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Entre Ríos - 15-04-2017 / 17:04

Cómo operó Sergio Urribarri para quedarse con El Diario de Paraná

Cómo operó Sergio Urribarri para quedarse con El Diario de Paraná
Sergio Urribarri y Pedro Báez. Dos tipos audaces.
 
"El Clan", el libro de Daniel Enz que estará en las librerías la semana próxima, dedica un capítulo a las presiones del exgobernador Sergio Urribarri y su ministro Pedro Báez para alinear a los medios de comunicación de toda la provincia.
 
Con prólogo de Nicolás Wiñazki, "El clan. La familia que se apropió del Estado. Negocios, corrupción y falsedad ideológica", llegará a las librerías de Paraná y Santa Fe la semana próxima.

Su autor, Daniel Enz, adelantó algunos fragmentos de la obra en la última edición de la Revista Análisis. Aquí, el pasaje en que deja al desnudo las operaciones para alinear a la prensa y quedarse con El Diario de Paraná:

 

 
"Tenemos que comprar El Diario. Eso nos está faltando". El objetivo era claro en el grupo de poder. Pedro Báez, Rosario Ignacio Labarba y Sergio Fabián Gómez entendían que allí estaba la clave. Tenían controlado LT14, Canal 9, el diario Uno y disponían de buenos acuerdos con Canal 11, en una relación fluctuante y algo sanguínea con Báez, además de la mayoría de los medios de la provincia.
 
En algunos casos, aunque parezca absurdo, las tapas de los periódicos se terminaban de aprobar en las oficinas de Información Pública, a última hora de la noche y volvían a la Redacción con el visado correspondiente. "Esto sí, esto no", decía el propio Báez o bien alguno de sus colaboradores directos. Y era palabra santa. Algo parecido sucedía con los noticieros de los canales y en especial en Canal 9 de Paraná, en función de los negocios con el juego en la provincia del empresario Jorge Pérez.

Más fácil la tenían con los sitios webs: cuando aparecía una noticia que no era del gusto del responsable de la DGIP o del gobernador, Báez llamaba directamente y daba escasos segundos para que esa noticia desapareciera de la portada. Y así sucedía. El que resistía, sabía que iba a perder las pautas oficiales.

 
No había margen para la explicación o la discusión. Y el cronista que escribió esa nota podía pasar automáticamente a cuarteles de invierno en esa web o se le iba a levantar un programa de radio o de tv, como castigo por molestar al poder urribarrista. A veces ni era necesario que Baez lo pidiera. Siempre hubo más papistas que el Papa en determinados medios y el castigo llegaba de modo automático. Sin medias tintas.

(. . .) El conflicto con el campo había puesto al viejo matutino al servicio de los intereses ruralistas. "Urribarri anda loco con todo este tema y no se banca más las tapas de los Etchevehere", repetía el número uno de Información Pública. Encima, no desconocían que la situación financiera del periódico era preocupante, aunque sabían también que los socios disponían de cifras millonarias en el exterior, que no estaban dispuestas a tocar por nada del mundo. Era el ahorro familiar.

Hacía un buen tiempo que los Etchevehere querían vender la totalidad accionaria o la mayoría. Más aún después de la muerte del ex director Luis Félix Etchevehere, en septiembre de 2009, que era quien más resistía a la venta y garantizaba cierta libertad editorial que no sucedía con sus hermanos Arturo Roosevelt o Ivar Raucho Etchevehere. En realidad, a estos últimos nunca le importó demasiado el diario. El primero lo usó, en todo caso, para sus intereses políticos o empresariales. El segundo, un personaje más ligado a la cuestión intelectual y siempre alejado de los negocios, directamente fue ignorado y ninguneado por sus hermanos, por lo cual optó por irse a vivir al Uruguay a fines de los '80.

