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Por Natalio R. Botana. Historiador y politólogo
“La idea de Macri de unir a los argentinos es un eslogan, porque la estrategia del Gobierno desde el 1º de marzo en su discurso de campaña fue dividir, ya que le resulta funcional a su proyecto político”. Matías Tombolini
Por Por Blas García, columnista de La Opinión Popular - 15-11-2016 / 17:11

Reivindicando a Néstor Kirchner

Néstor Carlos Kirchner fue una figura política decisiva en la Argentina de los últimos tiempos. Su muerte llegó en forma sorpresiva y además de generar intensos efectos emotivos, también provocó un fuerte impacto político.
 
Su Gobierno generó un estilo que rescató la política del descrédito en que había caído, privilegió una decidida militancia social y juvenil, jerarquizó la figura presidencial y su autoridad, amplió el poder del Estado, reconstruyó la autonomía nacional. Significó un cambio total respecto al nefasto modelo neoliberal que se implantó con el golpe militar de 1976, se profundizó en la década de los '90 con el menemismo, explotó con la crisis de 2001 y terminó con el nefasto gobierno radical de la Alianza. 
 
Néstor Kirchner estableció un tipo de cambio alto para favorecer las exportaciones, dispuso tasas de interés bajas para promover la industria y aumentos reales de salarios para impulsar el mercado interno. Todas esa medidas, que conformaron el "modelo K" y dieron buenos resultados, no existen más.  
 
Hoy todos debemos reconocer de Néstor los logros concretos de su gestión, como: el crecimiento económico; el desarrollo de la industria nacional y la importante contracción de la tasa del desempleo; las mejoras salariales en la mayoría de las actividades, que superaron las proyecciones inflacionarias; el auge del consumo y el crédito; la ampliación de los beneficios jubilatorios para personas que no habían hecho aportes; la función activa del Estado desplazando al "mercado".
 
Además, el discurso reivindicativo, nacional y popular, frente a las grandes corporaciones empresariales y a organismos internacionales como el FMI; la renovación de la Corte Suprema; el desendeudamiento con el Fondo Monetario Internacional; la política de Derechos Humanos y la nulidad de las leyes de obediencia debida: la integración regional... Por todo esto, ya tiene un lugar en la historia, con toda justicia.

Cristina Fernández, que no tuvo ni la sensibilidad ni la capacidad política de Néstor, destruyó el modelo kirchnerista. Prueba de ello son la pérdida de los superávit gemelos, los altos niveles de pobreza, la fuerte y persistente inflación, la recesión económica, la baja en el consumo y la pérdida de puestos de trabajo, durante los últimos años de su administración.



El cristinismo, etapa de degradación del kirchnerismo, quiso construir un mito con la figura de Néstor, para ocultar los problemas y para que cumpla una función unificadora de los K, corriendo el riesgo de transformarlo en fábula. Antes de convertirlo en mito, sus seguidores deberían darle la oportunidad de ser juzgado sin pasiones por la historia, simplemente como un hombre de su tiempo.

 
A pesar que en este proceso se coló la corrupción política, como consecuencia de una dilatada permanencia en el poder, el descuido en el reclutamiento de colaboradores y el escaso control de su irregular cuadro de funcionarios, que contravino objetivos y rumbo, la derecha argentina utiliza esto para evitar la discusión política de fondo y negar la historia.
 
Jamás la corrupción puede ser la referencia esencial para juzgar gobiernos o etapas políticas. Siempre es más importante porque hicieron lo que hicieron. La Privatización de YPF por Menem o la Reforma Laboral de De la rua son más dañinas que las coimas a legisladores nacionales. Los escándalos impactan pero las decisiones políticas gravitan mucho más.
 
El móvil actual de la operación cultural, política y mediática anti-Kirchner es tapiar la discusión sobre sus políticas públicas. Los medios lo ponen en manifiesto en todo momento para cubrir o conceder espacios secundarios a los daños que causan las medidas neoliberales del gobierno de Macri. Se concentran en aspecto del pasado para no hablar del presente. Pretenden ocultar los derechos populares alcanzados y la futura anulación de esos derechos.
 
Que siempre haya existido corrupción no exculpa a nadie, pero es gorila, despectivo y discriminador reducir un ciclo riquísimo como el kirchnerismo  a un conjunto de episodios de corrupción. Lo que hoy se denuncia no invalida las realizaciones populares ni la clara orientación justicialista de su gobierno. El peronismo provoca adhesiones racionales y genera pasiones. Quienes no las comparten tienen dificultades serias para entenderlas, ni qué decir admitirlas.

Hoy, cuando se pretende minimizar o anular las realizaciones de Néstor Kirchner, lo cierto es que ha marcado un antes y un después. Es parte fundamental en la realidad argentina, vive en el corazón de su pueblo, porque puso nuevamente en marcha un proyecto político peronista transformador que forjó nuevos derechos, en la pelea por la igualdad y la equidad social, en la lucha permanente de la causa nacional y popular por: la Soberanía Política, la Independencia Económica y la Justicia Social.
 
Por Blas García

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