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Internacionales - 25-01-2017 / 18:01
EFEMÉRIDES POPULARES. EL 26/01/1952: SÁBADO NEGRO PARA EL COLONIALISMO BRITÁNICO EN EGIPTO

Manifestantes egipcios incendian negocios británicos y viviendas de clase alta

Manifestantes egipcios incendian negocios británicos y viviendas de clase alta
Incendio del Cine Rivoli. Los disturbios de 1952, donde 750 edificios en el centro de El Cairo se quemaron en respuesta a los asesinatos británicos de 50 policías egipcios. Fue un preludio de la revolución nacionalista egipcia de Abel Nasser, que comenzó apenas seis meses más tarde.
En 1952, Egipto estaba sumido en una grave crisis a todos los niveles: corrupción, desprestigio de la figura del rey, control absoluto por parte de los británicos y los franceses, miseria de la población, etc. El ejército también se encontraba convulsionado por la derrota frente a Israel en la Guerra árabe-israelí de 1948.
 
El 26 de enero de 1952, cinco meses antes de la revolución que terminó con la ocupación inglesa y el reinado de Faruk en Egipto, El Cairo ardió en llamas en lo que se recuerda como "el sábado negro".
 
El desencadenante de estos incidentes fue el asesinato de 50 policías egipcios a manos  de las tropas de ocupación británicas. Estas muertes provocaron las protestas anti-británicas, que se alzaron de forma organizada quemando y saqueando algunas zonas de El Cairo ante la ausencia de fuerzas de seguridad en la capital egipcia.
 
Una manifestación que comenzó pacíficamente se convirtió de repente en una "multitud inmensa que se abalanza en los distritos ricos, prendiendo fuego -como si fuera parte de un plan preestablecido- a todos los establecimientos que mostraban un cierto grado de lujo o sugerían de algún modo connivencia con el extranjero", recuerda una periodista egipcia cincuenta años después en el diario Al Ahram.
 
Los disturbios afectaron a alrededor de 750 edificios, entre ellos tiendas, cafeterías, hoteles, restaurantes y teatros propiedad de la clase alta egipcia y británicos asentados en El Cairo. Algunos de ellos fueron, además, tomados como rehenes en esta rebelión.
 
Por Carlos Morales

 
Como aquel sábado negro
 
El 26 de enero de 1952, cinco meses antes de la revolución que terminó con la ocupación inglesa y el reinado de Faruk en Egipto, El Cairo ardió en llamas en lo que se recuerda como "el sábado negro". Una manifestación que comenzó pacíficamente se convirtió de repente en una "multitud inmensa [que] se abalanza en los distritos ricos, prendiendo fuego -como si fuera parte de un plan preestablecido- a todos los establecimientos que mostraban un cierto grado de lujo o sugerían de algún modo connivencia con el extranjero", recuerda una periodista egipcia cincuenta años después en el diario Al Ahram.
 
Los sucesos vividos en estos días parecen actualizar esta sensación de ajenidad que permanece en el sentir egipcio y que expresa la frustración de la joven protagonista de una película egipcia de los años '90 cuando dice: "Este país no nos pertenece". Una frase que podría estar en boca de cualquier egipcio menor de 30 años, que ha nacido y vivido hasta este día bajo la opresión, decadencia y prepotencia de un régimen que hace mucho tiempo se ha olvidado de su pueblo.
 
La política y la economía egipcia han respondido históricamente -desde la construcción del canal de Suez hasta la venta de gas a Israel, que dejó al país desabastecido- a intereses foráneos. Los altísimos niveles de corrupción hacen que la economía doméstica esté basada en un sistema de "propinas" que convierte a la mayoría de la población en mendigos. Esto se refleja también en la construcción de la identidad nacional y de clase. Al ser el principal ingreso el turismo, se ha sobredimensionado el status del "extranjero", diferenciándolo del indeseado "inmigrante" (sudanés, somalí, palestino).
 
Renovar un visado "turista" por 6 meses en Egipto cuesta 3 libras y media (unos 2 pesos) y uno puede quedarse años en el país con ese visado. Los extranjeros en Egipto gozamos de más privilegios y derechos que los egipcios que, saben, no tienen derecho a nada. Por ello los jóvenes egipcios buscan casarse con extranjeros para adoptar otra nacionalidad y con ello ascender en la escala social. Por eso el árabe que hablan está minado de palabras en inglés. Por eso no pueden entender a los que decidimos -y disfrutamos- vivir allí.
 
Por aquellos caprichos que tiene el destino, me ha tocado estar aquí en Argentina y no allí -donde vivo hace casi 4 años- y ver por televisión lo que mis amigos y compañeros están presenciando con incertidumbre, temor y esperanza. Mientras escribo estas líneas miles de egipcios luchan sin descanso por vivir en un país libre y ser dueños de sus destinos. Con las manos llenas de piedras y sueños resisten ahora mismo en la plaza de la liberación. Como aquel "sábado negro" y como siempre que un pueblo se determina a luchar y recuperar lo que le han arrebatado: la dignidad.
 
Por Carolina Bracco. Politóloga (UBA), Master en Cultura Arabe (Universidad de Granada). Actualmente reside en El Cairo, donde realiza su tesis de doctorado sobre cinematografía egipcia.
 
Fuente: Página12
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Manifestantes egipcios incendian negocios británicos y viviendas de clase alta
Los disturbios de El Cairo - 1952.
12-04-2026 / 19:04
La estrepitosa caída de Viktor Orbán en Hungría no es solo un traspié electoral en el Viejo Continente; es el colapso del espejo donde Javier Milei proyectaba su fantasía de un régimen de excepción y ajuste perpetuo. Al quedarse sin su principal bastión en Europa, el proyecto libertario en Argentina tiene un traspié geopolítico, desnudando que la mística de las "fuerzas del cielo" carece de sustento cuando la realidad del bolsillo y el hartazgo social desintegran el marketing del odio.

 
El desmoronamiento del régimen de Orbán se tradujo en cifras que marcaron un giro copernicano en la política húngara: el partido opositor Tisza, liderado por Péter Magyar, alcanzó un contundente 46% de los votos, superando por más de diez puntos al oficialista Fidesz, que se hundió en un 35%, su peor desempeño en casi dos décadas. Esta brecha de 11 puntos no solo despojó a Orbán de su mayoría especial en el Parlamento, sino que sepultó la imagen de invencibilidad del modelo conservador, demostrando que el descontento social acumulado fue capaz de perforar un aparato estatal diseñado para la perpetuidad.


 
Este quiebre del eje derechista internacional funciona como una sentencia anticipada para quienes pretenden gobernar contra las mayorías: la derrota de Orbán demuestra que no hay blindaje mediático ni persecución política que logre frenar la voluntad popular cuando el autoritarismo se convierte en hambre. En la Casa Rosada, el impacto se siente. Orbán es uno de los principales referentes ideologicos de las nuevas derechas del siglo XXI, uno de los primeros y mas acabados exponentes. El miedo a que el "efecto Budapest" cruce el Atlántico y se expanda a latinoamerica ha dejado de ser una especulación de la oposición para transformarse en el fantasma que hoy recorre los pasillos de un gobierno que empieza a oler su propio fin de ciclo.

03-03-2026 / 18:03
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02-03-2026 / 19:03
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