La Opinión Popular
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Hay que recuperar el progresismo
Por Luis Alberto Romero - Historiador.
“La detención de José López, resulta un bochorno y una obscenidad para la clase dirigente. Después de esto, creo que no le quedan dudas a nadie de que el kirchnerismo está herido de muerte”. Juan Schiaretti
Nacionales - 01-02-2011 / 09:02
ELECCIONES 2011

¿Qué le pasa a Cristina Fernández?

¿Qué le pasa a Cristina Fernández?
Cristina Fernández de Kirchner.
Raúl Kollman sigue difundiendo por el paraestatal Página/12 las encuestas del clientelar Roberto Bacman que exhiben un presente glorioso y un futuro de lujo para Cristina Fernández, pero ¿qué está pasando con la Presidente, viuda de Néstor Kirchner?
 
En el Frente para la Victoria afirman que todo avanza sin dificultades hacia una segura reelección de Cristina Fernández. Pero ¿es cierto? No hay indicios de que la placidez reine en el Frente para la Victoria.
 
No ocurría eso en días de Néstor Kirchner (es más, las crisis arrasaron con el sistema cardiovascular del líder del FpV) y no tendría porqué ocurrir sin Néstor Kirchner. Resultaría un contrasentido que el FpV, que impulsa la veneración de Kirchner, considere que ahora que él se marchó, ha llegado la hora del triunfo.
 
En verdad, el FpV ha montado una gran acción de prensa, con muchas encuestas, cuestionamiento de los opositores y difusión de estadísticas económicas cuestionables. Pero adentro hay, por lo menos, complicaciones.
Durante el fin de semana, Eugenio Paillet le dedicó su columna en el bahiense La Nueva Provincia, a las disputas internas en el Ejecutivo Nacional y a las profundas dudas que persisten acerca de la candidatura de Cristina a un 2do. mandato consecutivo.
 
Básicamente, a los graves problemas estratégicos que hoy día tiene el Frente para la Victoria.
 
Aquí algunos conceptos muy interesantes para destacar:
 
1. "(...) Pocos pueden poner en duda que, a tres meses de su desaparición física, el gobierno no llora a Néstor Kirchner, lo sufre. Lo extraña horrores. Sólo hace falta mirar el cuadro completo de lo que ocurre para reafirmar esa impresión en torno de ese mal de ausencia que ha atacado al gobierno, desde la presidenta para abajo (...)". 
 
2. "(...) Una mera observación permite sostener que ella no gobierna, que sigue metida en su mundo de maravillas, mientras, por debajo, las peleas y las zancadillas entre ministros y secretarios, entre funcionarios nacionales y provinciales, se suceden con una furia impensada hace tres meses (...)".
 
3. "(...)Aníbal Fernández ha acusado a algunos de sus colegas de gabinete, o a operadores todoterreno de estos, antes que a ningún multimedios o a los enemigos que siempre guarda en el arco opositor, de ser los autores de dar manija diaria a los rumores sobre su pérdida de poder, sobre su siempre inminente y nunca concretada renuncia, y hasta de filtrar algunos gruesos calificativos que le habría dedicado la propia presidenta en una reunión en Olivos, una mañana de la semana anterior. (...)"
 
4. "(...) El ministro de Justicia de la provincia de Buenos Aires, Ricardo Casal, sabe, por confidentes y por simple ejercicio de larga militancia en la arena política, que hay en marcha una fuerte campaña para desprestigiarlo y voltearlo del cargo, que dirigen, con personal encono, su colega nacional de Seguridad, Nilda Garré, y el jefe de gabinete en las sombras de la funcionaria, el periodista Horacio Verbitsky. Los "pecados" de Casal serían sus críticas reservadas al operativo de saturación con gendarmes del territorio provincial para combatir la inseguridad, que, dicho sea de paso, hasta ahora se mostró como un completo fracaso. O, más grave todavía, ser uno de los impulsores bajo cuerda del operativo destinado a instalar la candidatura presidencial del gobernador para octubre de 2011. (...)".
 
5. "(...) Amado Boudou es otro de los ministros que tienen para entretenerse con las peleas de pasillo con sus pares y con los que no lo son, también. En campamentos del ministro de Trabajo, Carlos Tomada, o en los del senador Daniel Filmus, precandidatos a la jefatura de gobierno porteño junto con el mediático titular del Palacio de Hacienda, saben de esas trapisondas. Peronista de vieja data, Tomada no deja de sospechar sobre la rara coincidencia entre la fortísima instalación de su precandidatura que ha hecho Boudou en los últimos días, y persistentes versiones que llegan a las redacciones sobre una supuesta decisión del ministro de Trabajo de tener ahora mismo decidido abandonar la carrera y bajarse de su candidatura. Un paso que, por caso, desmiente la fuerte pegatina callejera de carteles que aparecieron este fin de semana, en los que Tomada posa junto a Cristina, bajo el eslogan de que un gobierno porteño con inclusión social (bajo su mando, se entiende) es posible" (...).
 
