La Opinión Popular
                  19:21  |  Lunes 01 de Junio de 2013  |  Entre Ríos
El clima en Paraná
“La pandemia nos demostró que vivimos en un país injusto y que la calidad de vida incide fuertemente en el riesgo de contagio”. Alberto Fernández
Recomendar Imprimir
Nacionales - 14-03-2013 / 08:03
EL SALUDO DE LA PRESIDENTA AL NUEVO PONTÍFICE FUE FRÍO Y DISTANTE

Militantes K silbaron al nuevo Papa y Cristina lo emplazó a luchar contra las potencias del mundo

Militantes K silbaron al nuevo Papa y Cristina lo emplazó a luchar contra las potencias del mundo
La Presidenta no pudo con su genio y dejó bien en claro lo incómodo que le resulta el nombramiento del Arzobispo de Buenos Aires, con el que mantiene hace años un duro enfrentamiento, como Sumo Pontífice. Mientras que el PJ es una fuerza política muy vinculada al catolicismo, y Bergoglio simpatizó siempre con el peronismo e inclusive militó en la ex Guardia de Hierro, el cristinismo no peronista se opone a Bergoglio y lo acusan de una supuesta complacencia o complicidad con la represión militar. Pero, en verdad, lo hacen porque Bergoglio discrepa con los objetivos del Frente para la Victoria en diversos temas. Como todos saben, los ultra K no aceptan críticos y mucho menos opositores. Arriba: Cristina con Bergoglio. Abajo: La algarabía se adueñó ayer de la Plaza San Pedro -a la izquierda- y de la Catedral Metropolitana de Buenos Aires -a la derecha-.
La Presidenta no pudo con su genio y en su primera aparición pública luego que se conociera la designación de Jorge Bergoglio como Papa, dejó bien en claro lo incómodo que le resulta el nombramiento del Arzobispo de Buenos Aires con el que mantiene hace años un duro enfrentamiento.
 
Mientras se destaca la alegría de un mundo que recibió a Francisco, la carta que le envió la Presidenta al jesuita argentino fue fría y formal, transmitiendo la imagen de una Casa Rosada sombría y amargada por la designación de un Pontífice que se encuentra distanciado del oficialismo gobernante.
 
La noticia no pudo caer peor en Olivos ya que consideran a Bergoglio como un opositor. Según fuentes oficiales de la Quinta de Olivos, la mandataria nacional no puedo disimular, atónita, su malestar y sorpresa por la elección papal, y reaccionó recién dos horas después con una carta fría, escueta y distante.
 
En el acto que ayer encabezó Cristina en Tecnópolis, donde presentó nuevos planes para los trabajadores de cooperativas, avanzó 40 minutos sin ninguna referencia para la noticia que sacudió el mundo. Y la Presidenta mencionó al Papa Francisco hacia el final de su discurso, entre silbidos y abucheos de la militancia cristinista y tibios aplausos de los beneficiarios del plan. Nadie, entre los muchos funcionarios K presentes, se molestó en acallar los chiflidos de los "militontos" hacia Su Santidad.
 
La Jefa de Estado, en un mensaje insólitamente protocolar y distante, no quiso mencionar a Bergoglio por su nombre, y eludiendo su condición de argentino, en el pasaje más político de su discurso, emplazó al Sumo Pontífice a que tenga una labor "significante para la región" y a luchar contra las potencias del mundo, en lo que consideraría una referencia para la disputa diplomática entre la Argentina y Gran Bretaña por la soberanía de las Islas Malvinas.
 
La indiferencia de Cristina se evidenció también en la transmisión poco relevante que realizó la Televisión Pública mientras un argentino, y para colmo peronista, se convertía en el primer Papa Latinoamericano y máxima autoridad mundial de la Iglesia Católica. Mientras todo esto sucedía y las repercusiones mundiales no paraban frente al acontecimiento la televisión estatal decidió transmitir programación infantil Paka Paka.
 
