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Por Blas García, columnista de La Opinión Popular - 21-10-2017 / 19:10
PERÓN Y EL PROLETARIADO NACIONAL COMIENZAN A PONER FIN AL PAÍS INJUSTO, SEMICOLONIAL Y DEPENDIENTE

Vigencia actual del 17 de Octubre de 1945

Vigencia actual del 17 de Octubre de 1945
El 17 de Octubre de 1945, Juan Perón fue rescatado de la cárcel por la masiva movilización de la clase trabajadora, exponiendo así la falencia del régimen oligárquico antinacional -rapaz y parasitario- y la caducidad de los viejos partidos políticos seudodemocráticos, sobrepasados por el proletariado, que de ahora en más, podía obtener reivindicaciones que ya no se pedían, se reclamaban, porque ya no se confiaba en la buena voluntad de los sectores dominantes sino en la propia fuerza de los trabajadores.
 
Ese día resurge la Argentina profunda, el subsuelo de la Patria sublevado, y reaparece para continuar escribiendo la historia de las masas populares, una secuencia que va desde las lanzas primero -con las montoneras federales del interior-, el voto después -con el radicalismo yrigoyenista- y por último los sindicatos obreros -con el peronismo-. Tres momentos en los que el Pueblo lucha para realizarse con el federalismo, la soberanía política y la democracia social.
 
Como consecuencia de la actuación revolucionaria de las masas populares el 17 de octubre de 1945, el justicialismo llega al poder y produce transformaciones en todos los ámbitos de la realidad del país. La Revolución Nacional, de Eva y Juan Perón, rompió con el modelo semicolonial dependiente, logrando la independencia económica, la justicia social y permitiendo importantes conquistas a los sectores populares. Una Nueva Argentina con el Pueblo de protagonista.

La terrible reacción gorila de la vieja Argentina oligárquica y autoritaria, en el golpe de septiembre de 1955, dan la medida de la trascendencia revolucionaria del peronismo. Cómo los movimientos nacionales antecesores: el federalismo de Rosas y el radicalismo de Yrigoyen; solo se alcanzaron conquistas transitorias y fueron derrotados por la estructura de la injusticia y la dependencia. Revolución y contrarrevolución.
 
A partir de 1955, la exclusión política del peronismo produjo un proceso de Resistencia que ampliaría su perfil. Aglutinó, representó y canalizó a todas las rebeldías y críticas contra el sistema económico, social y político, crecientemente ineficaz y en el cual era el único actor apartado. En esta lucha, el peronismo constituyó el agrupamiento de las fuerzas populares y proletarias, mientras que el régimen militar se identificaba con los intereses de la oligarquía, la burguesía entreguista y los partidos liberales.
 
Todos estos esfuerzos son partes de un mismo combate, en la que todavía no se han alcanzado triunfos definitivos. Corsi e ricorsi, la Patria aparece como un proyecto inacabado que debemos realizarlo plenamente hoy cuando el capitalismo globalizado pretende desembarazarse de las limitaciones que, a lo largo del siglo XX, le impusieran los Estados Nacionales y los movimientos sociales encabezados por la clase trabajadora, para aplicar sus políticas neoliberales de injusticia social.
 
Las medidas económicas del macrismo están inspiradas en el neoliberalismo, que fue establecido durante la Revolución Fusiladora (1955), continuadas por las armas en la dictadura de Jorge Rafael Videla (1976-1983) y por los votos en el gobierno de Carlos Menem (1989-1999). Este tipo de recetas reaccionarias, que aumentan la injusticia quitando derechos sociales y agrandan la dependencia con el fuerte endeudamiento, siempre fracasaron, provocando resistencias populares y revueltas sociales. Por eso, como integrantes del Movimiento Nacional y Popular que cambió la historia política argentina, volvemos a levantar, como en 1945, el cuestionamiento del sistema económico-social injusto y la necesidad de dar pelea para cambiarlo.

Orden mundial del capitalismo
 
Los hechos que evocamos hoy, se combinan inexorablemente en un límite impreciso don­de lo histórico se transforma en lo político.
 
A comienzo de los años 1800, con el desarrollo del capitalismo, las burguesías inglesas, yanquis, francesas y prusianas habían tomado el poder político y construyeron un nuevo orden mundial colonialista. Cien años después, ese puñado de naciones económicamente desarrolladas habían terminado de repartirse el mundo, generando un sistema imperialista de países opresores y países oprimidos.
 
Las circunstancias históricas posibilitaron, a ciertos países europeos y a los EE.UU., alcanzar un alto desarrollo industrial, lo que le permitió someter a su dominio económico y político a las dos terceras partes de la humanidad, que se vio obligada a trabajar para los sectores dominantes del grupo de países de economía capitalista desarrollada.
 
