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Lo dijo el doctor René Favaloro hace 20 años: “Con el aborto legal no habrá más ni menos abortos, habrá menos madres muertas. El resto es educar, no legislar”.
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Nacionales - 21-04-2017 / 10:04
OPINIÓN

¿Dónde están los datos?: El mito macrista del ausentismo docente

¿Dónde están los datos?: El mito macrista del ausentismo docente
Ausentismo docente: ¿dónde están los datos?
El mito del docente faltador o vago es una de las clásicas ruedas de auxilio cuando un gobierno debe negociar cuestiones salariales para retacear presupuesto y mejoras de condiciones de trabajo. No obstante, los ministros de aquí y de allá se limitan a hablar de un alto ausentismo, aunque jamás aportan una cifra concreta. Esto se debe a que, lisa y llanamente, esas cifras no existen.
 
El mito del ausentismo les sirve a los gobiernos para poner trabas a las negociaciones salariales docentes, haciendo pie sobre preconceptos muy extendidos en la sociedad civil. Si se googlea "datos sobre ausentismo docente" se llega a noticias fundadas en percepciones de alumnos y directivos, pero ni un solo dato duro. Tal vez ahí mismo está la explicación de por qué no tenemos datos al respecto: cuando se habla de ausentismo docente, para las dirigencias políticas el silencio es salud.
 
Ausentismo docente: ¿dónde están los datos?
 
El extenso conflicto que lleva la paritaria docente de 2017 ha hecho estallar un rosario de percepciones, pareceres y preconceptos sobre la escuela, presente y pasada. Sin embargo, prácticamente ninguna de las opiniones que se escuchan con más fuerza desde instancias gubernamentales, presentes y pasadas, y mediáticas mainstream lo hace con base en datos empíricos, con información contrastable.
 
 
Lo que no tenemos
 
El mito del docente faltador o vago es una de las clásicas ruedas de auxilio cuando un gobierno debe negociar cuestiones salariales para retacear presupuesto y mejoras de condiciones de trabajo. No obstante, los ministros de aquí y de allá se limitan a hablar de un alto ausentismo, aunque jamás aportan una cifra concreta. Esto se debe a que, lisa y llanamente, esas cifras no existen.
 
Las escuelas toman nota de las ausencias y las licencias de su personal para pasar la información al sector de liquidaciones de haberes estatal de cada provincia. Esto se debe a que el Estado nacional no tiene ni establecimientos educativos ni docentes a cargo, a excepción de las universidades nacionales, pero bajo un régimen de autonomía. Durante la última década del siglo XX se transfirieron todas las instituciones a cada una de las 24 jurisdicciones que componen el sistema educativo argentino.
 
Sin embargo, las administraciones provinciales no parecen utilizar esa información para realizar informes estadísticos sobre los tipos de licencias y la cantidad de inasistencias en las que incurrimos los docentes.
 
Al contrario, cabría suponer que en la liquidación de los sueldos sólo se toma en cuenta cuántos días corresponde descontar por mes, y si a eso también debe descontársele el presentismo, para llegar al número que corresponde. Los datos cualitativos -tipo de licencia, inasistencia, regularidad de estas, patrón de conducta del agente en este sentido- parecen perderse en el mar de expedientes de los ministerios.
 
Esa información nos permitiría corrernos del mito y forzar a pensar soluciones concretas si esto es un problema generalizado o no en relación con el resto de los rubros laborales. Ahí sí, entramos en el terreno de las políticas públicas, y de pensar, desde quienes conducen el sistema educativo, cuáles son los mejores mecanismos para amortiguar el impacto de estas situaciones en los procesos de enseñanza-aprendizaje.
 
Pero lo concreto es que no disponemos de esos datos porque los propios ministerios, dirigidos por los propios políticos que acusan a los docentes de faltar mucho, son precisamente los únicos encargados de relevar y analizar esa información, y han tomado la decisión política explícita de no hacerlo. Dicho de otro modo: si no sabemos cuánto faltamos los docentes es porque los gobiernos no quieren que se sepa. Ellos son los custodios y los propietarios de esa información.
 
 
Lo que sí tenemos
 
El trabajo docente está regido por los estatutos. Cada provincia tiene el propio; a grandes rasgos los 24 estatutos jurisdiccionales del país se escribieron sobre la base del de 1958. Allí están explicitados los mecanismos de ascenso, de acrecentamiento de puntaje y las licencias a las que tenemos derecho sin perder nuestro cargo. Esto varía de provincia a provincia, pero en líneas generales hay bastante coincidencia.
 