La Opinión Popular

BERGOGLIO, PAPA / LA REACCIÓN DEL GOBIERNO ARGENTINO
 
Con frialdad, la Presidenta le pidió que tenga una labor "significante para la región"
     
Los silbidos resonaron en la gigantesca carpa. De pronto, el clima se tensó y en segundos el público pasó de la algarabía a los abucheos cuando Cristina Kirchner decidió al final de su discurso dedicarle tres párrafos al nuevo papa. Dijo que era un día histórico, eligió sólo nombrarlo como "Francisco I" y destacó de él que sea un representante de América latina.
 
Sin festejos, la Presidenta optó por los buenos deseos. Si durante toda la tarde se había mostrado contenta, apenas comenzó a hablar de Jorge Bergoglio su rostro se llenó de tensión. Los gritos bajaban desde las gradas circulares en uno de los espacios de la feria Tecnópolis, en una visible señal de desaprobación cuando la jefa del Estado tocó el tema. La Presidenta apenas levantó la mano, pero no pidió silencio.
 
"Por primera vez en la historia de la Iglesia va a haber un papa que pertenece a Latinoamérica", fue la primera reflexión que hizo Cristina durante el acto en el que puso en marcha nuevos beneficios para los cooperativistas sociales, en su primera aparición pública tras la noticia que conmovió al país.
 
En 2259 palabras de un total de 10.582 que pronunció, nunca se refirió al nuevo papa como Bergoglio ni le reconoció su condición de argentino, en una muestra más de la nula relación de la Casa Rosada con el ahora sumo pontífice. "Deseamos de corazón a Francisco I que pueda lograr mayor grado de confraternidad entre los pueblos, entre las religiones; que esa opción por el nombre de Francisco, que creo que es por San Francisco de Asís, la opción de los pobres, sea realmente la opción que puedan hacer las altas jerarquías", pidió Cristina.
 
En tono frío, la Presidenta recalcó que "de verdad" deseaba una mirada de la Iglesia a los más humildes, y enseguida lanzó la frase que entonces sí despertó los aplausos. "Éste es un gobierno que ha estado siempre optando por los que menos tienen y eso es lo que muchos no nos han perdonado." El público se puso de pie.
 
El sacudón que generó en la Casa Rosada la elección de Bergoglio como nuevo papa se plasmó en las palabras de Cristina. La tarde fría acompañaba el clima del Gobierno ante la noticia menos esperada en la quinta de Olivos. A medida que iban llegando, ministros, gobernadores e intendentes se iban refugiando en una sala VIP, sin hablar, a la espera de las palabras presidenciales que fijaran la postura oficial.
 
El único habilitado por la jefa del Estado fue el vocero presidencial, Alfredo Scoccimarro, que anunció que Cristina participará de la ceremonia de asunción de Bergoglio, la semana próxima, en un primer gesto de retomar la relación perdida.
 
La Presidenta delineó desde el escenario los ejes de lo que espera del papa argentino. "Esperemos que realmente sea una labor significante para nuestra región, para que también lleve el mensaje a las grandes potencias del mundo para que dialoguen", propuso.
 
Sin referencias a las condiciones del nuevo papa, abundó: "Queremos que el diálogo que tanto pregonan desde todas partes lo hagan efectivo y puedan convencer a los poderosos del mundo, a esos que tienen armamento, a esos que tienen poder financiero, que finalmente dirijan una mirada hacia sus propias sociedades, hacia los pueblos emergentes y que promuevan un diálogo de civilizaciones, donde ninguna cuestión se resuelva por la fuerza, sino que se resuelva por los canales diplomáticos".
 
Una hora después del histórico momento en el que se anunció la llegada de Bergoglio al Vaticano, la Presidenta emitió una carta de felicitación. En apenas dos párrafos despojados de adjetivos a la figura del nuevo papa, Cristina le deseó una "fructífera tarea pastoral en pos de la justicia, la igualdad, la fraternidad y la paz de la humanidad".
 
