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Por Blas García, columnista de La Opinión Popular - 22-07-2016 / 11:07
ESTE 9 DE JULIO RENDIMOS HOMENAJE A QUIENES LUCHARON POR NUESTRA ÚNICA Y VERDADERA INDEPENDENCIA

En el Bicentenario de la Independencia ratificamos nuestra consigna de siempre: ¡Patria Si, Colonia No!

En el Bicentenario de la Independencia ratificamos nuestra consigna de siempre: ¡Patria Si, Colonia No!
El verdadero promotor de la independencia fue José de San Martín, que en 1816 era el patriota más preclaro, tanto desde el punto de vista político como militar, en el Río de la Plata. Y conduciría los sucesos en función de su estrategia para vencer al colonialismo español en toda América. Con la declaración de la independencia se hizo una formal ruptura de los vínculos de dependencia política con la monarquía española y con toda otra dominación extranjera.
Como cada 9 de Julio reivindicamos la lucha de las masas populares contra la permanente agresión política, económica y cultural neocolonial e imperialista, que busca disolver la identidad nacional y condenar a nuestra Patria a la condición de factoría de las metrópolis imperialistas, mera proveedora de materias primas y alimentos.

Las masas populares, con sus lanzas y su fuerte sentimiento libertario, construyeron la Patria independiente con José de San Martín, las montoneras bravías del interior que nos legaron el federalismo, los ciudadanos revolucionarios de don Hipólito Irigoyen que cimentaron la democracia del Pueblo y las multitudes obreras movilizadas por Juan Perón que combatieron por la Justicia Social. Invariablemente, la alternativa histórica fue siempre: independencia económica o subdesarrollo y miseria, e implica optar entre aceptar callados la dependencia del país o luchar por la liberación, por una Nación Justa, Libre y Soberana.
 
Tomamos el valiente ejemplo de San Martín que, para la Declaración de la Independencia de las Provincias Unidas del Río de La Plata, se impuso militarmente a los españoles y políticamente a aquellos sectores vinculados a la elite porteña que ya estaban negociando, tanto con el Imperio español como con el Reino Unido de Gran Bretaña, una nueva dependencia.
 
La nuestra es una historia de caudillos y masas populares. Los nombres pesaron mucho en los procesos. En 1816, San Martín, Belgrano, Güemes, Pueyrredón, Artigas, Juana Azurduy... La relación entre líderes y movimientos populares fue una de las claves de nuestra historia, con San Martin, Rosas, Alem, Yrigoyen, Perón...
 
Y la participación de las masas populares es una de las herencias del período independentista revolucionario, por la importancia que tempranamente tuvo la movilización popular política y militar en nuestra historia, desde la formación de las milicias urbanas para derrotar a las Invasiones Inglesas, y luego la voluntad del pueblo que jugó un papel sin precedentes en la destitución de un virrey y el nombramiento de su sucesor.
 
Como decía don Arturo Jauretche"La historia es la política del pasado y la política es la historia del presente". Hoy, como siempre, debemos pelear por nuestra única, verdadera e irrenunciable independencia, denunciando el aparato de colonización mental montada por los países centrales y sus operadores internos con el objetivo de perpetuar la dependencia.
 
Finalmente, la idea independentista actual tiene mucho que ver con la independencia de los Estados Nacionales respecto de las grandes corporaciones y del mercado. Esto es algo que supera a la Argentina y a cualquier nación en forma individual. Hoy, cualquier independencia nacional en serio debe pensarse en bloque, en el marco de la Unidad de Latinoamérica.

Las líneas políticas de la revolución de Mayo
 
Desde 1810, luchan dos argentinas que no pueden entenderse, que necesariamente son antagónicas, que chocaron desde los comienzos de nuestra historia.
 
Y como no hay nación sin organización política que la sustente, unos y otros dieron origen a las dos corrientes políticas que, prolongadas a través de distintos nombres: provincianos y porteños, federales y unitarios, yrigoyenistas y conservadores, peronistas y antiperonistas, han llegado hasta nuestros días.
 
Para un sector que participó en la Revolución de Mayo de 1810 esta significaba la salida de la órbita española para entrar en la órbita inglesa. Ello implicaba reconocer la apertura de la economía y  el libre comercio inaugurado por los ingleses en 1806-7, durante las invasiones, en contra del monopolio español.
 
