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Por Natalio R. Botana. Historiador y politólogo
“Si uno solo puede ser macrista o cristinista -si así son las cosas- estamos en el fondo del pozo y ni imaginamos la salida”. Julio Bárbaro
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Nacionales - 16-02-2017 / 17:02
RENEGOCIACIÓN POR LA DEUDA EN EL CORREO, UNA LUZ DE ALARMA EN EL GOBIERNO

En el macrismo temen que se instale que solo se adoptan medidas para favorecer a los más ricos

En el macrismo temen que se instale que solo se adoptan medidas para favorecer a los más ricos
A pesar que el Gobierno de Macri intenta justificar el acuerdo alcanzado con el papá del presidente, el escándalo confirmó lo que ya se sabe, que la familia Macri se ha enriquecido siempre con negociados como este a costilla del Estado y del dinero de todos los argentinos.
Una luz de alarma que se encendió en los últimos días en algunos despachos con poder real de la alianza Cambiemos: que el caso del Correo comience a golpear sobre la credibilidad del Presidente y que perfore en sectores que lo apoyaron -y que incluso siguen apoyándolo- más por descarte al resto del menú de candidatos que se ofrecía en 2015, que por convicción.
 
Se trata del sector del electorado más volátil que ha sabido ver a Macri con ojos prejuiciosos. "En algún punto Mauricio superó ese escollo pero por otro lado siempre vuelve la idea de que gobernamos para los ricos. Es un estigma que se reaviva cada tanto", afirma un funcionario.
 
En el macrismo temen que se instale la idea que se adoptan medidas para favorecer solo a los más ricos. Y que el caso golpee la credibilidad del Presidente.
 
La Opinión Popular

 
En el Gobierno respiraron ayer con cierto alivio cuando trascendió el comunicado de la Coalición Cívica con el sello inconfundible de Elisa Carrió. "Un tiro de Lilita en este momento hubiera sido difícil de esquivar", admitían anoche en el entorno presidencial.
 
Después de varias días de silencio y cavilaciones, Carrió desplegó un manto de piedad sobre la Casa Rosada por el controvertido acuerdo entre el Estado y el Correo Argentino. Avisó que ya se ocupará de los negocios del empresario Franco Macri, pero atribuyó al patrimonialismo corrupto instalado por los gobiernos de los Kirchner la no resolución de la deuda durante sus años en el poder.
 
No bastó, sin embargo, para despejar la luz de alarma que se encendió en los últimos días en algunos despachos con poder real de Cambiemos: que el caso comience a golpear sobre la credibilidad del Presidente y que perfore en sectores que lo apoyaron -y que incluso siguen apoyándolo- más por descarte al resto del menú de candidatos que se ofrecía en 2015 que por convicción.
 
Se trata del sector del electorado más volátil que ha sabido ver a Macri con ojos prejuiciosos. "En algún punto Mauricio superó ese escollo pero por otro lado siempre vuelve la idea de que gobernamos para los ricos. Es un estigma que se reaviva cada tanto", afirma un funcionario.
 
No hay encuestas que midan hasta ahora el impacto del acuerdo. Sí hay, en cambio, una primera impresión de varios analistas de opinión pública que cada tanto son consultados por hombres con despacho en la Casa Rosada.
 
Esa impresión revela que, si bien la población no está muy al tanto de qué se discute cuando se afirma que el Estado le condonó una buena porción de la deuda a la familia Macri, la situación de confusión y la embestida de la oposición en el Congreso acarrearía costos.
 
No sería como en otros flancos que ha dejado abierto el Ejecutivo. "Nadie conoce quién es Arribas, pero todo el mundo sabe quién es Franco Macri y este caso huele a que le están haciendo un favor al padre del Presidente", suponen quienes decodifican el pensamiento de la sociedad.
 
