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“Yo suscribo la teoría de Julio Bárbaro: el kirchnerismo y el menemismo son enfermedades del peronismo y ya nos vamos a curar". Carlos Verna, gobernador de La Pampa
Nacionales - 31-07-2011 / 10:07
PESE A LA PROMESA DEL KIRCHNERISMO DE NO CRIMINALIZAR LOS RECLAMOS

En poco más de un año, 14 muertos por Represión K a la Protesta Social

En poco más de un año, 14 muertos por Represión K a la Protesta Social
Los muertos en protestas sociales son, entre otros, Juan José Velázquez, Ariel Farfán y Félix Reyes, de la Corriente Clasista y Combativa (CCC), quienes murieron en Jujuy. Nicolás Carrasco y Sergio Cárdenas fallecieron en Bariloche. Juan Castañares Quispe, Rosemari Chuña Puré y Bernardino Salgueiro murieron durante la toma del Parque Indoamericano.
La represión en un desalojo de tierras jujeñas de la familia Blaquier, una acción comandada por la policía de la provincia, gobernada por el kirchnerista Walter Barrionuevo, suma por ahora cuatro muertos. En ningún otro caso de la era K habían fallecido tantas personas durante una manifestación social. Pero habían muerto otras, sí.
 
A pesar de que el oficialismo asegura que no criminaliza ni judicializa las manifestaciones, la realidad se impone. En los cuatro años de gobierno de Cristina Kirchner murieron doce civiles y dos policías en situaciones de reclamo político. Catorce muertos. La presidenta Cristina Kirchner sólo habló públicamente de uno de ellos: del militante del PO Mariano Ferreyra, asesinado el año pasado por una patota de sindicalistas ferroviarios.
 
La estrategia de no confrontar abiertamente contra las marchas que se realizan en el conurbano bonaerense o en la Capital Federal, encubre el alto nivel represivo contra las protestas que se realizan en el resto del país.
 
La versión del Gobierno es que no impulsa la criminalización de la protesta, una política que, por supuesto, podría tener fallas y consecuencias. Pero un repaso por los 14 muertos en manifestaciones muestran que el oficialismo reaccionó en forma dispar ante los hechos: no siempre los repudió ni pidió investigaciones judiciales para dilucidar responsabilidades políticas . Los dirigentes sociales opositores, además, aseguran que son denunciados por protestar.
 
Un día después de que se sucedieran las muertes en las tierras de los Blaquier protegidas por la policía, el Gobierno, a través del Ministerio del Interior, sacó un comunicado en el que repudió lo ocurrido, pidió que la Justicia investigue, y le reclamó al gobernador Barrionuevo que "separe de sus funciones a quienes hayan tenido responsabilidad". La Presidenta, de viaje, no hizo declaraciones sobre la mayor matanza policial durante una protesta ocurrida en su gestión. Ayer, en cambio, sí usó su Twitter para reproducir los discursos de sus propagandas de campaña.
 
Un ejemplo contrario a la reacción gubernamental por el caso Jujuy, es del asesinato del aborigen QOM Roberto López, muerto por la policía durante un desalojo en Formosa, gobernada por el oficialista Gildo Insfrán. La Casa Rosada no impulsó la búsqueda de responsabilidades políticas. Y algo similar ocurre con las muertes de Franco Almirón y Mauricio Ramos, fallecidos en un disturbio en José León Suárez reprimido por la policía bonaerense, al mando del gobernador K Daniel Scioli.
 
Según contabilizó Clarín , los muertos civiles en protestas sociales son doce. A los ya mencionados deben sumarse estos nombres: Juan José Velázquez, Ariel Farfán y Félix Reyes, de la Corriente Clasista y Combativa (CCC), fueron quienes murieron en Jujuy.
 
Nicolás Carrasco y Sergio Cárdenas fallecieron en Bariloche en una protesta en la que reclamaban por el asesinato de otro joven, acusado de un delito por la policía.
 
Juan Castañares Quispe, Rosemari Chuña Puré y Bernardino Salgueiro murieron durante la toma del Parque Indoamericano.
 
El candidato presidencial del PO, Jorge Altamira, jefe político de Mariano Ferreyra, dice que el Gobierno criminaliza la protesta social aunque diga lo contrario: "Como lo muestra el caso de Jujuy, hay complicidad del Gobierno con el grupo económico que pidió reprimir, el ingenio Ledesma.
 
El gobernador es responsable de lo que pasó y lo protegen ".
 
Por su parte, el líder de la CCC, Juan Carlos Alderete, la fuerza reprimida en Jujuy, dice que " el gobierno tiene doble discurso : mientras se dice nacional y popular, reprime y judicializa las protestas.
 
Se vio en Jujuy, o en la represión a los docentes de Santa Cruz".
 
El propio Alderete dice que en sí mismo es un ejemplo que grafica la situación. Durante la era K, asegura, fue denunciado 7 veces por manifestarse: tres causas siguen abiertas. Una es por caminar en contramano por avenida Rivadavia.
 
