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Por Natalio R. Botana. Historiador y politólogo
“Mauricio Macri prometió que iba a lograr pobreza cero en la Argentina y cada vez hay más pobres. Dijo que venía a unir a los argentinos y cada vez es más grande la grieta”. Juan Manzur, gobernador de Tucumán
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Nacionales - 01-03-2011 / 10:03
EFEMÉRIDES POPULARES: EL 1° DE MARZO DE 1948 EL ESTADO NACIONAL TOMA POSESIÓN DE LOS FF.CC. NACIONALIZADOS POR PERÓN

Juan Perón nacionaliza los ferrocarriles británicos y franceses

Juan Perón nacionaliza los ferrocarriles británicos y franceses
Afiche de la época.
En un día como hoy, pero de 1948, bajo la dirección  del General Perón, el gobierno rompe uno a uno los eslabones que sometían nuestra economía al  Imperio Británico: se nacionaliza los ferrocarriles, lo que significó una etapa fundamental en la obra de recuperación nacional de los servicios públicos para el pueblo argentino.
 
El Gobierno procedió a la estatización de la red ferroviaria que se cerraba en abanico hacia Buenos Aires, propiedad del capital británico, como así también de la red ferroviaria de la zona cerealera, con vértice en Rosario, perteneciente a empresas francesas. Scalabrini Ortiz sintetiza el meollo de la cuestión en esta frase contundente: "Adquirir los ferrocarriles equivale a adquirir soberanía".
 
De la redacción de La Opinión Popular
En 1947 Perón nacionaliza los ferrocarriles que era una de las reivindicaciones nacionalistas más importantes del peronismo,y el gobierno toma a su cargo una ancha franja de la economía argentina que comprende desde los servicios públicos hasta empresas productivas.
 
 
Los Ferrocarriles argentinos
 
Sostiene el ensayista e historiador Norberto Galasso, en su monumental obra de dos volúmenes "Perón", que después de difíciles tratativas, el Gobierno procedió a la estatización de la red ferroviaria que se cerraba en abanico hacia Buenos Aires, propiedad del capital británico, como así también de la red ferroviaria de la zona cerealera, con vértice en Rosario, perteneciente a empresas francesas.
 
Estas medidas resultan insoslayables para un proyecto de crecimiento económico y planificación nacional, por lo cual deben aquilatarse desde esa perspectiva y no meramente desde los pormenores de la negociación, ya sea montos, plazos de pago, etc.
 
Los opositores al peronismo, desde el conservadorismo hasta la izquierda tradicional, enfocan la crítica haciendo eje en el monto abonado por la nacionalización, el mayor o menor deterioro del material rodante o la supuesta debilidad negociadora de los representantes argentinos, a tal punto que algunos pretenden mostrarla como impuesta por el capital extranjero.
 
Como se comprende, analizar una cuestión macroeconómica con el criterio de tenedor de libros de un quiosco de cigarrillos no puede llevar a ninguna conclusión correcta.
 
Raúl Scalabrini Ortiz sintetiza el meollo de la cuestión en esta frase contunden­te: "Adquirir los ferrocarriles equivale a adquirir soberanía".
 
 
Empresas británicas
 
A través de libros, artículos y conferencias, Scalabrini demostró que el negocio ferroviario los ingleses en la Argentina fue un gran despojo por muchas razones, entre otras, la cesión a las empresas de amplias fajas de terreno al costado de las vías, la rentabilidad garantizada del
7% sobre capitales que eran abultados en los balances y otras ventajas de tipo impositivo o financiero que derivaban de las concesiones.
 
Scalabrini enseña que la red ferroviaria británica, trazada en abanico hacia el puerto de Buenos Aires, fue "la tela de araña metálica que atrapó a la mosca de la República" y la condenó "al primitivismo agrario", es decir, a la condición semicolonial con respecto al imperialismo británico, según la teoría colonialista de la división internacional del trabajo.
 
Esa red fue el sistema neurálgico que sustentó una economía de exportación de carnes y cereales baratos, e importación de artículos manufacturados extranjeros caros, en gran medida ingleses. No solo por su trazado -típicamente colonial- sino también porque la tarifa parabólica aplicada a los fletes impidió sistemáticamente que en el interior argentino se desarrollasen industrias competidoras del producto importado.
 
En razón de ese rol colonialista, no existe posibilidad de planificar ningún desarrollo manteniendo el transporte ferroviario en manos extranjeras.
 