6. "(...) Filmus sabe (o, en todo caso, lo intuye) que las fuerzas de choque del ministro de Economía están demasiado interesadas en presentarlo ante los porteños como "lo viejo", o "el padre de la derrota" del kirchnerismo en 2007 a manos de Mauricio Macri. En un despacho del Palacio de Hacienda, se esmeraron, horas atrás, en ningunear las encuestas, cuando no en dudar directamente de su transparencia, que hoy otorgan a Filmus una intención de voto quince puntos por encima de lo que miden Boudou y Tomada, en ese orden. (...)".
 
7. "(...) El colmo de las peleas internas se observó alrededor del duro documento que difundió la Unión Industrial Argentina, quejosa por el perjudicial nivel que está tomando el aliento a las importaciones, en desmedro de la mano de obra local. La ministra de Industria, Débora Giorgi, que tiene más detractores dentro que fuera del gobierno, cruzó con dureza ese texto, con declaraciones que formuló desde Santiago de Chile. Horas después, Aníbal Fernández y Boudou salieron a decir que estaban encantados con ese pronunciamiento de la central fabril y que coincidían en un todo con el contenido del comunicado. "A lo mejor, Débora se intoxicó leyendo "Clarín", la terminó de cruzar el jefe de gabinete. (...)".
 
8. "(...) En algunos despachos, se cita como ejemplo (tardío, pero ejemplo al fin) lo que ocurrió con el sonado viaje de Cristina por Medio Oriente, durante el cual, además, habría pronunciado aquella frase-despedida que tanto alarmó al kirchnerismo puro, acerca de que, por suerte, era la última vez que hacía lo que estaba haciendo. (...)".
 
9. "(...) Antes, Kirchner se subía a cualquier palquito y bajaba línea tanto hacia afuera como hacia adentro, y nadie chistaba", se vuelve a lamentar el hombre. Ahora, resulta evidente que los ministros no conocen otro libreto, y que Cristina no les baja ninguno que no sea el rebuscado recurso de echarle la culpa al multimedios de todo lo malo que les pasa. (...)".
 
10. "(...) Cristina Fernández ha dado una muestra más de su enorme dependencia del cacique cegetista Hugo Moyano, quien le reclamó y obtuvo un decreto para que el gobierno reparta entre las obras sociales afines al camionero unos $ 1.000 millones, como parte de un anticipo de una presunta deuda mayor, cercana a los $ 5.000 millones. Esa plata irá a los bolsillos de los dirigentes sindicales en pleno arranque de la campaña electoral, y en medio de las nuevas amenazas del camionero de patear el tablero si lo marginan de la elección del candidato a vicegobernador bonaerense, o no le dan todos los cargos que pide en las listas de candidatos legislativos nacionales y provinciales en las elecciones de octubre. (...)".
 
Fuente: Urgente 24
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26-06-2016 / 09:06
Cristina se convirtió en la jefa de la conspiración. La última carta que publicó confirma todas las sospechas. Con información confusa y cargada de supuestos y miradas ridículamente detectivescas, la ex presidenta de la Nación intenta colocarse en víctima de una persecución por parte del actual gobierno al que asocia a una dictadura porque dice que la democracia de hoy es "de nula intensidad". Inquietante y peligroso.
 
Ella, que fue la jefa del gobierno que más persiguió y atacó a quienes pensaban distinto, ahora que perdió las elecciones en las urnas quiere instalar la idea contraria. Pretende aparecer como perseguida cuando comandó muchos años de persecución. Cristina no es víctima de ningún ataque desde el Estado. En todo caso fue la victimaria de opositores o periodistas independientes mientras tuvo casi la suma del poder público.
 
¿Hay acaso jueces adictos a Macri que tengan puesta la camiseta amarilla como muchos antes se pusieron la camiseta de Justicia Legítima? ¿Es el Congreso una escribanía reducida a la servidumbre sometida a la mayoría del Frente para la Victoria como ocurrió durante gran parte del kirchnerato? ¿Hay un amigopolio de medios de comunicación sostenido con la pauta oficial para hostigar y agredir a todos y todas? ¿Funcionan la AFIP y los servicios de inteligencia como instrumentos de castigo y extorsión hacia argentinos que no comulguen con el actual oficialismo?
 