Fuente: Clarín
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07-02-2016 / 11:02
Toda política que se precie incluye objetivos. Los objetivos, en este caso, consisten en transitar desde un régimen populista y autoritario a otro republicano y democrático, desde una economía cerrada a una abierta, desde una ubicación internacional en las orillas y los márgenes a una inserción en el centro. La sociedad argentina votó este tipo de cambio, y Cambiemos se esforzó por expresarlo políticamente.
 
Una brecha republicana se ha abierto, una brecha con sus fortalezas y debilidades, con sus contradicciones y sus logros, con sus certezas e incertidumbres. A esa brecha habrá que ampliarla en un proceso que incluirá conflictos, tensiones, avances y retrocesos. Nunca está de más advertir que la brecha puede ampliarse, pero también cerrarse. A la política le corresponde decidir al respecto.
 
Por lo pronto, al gobierno de Mauricio Macri hay que darle tiempo, tiempo para que se consolide, termine de definir su orientación, salde sus diferencias con un pasado que lo agobia, lo acecha y le desea el peor de los destinos. Para el logro de estas metas, ser optimista o pesimista no dice mucho.
 
La política obedece a los imperativos del realismo, y si algún lugar habilita a la subjetividad, ésta se traduce con la palabra esperanza, esperanza de un país más justo y más libre; un país normal, como se ha dicho en su momento; un país con una conducción previsible que no se crea iluminada por los dioses ni pretenda eternizarse en el poder; un gobierno que respete la Constitución y, en primer lugar, respete a sus ciudadanos; un gobierno que se esfuerce por dar respuestas sensatas a los desafíos de su tiempo.
 
Un gobierno con políticos a los que, como decía Jacques Rueff, ministro de De Gaulle, "les pido que sean de derecha o de izquierda, pero que no roben".

07-02-2016 / 11:02
Hace varios meses atrás publicamos en esta misma página una nota llamada "Cristielisa", buscando explicar de qué se trataba esa criatura metafórica compuesta por los dos políticos más pasionales de la Argentina de esos días: Cristina Fernández y Elisa Carrió. Pese a ser opuestas en casi todo, era formidable verificar también las similitudes de personalidad entre ambas.
 
Hoy podría construirse otra criatura metafórica, pero esta vez no compuesta por dos opuestos sino por una que está apoyando a otro. Algo así como Maurielisa, porque Lilita sin dejar de seguir siendo la misma (¿¡cómo podría dejar de ser ella misma con ese carácter huracanado!?) parece otra por el nuevo papel político que cree debe representar.
 
Una especie de ángel de la guarda (pero bien armada con cimitarras celestiales) del presidente de la Nación. Un ángel que lo protege pero que a la vez le advierte sobre los peligros de caer en la tentación cada vez que Mauricio está a punto de pecar, o cuando directamente peca.
 
Lilita suele ser la más loca de todas y todos en momentos de locura colectiva (que son los más frecuentes en nuestro país), pero también se ha propuesto demostrar que cuando la sociedad comienza a recuperar algo de cordura, ella puede llegar a ser la más cuerda de todas. Para esa tarea se está preparando mañana, tarde y noche en los tiempos que corren.
 
Si Carrió no hubiera asido su carterita para retirarse despectivamente de aquella recordada reunión del frente UNEN en noviembre de 2014, casi con seguridad que la alianza del radicalismo con el PRO no habría sido posible. Pero fue una jugada alocada realizada a un estilo más alocado aún.
 
Dijimos en Cristielisa que así como Cristina Fernández acusa a todo quien no piensa como ella de golpista, Elisa Carrió acusa a todo quien no piensa como ella de corrupto. Son las dos grandes muletillas de las dos más famosas políticas argentinas de los últimos años. En aquellos fines de 2014 Lilita aplicó esa muletilla a dos políticos de los cuales hasta ese momento parecía enamorada: Julio Cobos y Pino Solanas.
 
Como antes había llamado corrupto al buenazo de Binner. O a Gerardo Morales, el radical que se enfrenta con coraje a prueba de balas a las huestes de Milagros Sala.
 
Inmediatamente después, claro, fue a los canales de televisión a despotricar contra todos los que no se fueron con ella de UNEN y a atacar a todo periodista que la contradijera, como aún sigue haciendo. Parecía definitivamente sacada, pero a la postre (la  única verdad es la realidad) su explosión de supuesta locura terminó siendo el punto de partida inicial y sine qua non de un gran triunfo político.
 
Eso no la convierte en vidente o estratega definitiva porque muchas otras veces habiendo actuado de modo similar las cosas le salieron mal, pero tampoco le quita méritos en un momento crucial que ella supo leer mejor que casi todos.

07-02-2016 / 10:02
Desde el gobierno de Mauricio Macri sostienen que, hacia mediados de año, la situación económica y social del país debería estar más encaminada. Y con menos vicisitudes en una administración que prefirió asumir a libro cerrado y que ahora destapa la tremenda herencia recibida, lo que la obliga a cerrar agujeros de todo tamaño y color para recién después encarar la solución de las promesas electorales.
 
