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“Ni Daniel Scioli, ni Mauricio Macri, pueden decir cuáles son sus propuestas de gobierno porque pierden votos o porque no los dejan". José Manuel de la Sota
Nacionales - 01-03-2011 / 10:03
EFEMÉRIDES POPULARES: EL 1° DE MARZO DE 1948 EL ESTADO NACIONAL TOMA POSESIÓN DE LOS FF.CC. NACIONALIZADOS POR PERÓN

Juan Perón nacionaliza los ferrocarriles británicos y franceses

Juan Perón nacionaliza los ferrocarriles británicos y franceses
Afiche de la época.
En un día como hoy, pero de 1948, bajo la dirección  del General Perón, el gobierno rompe uno a uno los eslabones que sometían nuestra economía al  Imperio Británico: se nacionaliza los ferrocarriles, lo que significó una etapa fundamental en la obra de recuperación nacional de los servicios públicos para el pueblo argentino.
 
El Gobierno procedió a la estatización de la red ferroviaria que se cerraba en abanico hacia Buenos Aires, propiedad del capital británico, como así también de la red ferroviaria de la zona cerealera, con vértice en Rosario, perteneciente a empresas francesas. Scalabrini Ortiz sintetiza el meollo de la cuestión en esta frase contundente: "Adquirir los ferrocarriles equivale a adquirir soberanía".
 
De la redacción de La Opinión Popular
En 1947 Perón nacionaliza los ferrocarriles que era una de las reivindicaciones nacionalistas más importantes del peronismo,y el gobierno toma a su cargo una ancha franja de la economía argentina que comprende desde los servicios públicos hasta empresas productivas.
 
 
Los Ferrocarriles argentinos
 
Sostiene el ensayista e historiador Norberto Galasso, en su monumental obra de dos volúmenes "Perón", que después de difíciles tratativas, el Gobierno procedió a la estatización de la red ferroviaria que se cerraba en abanico hacia Buenos Aires, propiedad del capital británico, como así también de la red ferroviaria de la zona cerealera, con vértice en Rosario, perteneciente a empresas francesas.
 
Estas medidas resultan insoslayables para un proyecto de crecimiento económico y planificación nacional, por lo cual deben aquilatarse desde esa perspectiva y no meramente desde los pormenores de la negociación, ya sea montos, plazos de pago, etc.
 
Los opositores al peronismo, desde el conservadorismo hasta la izquierda tradicional, enfocan la crítica haciendo eje en el monto abonado por la nacionalización, el mayor o menor deterioro del material rodante o la supuesta debilidad negociadora de los representantes argentinos, a tal punto que algunos pretenden mostrarla como impuesta por el capital extranjero.
 
Como se comprende, analizar una cuestión macroeconómica con el criterio de tenedor de libros de un quiosco de cigarrillos no puede llevar a ninguna conclusión correcta.
 
Raúl Scalabrini Ortiz sintetiza el meollo de la cuestión en esta frase contunden­te: "Adquirir los ferrocarriles equivale a adquirir soberanía".
 
 
Empresas británicas
 
A través de libros, artículos y conferencias, Scalabrini demostró que el negocio ferroviario los ingleses en la Argentina fue un gran despojo por muchas razones, entre otras, la cesión a las empresas de amplias fajas de terreno al costado de las vías, la rentabilidad garantizada del
7% sobre capitales que eran abultados en los balances y otras ventajas de tipo impositivo o financiero que derivaban de las concesiones.
 
Scalabrini enseña que la red ferroviaria británica, trazada en abanico hacia el puerto de Buenos Aires, fue "la tela de araña metálica que atrapó a la mosca de la República" y la condenó "al primitivismo agrario", es decir, a la condición semicolonial con respecto al imperialismo británico, según la teoría colonialista de la división internacional del trabajo.
 
Esa red fue el sistema neurálgico que sustentó una economía de exportación de carnes y cereales baratos, e importación de artículos manufacturados extranjeros caros, en gran medida ingleses. No solo por su trazado -típicamente colonial- sino también porque la tarifa parabólica aplicada a los fletes impidió sistemáticamente que en el interior argentino se desarrollasen industrias competidoras del producto importado.
 
En razón de ese rol colonialista, no existe posibilidad de planificar ningún desarrollo manteniendo el transporte ferroviario en manos extranjeras.
 
Por este motivo, así como el Gobierno entendió que la nacionalización de los ferrocarriles constituía un hito ineludible en un proceso de liberación nacional, así también los intelectuales y dirigentes políticos de los partidos tradicionales que -consciente o inconsciente bregaban a favor del viejo país agroexportador- se obsesionaron atacando esta medida.
 
Para ello, divulgaron, en primer término, una fábula que aun opera sobre algunos sectores medios: la compra fue un disparate porque estaba por vencer la ley Mitre, cual caducaban las concesiones ferroviarias y las empresas pasaban gratuitamente al Estado argentino.
 