 
El periodista Jorge Riani lo definió muy bien en un reportaje que le hizo para la revista Análisis en el 2014 y que generó una notable repercusión: "Lector, rebelde, playboy, contestatario, bohemio, Raucho demostró una temprana aversión por los eventos de la alta sociedad, por las fotos en los medios de propiedad familiar y por los títulos superlativos que anteceden los nombres propios, como el doctor. Vivió la tragedia de cerca, con la temprana muerte de su primogénito y con el suicidio de otro hijo adolescente".

El selecto grupo comunicacional le llevó la idea a Urribarri y le gustó. Comprando la mayoría accionaria se garantizaban buena parte del control de la información, puesto que, como suele suceder, los medios más pequeños van detrás de la información que publica la prensa escrita.

--¿Y a quién buscamos para esto? -preguntó Urribarri.

--Pensamos en Walter Grenón o en Miguel Marizza. Los dos están identificados con nuestro proyecto y seguramente no tendrán problemas.

--Me gusta más Grenón. ¿Pero ustedes están convencidos de que existe esa posibilidad de venta? -insistió Urribarri.

--Absolutamente. Tenemos que bajar la bandera y avanzamos a pasos agigantados.

Tres meses les llevó la negociación con los dueños: Arturo R. e Ivar Etchevehere decidieron vender sus acciones y solamente permanecía en el negocio la tercera socia, Leonor Barbero Marcial, viuda de Luis Félix Etchevehere.

 
"Hacía un buen tiempo que Arturito y Raucho querían vender sus acciones; mucho antes de que falleciera Zahorí (como lo apodaban a Luis F.). Si no lo hicieron fue porque nunca hubo una propuesta concreta y porque Zahorí se negaba rotundamente. Siempre se respetó mucho su figura, su historia y eso también incidió, porque desde el '82 Zahorí se puso El Diario al hombro y los hermanos prácticamente no tenían injerencia en las decisiones", indicó un hombre de años de antigüedad en el matutino de calle Urquiza. Incluso, fue quien ubicó en la estructura a dos de sus hijos, Sebastián y Juan Diego Etchevehere, aunque ninguno mostró la proyección que alguna vez tuvo su padre Luis cuando don Arturo J. Etchevehere -el viejo caudillo de la familia- lo incorporó al diario.
 
El hijo mayor de la familia, Luis Miguel, se dedicó al campo a poco de recibido de abogado -profesión que nunca ejerció- y por esos días lideraba la Sociedad Rural de Entre Ríos. El segundo, Sebastián, terminó su carrera de abogado en Buenos Aires y llegó por decreto familiar y no por mérito propio a secretario de Redacción, después de pasar sin pena ni gloria como fugaz corresponsal del diario La Nación en Entre Ríos. Tampoco se desempeñó como letrado. El hermano menor, Juan Diego, se ubicó al frente de la Distribución del periódico. La única mujer, Dolores, es también ingeniera agrónoma, vive en Buenos Aires y colaboraba en La Nación en temas agropecuarios. Sebastián, por gestión de su padre, logró un cargo menor en la estructura de la Asociación de Entidades Periodísticas Argentinas (ADEPA) y otro en una subsidiaria de dicha entidad, como la Asociación de Editores Digitales de Argentina (AEDiA).
 
La corporación empresaria tuvo por varios períodos a Luis Félix Etchevehere como su presidente y hasta con cargos en la Sociedad Interamericana de Prensa (SIP). Nunca ejerció como periodista, pero era un moderado editorialista de su medio y un buen operador empresarial en su ámbito, por lo cual logró posiciones de poder en las organizaciones periodísticas.

(. . .) Gómez y Labarba quedaron al frente de la tarea de buscar un director dócil al gobierno. Los dos asesores de Urribarri acudieron entonces a la consultora estrella de los Kirchner, Doris Capurro. En un encuentro mantenido en Buenos Aires, Capurro les sugirió el nombre de Alberto Elizalde Leal, que en ese momento era uno de los redactores del semanario kirchnerista Miradas al Sur, que dirigía su amigo Eduardo Anguita. Elizalde Leal había sido un hombre clave en la creación de Página 12. Llegó a la dirección de El Diario con la experiencia periodística que asumió, principalmente, después de haber sido un preso político durante toda la dictadura cívico militar.