Desde la renuncia de Benedicto XVI, el Gobierno se había mostrado escéptico ante la posibilidad de la llegada de los dos argentinos papables a la Santa Sede y bregaba, en todo caso, para que el elegido resultara Leonardo Sandri, a quien Cristina había recibido en diciembre pasado.
 
Sumidos en el estupor, las reacciones tras la designación de Bergoglio tardaron en llegar. En el mismo momento en el que la expectativa estaba puesta en el fin del cónclave y el misterio por el nuevo papa, la jefa del Estado emprendía una catarata de mensajes en Twitter con sus anuncios de obras del día anterior. En el acto de ayer repitió el gesto. Primero presentó el nuevo plan para que las mujeres accedan al programa Argentina Trabaja, recordó al presidente venezolano Hugo Chávez, defendió el uso de la cadena nacional y recién después, sobre el final, se refirió a Bergoglio.
 
"Todos mis deseos de buenaventura y de buena misión y de muy buena misión pastoral para todos los habitantes del mundo", fueron sus últimas palabras.
 
Una vez sentada la posición oficial, a partir de ahora, el Gobierno intentará dar vuelta la página de la mala relación con el hasta ayer cardenal y buscará explotar la imagen argentina en el mundo. "Más allá de cómo nos llevamos en el pasado con Bergoglio, esto es histórico y muy importante para el país y lo vamos a aprovechar", se esperanzaba ante LA NACION un funcionario que llegó con la Presidenta y que reiteraba que la jefa del Estado estará en la ceremonia de asunción.
 
Por Mariana Verón 
 
Fuente: LA NACION

Agreganos como amigo a Facebook
01-06-2020 / 10:06
Sectores macristas gurkas no pudieron resistir la tentación de aprovechar el descontento por la prolongada cuarentena para ejercitar el carancheo político, para el cual prestaron colaboración "famosos" de reconocidas simpatías con el macrismo que recorrieron todos los estudios de televisión de Buenos Aires para denunciar que no los dejaban salir de sus casas y que las medidas sanitarias adoptadas por el Gobierno estaban relacionadas de alguna manera al comunismo.
 
Maximiliano Guerra, Susana Giménez y Juan José Sebreli, entre otros, prestaron sus voces a una campaña mediática que derivó luego en una declaración firmada por unas 300 personas, la inmensa mayoría de las cuales participó o respaldó el gobierno de Mauricio Macri. El documento dejó como "aporte" a la lengua castellana el neologismo "infectadura" que fue usado para intentar describir la situación actual del país.
 
En respuesta, más de 11 mil científicos, intelectuales y académicos impugnó la carta de la "infectadura" difundida días atrás y dio a conocer su apoyo a las medidas de aislamiento. Señalan en ella que convivir con covid-19 en Argentina será un proceso largo que requerirá de esfuerzos permanentes por parte de todas y todos, y de la aplicación de estrategias inteligentes y cambiantes.
 
Esto es opuesto al mensaje equivocadamente pregonado de 'sentarse a esperar que pase el pico', como si fuese un fenómeno climático ante el cual nada puede hacerse, un discurso simplista que no se hace cargo del problema y que sólo puede tener consecuencias graves e irreparables. 
 

31-05-2020 / 11:05
La fatiga colectiva es la brecha de oportunidad que trata de exacerbar la derecha macrista anti cuarentena. La prolongación del aislamiento la favorece. Grupos de indignados macristas acuden a Plaza de Mayo, insultan al presidente Alberto Fernández. Olvidan al Jefe de Gobierno Horacio Rodríguez Larreta quien decretó el cierre de numerosos comercios, retractando lo decidido dos semanas antes.
 
Los porteños macristas rabiosos complican a su principal figura política, le sacarían canas verdes si tal prodigio fuera posible. Pero, en 21 provincias se habilitan fábricas, negocios, renacen la vida social, las comidas familiares, se puede pasear y hasta correr. A los anti cuarentena les falta un panóptico federal.
 
