando la sociedad decidió sanear sus sistema de representantes eliminando sucesivamente a sus mamotretos: François Hollande, Nicolas Sarkozy, Alain Juppé, Manuel Valls.
 
Todos quedaron afuera de este ciclo que, al final, restauró el eterno antagonismo entre la social democracia liberal y las fibras ultraconservadoras. Sobre ese modelo se construyó la Europa de la posguerra.
 
En un clima de descomposición y de desencanto nacido de las fallidas alternancias políticas entre la derecha y los socialistas, Emmanuel Macron y los cerebros anticipados de su estructura política realizaron el sueño que otros centristas no lograron plasmar: crear un polo alternativo a ambas corrientes y romper la muralla que ambas representaban cuando se aspiraba a ocupar el espacio político. Como lo dijo Benoît Hamon, "la izquierda no ha muerto", sólo el esperpento que pretendió representarla, el Partido Socialista.
 
La izquierda demostró su vigencia a través de Jean-Luc Mélenchon y el movimiento Francia Insumisa. Mélenchon no alcanzó el objetivo de pasar a la segunda vuelta pero conquistó poco más del 19% de los votos, lo que equivale a 8 puntos más que en 2012.
 
Habrá sido, junto a Emmanuel Macron, la constelación que iluminó con su prosa y sus ideas una campaña alterada por la corrupción de la derecha y la ultraderecha y las adulterios políticos del socialismo. Estos habrán sido, al final, los episodios que decidieron a los electores.
 
Muchos votantes de la derecha confesaban ayer que les costaba mucho olvidar la honda decepción que les causó el escándalo en que se vio envuelto François Fillon cuando se supo que había alterado la contratación de su esposa e hijos en la Asamblea Nacional, que no era ni por asomo lo que su narrativa de católico probo e inflexible vendió en los medios.
 
Los electores socialistas estaban ante la disyuntiva de respaldar a un partido carcomido desde el alma por sus antagonismos u optar por ese centro liberal, nuevo y joven de Emmanuel Macron que les hablaba de lo que tenían en el corazón: el optimismo.
 
No son horas de festejo para la izquierda real. La segunda vuelta no contará con ella como protagonista. Cinco años de una presidencia ambivalente que pasó de "mi enemigo es la finanza" (François Hollande como candidato en 2012) a un programa liberal tibio a cuya cabeza estaba un primer ministro, Manuel Valls, que más se parecía a un maestro enojado que aun joven dirigente socialista, terminaron por desencadenar la agonía del 23 de abril. Valls pasó un par de años diciendo "la izquierda puede desaparecer". Habrá sido el sepulturero y guía de esa desaparición. Ni siquiera tuvo la entereza de ser leal y respaldar al candidato que lo derrotó en las primarias.
 
Tampoco lo hizo el presidente  Hollande, electo en 2012 con los votos de esa izquierda que ambos repudiaron sin piedad ni honor. La paradoja, no obstante, está ahí agazapada: de manera solapada, ganaron ambos: Emmanuel Macron impacta por su milagroso y rápido ascenso en una máquina cuyos engranajes giran a paso de tortuga pero representa cierta continuidad con el soporífero hollandismo: fue su ministro de Economía y el eje del giro liberal que empezó a plasmarse en 2014.
 
Es, en este momento, el hombre providencial porque enfrente está al fascismo, al antisemitismo y la xenofobia enmascarada de democracia. No hay muchas opciones para los progresistas: o Macron o la abstención.
 
Por Eduardo Febbro
 
Desde París
 
Fuente: Página12
 
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23-05-2017 / 19:05
El Reichstag (parlamento alemán) se sucedió en Alemania entre 1849 y el final de la Segunda Guerra Mundial. Fue un parlamento elegido por el pueblo, aunque con distintos grados de poder. El Imperio era una autocracia en la que el Reichstag era elegido por sufragio universal (en Prusia y en otros Estados federados siguió vigente el sufragio censitario). En la República de Weimar 1919, el pueblo eligió la composición del Reichstag y éste a su vez a quien sería Canciller de Alemania (Jefe de Gobierno).
 