Todo esto pasó durante el gobierno de Cristina. Nada de esto pasa ahora. Por ahora. Y si llegara a pasar, lo vamos a denunciar como corresponde.
 
Cristina tiene miedo de ir presa. Por eso no le queda otra que fomentar el caos y las protestas salvajes. No puede defenderse en los tribunales y cree que su única salvación es el fracaso de este gobierno.
 
Sueñan con ver a Macri en un helicóptero y repetir la imagen de Fernando de la Rúa. El humor de Rolo Villar otra vez fue la mejor editorial: "Cristina el año pasado no quiso entregar la banda y ahora la banda la va a entregar a ella".

26-06-2016 / 09:06
Como la avalancha de acciones judiciales contra ex funcionarios de los gobiernos kirchneristas toma cada día más volumen y más velocidad, tres influyentes personajes de ese sector político han puesto en marcha lo que parece una complicada estrategia de salvataje.
 
Integran esa "fuerza de tareas" el ex secretario Legal y Técnico, Carlos Zannini; el ex juez de la Corte, Eugenio Zaffaroni y el periodista y operador político Horacio Verbitsky. Tienen como único objetivo evitar que la ex presidenta Cristina Fernández, vaya presa.
 
En distintos estamentos de la Justicia se asegura que el trío acciona todos los mecanismos que todavía conservan para rodear de impunidad a la ex mandataria, prescindiendo de la suerte de los otros caídos en desgracia. En términos simples, "que los demás se las arreglen como puedan, pero a Cristina hay que salvarla".
 
Para eso, cuentan con el compromiso de un conjunto de secretarios, jueces, fiscales, camaristas y, por cierto, con el aporte ahora más disimulado pero efectivo de la procuradora general, Alejandra Gils Carbó.
 
Esa maraña de investigaciones, imputaciones, procesamientos, detenciones y hasta extradiciones pendientes, aceleradas por jueces que parecen haber despertado de una larga siesta, está teniendo a la vez efectos políticos devastadores: desde la indignada contemplación que hace de los acontecimientos la opinión pública, hasta la sangría que se está produciendo en las organizaciones que hace poco tiempo eran disciplinadas y obedientes en el cumplimiento de las órdenes de la jefa.
 
Debería considerarse, éste, un escenario político ideal para el gobierno de Mauricio Macri porque le permite avanzar sobre un kirchnerismo golpeado en el Congreso y también ganar tiempo con el espectáculo de la corrupción en los medios, hasta conseguir que se produzcan mejoras en la situación económica.
 
Pero tiene como riesgo que se genere una sobrecarga de expectativas en la sociedad para ver en la cárcel a la totalidad de los corruptos, cuando nadie puede asegurar que eso vaya a ocurrir. 

26-06-2016 / 09:06
El gobierno de Mauricio Macri parece un cómodo espectador de una pelea entre sus enemigos comunes y de la que, sin siquiera calzarse un guante, podría resultar beneficiado. Es un cómodo espectador que asiste entre azorado y esperanzado al festival de kirchneristas desfilando por los juzgados ante los ahora veloces magistrados de Comodoro Py.
 
Los funcionarios de Macri muestran las tapas de los diarios y se entusiasman con lo obvio: hace dos semanas que no hay titulares que destaquen los problemas de la inflación, el ajuste de las tarifas, los Panamá Papers, las inconsistencias en algunas declaraciones juradas del gabinete, y los otros temas que sirvieron de argumento para los enemigos que insistían en colgarle a Macri el sayo de que gobierna para los ricos.
 
Hay otra línea, que encarnaría centralmente el ministro de Justicia, Germán Garavano, que sostiene que, si bien los jueces deben investigar, elevar las causas a juicio oral y dictar sentencia, al mismo tiempo expresan una mirada dura sobre esos mismos magistrados que ahora se atropellan por los pasillos de tribunales para ver quien investiga más rápido, mientras durante ocho años estuvieron entregados a una larga siesta. Sostienen que, si tuviesen un poco de dignidad, la mayoría de esos jueces federales deberían presentar sus renuncias.
 
En ese punto, hay un toque de atención, para algunos una verdadera piedra en el zapato, que es Elisa Carrió. La diputada de la Coalición Cívica y auto titulada "garante moral" de Cambiemos le reclama a Macri que el gobierno no baje los brazos y no permita que la ola de investigaciones se caiga, aunque al mismo tiempo habla pestes de todos los jueces por igual.
 