Contra esa injusta relación de sometimiento internacional se levantó, en Latinoamérica, África y Asia, el movimiento de liberación nacional de los pueblos dependientes y colonizados, un fenómeno que dio origen a nuevos Estados Nacionales, sacudió al mundo y señaló la crisis mundial del sistema imperialista, al concluir la Segunda Guerra Mundial en 1945.
 
Argentina formaba parte de ese mundo y era una semicolonia del Imperio Británico. Y nuestros problemas eran parte de los problemas que se generaban en la voluntad de las clases explotadas en la nación sometida que se unen para luchar por su independencia contra sus opresores imperialistas. Para industrializarse, construir su Estado Nacional, planificar su economía, terminar con el atraso agrario, el hambre y la pobreza.
 
 
Nuevo proletariado nacional
 
A lo largo de la década de los '30, como consecuencia de la crisis mundial, empezó un proceso de sustitución de las manufacturas importadas por otras producidas en el país, y este fenómeno atrajo a sectores cada vez más grandes de trabajadores provenientes del interior, que se sumaron a los núcleos proletarios ya existentes en Buenos Aires. Los "cabecitas negras" emigraron del interior a la Capital Federal.
 
En la década de los '40, la segunda guerra mundial limitaría aun más el flujo importador, incrementando ese proceso y generó la formación de una gran masa obrera. Eran lo nuevo. ¿Quien los ve como base real para crear el poder de una política transformadora? Ese es el Coronel Juan Perón.
 
El proceso de industrialización había dado origen a un nuevo proletariado industrial decepcionado de un socialismo ajeno a la realidad nacional, de un radicalismo en plena descomposición después de la muerte de su gran caudillo Irigoyen, y de un comunismo cuyas consignas nunca se relacionaron con las demandas nacionales y populares.
 
Perón, desde la Secretaría de Trabajo y Previsión, estableció el Estatuto del Peón y ató lazos con los sindicatos que no se sentían expresados por las direcciones socialista y comunista. Durante dos años se dio un cambio rápido en las normas que habían manejado la actividad laboral en el país y a un incremento en la popularidad de Perón que iba de la mano con la creciente oposición que despertaba en la clase alta y parte de la media.

Perón busca expresar esas nuevas fuerzas sociales, resultantes del desarrollo económico debido a la sustitución de importaciones que se venía realizando, reflejando las ansias de libertad de los oprimidos, la voluntad nacional de constituirse como una comunidad soberana.
 

Subsuelo de la Patria sublevado
 
El Movimiento Peronista, para romper con el orden de la dependencia y la explotación en la Argentina, nace a través de una revolución, la del 17 de octubre de 1945.
 
En las jornadas de octubre, el equilibrio de fuerzas dentro del Ejército se quebró en contra del sector favorable al coronel Perón, éste renun­ció y la oligarquía se disponía a retomar los controles del poder. Nada se oponía entonces, en apariencia, a la restauración oligárquica de la "década infame". 
 
Pero las bases de las organizaciones gremiales empezaron a actuar por cuenta propia en muchos puntos del país, reclamando el regreso de Perón. Los barrios populares en Buenos Aires se agitaron y en la mañana del 17 de octubre de 1945 grandes núcleos obreros se encolumnaron y comenzaron a marchar sobre el centro de la Capital Federal desde el cordón proletario que la rodeaba.

El 17, los trabajadores, movilizados por los militantes sindicales y políticos, abandonaron sus lugares de trabajo, ocuparon la ciudad-puerto, Capital de la oligarquía y confluyeron a la Plaza de Mayo reclamando y obteniendo la libertad de su Líder.
 
Venían de los talleres de Chacarita y Villa Crespo, de las acerías del Riachuelo, de las hilanderías de Barracas, de Gerli, Avellaneda, el tornero de los cordones industriales del conurbano y el peón de campo de Cañuelas. Era, como bien lo definió Scalabrini Ortiz: "El subsuelo de la Patria sublevado"; no como lo llamaron los "cultos" de la izquierda oficial: el lumpen proletariado.
 
Porque estaba dividido, no se podía sacar el ejército para controlar la situación en las calles, la Policía era reacia a reprimir, el Presidente Farrell, amigo de Perón, no quería tomar la decisión de hacerlo, y la Armada, la fuerza más enfrentada Perón, no podía asumir por sí sola la represión del movimiento obrero y popular.
 
El resultado fue una serie de refriegas dispersas con la policía, y la concentración gradual de cientos de miles de personas frente a la Casa Rosada reclamando a los gritos el retorno de Perón.