Sin embargo, a partir de 1930, el Reichstag fue prácticamente eludido gracias al uso que el Presidente Paul von Hindenburg hizo de los extensos poderes que la constitución le otorgaba.
 
En las séptimas elecciones parlamentarias, celebradas el 31 de julio de 1932, el Partido Nazi alcanzó por primera vez la mayoría, pero esta mayoría no era absoluta. En las octavas elecciones parlamentarias, ejecutadas en noviembre de ese mismo año, los nazis continuaron a la cabeza del Parlamento, a pesar de haber perdido asientos.
 
Estas elecciones son consideradas las últimas elecciones democráticas de la República de Weimar, ya que las elecciones parlamentarias de 1933 se realizaron bajo una política de represión e intimidación nazi.
 
Después de que Adolf Hitler fuera nombrado Reichskanzler (Canciller) el 30 de enero de 1933, el proceso de "cambio a la igualdad"  (Gleichschaltung) empezó tras el llamado Decreto del Incendio del Reichstag y la "Ley habilitante de 1933", en la que el Reichstag fue oficialmente desposeído de sus poderes legislativos.
 
El 24 de mayo de 1933, el Reichstag concede amplios poderes a Hitler por cuatro años, que el aprovechó para gobernar a Alemania a su antojo e instauró un régimen totalitario durante el periodo conocido como Tercer Reich o Alemania nazi. A partir de entonces el Reichstag sólo ejerció como un cuerpo de aclamación de las acciones de la dictadura. Incluso con esa finalidad, tuvo su última sesión en 1942.
 
Por Carlos Morales

23-05-2017 / 08:05
Quedó totalmente al desnudo la operación del gigante periodístico O Globo contra Lula y Dilma. El noticiero de la TV abierta más poderosa de Brasil, que combate a Lula y el pedido popular de "elecciones directas ya", había afirmado que los ex presidentes tenían cuentas offshore para recibir coimas.
 
El escándalo popular fue tan grande que debió rectificarse y decir que no era verdad. Pero con disimulo. Hasta el propio noticiero del grupo mediático más importante de Sudamérica tuvo que reconocer que mintió para involucrarlos en las denuncias contra Temer.
 
Pasado en limpio la "operación mediática": 
 

  • Ni siquiera cuando el Jornal Nacional citó por primera vez a Batista éste ofreció pruebas o indicios de la existencia de cuentas offshore a nombre de Lula y Dilma
  • El Jornal Nacional se basó en versiones sobre versiones. Dijo que la Justicia dijo que Batista dijo que el ex ministro de Hacienda Guido Mantega dijo que Lula y Dilma dijeron que querían cuentas secretas.
  • Globo no mostró ni un papel ni una grabación. 
  • El presunto declarante al final habría afirmado que se pagaba a sí mismo, un hecho sin precedentes en la historia universal de la coima.
  • Lo que Waak llamó "imprecisión" es como mínimo un grave error. Si hubiese pruebas de que difundir esa "imprecisión" fue un acto intencional, se habría tratado de una operación de acción psicológica para instalar una falsedad. Es lo que Cristiano Zanin Martins, el defensor de Lula, denomina "lawfare", la guerra con base en el poder judicial que recurre al uso indiscriminado de datos que no son datos y estereotipos que están desligados de la realidad. 
  • La "imprecisión" fue reproducida por medios de Brasil y llegó a la tapa de diarios de todo el mundo, incluida la Argentina.
  • La aclaración de Waak fue tan leve que no impactó en los medios brasileños. 
  • La secuencia entre la presunta filtración de un hecho tan grave y la posterior confesión de que no llegó a la condición de hecho, y por lo tanto no existió, y por lo tanto no pudo haber sido grave porque la nada no es nada, desnuda cómo trabaja la cocina del principal noticiero televisivo de Brasil y buena parte de los grandes medios de todo el continente. Hay dos posibilidades. O usa desaprensivamente los alimentos con los que elabora sus manjares o introduce veneno en ellos. 
 
Un ejemplo de cómo operan los grandes medios periodísticos coaligados con sectores de la Justicia.

22-05-2017 / 21:05
22-05-2017 / 21:05
22-05-2017 / 10:05
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