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Nacionales - 24-08-2010 / 00:08
PANORAMA POLÍTICO NACIONAL DE LOS ÚLTIMOS SIETE DÍAS

Los K y el caos: ¿Hay vida después del kirchnerismo?

Los K y el caos: ¿Hay vida después del kirchnerismo?
KIRCHNER PIERDE. Es lo que pronostican casi todos los encuestadores. Será sólo si la oposición hace política, encuentra un proyecto, instala un candidato, controla sus egos y trata de dialogar y consensuar.
El síndrome del pato rengo. En ninguna encuesta la intención de voto del pingüino supera el 28 o el 30%. Muy lejos del 40% + 1 inevitable para vencer en la primera vuelta. A pesar de ello, los K lograron lo que no pudo ni Alfonsín ni Menem, dar la falsa imagen de que pueden seguir gobernando el país después del 2011. Así, van a ejercer el poder hasta el último día.
 
- ¿Los Kirchner o el caos? El eje de la campaña electoral es que si el Gobierno K pierde las elecciones prácticamente se acabaría el mundo, el país se precipitaría en el caos, habría un estallido o entraría en riesgo la estabilidad democrática.
 
- Limites a la estrategia kirchnerista. El proyecto del 82% móvil, la media sanción a la ley de Glaciares, la reforma del INDEC, la arremetida contra Papel Prensa; la medida que caduca la licencia de Fibertel, la ofensiva total contra el periodismo no complaciente, ¿Benefician o lesionan al Gobierno K?
  
- Kirchner pierde en 2011. Porque el kirchnerismo no tiene paz con el sector privado; ni con el periodismo independiente, al que se busca acallar; menos con la ancha franja de la clase media urbana y rural, a quienes asusta esa propensión al autoritarismo que tienen los K.

- La postal del miedo a la desestabilización democrática, qiuzás pueda servir si se monta sobre los malos recuerdos que dejó la Alianza en 2001, pero difícilmente funcione contra el Peronismo Federal de Duhalde, De Narváez, Solá, Rodríguez Sáa, Busti y Reutemann.
  
- ¿Quiénes le pueden ganar a los K? Según las encuestas, Alfonsín - Binner y Reutemann - Solá parecen ser hoy las fórmulas más taquilleras para ganarle a los K. En tanto, el kirchnerismo busca rearmase para sobrevivir, desde la oposición, a partir de fines de 2011.
 
De la redacción de La Opinión Popular

El síndrome del pato rengo
 
En la jerga política de los EE.UU. se denomina "pato rengo" ("lame duck") a aquellos gobernantes que van a culminar su mandato y comienzan a sufrir una fuerte pérdida de poder ante la imposibilidad de ser reelegidos. 

La figura tiene su origen en el campo de la náutica. La peyorativa denominación, era utilizada por los marinos, a finales del siglo XVIII, para designar a los barcos averiados que no podían llegar a buen puerto si no eran ayudados por otras embarcaciones.

A pesar del optimismo que les provoca a los K las encuestas propias, la marcha de la economía y una mejora en la percepción social, en ninguna encuesta la intención de voto del pingüino supera el 28 o el 30%, ni siquiera en aquellas elaboradas por encuestadores allegados al kirchnerismo.

Muy lejos del 40% + 1 inevitable para vencer en la primera vuelta. Complicado también, si se tiene en cuenta que se debe evitar que el principal opositor supere el 30%.

Es necesario recordar que, en las elecciones legislativas del 2009, Kirchner apenas amontonó el 32% de los votos, cuando perdió frente a la Unión Pro de Francisco de Narváez por tres puntos.

A pesar de ello, hay que reconocer que los Kirchner lograron evitar el síndrome del pato rengo, lo que no pudo ni Raúl Alfonsín ni Carlos Menem un año antes de terminar sus mandatos, y así dar la imagen de que Néstor o la presidenta Cristina pueden seguir gobernando el país después del 2011. Así, Kirchner va a ejercer el poder hasta el último día.

Esta estrategia, reforzada con encuestas arregladas, se completa con la idea de que si los patagónicos no fueran elegidos para continuar en el gobierno en 2011 prácticamente se acabaría el mundo.


¿Los Kirchner o el caos?
 
Los Kirchner han fijado como eje de la campaña electoral del oficialismo que si el Gobierno pierde las elecciones, el país puede precipitarse en el caos, habría un estallido o entraría en riesgo la estabilidad democrática.
 
Cristina asusta a la opinión pública con el caos cuando expresa que la Argentina ingresaría en el default en noventa días, si el Senado aprueba las mejoras para las paupérrimas jubilaciones mínimas que, en su inmensa mayoría, están por debajo de la canasta básica. También lo hace cuando recurre a la cantinela destituyente.
 
Se busca reinstalar el recuerdo de la derrota del alfonsinismo en 1987 que determinó la crisis económica que llevó a la hiperinflación y la cesión adelantada del poder en 1989, y la derrota de De la Rúa en 2001, que precipitó su caída y el derrumbe del plan de convertibilidad.
 
Esta estrategia es usual en política y por supuesto es falsa, tiene por objetivo generar el miedo en la gente para ganar las elecciones, convenciendo a los electores indiferentes a que, por temor al caos, pongan su voto a favor del statu quo escogiendo el oficialismo gobernante.

Como buenos seguidores del decisionista alemán Carl Schmitt, los K juegan a "Kirchner o el caos" que es un juego de todo o nada, de enemigos y no de adversarios. Esta táctica forja una convivencia cada vez más difícil con la oposición y daña la necesaria tolerancia democrática, sobre todo cuando nuestra sociedad comienza a expresarse políticamente en forma más plural.