Para ellos, la argentinidad nació consubstanciada con el régimen liberal y su objetivo consistía en abrirse, económica y culturalmente, a la llamada "civilización europea", al enciclopedismo francés y al libre cambio inglés.
 
Esto beneficiaba a la clase de los comerciantes porteños, que lucraban con las exportaciones agro-ganaderas y con las importaciones de manufacturas inglesas, lo que hacía que los grupos con intención independentista del interior del país no se vinculasen a ellos, por cuanto su política perjudicaba a las producciones provinciales que no podían competir con la industria inglesa.
 
 
José de San Martín, el Libertador
 
El primer choque político importante se produjo con el ingreso de los Diputados del interior a la Primera Junta. Moreno sostuvo que no convenía que ingresaran los diputados del interior, porque si no la Revolución iba a perder su eficacia por falta de ejecutividad del gobierno. Saavedra, en cambio, quería que los diputados del interior se incorporasen a la Primer Junta,  para transformar la Revolución Porteña en Revolución Nacional.
 
Un acontecimiento de suma importancia en el proceso revolucionario, fue la llegada de San Martín, Alvear y un grupo de oficiales españoles de origen americano, que habían luchado, en España, contra Napoleón. Tenían una gran preparación militar, encontrándose al tanto de los adelantos materiales, estratégicos y las tácticas más modernas.
 
En la América española eran escasos los militares de carrera, y aún en la Revolución Norteamericana no se notó la presencia de un grupo tan preparado como el recién llegado al Río de la Plata.
 
Estos oficiales organizaron la Logia Lautaro, logia republicana, que cumplía las funciones de un aparato político, cuya finalidad era conseguir la independencia y llevar fuera de las fronteras la revolución producida en el Río de la Plata.
 
Las actividades en el gobierno porteño del nefasto Bernardino Rivadavia produjeron reacciones en los sectores políticos con vocación independentista. Todos unificaron sus esfuerzos para derrocar al nuevo despotismo que quería restaurar la monarquía en el Río de la Plata. San Martín con las fuerzas militares, participando políticamente, exige la renuncia del triunvirato rivadaviano.
 
 
Perspectiva independentista americana
 
En el año de 1816, San Martín era el patriota más esclarecido política y militarmente en el Río de la Plata, y conducía la marcha de los acontecimientos en función de su estrategia para derrotar al colonialismo español en América.
 
Su primer paso fue garantizar la Independencia en el Río de la Plata, y así lo hizo. Si bien no participó personalmente en el "Congreso de Tucumán" de 1816, en el cual se proclamó la Independencia, fue el principal responsable político de este hecho.
 
Quienes intervinieron en dicho Congreso se hallaban divididos en cuanto a la conveniencia de declarar la Independencia, y fueron justamente los hombres enviados por el Libertador quienes impusieron la decisión de romper el vínculo con España.
 
El Congreso se pudo llevar a cabo en el marco de una mínima seguridad en las provincias, provista por la victoria de San Martín en la batalla de San Lorenzo y por la presencia de las tropas del Norte y de Cuyo reorganizadas por él.
 
Para la Declaración de Independencia, San Martín se impuso militarmente a los españoles y políticamente a aquellos sectores vinculados a la elite de Buenos Aires que ya estaban negociando, tanto con España como con Inglaterra, la dependencia argentina.
 
Sólo desacatándose del gobierno porteño, pudo San Martín realizar la Campaña de Chile y Perú y lograr la definitiva independencia.
 
La oligarquía porteña, dispuesta a enriquecerse como intermediaria de un comercio sin restricciones con Europa, y con el beneficio de las rentas de la Aduana de Buenos Aires, le pagó dejándolo abandonado y solo, a su propia suerte, en suelo peruano, del cual pasó al exilio definitivo.
 
 
Lucha por la emancipación nacional
 
Nuestra historia es la conjunción de acontecimientos, de triunfos y derrotas, de avances y de retrocesos en el tránsito hacia la liberación nacional. Nuestra historia es hija de la lucha por la emancipación nacional.
 
Un país semicolonial y dependiente, oprimido por el colonialismo y el imperialismo, no puede aplicar, con autonomía,  los instrumentos necesarios para transformarse y crecer.
 
La historia de nuestra Patria está caracterizada por la lucha constante de las masas populares para conformar una Argentina independiente de ataduras e imposiciones externas, con plena autodeterminación y soberanía.
 
Escribe: Blas García

En el Bicentenario de la Independencia ratificamos nuestra consigna de siempre: ¡Patria Si, Colonia No!
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