Basta leer los contratos para advertir la inconsistencia del planteo: las concesiones -aunque sorprenda a muchos- eran "a perpetuidad", por lo cual Scalabrini ironizaba que el sol dejaría de calentar pero que todavía habría un inglés en la Argentina, titular de estas concesiones. Lo que caducaba, al vencer la ley Mitre, era la exención impositiva para importar todo tipo de repuestos ferroviarios.
 
 
Con respecto a otras empresas que quedaron en manos del Estado argentino con la nacionalización de los ferrocarriles Rodolfo Puiggrós revela su importancia.
 
Identifica a Expreso Villalonga, Expreso Furlong, Empresa de Transportes S.A., Compañía de Transportes Cordilleranos, Compañía Internacional de Transportes Automóviles, Compañía El Cóndor, Compañía El Valle; Puertos: Dock Sur en el Puerto de Buenos Compañía de Muelles y Depósitos del Puerto de La Plata, Puerto Ing. White, Puerto Grande, Puerto Galván, Puerto Ibicuy, Puerto Villa Constitución.
 
Además, a Empresa Eléctrica de Bahía Blanca, Depósitos Frigoríficos de San Juan, Compañías de Tierras y Hoteles de Alta Gracia, Frigorífico de Productores de Uva, Fomento del Norte Argentino, Argentina Agrícola, Ganadera e Inmobiliaria, Sociedad de Aguas Corrientes de Bahía Blanca, Sociedad de Consumo Ramos Generales, Ferrocarrilera de Petróleo, Distribuidora Nacional de Frutas, Frigorífico Mercado del Once, Hoteles Sudamericanos, Líneas Económicas ­Decauville.
 
Entran también en la operación: edificios y terrenos en todo el país (en Capital y Gran Buenos Aires solamente 3 millones de metros cuadrados, valuados en 900 millones de pesos), así como acciones de grandes tiendas, diarios (Editorial Haynes, dueña del diario El Mundo y revistas afines, Mundo agrario, etc., así como la revista El Hogar).
 
 
Se adquirió soberanía
 
Analizar la cuestión desde el costo de la compra o los resultados de los balances significa omitir la gran cuestión: la necesidad de que esa red que atraviesa el cuerpo del país sirva, a través de sus recorridos y sus tarifas, al crecimiento económico, el desarrollo de las economías regionales, etc., del mismo modo como la abaratamiento del boleto subsidia a los trabajadores en relación con el boleto del ómnibus, aspecto que descuidan los que viajan solamente en automóvil.
 
 
Empresas francesas
 
al hacer referencia a la "Argentina, granero del mundo", se omite la importancia que tuvieron tres empresas ferroviarias de capitales franceses, con centro en el puerto de Rosario: el Ferrocarril Francés de la Provincia de Santa Fe, una red que conecta el interior de la provincia con el puerto y por donde, en su inicio, se exportaba lana, y luego, especialmente cereales; la Compañía general de Ferrocarriles en la Provincia de Buenos Aires, cuyo trazado cubre el norte de la provincia de Buenos Aires y Sur de Santa conectando Rosario-La Plata; y el Ferrocarril Rosario-Puerto Belgrano, que comete la audacia de cruzar el abanico tendido por las empresas británicos en la provincia de Buenos Aires.
 
Importantes bancos franceses participaron en estas empresas y grupos dedicados a la exportación, como Dreyfus y Bemberg, este último ligado a la concesión del Puerto de Rosario. Esta red resulta un calco, en pequeño, del ferrocarril inglés, en tanto su trazado es también típicamente colonial, orientado en este caso al Puerto de Rosario. El control de la economía de la llamada "pampa gringa", por parte del gobierno nacional, exigió la recuperación de estas líneas de transporte.
 
De la redacción de La Opinión Popular

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02-08-2015 / 21:08
02-08-2015 / 20:08
02-08-2015 / 10:08
 
Se supone que la disputa por la presidencia de la Nación será entre Scioli y Macri. Tal vez Massa se sume a la refriega, sobre todo si le gana la interna a De la Sota y Solá hace una buena elección en provincia de Buenos Aires. No creo que Rodríguez Saá tenga chances, como tampoco creo que Carrió o Sanz le ganen a Macri la interna.
 
Pero la realidad de una elección democrática no se agota analizando las posibilidades de los ganadores. También los perdedores son actores legítimos y su mayor o menor cantidad de votos no descalifica sus ideas y sus propuestas. Me refiero en este caso al voto progresista y de izquierda.
 
Capítulo aparte merece el voto de extrema derecha, voto minoritario que en estas elecciones carece de candidato, lo cual no quiere decir que no exista; al respecto basta con echar una mirada ligera sobre las redes sociales para advertir que esa extrema derecha goza de buena salud y, en todo caso, está esperando el momento histórico para hacerse presente.
 
Izquierda y progresismo no son lo mismo, pero tampoco están en las antípodas. Puede que para un izquierdista clásico la calificación de progresista sea una ofensa, como para un progre de clase media la calificación de izquierdista la considere una extravagancia, pero más allá de las diferencias se trata de familias políticas vinculadas a través de lazos visibles e invisibles.
 