La pregunta que también restaría hacerse, para seguir desmontando el mito y acercarnos a la verdad sobre un presunto exceso de derechos que detentamos, es si estas licencias difieren mucho o poco de las que dictan la ley de contrato de trabajo -que regula el trabajo en el ámbito privado- y los principales convenios colectivos derivados de ella. Tampoco lo sabemos: nadie realizó ese estudio.
 
 
La rueda de auxilio
 
Como se afirmó antes, el mito del ausentismo les sirve a los gobiernos para poner trabas a las negociaciones salariales docentes, haciendo pie sobre preconceptos muy extendidos en la sociedad civil. Si se googlea "datos sobre ausentismo docente" se llega a noticias fundadas en percepciones de alumnos y directivos, pero ni un solo dato duro. Tal vez ahí mismo está la explicación de por qué no tenemos datos al respecto: cuando se habla de ausentismo docente, para las dirigencias políticas el silencio es salud.
 
Por Manuel Becerra
 
El autor es docente en la Ciudad de Buenos Aires y autor del blog fuelapluma.com.
 
Fuente: Infobae
 
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18-06-2018 / 11:06
En algún momento tenía que empezar a pasar. Las devaluaciones no son gratuitas, sobre todo en la Argentina. El contagio a los precios suele ser rápido. Y es lo que ya ocurre.
 
Antes de que empezara el fin de semana, las principales cadenas de supermercados recibieron mails con nuevas listas de precios. Hay aumentos que, en su mayoría, van de 7% al 10% en los principales rubros. Aunque hay casos de incrementos de hasta 18%, como sucede con los importados.
 
Las fábricas y comercializadoras de alimentos y productos de limpieza justificaron las remarcaciones por la suba del dólar. Pero estos ajustes no responden a la escalada de la última semana. Estos incrementos toman en cuenta parte de la corrida del mes pasado.
 
Durante mayo, el tipo de cambio pasó de $20,80 a $25,40. Esa suba -del 22% en un solo mes- no había tenido su traspaso pleno a los demás precios de la economía.
 
El propio Federico Sturzenegger lo había contemplado, cuando en una de sus últimas apariciones públicas como jefe del Banco Central, manifestó que la inflación de mayo sería "bastante menor" a la de abril. Pero que esperaba un rebrote para junio.
 
En efecto, el Indec acaba de publicar un índice de "apenas" 2,1% para mayo. Y aunque los alimentos registraron un avance superior -de 3,3%-, ese registro tuvo que ver más que nada con la propia dinámica inflacionaria y no tanto con la primera ola devaluatoria.
 
La realidad es que la fuerza del contagio a los precios apareció ahora. La intransigencia de los fabricantes e importadores provocó, incluso, que alguno de los grandes supermercados devolviera la mercadería en medio de la entrega, argumentando que no podían convalidar semejantes aumentos.
 
En concreto, la ola de incrementos incluyó a las principales empresa del sector. Molinos, por ejemplo, anunció un ajuste general del 7% a partir de este mismo lunes.
 
Los aumentos incluyen a cientos de sus productos, todos protagonistas de la mesa familiar. Molinos elabora desde fideos y aceites (distintas categorías y calidades) hasta harinas. También es muy fuerte en arroz y congelados.

18-06-2018 / 10:06
Con una pésima gestión del mercado cambiario y sin dólares suficiente en las reservas, el sendero para el tipo de cambio es ascendente. El gobierno de Mauricio Macri no puede frenar la corrida, simplemente porque no hay suficientes dólares disponibles para atender la demanda y se sometió a los dictados del FMI.
 
"Que baje el dólar, la puta que te parió". El cántico, unánime, partió de entre la multitud de argentinos que este fin de semana caminaron por las calles rusas, convocados por la fiebre mundialista para ver a Lionel Messi y equipo. Condenarlo como un insulto o reducirlo a una picardía sería subestimar el poder de la alerta, de esas palabras que dicen mucho más de lo que gritan.
 