La derecha busca debilitar al Gobierno, erosionar la alta legitimidad de ejercicio del presidente Alberto Fernández. Un mandatario que no está solo. Los estados: nacional, provinciales y municipales tratan de conciliar el cuidado de la salud con la rehabilitación de la economía.
 
Las organizaciones sociales, sectores de distintas iglesias, trabajadores de la educación y salud se arriesgan para atender a los más necesitados. Se hace de modo dispar, con gestiones a veces discutibles. El esfuerzo y la dedicación son innegables: están donde se los precisa.
 
La derecha real, el establishment, percibe una amenaza a sus privilegios, la perspectiva de que aminore la desigualdad. Embiste, de variadas maneras.
 
A los que gritan en Plaza de Mayo se les otorga excesiva centralidad. Son extras, la claque. Un epifenómeno de la ofensiva de poderes reales, serios y temibles, que defienden bienes concretos. Las grandes fortunas, la oscuridad sobre sus bienes y sus manejos, la explotación, los privilegios, la evasión. La impunidad.


Sus seguidores emiten discursos con ruido y furia. Se desgañitan, se declaran presos en sets de televisión, usan altavoces que les facilitan los grandes medios dominantes porteños. La Vulgata derechosa anuncia muertes, quizás las desea.
 

31-05-2020 / 09:05
La toma de decisiones en función del conocimiento científico -con todas las limitaciones que tiene este último- es un logro y no una concesión de la democracia. No significa transformarla en una "infectadura" sino enriquecerla con bases más sólidas y racionales.
 
En los países de Trump y Bolsonaro se humilla a los científicos. Es difícil entender para un demócrata cuando, en nombre de la democracia, se coquetea con esas alternativas. Pero las diferencias con los Estados Unidos no terminan allí. La posición de Donald Trump acentuó las ya extremas diferencias entre el Presidente y la oposición, que fue agredida sistemáticamente por él.
 
Los demócratas y los científicos pasaron a formar parte de un "complot comunista" para desplazarlo del poder. En los momentos de mayor tensión Trump amenazó incluso con cerrar el Congreso. Casi idéntica situación se vive en Brasil.
 
Nada de eso ocurrió en la Argentina. Al contrario, aquí se transformó en algo habitual que Alberto Fernández, Horacio Rodriguez Larreta y Axel Kicillof, coordinen y discutan políticas, y las presenten conjuntamente ante la sociedad, en sucesivas conferencias de prensa, donde nadie se queda sin preguntar, un método que era una de las deudas de la democracia argentina.
 
Fernández se ha sacado fotos amigables con Gerardo Morales, un enemigo del sector dominante de su Gobierno, intercambiado saludos de codo con Jorge Macri, poseedor de un apellido muy emblemático. La idea antidemocrática según la cual quien pertenece a otro espacio es un enemigo despreciable fue abandonada, al menos mientras dure la pandemia.
 
Aunque la democracia exista plenamente, la peligrosa prédica de quienes creen que se transformó en una "infectadura" puede crecer en tiempos tan duros y debilitarla en lo político, en lo económico y en lo sanitario.
 

30-05-2020 / 10:05
Llama la atención que los grandes medios macristas porteños: TN, Clarín e Infobae, se preocupen tanto por la salud mental de la población, en tanto no se opusieron, durante la gestión de Cambiemos, a la falta de inversión en el sistema de salud, que llegó hasta el desmantelamiento del Ministerio de Salud por parte del ex presidente Mauricio Macri, desprotegiendo física y psíquicamente a las grandes mayorías sociales.
 
A partir de la pandemia la vida se volvió extraña; de un día para otro nos convertimos en protagonistas de una distopía. El aislamiento, la reclusión en las casas, la suspensión casi total de las actividades, la desorganización de la vida, la pérdida económica, el miedo al contagio y a la muerte, se volvieron moneda corriente.
 
No es necesario ser psicólogo o psicoanalista para reconocer que en la cuarentena se vivencian una amplia gama de sensaciones y afectos displacenteros que implican padecimiento para el aparato psíquico; pero no se trata de una angustia generada por el aislamiento mismo, sino por aquello que lo motiva, el coronavirus.
 