Elizalde Leal tejió una buena relación con los redactores históricos y eso, y más que nada su "falta de colaboración" con la causa del gobierno, molestó profundamente a Báez, quien no tardó en torpedear al nuevo director.

Báez comenzó a apretar con la publicidad oficial y más tarde con la posibilidad de cortarle a Grenón el beneficio de los códigos de descuento si no sacaba a Elizalde Leal de la dirección. El gobierno de Sergio Urribarri iba por más. Quería el manejo absoluto del casi centenario diario. Báez pidió que a Grenón que retire de sus cargos a todos los antiguos jefes y personas con decisión, y en su lugar puso a militantes peronistas o periodistas dóciles.

Pero las cosas no salieron como Báez pretendía. Elizalde Leal enseguida entabló buena relación con los periodistas de la Redacción, insufló ganas de trabajar en un equipo que venía apenas cumpliendo e intentó hacer periodismo, secundado por Jorge Riani y Gustavo Werner, de mala relación con el funcionario urribarrista. En un principio, Elizalde viajaba todas las semanas y estaba de lunes a viernes en El Diario, lo que lo obligaba a manejar a distancia las ediciones de los fines de semana. Si bien cada tanto comentaba que tenía previsto dejar su hogar en la zona de Cardales, en las afueras de Buenos Aires, para radicarse en Paraná, el traslado se fue dilatando a medida que empezaron a crecer los constantes cortocircuitos con Báez.

Elizalde intentaba equilibrar las necesidades que planteaba continuamente el principal anunciante de la empresa con su determinación de hacer un buen producto, pero las operaciones, los caprichos y la irascibilidad de Báez, fueron dañando el vínculo.

El periodista porteño condujo un cambio rotundo de la línea editorial y torció con inteligencia el rumbo de un medio conservador, que pasó a ser no estrictamente kirchnerista, pero sí progresista, y también inició el proceso del cambio de diseño que llevaría, ya sin él en la Redacción, a abandonar el tradicional formato sábana por el moderno tabloide.

La salida de Elizalde Leal se originó en su enojo por una fallida operación de prensa diseñada por Báez, que salió mal y dejó expuesto al veterano periodista. Una noche, al cierre, le envió el funcionario una información que parecía tener valor: una foto de un camión con supuestos empleados municipales que pegaban afiches de campaña, en calle España en Paraná. Era en la intendencia de José Carlos Halle, en plena pelea con el urribarrismo. A la foto la había sacado un familiar directo de Báez desde el bar Stone y se la enviaron al director de El Diario a sabiendas de que no era un camión municipal, sino un camión blanco cualquiera. Elizalde la puso en tapa y provocó la obvia reacción de Halle al día siguiente.

Las constantes presiones por parte de Báez para direccionar información o publicar determinadas notas en ciertos espacios, silenciar voces, incluso provenientes del propio peronismo, y reclamar caprichos varios con un estilo agresivo, que hasta aún permanece registrado en mensajes de texto que conservan quienes estaban al frente de la Redacción por entonces, terminó de decidir a Elizalde Leal a presentar la renuncia y a irse de Paraná en malos términos.

 
Fuente: Revista Análisis
 

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22-02-2018 / 11:02
El Gobierno de los CEOs hizo de cuenta que nada había ocurrido. Según dejaron trascender sus voceros, el presidente Mauricio Macri tuvo un día con una agenda normal, no vio la marcha de los trabajadores por televisión y ni siquiera pidió conocer el número de asistentes (que las usinas oficiales reducían a unos 90 mil).
 
También envió a varios de sus ministros a recorrer los canales de televisión después de la marcha. El libreto que se repitió incluyó recordar las causas judiciales de Hugo Moyano y señalar que la marcha fue política y no tenía un reclamo claro.
 
Más allá de la decisión de sobreactuar "normalidad" el día de la marcha, que iba de la mano con el ninguneo posterior, en el Gobierno de los Ricos tienen decidido no moverse un ápice de su plan de reformas laborales. Ni 90 mil, ni 400 mil personas parece que vayan a hacerlos cambiar de idea en esto, que forma parte del núcleo duro del proyecto proempresario macrista.
 