Al atardecer, el Coronel liberado ingresa al balcón de la Casa Rosada y una inmensa muchedumbre, que algunos estiman en trescientos mil, otros en quinientos mil y el diario yrigoyenista "La Época" en un millón de personas, vibra coreando su nombre:¡Perón! ¡Perón!.
 
Ese día hubo un vuelco en la política argentina, la clase trabajadora irrumpió, por primera vez, en las cuestiones de poder, utilizando el medio de lucha de los obreros: la huelga, la paralización de actividades. Y no lo hacía sola: integraba un amplio frente nacional antiimperialista con otros sectores sociales: el empresariado nacional, la baja clase media, parte del Ejército y la conducción de Perón.  
 
El 17 de octubre expuso la falencia del anciano régimen oligárquico, rapaz y parasitario, y la caducidad de los viejos partidos políticos, sobrepasados por el proletariado, que de ahora en más y por la acción directa y colectiva, podían obtener reivindicaciones que ya no se pedían, se reclamaban, que ya no se confiaban en la buena voluntad de los sectores dominantes sino en la propia fuerza de los trabajadores.


El pueblo al poder
 
Como consecuencia de la actuación revolucionaria de las masas el 17 de octubre, el 24 de febrero de 1946 Perón derrotaba a la Unión Democrática, alianza política integrada por la Unión Cívica Radical, el Partido Socialista, el Partido Comunista y el Partido Demócrata Progresista que, en una demostración de reaccionarismo y de sumisión cipaya, era conducida por Spruille Braden, embajador de los EE.UU. en la Argentina.
 
El peronismo en el poder, significó una revolución, considerando las transformaciones que produjo en diversos ámbitos de la realidad del país. La revolución logró la liberación nacional, la justicia social y otorgó importantes conquistas a los sectores obreros y populares.
 
El justicialismo es nacionalista, popular y antiimperialista. Solidario con los pueblos de los países oprimidos y con la "tercera posición" realizó un modelo para el desarrollo económico independiente, apoyado en la movilización de los trabajadores y en el sindicalismo organizado, fundado en la soberanía popular, la expansión industrial y la redistribución de ingresos a favor de los pobres.
 
 
Estado de Bienestar
 
A partir de allí se constituyó un Estado de independencia, justicia y bienestar, de leyes laborales que protegían al obrero y al peón de campo, un Estado que abogaba por la unidad latinoamericana, retomando de esta manera la senda de San Martín, Bolívar y Artigas.
 
Con el peronismo, millones de argentinos conquistaron derechos sociales perdurables como vacaciones pagas, derecho a la educación y la salud gratuita y extendida, viviendas económicas, etc.
 
El nivel de empleo más alto de la historia -sólo había un 2% de desocupación entre 1946 y 1952- y la participación de los trabajadores en la riqueza que alcanzaba al 51% del Producto Bruto Interno, fue la más alta del capitalismo occidental de la posguerra.
 
El progreso industrial, el crecimiento del mercado interno, la reorganización de todas las funciones modernas del Estado, produjeron resultados formidables.
 
La Justicia Social, bandera revolucionaria de nuestro Movimiento, tuvo en Evita a su máxima luchadora, siendo ella todo amor y rebeldía por el bienestar de los desprotegidos, la que se concretó en una acción efectiva, cotidiana, permanente, de entrega y servicio, para consolidar y profundizar la revolución peronista, construyendo una sociedad más justa, donde el trabajo del pueblo sirviera a este y no a minorías privilegiadas ni a los intereses extranjeros que desangran nuestra Patria.
 
El gobierno de Perón, que contaba con el apoyo de la inmensa mayoría del pueblo, que fue elegido en dos oportunidades en comicios libérrimos, que estaba haciendo una obra formidable para terminar con males crónicos del país, jamás fue "reconocido" por la oposición que carecía a su vez de representatividad, de autoridad moral y de razón.
 
La terrible reacción gorila de la vieja Argentina oligárquica y autoritaria, en 1955, dan la medida de la trascendencia revolucionaria del peronismo.
 

Recuperar la tradición revolucionaria
 
Hoy, cuando el capitalismo globalizado pretende desembarazarse de las limitaciones que en buena parte del siglo XX le impusieran los Estados Nacionales y los movimientos sociales encabezados por la clase trabajadora, como integrantes del Movimiento Popular que cambió la historia política argentina, los peronistas debemos recuperar el soplo fresco que se inspiraba en la tradición revolucionaria y volver a levantar el cuestionamiento del sistema económico - social injusto y la noción de transformación del mismo.
 
Eso solo lo haremos llevando adelante el Proyecto Nacional y Popular para reencontrarnos con nuestro destino en una Patria Justa, Libre y Soberana, terminando la revolución inconclusa que Eva y Juan Perón nos señalaron.
 
 
Escribe: Blas García

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