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Internacionales - 05-09-2016 / 09:09
EFEMÉRIDES POPULARES. 80 ANIVERSARIO

En el marco de la Guerra Civil, asume el obrero Largo Caballero como presidente de España

En el marco de la Guerra Civil, asume el obrero Largo Caballero como presidente de España
Al estallar la Guerra Civil Española, Largo Caballero visita el frente de batalla.
Francisco Largo Caballero fue un obrero, sindicalista y político marxista español, histórico dirigente del Partido Socialista Obrero Español (PSOE) y la Unión General de Trabajadores (UGT). Durante la Segunda República Española fue ministro de Trabajo (1931-1933) durante su primer bienio, y presidente del Gobierno (1936-1937) ya durante la Guerra Civil.
 
Largo Caballero tenía unos orígenes familiares muy humildes. Luego de trabajar desde pequeño logró aprender el oficio de estuquista en el gremio de la construcción. Fue el único Presidente Obrero del Estado Español.
 
El día 4 de setiembre de 1936, Largo Caballero asumió la Presidencia de la Nación en medio de momentos convulsos provocados por el golpe fascista de los generales de Francisco Franco y la revolución obrera que lo enfrentó con gran valentía.
 
Largo Caballero fue la figura que podía cambiar la situación de la República. Un líder respetado por las masas populares. Un líder que encabezaba el ala izquierda del PSOE, que tantos militantes obreros nuevos había sumado en los últimos dos años. La República necesitaba de un líder fuerte para imponer su autoridad sobre la sociedad. Ese líder fue Largo Caballero.
 
El Gobierno de Largo Caballero fue una coalición de la cual formaban parte algunos partidos republicanos, el Partido Comunista y, por supuesto, el Partido Socialista. A la misma se sumaron dos meses después las anarquistas CNT y FAI. Lamentablemente no pudo revertir el curso de la guerra y el primer y único presidente obrero de la historia en el Estado español acabó su gobierno en mayo de 1937.
 
La Opinión Popular

Al estallar la Guerra Civil Española el 18 de julio de 1936, Largo asume el protagonismo entre los líderes del PSOE y lucha por mantener la cohesión dentro del movimiento socialista.
 
Convencido de que la unidad de criterios dentro de los partidos de izquierda era fundamental para detener a los sublevados franquistas, Largo Caballero trata de evitar disensiones dentro del bando republicano y busca la colaboración mutua del PSOE con el PCE y el POUM, tratando en vano que ambos grupos eliminaran sus diferencias.
 
Tras el derrumbe del gobierno Giral, el 4 de septiembre de 1936, ya en plena Guerra Civil, Largo fue designado jefe del gobierno, siendo el primer obrero que desempeñó esta magistratura en España. Se reservó, además el esencial Ministerio de la Guerra, reconstruyendo en parte el Estado integrando las milicias obreras socialistas, comunistas y anarquistas en las brigadas mixtas.
 
Largo Caballero trata de eliminar el voluntarismo y discrecionalidad de las milicias apenas asume el mando gubernamental, y cuenta para ello como instrumento, al principio, con el apoyo de la Unión Soviética y del PCE estalinista.
 
Incluso con Stalin se cruza una carta en la que el dictador soviético le aconseja que «cuide mucho la fachada burguesa de la República parlamentaria», en especial la facción del presidente Manuel Azaña, pero Largo Caballero le responde que el Parlamento goza de un «predicamento escaso entre nosotros».
 
Su gran preocupación, aparte del curso de la contienda, es intentar mantener la disciplina en el recién organizado ejército y sostener la autoridad del gobierno central dentro de la zona republicana a cualquier precio, juzgando que sin unas tropas disciplinadas y militarizadas sería imposible para la República derrotar al bando sublevado.
 
No obstante, Largo Caballero empieza a mostrar descontento por los esfuerzos del PCE de imponer militantes comunistas en puestos claves de la administración, y rechaza presiones de los asesores militares soviéticos para que se aceptaran las demandas del PCE, lo cual hace que el gobierno de la URSS empiece a desaprobar la autoridad de Largo.
 
Asimismo, surge el descontento en la zona republicana por la caída de Málaga en poder de los franquistas (febrero de 1937), y los éxitos de la ofensiva de los nacionales en Vizcaya (abril de 1937), fracasos explotados por los adversarios de Largo: el PCE y el ala del PSOE leal a su rival Indalecio Prieto.
 
Las Jornadas de mayo de 1937, desencadenadas en Barcelona al intentar tomar la policía el edificio de la Telefónica, bajo control de la CNT, producen un enfrentamiento entre el PSUC, por una parte, y la CNT y el POUM, por otra. Largo Caballero se niega a firmar la ilegalización del POUM frente a presiones soviéticas.
 
Las derrotas bélicas y el rechazo de Largo de perseguir al POUM, son utilizados por los socialistas leales a Indalecio Prieto, los comunistas del PCE, y los republicanos de izquierdas con el pleno consentimiento de Manuel Azaña como pretexto para provocar una crisis gubernamental y forzar la dimisión de Largo, siendo sustituido al frente del gobierno por Juan Negrín, también socialista.
 
El resto de la guerra Largo Caballero protestará por el aumento de la influencia comunista en el gobierno republicano, pero se ve impotente para impedirlo al quedar relegado de toda autoridad, inclusive dentro del PSOE, por lo que se negó a asistir a las sesiones de Cortes que se celebraron a su caída, durante el gobierno de su compañero Juan Negrín.
 
Fuente: Wikipedia

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12-04-2026 / 19:04
La estrepitosa caída de Viktor Orbán en Hungría no es solo un traspié electoral en el Viejo Continente; es el colapso del espejo donde Javier Milei proyectaba su fantasía de un régimen de excepción y ajuste perpetuo. Al quedarse sin su principal bastión en Europa, el proyecto libertario en Argentina tiene un traspié geopolítico, desnudando que la mística de las "fuerzas del cielo" carece de sustento cuando la realidad del bolsillo y el hartazgo social desintegran el marketing del odio.

 
El desmoronamiento del régimen de Orbán se tradujo en cifras que marcaron un giro copernicano en la política húngara: el partido opositor Tisza, liderado por Péter Magyar, alcanzó un contundente 46% de los votos, superando por más de diez puntos al oficialista Fidesz, que se hundió en un 35%, su peor desempeño en casi dos décadas. Esta brecha de 11 puntos no solo despojó a Orbán de su mayoría especial en el Parlamento, sino que sepultó la imagen de invencibilidad del modelo conservador, demostrando que el descontento social acumulado fue capaz de perforar un aparato estatal diseñado para la perpetuidad.


 
Este quiebre del eje derechista internacional funciona como una sentencia anticipada para quienes pretenden gobernar contra las mayorías: la derrota de Orbán demuestra que no hay blindaje mediático ni persecución política que logre frenar la voluntad popular cuando el autoritarismo se convierte en hambre. En la Casa Rosada, el impacto se siente. Orbán es uno de los principales referentes ideologicos de las nuevas derechas del siglo XXI, uno de los primeros y mas acabados exponentes. El miedo a que el "efecto Budapest" cruce el Atlántico y se expanda a latinoamerica ha dejado de ser una especulación de la oposición para transformarse en el fantasma que hoy recorre los pasillos de un gobierno que empieza a oler su propio fin de ciclo.

03-03-2026 / 18:03
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02-03-2026 / 19:03
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