Mientras estudian los costos, en el equipo de comunicación del Gobierno decidieron estirar lo más posible la palabra del Presidente. Creen que es una forma de preservarlo. Marcos Peña, el jefe de Gabinete, reconoció ayer que hubo cierta "ingenuidad" para abordar el tema.
 
Pero para otros integrantes del Gabinete, no fue cómo se trató sino cómo se comunicó: nadie se explica, por ejemplo, por qué dijeron que el Presidente no estaba para nada enterado del acuerdo.
 
Por Santiago Fioriti
 
Fuente: Clarín
 

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26-03-2017 / 11:03
"La manifestación, que expresa demandas y a la vez afirma la identidad del grupo que las porta introduce una relación diferenciada con el tiempo de la política (...) intenta demostrar su fuerza para evitar la violencia." Del libro "La manifestación. Cuando la acción colectiva toma las calles."
 
Olivier Fillieule
Danielle Tartakowsky
 
El libro citado comienza recordando que la revista Time eligió como personaje del año 2011 "al manifestante". Es presumible que la  revista  autóctona Gente no imitará el ejemplo en 2017 porque sus criterios para los castings son diferentes.
 
De todos modos, la cita viene a cuento en este marzo vibrante, signado por cinco actos masivos en menos de veinte días, contando solo la Plaza de Mayo y sus inmediaciones.  Hubo muchas otras, entre frutazos y las conmemoraciones del 24 de marzo en todos los confines del país.
 
Las cifras son secundarias  y muy estimativas.  Millones de personas, en cualquier caso. Cada convocatoria tuvo su pliego de demandas, oradores o documentos vinculados a ellas, personalidad propia si se admite la expresión. No se recuerda una seguidilla de estas características desde la recuperación de la democracia.
 
Fuerza y no violencia, ese fue el signo que el potente aparato de propaganda oficialista intentó vanamente distorsionar. El espacio público se ocupó con respeto, una serena alegría. Los incidentes fueron mínimos, considerando la cantidad de gente congregada.
 
Los manifestantes salen en defensa propia. Es válido debatir sobre sus reclamos a condición de advertir que todos encuadran en la lógica institucional. Paritarias docentes, aumentos de salarios, cambios en la política económica, respeto a la igualdad de género, protección contra la violencia machista y siguen las firmas.
 
El gobierno del presidente Mauricio Macri ganó las elecciones y arrancó con la condigna legitimidad de origen que confiere cargos, espacios políticos... y responsabilidades. Lo que viene después, de cajón, no es apenas el "fin de la luna de miel" sino la medición popular de la legitimidad de ejercicio.
 
Con quince meses largos de gestión, el macrismo recoge día tras días los frutos de su propia siembra. Prima el descontento, extendido en el vasto espacio de las clases medias y populares.
26-03-2017 / 11:03
26-03-2017 / 10:03
El Gobierno de Mauricio Macri se encuentra empantanado entre la incapacidad para retomar la iniciativa y el desgaste que genera la durísima huelga de los maestros, mientras el kirchnerismo mostró 2 veces más -la Marcha de los Docentes y el 24/03- que tiene una mayor capacidad de movilización, organización y de encarnar el creciente odio antimacrista de una parte de la opinión pública, sobre todo, bonaerense.
 
La comunicación oficial no deja en claro cuál es el eje de la campaña que tendrá el macrismo en esta elección. ¿Hay que votar a "Cambiemos" para que no vuelva el kirchnerismo al poder o hay que votarlos porque están haciendo obras y cumpliendo promesas y anuncios realizados?
 
En realidad, hay varios grupos de votante de Cambiemos, sumando los que aportaron su voto en las PASO, la 1ra. vuelta + el balotaje: están los "PRO puros" + los aliados radicales + los seguidores de Elisa Carrió + grupos peronistas antikirchneristas + los antikirchneristas puros. Y, algunos de ellos, han comenzado a poner su duda repetir su voto. ¿Qué está haciendo el Gobierno para volver a seducirlos? Nada. Y esto es grave.
 
