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Por Natalio R. Botana. Historiador y politólogo
“El modelo económico que aplica el Gobierno atrasa 40 años y hay que cambiarlo porque estamos en estanflación, se triplicó la deuda y tenemos un problema de fuga de capitales”. Aldo Pignanelli
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Nacionales - 21-04-2017 / 10:04
OPINIÓN

¿Dónde están los datos?: El mito macrista del ausentismo docente

¿Dónde están los datos?: El mito macrista del ausentismo docente
Ausentismo docente: ¿dónde están los datos?
El mito del docente faltador o vago es una de las clásicas ruedas de auxilio cuando un gobierno debe negociar cuestiones salariales para retacear presupuesto y mejoras de condiciones de trabajo. No obstante, los ministros de aquí y de allá se limitan a hablar de un alto ausentismo, aunque jamás aportan una cifra concreta. Esto se debe a que, lisa y llanamente, esas cifras no existen.
 
El mito del ausentismo les sirve a los gobiernos para poner trabas a las negociaciones salariales docentes, haciendo pie sobre preconceptos muy extendidos en la sociedad civil. Si se googlea "datos sobre ausentismo docente" se llega a noticias fundadas en percepciones de alumnos y directivos, pero ni un solo dato duro. Tal vez ahí mismo está la explicación de por qué no tenemos datos al respecto: cuando se habla de ausentismo docente, para las dirigencias políticas el silencio es salud.
 
Ausentismo docente: ¿dónde están los datos?
 
El extenso conflicto que lleva la paritaria docente de 2017 ha hecho estallar un rosario de percepciones, pareceres y preconceptos sobre la escuela, presente y pasada. Sin embargo, prácticamente ninguna de las opiniones que se escuchan con más fuerza desde instancias gubernamentales, presentes y pasadas, y mediáticas mainstream lo hace con base en datos empíricos, con información contrastable.
 
 
Lo que no tenemos
 
El mito del docente faltador o vago es una de las clásicas ruedas de auxilio cuando un gobierno debe negociar cuestiones salariales para retacear presupuesto y mejoras de condiciones de trabajo. No obstante, los ministros de aquí y de allá se limitan a hablar de un alto ausentismo, aunque jamás aportan una cifra concreta. Esto se debe a que, lisa y llanamente, esas cifras no existen.
 
Las escuelas toman nota de las ausencias y las licencias de su personal para pasar la información al sector de liquidaciones de haberes estatal de cada provincia. Esto se debe a que el Estado nacional no tiene ni establecimientos educativos ni docentes a cargo, a excepción de las universidades nacionales, pero bajo un régimen de autonomía. Durante la última década del siglo XX se transfirieron todas las instituciones a cada una de las 24 jurisdicciones que componen el sistema educativo argentino.
 
Sin embargo, las administraciones provinciales no parecen utilizar esa información para realizar informes estadísticos sobre los tipos de licencias y la cantidad de inasistencias en las que incurrimos los docentes.
 
Al contrario, cabría suponer que en la liquidación de los sueldos sólo se toma en cuenta cuántos días corresponde descontar por mes, y si a eso también debe descontársele el presentismo, para llegar al número que corresponde. Los datos cualitativos -tipo de licencia, inasistencia, regularidad de estas, patrón de conducta del agente en este sentido- parecen perderse en el mar de expedientes de los ministerios.
 
Esa información nos permitiría corrernos del mito y forzar a pensar soluciones concretas si esto es un problema generalizado o no en relación con el resto de los rubros laborales. Ahí sí, entramos en el terreno de las políticas públicas, y de pensar, desde quienes conducen el sistema educativo, cuáles son los mejores mecanismos para amortiguar el impacto de estas situaciones en los procesos de enseñanza-aprendizaje.
 
Pero lo concreto es que no disponemos de esos datos porque los propios ministerios, dirigidos por los propios políticos que acusan a los docentes de faltar mucho, son precisamente los únicos encargados de relevar y analizar esa información, y han tomado la decisión política explícita de no hacerlo. Dicho de otro modo: si no sabemos cuánto faltamos los docentes es porque los gobiernos no quieren que se sepa. Ellos son los custodios y los propietarios de esa información.
 