Por este motivo, así como el Gobierno entendió que la nacionalización de los ferrocarriles constituía un hito ineludible en un proceso de liberación nacional, así también los intelectuales y dirigentes políticos de los partidos tradicionales que -consciente o inconsciente bregaban a favor del viejo país agroexportador- se obsesionaron atacando esta medida.
 
Para ello, divulgaron, en primer término, una fábula que aun opera sobre algunos sectores medios: la compra fue un disparate porque estaba por vencer la ley Mitre, cual caducaban las concesiones ferroviarias y las empresas pasaban gratuitamente al Estado argentino.
 
Basta leer los contratos para advertir la inconsistencia del planteo: las concesiones -aunque sorprenda a muchos- eran "a perpetuidad", por lo cual Scalabrini ironizaba que el sol dejaría de calentar pero que todavía habría un inglés en la Argentina, titular de estas concesiones. Lo que caducaba, al vencer la ley Mitre, era la exención impositiva para importar todo tipo de repuestos ferroviarios.
 
 
Con respecto a otras empresas que quedaron en manos del Estado argentino con la nacionalización de los ferrocarriles Rodolfo Puiggrós revela su importancia.
 
Identifica a Expreso Villalonga, Expreso Furlong, Empresa de Transportes S.A., Compañía de Transportes Cordilleranos, Compañía Internacional de Transportes Automóviles, Compañía El Cóndor, Compañía El Valle; Puertos: Dock Sur en el Puerto de Buenos Compañía de Muelles y Depósitos del Puerto de La Plata, Puerto Ing. White, Puerto Grande, Puerto Galván, Puerto Ibicuy, Puerto Villa Constitución.
 
Además, a Empresa Eléctrica de Bahía Blanca, Depósitos Frigoríficos de San Juan, Compañías de Tierras y Hoteles de Alta Gracia, Frigorífico de Productores de Uva, Fomento del Norte Argentino, Argentina Agrícola, Ganadera e Inmobiliaria, Sociedad de Aguas Corrientes de Bahía Blanca, Sociedad de Consumo Ramos Generales, Ferrocarrilera de Petróleo, Distribuidora Nacional de Frutas, Frigorífico Mercado del Once, Hoteles Sudamericanos, Líneas Económicas ­Decauville.
 
Entran también en la operación: edificios y terrenos en todo el país (en Capital y Gran Buenos Aires solamente 3 millones de metros cuadrados, valuados en 900 millones de pesos), así como acciones de grandes tiendas, diarios (Editorial Haynes, dueña del diario El Mundo y revistas afines, Mundo agrario, etc., así como la revista El Hogar).
 
 
Se adquirió soberanía
 
Analizar la cuestión desde el costo de la compra o los resultados de los balances significa omitir la gran cuestión: la necesidad de que esa red que atraviesa el cuerpo del país sirva, a través de sus recorridos y sus tarifas, al crecimiento económico, el desarrollo de las economías regionales, etc., del mismo modo como la abaratamiento del boleto subsidia a los trabajadores en relación con el boleto del ómnibus, aspecto que descuidan los que viajan solamente en automóvil.
 
 
Empresas francesas
 
al hacer referencia a la "Argentina, granero del mundo", se omite la importancia que tuvieron tres empresas ferroviarias de capitales franceses, con centro en el puerto de Rosario: el Ferrocarril Francés de la Provincia de Santa Fe, una red que conecta el interior de la provincia con el puerto y por donde, en su inicio, se exportaba lana, y luego, especialmente cereales; la Compañía general de Ferrocarriles en la Provincia de Buenos Aires, cuyo trazado cubre el norte de la provincia de Buenos Aires y Sur de Santa conectando Rosario-La Plata; y el Ferrocarril Rosario-Puerto Belgrano, que comete la audacia de cruzar el abanico tendido por las empresas británicos en la provincia de Buenos Aires.
 
Importantes bancos franceses participaron en estas empresas y grupos dedicados a la exportación, como Dreyfus y Bemberg, este último ligado a la concesión del Puerto de Rosario. Esta red resulta un calco, en pequeño, del ferrocarril inglés, en tanto su trazado es también típicamente colonial, orientado en este caso al Puerto de Rosario. El control de la economía de la llamada "pampa gringa", por parte del gobierno nacional, exigió la recuperación de estas líneas de transporte.
 
De la redacción de La Opinión Popular

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25-06-2017 / 10:06
Con 70 años de historia a cuestas, al peronismo le va costando cada vez más reproducir y multiplicar su especie, pero -sin embargo- sigue siendo el gran obstáculo para normalizar la política argentina. E incluso para normalizarse a sí mismo.
 