Lo que hay, lo que se percibe, es un hartazgo que ni los miles de kilómetros que nos separan de Rusia, ni la euforia mundialista por el debut argentino han podido mitigar. El desastre económico, esta vez, hace mella en la Argentina, sin distinción de capas sociales, castigando ya no solo a los vulnerables de siempre, sino también a las clases medias y medias altas.
 
Precisamente, son estas las que ahora dirigen sus gritos al presidente Macri, clamando por algo más que un dólar estable. Piden lo que todavía no existe: un programa económico razonable y sustentable. Un esquema, algo que vaya más allá del simple cambio de ministros como se pueden cambiar los fusibles de un hogar.
 
Pero la paciencia de la clase media que votó a este Gobierno de los Ricos, por momentos mezquina o adormecida, tiene sus límites y por fin parece advertir que le ha llegado su hora, que el acuerdo neocolonial alcanzado con el FMI es, menos que un rescate, un salvavidas de plomo, no solo para el sector público, o los castigados salarios de los obreros o las jubilaciones de miseria, sino también un ajuste que la incluye.
 
El acuerdo neocolonial con el FMI definirá, para mal, el futuro de la Argentina, afectará a vastos sectores de la sociedad y sobre el que, no obstante, el Presidente no ha abierto la boca para dar una explicación de lo acordado. Hacerlo, implicaría exponer la crudeza de una realidad y unas metas brutales de ajuste, alejadas de las promesas que hizo a sus votantes.
 
Macri se cuida de evitar el sincericidio, pero quienes lo eligieron ya sienten la traición, con un malestar hondo, que viaja kilómetros. Él hace como si no los escuchara, se empecina en su rumbo sin plan y reduce todo a un juego de ajedrez, cambiando figuritas en el mismo álbum.
 
En el tema del dólar, el acuerdo neocolonial Macri-FMI es claro, planea absorber las presiones externas a través de un tipo de cambio flexible y ventas de divisas muy limitadas. O sea, dejar que se devalué la moneda todo lo que el mercado estime o especule, sin mencionar que no habrá botes salvavidas para todos.
 
La Opinión Popular

17-06-2018 / 16:06
Por una mínima diferencia -mínima pero decisiva- la despenalización del aborto fue aprobada en la Cámara de Diputados. Hay indicios para pensar que también podría ser aprobaba en Senadores. Si el señor Pichetto declaró que esto puede ser posible, es porque sabe de lo que está hablando.
 
De todos modos, la batalla por la despenalización del aborto está ganada. La ganó la sociedad, la ganaron las mujeres, la ganó la historia. En todos los países civilizados del mundo se comparte este criterio. Se discuten matices, detalles, pero en lo fundamental el acuerdo acerca del derecho de la mujer a interrumpir su embarazo es fuerte.
 
Agrego algo más: el derecho a interrumpir su embarazo sin que por ello vaya presa. Porque ése es el "detalle" decisivo, lo que a modo de síntesis diría que se debatió hasta la mañana del jueves en Diputados. Esa fue la pregunta que debía responder cada diputado a la hora de intervenir: ¿Va o no va presa? Lo demás se conversa.
 
En realidad, lo que se decidió fue legalizar aquello que de manera sórdida, oscura, culposa, se realizaba en la sociedad con sus consecuencias: muertes, mutilaciones, heridas irreparables. Les guste o no a los objetores, las mujeres abortan y seguirán abortando cuando lo consideren necesario, pero con un detalle: hasta la semana pasada la prohibición transformaba a esta decisión en un delito y habilitaba por bajo cuerda la industria millonaria de los médicos aborteros. Ahora empezará de dejar de ser así.
 
Por supuesto, acá también se establecían diferencias. Las mujeres con recursos podían disponer de algunas garantías; las pobres mujeres padecían las consecuencias de su pobreza. 

17-06-2018 / 11:06
"Hemos acordado un stand by de acceso privado por 50 mil millones de dólares. Esto es un reflejo del apoyo de la comunidad internacional al país", publicaron los diarios el 7 de junio. Antes de eso, el Gobierno no había dado pistas sobre tal acuerdo.
 
Ni los partidos aliados en Cambiemos conocían lo mínimo como para responder sin trastabillar las preguntas del periodismo. El acontecimiento que definirá los próximos años no fue discutido.
 