 
Lo que sí tenemos
 
El trabajo docente está regido por los estatutos. Cada provincia tiene el propio; a grandes rasgos los 24 estatutos jurisdiccionales del país se escribieron sobre la base del de 1958. Allí están explicitados los mecanismos de ascenso, de acrecentamiento de puntaje y las licencias a las que tenemos derecho sin perder nuestro cargo. Esto varía de provincia a provincia, pero en líneas generales hay bastante coincidencia.
 
La pregunta que también restaría hacerse, para seguir desmontando el mito y acercarnos a la verdad sobre un presunto exceso de derechos que detentamos, es si estas licencias difieren mucho o poco de las que dictan la ley de contrato de trabajo -que regula el trabajo en el ámbito privado- y los principales convenios colectivos derivados de ella. Tampoco lo sabemos: nadie realizó ese estudio.
 
 
La rueda de auxilio
 
Como se afirmó antes, el mito del ausentismo les sirve a los gobiernos para poner trabas a las negociaciones salariales docentes, haciendo pie sobre preconceptos muy extendidos en la sociedad civil. Si se googlea "datos sobre ausentismo docente" se llega a noticias fundadas en percepciones de alumnos y directivos, pero ni un solo dato duro. Tal vez ahí mismo está la explicación de por qué no tenemos datos al respecto: cuando se habla de ausentismo docente, para las dirigencias políticas el silencio es salud.
 
Por Manuel Becerra
 
El autor es docente en la Ciudad de Buenos Aires y autor del blog fuelapluma.com.
 
Fuente: Infobae
 
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30-04-2017 / 10:04
Convendría poner las cosas en su justa medida: regresar al mundo y con ello combatir la pobreza y crear empleo genuino, además de generar políticas internas profundas que todavía no se ven, llevará tiempo. Bastante más que el de las urgencias del macrismo por presentar hechos concretos antes de las elecciones de octubre. Y con un escenario local que sigue sin ayudar.
 
Macri recibió elogios a mano llena en Washington, pero escuchó a la vez la misma cantinela que en sus visitas a España y Holanda. Los empresarios insisten en que planean invertir pero prefieren esperar a ver el resultado de las elecciones de octubre. Desconfían de una vuelta al populismo y quieren saber si hay riesgo de perder las elecciones y enturbiar el panorama hacia 2019, y más allá.
 
En todo caso, a varios de quienes lo consultaron, les dijo que estaba absolutamente seguro que Cambiemos ganará las elecciones porque la gente no quiere volver al pasado, aunque haya sectores que no la estén pasando bien.
 
Macri ha logrado acomodar los tantos en el rodeo propio. Carrió será candidata en Capital, no habrá definitivamente espacio para Martín Lousteau, que si quiere competir tendrá que hacerlo por afuera, y en la provincia Esteban Bullrich será el candidato a senador. Siempre bajo la misma consigna: la campaña se la ponen al hombro Macri y Vidal y ellos son "los candidatos".
 
El Gobierno a su vez no deja de agradecer los buenos servicios que sigue prestando Cristina Fernández como "jefa de campaña" de Cambiemos. El estallido de la crisis en una Santa Cruz que los Kirchner manejaron como su estancia durante 25 años es un pelotazo en contra para los cristinistas que proponen una vuelta al pasado.
 
Tal vez por esas mismas razones cunde la desesperación en el peronismo que no quiere saber más nada con ella y busca su destino en las elecciones de octubre. Una frase de Florencio Randazzo refleja acabadamente ese momento: "No caigamos en la trampa, tenemos que unirnos, el único enemigo es Macri", rogó en un acto el miércoles. Claro que esa unión, vale la aclaración de los propios randazzistas, no incluye a la doctora y sus fanáticos.
 
Todos, oficialismo y oposición, miran hacia el 24 de junio: ese día habrá que inscribir candidatos y se sabrá si ella se presenta o no. Enorme paradoja: hay más macristas que peronistas rezando para que Cristina compita.

30-04-2017 / 10:04
30-04-2017 / 10:04
30-04-2017 / 09:04
30-04-2017 / 09:04
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