También hizo un breve viaje a Concordia, Entre Ríos, donde compartió un almuerzo con productores arroceros, visitó a emprendedores que fabrican jugos cítricos y se mostró con el gobernador Gustavo Bordet en una recorrida por una planta potabilizadora de agua que está en construcción.
 
Así, Macri buscó refugio en Entre Ríos para eludir la marcha de trabajadores en su contra. Eso sí, se preocupó por enviar un mensaje velado a los sindicalistas desde allí cuando habló de "soluciones sin aprietes, sin extorsiones, sin comportamientos mafiosos, sin buscar privilegios". Fue la única alusión, dado que el propósito del Gobierno conservador era ningunear la marcha.
 
La Opinión Popular

21-02-2018 / 11:02
21-02-2018 / 11:02
21-02-2018 / 11:02
20-02-2018 / 17:02
El sermón en la misa de cuerpo presente es la que se dice estando el cadáver del difunto expuesto y preparado para llevarlo después al entierro. Es lo que escuchó el ex gobernador y actual presidente de la Cámara de Diputados, Sergio Urribarri, del discurso de Bordet en la Asamblea Legislativa, en donde el gobernador le recriminó que le dejó más deudas que haberes.
 
El repaso del mandatario fue contundente: la batería de anuncios fue un examen que puso blanco sobre negro de cómo heredó Bordet la provincia de manos de Urribarri. Garantizar el agua potable, caminos, puertos y una inversión en energía, y el arreglo de la Caja de Jubilaciones, son metas que apuntan a corregir lo que no se hizo en el gobierno anterior.
 
La construcción de las defensas sur y norte en Concordia y Concepción del Uruguay son obras emblemáticas de un trabajo articulado entre Nación y provincia, botón de muestra de que hay cosas que se pudieron hacer, pero que nunca se hicieron a pesar de esos años de bonanza y de la estrecha relación de Urribarri con el gobierno de Cristina.
 
Sin darse por aludido, Urribarri puso esa extraña cara que ponen los perritos cuando "le hacen el amor", e imperturbable seguía el repaso de los problemas, que no son otra cosa que las grandes deudas de su gestión y lo que quedó sin saldar de su "sueño entrerriano", del que ahora deberá dar explicaciones ante la Justicia.
 
En la Asamblea, Urribarri sintió el sabor áspero del ostracismo. El tiempo que prometió Bordet en su discurso, es un futuro que para Urribarri es cada vez más incierto. Por ahora respira tranquilo, ya que cuenta con los votos necesarios como para garantizar sus fueros.
 
Para Urribarri, éstas no fueron las únicas horas adversas de la semana. La Justicia provincial dispuso un embargo de 26 millones de pesos, en el marco de la causa que investiga el desvío de publicidad oficial, entre 2010 y 2015, en beneficio de empresas ligadas a su cuñado, Juan Pablo Aguilera, por un monto que supera los 24 millones de pesos. Ante una acusación cuyo primer efecto fue el escándalo, el ex gobernador eligió victimizarse, una respuesta de manual para estos casos, pero que no tiene validez siempre.
 
La noticia despertó el interés por el nuevo rumbo que tomó la interna del PJ provincial, con el gobernador fortalecido dentro del Partido y un proyecto de continuidad, y el ex gobernador reculando en chancletas. Tal vez no sea esto definitivo, pero se generó un nuevo clima de transición.
 
Fue llamativo el silencio, tanto del gobernador como del vice, frente a la denuncia que involucró al padrino político de ambos. Las lealtades se miden en las malas porque en las buenas es fácil acompañar. Y Urribarri quedó más solo que loco malo, justo en el momento en que buena parte de la dirigencia nacional del PJ se encamina a la unidad.
 
La necesidad de candidatos para el 2019 con el sello "libre de denuncias", en un partido donde varios de sus referentes tuvieron o tienen que dar explicaciones en la Justicia, hoy es fundamental.
 
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