Un buen político sabe que es peligroso liberar fuerzas que no se está en condiciones de dirigir. En general, Macri no lo hace, por eso hasta hoy no ha puesto en debate público lo que ha firmado con el FMI. Hubo que esperar a la mañana del último viernes para una deslucida exposición y conferencia de prensa del ministro Dujovne, que agregó algunas precisiones.
 
Primero se firmó el acuerdo con el FMI. Luego, a las cansadas, el Gobierno se refirió a sus imposiciones, sus límites y sus consecuencias. Hay palabras que los argentinos preferimos no volver a usar. Pero el pacto fue un blindaje y significa un severo ajuste, esa dupla semántica y económica que nos marcó en los comienzos de este siglo.
 
Como si se tratara de una obra jugada en otro teatro, el pacto con el FMI fue todo lo contrario a los apasionados debates por el aborto de las últimas semanas. Precisamente, el acuerdo firmado con el FMI es un ejemplo de opacidad extrema, no porque el periodismo no acerque los datos de las obligaciones contraídas, sino porque esas mismas obligaciones son complicadas y solo el discurso político democrático puede restaurar un nivel aceptable de inteligibilidad.
 
Macri firmó primero y todavía no abrió la boca ni siquiera frente a sus aliados políticos, mucho menos frente a sus opositores. Reclama un acuerdo en un páramo discursivo. En este caso, la falla política no afecta solo a los excluidos sino a vastos sectores sociales más organizados y, probablemente, mejor preparados para comprender de qué se trata y, en consecuencia, para apoyar u oponerse razonadamente.
 
Todo el mundo está preocupado por alcanzar acuerdos. Pero preocupa otra cosa: cómo se llega a ellos y cómo se los garantiza. Por eso, los acuerdos antes de firmarse deben ser públicos y debatidos. Lo que Macri y su ministro Dujovne hicieron respecto del FMI fue ciertamente lo contrario. Una falla en lo político que no asegura un buen futuro. 

17-06-2018 / 10:06
A pesar de que Mauricio Macri se vanagloriaba de contar con "el mejor equipo económico de los últimos 50 años", ya cambió de ministro de Hacienda y presidente del Banco Central y completó los relevos sacando a los ministros de Producción y de Energía, la cara visible del tarifazo.
 
En medio de la disparada del dólar y la salida del presidente del BCRA, Federico Sturzenegger, Macri decidió reemplazar a los ministros de Energía, Juan José Aranguren y de Producción, Francisco Cabrera. Mediante un comunicado, la Casa Rosada anunció que sus reemplazantes serán el petrolero Javier Iguacel y el analista Dante Sica, respectivamente.
 
Estos cambios de gabinete no hacen más que confirmar el fracaso total de la política económica de Macri. Este tipo de cambios de nombre por nombre o a modo de manotazo de ahogado, pero que hacia afuera lo quieren mostrar como cambios profundos, no van a servir si la economía no es mirada de otra manera y con distintos ojos.
 
Macri está haciendo un cambio de nombres para sacarse de encima a los ministros más desgastados y seguir reforzando el plan de ajuste del FMI. Pero el problema no es el cambio de nombres, sino el cambio del proyecto económico neoliberal.
 
Sica no va a empezar una política de aliento a las exportaciones, de freno a las importaciones o de aliento a la industria y a la producción nacional. Tampoco se van a retrotraer las tarifas que tanto descontento social han generado. No habrá ningún cambio en el rumbo económico de este gobierno.
 
Como se vienen llevando las políticas de este Gobierno de los Ricos, será imposible y no va ser viable esta economía que lleva a la ruptura más profunda de las clases sociales, con miles de argentinos que día a día caen en la línea de la pobreza y con la clase media tambaleando.
 
Con un país que no tiene un mercado interno robusto, sin pymes protegidas por el gobierno de los CEOs, pretendiendo bajar los salarios y jubilaciones, cosas que ya ocurrió con la abrupta devaluación y la suba del dólar que en breve podría llegar a los 30 pesos y sin control de precios; cuando la cadena de pagos se rompe o cuando termina siendo más productivo dejar de invertir y poner el dinero en la timba financiera como lo son las Lebac, estamos por muy mal camino.
 
Mientras esta crisis parece no tener fin, será preciso enfrentar sus consecuencias. Si con el mejor equipo de los últimos 50 años nos fue tan mal, y terminamos en la B: el FMI, no queremos imaginar cómo nos va a ir ahora que entran los suplentes.
 
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