Quizás, quién más está haciendo para que el voto antikirchnerista vuelva a canalizarse a Cambiemos sea el propio kirchnerismo, que en las 5 grandes marchas que se organizaron en 2 semanas, aportaron las columnas más nutridas, tomaron el control de los actos y, en la de la CGT, coparon el escenario; superando a organizaciones de derechos humanos, sindicatos y partidos de izquierda. Sin duda, todo un éxito de organización, armado y obediencia de la estructura, sin contar con recursos necesarios para sostener todo lo necesario en una movilización.
 
Que el kircherismo sea hoy el colectivo social que tiene mayor capacidad de movilización del peronismo es también culpa del Gobierno. Desde el comienzo de la gestión del PRO, el plan fue polarizar con el kirchnerismo para eliminar a Sergio Massa del escenario electoral.
 
Si bien el ex intendente de Tigre viene "escapando" del desgaste que produce el choque entre el macrismo y el kirchnerismo gracias a sus viajes al exterior (ahora está en China); el efecto negativo que generó esta polarización es que no permitió que el peronismo se deskirchnerizara, tal como era de esperar luego de una derrota electoral tan contundente.
 
Hoy, no hay nadie en el peronismo que mida mejor en las encuestas que Cristina Fernández. Hoy, no hay nadie que tenga el poder de movilización que tiene La Cámpora. Hoy, no hay nadie en el peronismo que pueda articular alianzas tan amplias como el kirchnerismo. La duda resulta si todas esas ventajas se terminarán por confirmar en las urnas.
 
Los problemas pasan por las narices del Gobierno y el Gobierno no entiende por qué ocurren. Esto demuestra una desconexión con la realidad y una incapacidad notable para escuchar. La consecuencia, en política, son las derrotas electorales.

26-03-2017 / 09:03
26-03-2017 / 09:03
No se había completado la desconcentración de la multitud que protagonizó el miércoles pasado la denominada marcha federal educativa a Plaza de Mayo, cuando uno de los principales funcionarios de la Jefatura de Gabinete de la Nación manifestó lo que muchos creen en la Casa Rosada, incluido el presidente Mauricio Macri: "Estamos atravesando bien lo peor de la tempestad".
 
A esa hora, Marcos Peña seguía dándole una encendida batalla dialéctica a la oposición en la Cámara de Diputados, con su primer informe de gestión del año.
 
Para el Gobierno, esa tempestad desatada por la protesta social comenzará a amainar tras el paro general convocado por la CGT para el 6 de abril. Hasta entonces, las calles de Buenos Aires y otras ciudades del país se saturarán de gritos, quejas y banderas agitadas.
 
También de piquetes y cortes, que seguirán por ahora sin recibir sanciones efectivas porque los estrategas del oficialismo quieren evitar episodios de violencia. Sospechan que los sectores más duros de la oposición están esperando victimizarse ante cualquier atisbo de represión.
 
Informes de Inteligencia que circulan en los despachos del Gobierno aseguran que los grupos más extremos buscan que se produzca una muerte, para convertirla en símbolo de la lucha.
 
La historia tiene abundantes episodios de esas características que sirvieron para realimentar espirales de violencia. Macri reiteró su reclamo de una mayor firmeza para evitar el bloqueo de las vías de circulación, pero con la especial recomendación de evitar enfrentamientos entre manifestantes y fuerzas de seguridad.
 
Las masivas concentraciones del viernes, para recordar el 24 de marzo de 1976, día en que las Fuerzas Armadas se apoderaron del Estado para instaurar la última y brutal dictadura militar, también formaron parte de la tempestad que atraviesa el Gobierno.
 
Fueron claras y contundentes expresiones opositoras, ganadas por consignas partidarias como el "Vamos a volver" del kirchnerismo o las clásicas exigencias revolucionarias de la izquierda.

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