Una tercera mirada que convive con esos dos modos de analizar la realidad judicial del país y el derrumbe sin remedio del kirchnerismo tiene que ver con cuánto le conviene políticamente al Presidente que ese terremoto seguido de un tsunami que se abatió sobre los principales actores del gobierno anterior se precipite tan de golpe.
 
Macri expresaba su gusto particular por un escenario nítido y extendido: tenerla a Cristina Fernández como principal contendiente, con la intención de que esas dos fuerzas fuesen las que se vieran las caras en las legislativas de 2017, cuando un triunfo o una derrota del oficialismo podría marcar el futuro mismo de la coalición. Era una buena forma de asestarle el golpe final en las urnas, y no en los tribunales, a su rival.
 
Un solo dato de la realidad exime de cualquier otro comentario. A seis meses del cambio de mando, no hay casi un juez federal o del fuero penal o económico que no tenga un procesado o un imputado del kirchnerismo. Ahora mismo hay más de 30 ex funcionarios o empresarios amigos del poder que caducó el 10 de diciembre que están llamados a rendir cuentas ante la Justicia.
 
Lo más impactante es que 16 de esos imputados o procesados integraron la primera línea de la administración de los Kirchner en los últimos años. El juez Claudio Bonadío podría agregarle más temprano que tarde a esa encumbrada lista el nombre de Cristina Fernández.

26-06-2016 / 08:06
Desde diciembre de 1983 hasta la fecha la dirigencia política democrática argentina no dejó de empequeñecerse y de encerrarse en sí misma. De élite representativa de toda la población se fue transformando en una casta defensora sólo de ciertos intereses económicos, para devenir finalmente una corporación más, mera representante de los privilegios de sus miembros.
 
En 1983, una ciudadanía movilizada de varios millones de personas, conformaron el gigantesco reservorio desde el cual se fueron recolectando los nuevos cuadros políticos de la democracia recuperada. Nunca, como en aquellos años, hubo un nivel tan alto de politización en la sociedad, pero lamentablemente a los pocos años eso comenzó a disminuir porque las nuevas élites no pudieron dar respuesta plena a los requerimientos sociales y el escepticismo fue cundiendo en la población.
 
Con la crisis de fines de los 80 las grandes corporaciones, contra las cuales el radicalismo y el peronismo renovados venían a imponer el equilibrio del liderazgo democrático, socavaron el piso de la novedad. En los 90 ya no tuvimos más políticos plenos sino, en el mejor de los casos, gerentes o técnicos sin capacidad de liderazgo y, en el peor, testaferros de los intereses económicos.
 
Todo esto terminó con la nueva crisis, la de 2001-2. A partir de entonces, y luego del breve interregno duhaldista que se ocupó de hacer los trabajos sucios, asumió -gracias a él- Néstor Kirchner como Juan Manuel de Rosas con la suma del poder público (pero sin hacer los méritos que hizo Rosas para llegar a ese podio).
 
El kirchnerismo no fue la clase política contra las corporaciones como de algún modo pudo serlo en los 80. Fue la clase política queriendo convertirse en la única corporación con poder, no para representar al interés general sino a los políticos como casta particular que se autonomiza del resto de la sociedad.
 
Quien hoy intenta asumir la conducción de la sociedad es un nuevo experimento en el que en un solo haz tenemos a gerentes, empresarios y políticos reunidos en una constelación precaria pero que alcanzó para ganar las elecciones y que parece ya haber generado cambios muy significativos, sobre todo en el terreno institucional. Hoy nos gobierna una élite que preside un político de origen empresario (que para algunos viene a expiar los pecados de su padre, mientras que para otros viene a representarlos).
 
Son sus ministros muchos gerentes de empresas privadas, y construyen consenso un grupo reciclado de políticos de los viejos partidos. De algún modo se intenta demostrar que la alianza entre empresarios, políticos y gerentes puede ser fructífera. Una nueva ¿santísima? trinidad.
 
No obstante, el proceso democrático de renovación institucional va más allá de lo que ocurre dentro del PRO. Así, muchos de los que se juntaron para derrotar un sistema indefendible, ahora cada uno se va por su lado. Pero eso está bien. Implica que ya no hay hegemonismos ni batallas culturales. Hay disputas políticas que es lo lógico en una república. Ya no somos Dios contra el Diablo. Nadie se puede diferenciar tanto como para creer que representa exactamente lo contrario del otro. 

25-06-2016 / 11:06
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