Los procesos de acomodamiento que se aprestan a iniciar no sólo apuntan a esa necesidad de que se note, allá por agosto o septiembre, que la situación de la ciudadanía ha comenzado a mejorar. Es parte central de la estrategia, apuntan, para la primera gran batalla que serán las elecciones de medio término de 2017.
 
Se discute si la ruptura del bloque del Frente para la Victoria en Diputados es una derrota de Cristina Fernández o un triunfo de Macri. O ambas cosas a la vez. El análisis está repartido entre quienes, en el propio espacio K y en el peronismo tradicional, sostienen que "Cristina lo hizo", y entre aquellos que le adjudican a Macri una suerte de obra de ingeniería pensada desde el comienzo con el objetivo de quebrar al principal partido de oposición en el Congreso.
 
Los kirchneristas que abandonaron el barco y los que planean hacerlo -porque la sangría no ha terminado- se hartaron de que, además de tener que procesar el duelo por la derrota, La Doctora que ya no maneja la billetera pretenda seguir con el látigo en la mano. Justo ella, la gran mariscal de esa derrota.
 
Desde la otra vereda se concede que la jugada de Macri reconoció un dado iniciático: había que perforar al FpV porque se entendió que, con ese partido abroquelado en el Congreso detrás de las polleras de Cristina, el Gobierno iba a tener más de un problema para sostener la gobernabilidad.
 
El Gobierno consiguió quebrar al bloque del FpV y expone cada vez más la debilidad del cristinismo recalcitrante, ya que de los que no se fueron hay varios que son igual de críticos pero todavía no se animan a sacar los pies del plato por resabios de temor o especulación pura.
 
A su vez el frente sindical, que es al que más se le temía, parece acomodarse: Macri y Hugo Moyano hablaron y hablarán. También se llamará a Antonio Caló. Y parece un dato aceptado que no habrá exabruptos y que la cifra estará por debajo del 30%, más sumas fijas a convenir según se comporten los precios.
 
Hay más. Se encamina la negociación con los holdouts; el aval del FMI a las medidas económicas despeja el horizonte; hay primeros éxitos en la tarea de seducción de inversores que llevan adelante la canciller Malcorra y el ministro Prat Gay.
 
El Gobierno también anunciará en los próximos días un plan que incluye sanciones a los aumentos injustificados, el envío de la ley sobre Ganancias, la suba en las asignaciones familiares y la rebaja del IVA para los productos de la canasta familiar.
 
Todo en medio de una impresión generalizada que recogen los sondeos: el ciudadano de a pie protesta pero asume que el tarifazo eléctrico, el que se viene con el gas y el aumento de los pasajes aéreos, entre otros ajustes, forman parte de la herencia de Cristina y no políticas perversas de un gobierno que llegó hace 50 días.

06-02-2016 / 12:02
06-02-2016 / 12:02
Primera porción de la noticia: los K acaban de ofrecer un arrepentido. El ex jefe de ministros y ahora intendente chaqueño, Jorge Capitanich, dijo ayer: "Me arrepiento de haber roto el diario Clarín. No volvería a hacerlo". No está mal este acto de contrición, bastante tardío. Lo que no se comprende es el por qué del potencial sobre el futuro frente a la posibilidad de tener que decidir hacer o no hacer lo mismo.
 
Un año atrás, durante su habitual complemento cotidiano del relato K, había dicho que Clarín faltaba a la verdad en un par de artículos y rompía teatralmente la edición dominical. Pero lo informado entonces por Nicolás Wiñazki y Daniel Santoro era perfecta verdad: Nisman, el fiscal de la muerte no aclarada, había pensado pedir la detención de la presidenta Cristina Fernández. Pero luego lo había descartado.
 
Según Capitanich, nunca había habido tal cosa y eso justificaba su teatralización ante las cámaras de la TV que formaba parte de toda la ofensiva que motorizaba Cristina contra el periodismo independiente de su gobierno. Lo que el entonces jefe de Gabinete quería negar, por orden de su Jefa, fue que la Policía había encontrado un borrador con ese pedido en un cesto del departamento del fiscal el día que fue encontrado muerto.
 
La Justicia ya había incorporado esos papeles a la investigación de la muerte, pero la fiscal Fein acompañó solícita, rápida y ¿sin información? la acusación de Capitanich. El acto de romper en vivo un diario fue de una extrema violencia simbólica. La respuesta del diario fue publicar los facsímiles de la información que torpemente intentó ocultarse. La de Capitanich fue silencio. Fein reconoció que se había equivocado.
 
Ahora dice que no volvería a hacerlo. Pero no podemos estar tan seguros. La segunda porción de la noticia es puro kirchnerismo más de lo mismo. Porque se justificó del acto por el que se arrepentía diciendo: "Aunque el periodismo nos ha atacado despiadadamente con información falsa...".
 
Queda claro que Capitanich se arrepiente a medias porque él sabe -y está probado- que la información era verídica y que consta en el expediente de la investigación de Nisman. Capitanich cree que su arrepentimiento, un gesto muy tardío, es suficiente. Ojalá no sea como cuando asumió como alcalde de Resistencia y se hizo sacar en traje de fajina, haciendo de barrendero. Unas horas nomás.
 
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