¿Qué los diferencia? Diría que la izquierda en la Argentina se identifica con el marxismo en cualquiera de sus variantes; cree en la revolución social y considera que el socialismo es la dictadura del proletariado como fórmula de poder y la colectivización de los medios de producción como solución económica. Estos objetivos estratégicos admiten graduaciones, etapas y transiciones, pero un izquierdista que se precie de tal nunca renuncia a los grandes objetivos.
 
El progresismo no cree en la revolución social pero aspira a promover reformas políticas y sociales justas dentro del capitalismo. En otros tiempos, al progresismo se lo llama reformismo y para los marxistas leninistas se trataba de los principales enemigos dentro del movimiento obrero. Bernstein y Kautsky fueron y son malas palabras para una izquierda tan revolucionaria como dogmática.
 
El reformismo devino en progresismo luego del derrumbe de la URSS y la derrota de la izquierda en la batalla sostenida a lo largo del siglo XX contra el capitalismo. El progresismo cree en el valor de las ideas, pero no responde a una ideología precisa. Resume en su práctica histórica elementos culturales de la socialdemocracia, el liberalismo avanzado y la religión comprometida con los pobres.
 
Como rasgo distintivo, suma una ética y una estética alrededor de principios humanitarios. Ser progresista significa sensibilizarse ante el drama de la pobreza, las injusticias del capitalismo, los atropellos a la libertad. El progresista es, por lo tanto, culto, sensible, bien intencionado y amigo de todas las causas justas de la humanidad: la paz, el medio ambiente, la juventud y las experiencias de vanguardia.

02-08-2015 / 09:08
02-08-2015 / 09:08
 Mal que les pese a Cristina Fernández y Axel Kicillof, la economía se metió de lleno en la campaña. Y no del modo que ellos planeaban. Mauricio Macri ya no parece tan K. Y Daniel Scioli prepara justamente "la gran Scioli", que es abrirse de a poco y empezar a bajar línea en algunos temas que tenía vedados.
 
A una semana de las internas, el Gobierno empezó a tropezar con las principales variables de la economía. Y lo hace en medio de un gran interrogante: ¿la sociedad estaba tan adormecida y entretenida en el festival de consumo como machacan sin inocencia desde el oficialismo?
 
¿O percibe que el Gobierno le miente con la inflación, con el desempleo y la pobreza, con el dólar, con los aranceles que frenan la importación o las retenciones que están matando al campo? ¿Dónde figura la tan mentada preeminencia de Cristina en las encuestas, pese al disparate económico y financiero que provocan las inexpertas manos de Kicillof, sino en dos o tres encuestas que son pagadas por el propio Gobierno?
 
Esta semana Aníbal F. terminó por admitir lo que todo el Gobierno había negado: que hay cepo cambiario, que la gente no es libre de ir a comprar la cantidad de dólares que se le ocurra sin tener que pedirle permiso a la AFIP. Dijo lo que salta a la vista: si ello ocurriese el Banco Central se queda sin reservas en menos de lo que canta un gallo.
 
El titular de la entidad monetaria, Alejandro Vanoli, concedió que hay problemas pero se recostó en el viejo argumento de los que tienen el problema pero no saben cómo resolverlo: dijo que todo es culpa de los que "buscan una devaluación". Hasta economistas cercanos al Gobierno reconocen que se hace cada vez más difícil sostener una economía con producción y sin pérdida de empleo (de hecho hace cuatro años que el modelo no crea un solo empleo genuino), sin retocar el tipo de cambio.
 
Cristina tiene un problema: ella armó toda esta parafernalia para durar hasta octubre, con la falsa ilusión de que "Scioli ya ganó". Y en todo caso desentendiéndose de lo que ella y Kicillof saben: que después el ajuste deberá hacerlo el próximo Gobierno. Si le tocase a Scioli, lo deberá hacer Scioli.
 
¿Cuál es el problema? Que el tema ha comenzado a estallar en pequeñas dosis una semana antes de las PASO. Y con la primera vuelta de octubre, donde la propaganda oficial intentaba hacer creer que será un mero trámite, a la vuelta de la esquina.
 
Macri, después de convertirse al kirchnerismo, con esfuerzo y algún retoque en el discurso, ha logrado revertir aquel mal paso y hasta según varias encuestas crece en intención de voto. La sociedad habría entendido nomás que Macri plantea respetar algunas de las políticas del Gobierno: YPF, Aerolíneas, AUH. Pero sacándole el componente corrupto y administrándolas mejor.
 
Y se viene el despegue de Scioli con temas muy caros al "relato K" como la inflación negada, el necesario acuerdo con la deuda para poder retornar al crédito barato, el regreso a Europa y Estados Unidos. Es posible que Scioli también se refiera a otro tema tabú como es el de la corrupción estatal. A Cristina podría caérsele alguna estantería encima.

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