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Internacionales - 09-01-2017 / 20:01
EFEMÉRIDES POPULARES

En El Salvador comienza la guerra civil con la ofensiva del Frente Farabundo Martí para la Liberación Nacional

En El Salvador comienza la guerra civil con la ofensiva del Frente Farabundo Martí para la Liberación Nacional
Fuerzas insurgentes del Frente Farabundo Martí para la Liberación Nacional (FMLN).
En El Salvador, el 10 de enero de 1981, comienza la guerra civil, el conflicto bélico interno ocurrido en el país centroamericano, en el que se enfrentaron el ejército gubernamental -la Fuerza Armada de El Salvador, (FAES)- en contra de las fuerzas insurgentes del Frente Farabundo Martí para la Liberación Nacional (FMLN).
 
La Ofensiva fue liderada por el FMLN y sus tropas guerrilleras, mientras la insurrección fue organizada por fuerzas populares provenientes de la Coordinadora Revolucionaria de Masas (CRM).
 
La insurrección llevaba la plataforma programática del Gobierno Democrático Revolucionario (GDR) en el cual se establecía no sólo derrocar a la dictadura neofascista sino establecer un gobierno socialista-revolucionario.
 
El conflicto armado nunca fue declarado en forma oficial, pero se considera usualmente que se desarrolló entre 1980 y 1992, aunque el país vivió un ambiente de crisis política y social durante la década de 1970.
 
El número de víctimas de esta confrontación armada ha sido calculado en 75 000 muertos y desaparecidos. El conflicto armado concluyó, luego de un proceso de diálogo entre las partes, con la firma de un acuerdo de paz, que permitió la desmovilización de las fuerzas guerrilleras y su incorporación a la vida política del país.
 
La Opinión Popular

El 10 de enero de 1981 fuerzas guerrilleras del FMLN lanzaron la llamada "Ofensiva Final". El evento no fue final ni fue ofensiva únicamente, sino un híbrido de ofensiva militar e insurrección.
 
La Ofensiva fue liderada por el FMLN y sus tropas guerrilleras, mientras la insurrección fue organizada por fuerzas populares provenientes de la Coordinadora Revolucionaria de Masas (CRM).
 
La insurrección llevaba la plataforma programática del Gobierno Democrático Revolucionario (GDR) en el cual se establecía no sólo derrocar a la dictadura neofascista sino establecer un gobierno de corte socialista-revolucionario.
 
La Ofensiva de 1981 se llevó a cabo en ciudades principales del país como Santa Ana, Sonsonate, el Gran San Salvador, Santa Tecla, San Vicente, Usulután, San Miguel, y secundarias del país como Metapán, Chalatenango, Ciudad Arce, Sensuntepeque y Zacatecoluca.
 
La derrota de la insurrección fue atribuida a la inmadurez y a la insuficiente experiencia en cuestiones militares prevaleciente en las fuerzas revolucionarias.
 
Un ejemplo de esta observación fue el levantamiento al interior del cuartel de la Segunda Brigada de Infantería en Santa Ana dirigido por el Capitán Francisco Mena Sandoval, quien logró el apoyo de una compañía completa, pero luego se declararon en retirada al verse copados.
 
Este episodio es particularmente trágico debido a que Sandoval y su compañía sublevada fueron perseguidos y acorralados a la altura del Cantón Cutumay Camones, un lugar ubicado al norte de Santa Ana. Como resultado del acorralamiento murieron 97 combatientes. Jorge sobrevivió la cruenta batalla para integrarse al ERP.
 
Un ejemplo de la combinación de fuerzas populares y revolucionarias es la ocurrida en Chalatenango donde las fuerzas populares contaban con alrededor de 300 personas mientras que la tropa del FMLN consistía más o menos en 200. Esa fue la fuerza popular-revolucionaria que condujo la insurrección en Chalatenango: 500 personas.
 
Fuente: Wikipedia

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11-12-2017 / 20:12
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08-12-2017 / 17:12
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La Batalla de Ayacucho fue el último gran enfrentamiento dentro de las campañas terrestres de las guerras de independencia hispanoamericanas (1809-1826) y significó el final definitivo del dominio colonial español en América del sur. La batalla se desarrolló en la Pampa de Quinua o Ayacucho, Perú, el 09 de diciembre de 1824. Alrededor de 80 valientes Granaderos argentinos (los últimos de los 4.000 que cruzaron los Andes con José de San Martín) participaron en la victoria, junto a combatientes colombianos, venezolanos, peruanos y chilenos. 
 
El general venezolano Antonio José de Sucre, a los 29 años, fue el protagonista central de la batalla, al mando de las fuerzas patrióticas, que acometieron directamente a la masa desorganizada de tropas colonialistas que, sin poder formar para la batalla, descendía en hileras de las montañas. Lo acompaña el intrépido general colombiano José María Córdoba, de 25 años, que alzando su sombrero blanco de jipijapa en la punta de su espada, entusiasma a sus hombres lanzándose al combate con el grito: "¡División! ¡De frente! ¡Armas a discreción y paso de vencedores".

La frase lanzada por el general Jacinto Lara al iniciar el combate es menos homérica pero más criolla. Los hombres de Lara eran hijos de los llanos venezolanos y "gente cruda". Su general les dirigió antes de la batalla la siguiente arenga: "¡Zambos del carajo! ¡Al frente están los godos puñeteros! El que manda la batalla es Antonio José de Sucre, que como  ustedes saben, no es ningún cabrón. Conque así, apretarse los cojones y ... ¡a ellos!".
 
Las fuerzas patriotas sumaban 5.780 hombres y los realistas, 9.310 soldados. La victoria americana fue completa. Cayeron prisioneros el virrey José de la Serna con todos sus generales, empezando por José de Canterac y Jerónimo Valdés, con más de 600 oficiales y dos mil hombres de tropa. Más de dos mil muertos (307 patriotas y 1800 realistas) quedaron sobre el campo de Ayacucho donde concluía el poder colonial español en América.

La victoria de los revolucionarios independentistas supuso la desaparición del contingente militar realista español más importante que seguía en pie, sellando la independencia peruana con una capitulación militar que puso fin al Virreinato del Perú. Terminaron así estas guerras de liberación en todo un continente, que había comenzado medio siglo atrás, cuando los yanquis iniciaron las hostilidades contra los ingleses el 19 de abril de 1775.

 
Presencia indestructible de Eva Perón 
Por Blas García

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