Cuando lo intentó, impulsado por los aires renovadores que el alfonsinismo y la democracia trajeron a la Argentina en los 80, ese deseo de transformarse en un partido más, adherido a todas las normas republicanas, fue apenas una coartada.
 
Una coartada para que las huestes decrépitas de Lorenzo Miguel y Herminio Iglesias le traspasaran el peronismo a Carlos Saul Menem, como primer nuevo emperador luego de la muerte de Perón. Después Eduardo Duhalde haría lo mismo traspasando el movimiento de Menem a los Kirchner como nuevos monarcas absolutistas del imperio peronista.
 
Constituyéndose con esos dos grandes pases de manos un nuevo sistema político con el cual el justicialismo devino en un gran deformador de la política argentina, por sus pretensiones de totalidad, de transformar al resto de los partidos en sus apéndices.
 
Como si el peronismo fuera la Nación y el resto del país no peronista apenas un cuerpo extraño dentro de la Nación. El mundo al revés, que eso viene siendo hace tiempo la Argentina.
 
Y en ese modo de ser en que devino el movimiento después de Perón, las similitudes entre Carlos Menem y Néstor Kirchner son infinitamente superiores a sus diferencias. Como que se hubieran esforzado -conscientemente o no- en mantener vivos todos los defectos de Perón y en hacer desaparecer sus virtudes, particularmente las que tuvieron que ver con la integración y movilización sociales de los sectores más carenciados.
25-06-2017 / 10:06
25-06-2017 / 10:06
25-06-2017 / 09:06
¿Cuál será la Argentina política que compondrán las PASO, esta "gran encuesta nacional" que son las primarias criollas? ¿Será un anticipo de la ratificación electoral, en octubre, a lo hecho por el gobierno de Mauricio Macri, y que lo habilitaría a avanzar en nuevas reformas neoliberales que tiene en carpeta? ¿O podrá constatar que hay un rechazo popular mayoritario a tales reformas implementadas y un acotamiento en lo que resta hasta diciembre de 2019?
 
Superada la primera instancia definitoria (la presentación de las listas de precandidatos a diputados en todo el país y a senadores en ocho provincias), el macrismo aparece a priori mejor posicionado nacionalmente que la oposición, con el peronismo partido en tres. Si cabe llamar peronismo al cristinismo.
 
El primer dato en ese sentido es la extensión de la presencia de la alianza Cambiemos a casi todo el país (la excepción es la Capital, cuna del Pro), lo que representa un crecimiento y consolidación significativos respecto de 2015. El perfil de sus candidatos evidencia que el eje de campaña será postularse como "oposición de la oposición". La característica substancial de ellos es ser denunciadores seriales de los K.
 
Pero hay un dato más relevante: la división en el "panperonismo", que tendrá especial incidencia donde se librará "la madre de todas las batallas", la provincia de Buenos Aires. Las elecciones se realizarán en todo el país, pero el resultado político se definirá en la única elección con repercusión nacional que se dará ahí, en el 40 % del padrón. Lo que no está claro es cómo va a terminar.
 
La alianza Cambiemos apuesta a la pequeña política, a la polarización, ya que llega a la mitad de su mandato sin otro "capital" que el rechazo al pasado: no hubo segundo semestre (ni tercero, ni cuarto), ni "brotes verdes", ni "lluvia de inversiones" y junto con la economía se deterioraron todos los indicadores sociales. En ese marco, su estrategia es la división del peronismo, tarea en la que tuvo un relativo éxito.
 
El macrismo consiguió lo que había buscado: fraccionar al enemigo peronista y polarizar con Cristina porque ella tiene un techo bajo y un prontuario largo para recordar en la campaña. Pero ese protagonismo, que le ha dado el Gobierno, tiene un problema: Cristina ha crecido más de lo que ellos imaginaban y la economía ha crecido menos de lo ellos necesitan. Y en octubre puede pesar lo que ellos no suponían.
 
Los desafíos de octubre son: El de Cambiemos es consolidarse y si cae en Buenos Aires, sobrevivir. El de Cristina es ganar la banca y fueros que la protejan. También volver al centro de la escena. El de Massa es mantener el número de diputados y quedar perfilado para el 2019. Macri sabe que la garantía de su mandato depende de estos comicios. Con la polarización ha jugado al todo o nada. Puede ganar la elección nacional pero engordó tanto a Cristina que se compró un problema. Si pierde ante Ella en Buenos Aires, la tendrá más que complicada.
 
La Opinión Popular

24-06-2017 / 12:06
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