En la Argentina, el aislamiento se produjo con planificación y prevención cuando la epidemia no estaba desencadenada. La estrategia del gobierno de Alberto Fernández consistió en organizar la comunidad, poniendo el Estado al servicio de la salud y la contención pueblo.
 
En la urgencia, se entendió que el otro no es ni enemigo ni el culpable, sino el prójimo. Que la suerte y el cuidado de él también es el nuestro, ya que es imposible salvarse sólo. Que el aislamiento nada tiene que ver con el individualismo neoliberal, en el que cada uno, indiferente al prójimo, se enfrasca en el "sálvese quien pueda", mientras se mira el ombligo.
 
Se configuró en el país un aislamiento que no fue exclusión, sino un acto de cuidado de cada uno y de la comunidad, porque la solidaridad no es caridad, sino la base de lo colectivo. Una acción política democrática de intentar frenar la muerte, no sólo para la élite, sino para todos.
 
Los países gobernados por la lógica del "mercado", EE.UU., Brasil, Reino Unido, Chile, Italia y España, basada en las ganancias de las empresas por la reducción de los costos, dejaron al cuerpo social amenazado por la enfermedad y la muerte. Esos países no cuidaron a su gente, la dejaron a la intemperie, en angustiosa indefensión y expuesta a la agonía.
 

30-05-2020 / 07:05
Susana Giménez, Maximiliano Guerra, Oscar Martínez, Juan José Sebreli son algunos de los nombres que alimentan la inverosímil ofensiva opositora contra las medidas sanitarias del Gobierno. Para hacerlo ignoran elementos centrales de la realidad actual y aquella que los convocaba durante el gobierno de Macri.
 
La empleada doméstica de una casa de Retiro cuya empleadora había regresado de Alemania, vive en la villa Mugica, en una habitación con su marido y sus padres y comparte el baño con otras 13 personas. Ella fue la primera contagiada por el virus en la villa. Y su madre, Toribia Balbuena, de 84 años, la primera víctima fatal.
 
Fue a principios de mayo cuando el gobierno de CABA no había aplicado un protocolo de cuarentena real en la villa. Otras tres muertes por la epidemia en la villa fueron dirigentes sociales que sostenían comedores populares, los tres, menores de 60 años.
 
Hay una campaña mediática de macristas famosos, como Maximiliano Guerra, Susana Giménez y Juan José Sebreli contra la cuarentena. Se sumaron así al actor Oscar Martínez que afirmó que amigos suyos mayores de 70 años se habían auto contagiado el virus para inmunizarse.
 
Estos personajes tendrían que explicarle sus argumentos contra la cuarentena a la señora Balbuena, a Ramona Medina, a Víctor Giracoy, a Agustín Navarro y a otros centenares de personas. Pero no podrán hacerlo porque estas personas murieron contagiadas por el virus.
 
Martínez tendría que demostrar que su anécdota no fue simple mala fe y que realmente cree tanto en esa afirmación que está dispuesto a cumplirla. Sebreli proclamó con indignación que un policía no lo dejó pasear por una plaza. La próxima vez que vaya a una plaza por favor que se saque una fotografía. No le vamos a creer hasta verlo.
 
Sebreli no habló de la villa Mugica, que está en la CABA, sino de la Villa Azul, que está en Quilmes y fue abandonada a su suerte por la gestión anterior del intendente macrista Martiniano Molina, pero que ahora fue desplazado por la intendenta Mayra Mendoza, de La Cámpora. Sebreli no es un viejito que habla con inocencia. Sabe perfectamente porqué no habla de las villas de CABA que tienen mil veces más infectados. 
 

NicoSal soluciones web

© Copyright 2009 LA OPINIÓN POPULAR – www.laopinionpopular.com.ar - Todos los derechos reservados.

E-mail: contacto@laopinionpopular.com.ar