Aunque tácticamente fuera eficaz para inclinar determinados sectores indecisos a favor del oficialismo K, esto se realiza abonando un costo estratégico muy alto.

Además, aumenta la incertidumbre en el plano económico, porque si el descalabro electoral oficialista llevara al caos, quienes deben tomar determinaciones económicas o financieras esperan y quienes consumen lo hacen con más precaución.
 
 
Los límites a la estrategia kirchnerista
 
Los datos de la realidad, la única verdad, indican que los Kirchner han recobrado la iniciativa política y lograron reducir en algunos puntos su imagen negativa.
 
El Gobierno K mejoró levemente su situación en las encuestas, pero para perforar el techo del 30% que hoy tiene y garantizar una victoria electoral en la primera vuelta precisa sumar nuevos dirigentes y sectores para suplantar a las que se marcharon. Y eso supone un esfuerzo difícil para encontrar nuevos aliados, porque el costo, en términos electorales, de adherir al kirchnerismo es muy grande.
 
Por otra parte, el kirchnerismo ve con intranquilidad un avance opositor en el Congreso, como no se había observado nunca en estos últimos años. Por eso, las arengas oficialistas buscan denigrar a una oposición que igualmente le ha propinado varias palizas en el Congreso, como:
 
- El proyecto del 82 por ciento móvil, para que el sistema previsional sea socialmente justo. No como ahora que se despilfarran sumas multimillonarias en el "fútbol para todos" o en una aerolínea totalmente deficitaria. Para ello se debe cambiar el rol que desempeña la Anses, institución que ha servido solo para aportar fondos que los kirchneristas usan en su proyecto de "capitalismo de amigos", repartiendo subsidios millonarios entre aquellos grupos que les son afines: los socios empresarios del poder K.
 
- La media sanción a la ley de Glaciares, que es resistida por las empresas mineras multinacionales que bancan al kirchnerismo y que es, además, impugnada por los gobernadores de las provincias cordilleranas donde existen yacimientos concesionados a las multinacionales.
 
- La reforma del INDEC, para corregir los índices oficiales de inflación, que tienen poco que ver con lo que sucede en los bolsillos de la gente; y terminar con el apañamiento del secretario de Comercio Interior, el bravucón Guillermo Moreno, de la actual situación en el Indec K, con métodos nazifascistas de persecución a los empleados.
 
Por otra parte, a ello se le agrega la guerra declarada contra el Grupo Clarín; la próxima arremetida contra Papel Prensa; la descalificación constante del periodismo y de los periodistas, y el desconocimiento de la prensa como uno de los protagonistas esenciales de la vida democrática. ¿Podrán los K desarmar a los grandes medios y armar su propio monopolio de comunicación estatal?
 
También está la desacertada medida de buscar caducar la licencia de Fibertel, inventando una causa inexistente para fulminar a ese servidor de Internet a más de un millón de abonados y 4 millones de usuarios, encuadrada en la lucha contra el Grupo Clarín.
 
Este domingo, el periodista Morales Solá se preguntaba: ¿Por qué esta ofensiva total contra el periodismo? Tal vez una de las razones sea que Kirchner se enteró que la Corte Suprema de Justicia tiene una opinión contraria a la del Gobierno sobre la ley de medios. O que otro motivo de la furia haya sido la información de que no podrán vincular a los hijos de la directora de Clarín con los desaparecidos. 
 
Todas estas medidas, ¿benefician o lesionan al Gobierno K?
 
 
Kirchner pierde en 2011
 
El oficialismo cree que los altos índices de crecimiento económico que se pronostican le aseguran automáticamente la reelección.

 
Pero, desde la 125 y el conflicto con el campo, el kirchnerismo no tiene paz con el sector privado, con los empresarios que no se allanan a sus propósitos como ahora Shell, Siderar, Fibertel y Papel Prensa, que toleraran ataques de todo tipo, ni con la Iglesia Católica, con la que rompió totalmente las relaciones.
 
Tampoco con el periodismo independiente, al que se busca acallar, y menos con la ancha franja de la clase media urbana y rural, la enorme porción de la sociedad que le desertó en junio de 2009, a la que algunos sectores del kirchnerismo reconocen que es necesario reconquistar y a quienes asusta esta propensión al autoritarismo que tienen los K.

La estrategia de "los K o el caos", postal del miedo a la desestabilización democrática, tal vez pueda servir si se monta sobre los malos recuerdos que dejó la Alianza en 2001. Pero difícilmente funcione contra el Peronismo Federal de Eduardo Duhalde, Francisco De Narváez, Felipe Solá, Alfredo Rodríguez Sáa, Jorge Busti y Carlos Reutemann.
 
Según Duhalde, ganarle a cualquiera de los K y ejercer el poder, sólo lo podría lograr otro peronista. Y pocos dudan de que él podría gobernar el país, de ser electo en 2011.
 
 
¿Quiénes le pueden ganar a los K?
 

Casi todos los encuestadores pronostican que Kirchner pierde. Pero los que suponen que el kircnerismo está acabado y que el poder pasará espontáneamente a la oposición, deben saber que a los K hay que ganarles. Y que no será fácil.
 
Esto ocurrirá sólo si la oposición hace política, encuentra un proyecto, instala un candidato, controla sus egos y trata de dialogar y consensuar.
 
En la segunda vuelta,  Ricardo Alfonsín - Hermes Binner y Carlos Reutemann - Felipe Solá parecen ser hoy las fórmulas más taquilleras para ganarle a los K. La justicialista es una fórmula con un líder que suma votantes peronistas e independientes y Solá acompaña porque da bien en los medios.
 
La combinación Reutemann-Solá es una alternativa segura de gobernabilidad, si cuenta con el soporte de Francisco de Narváez como gobernador bonaerense y Mauricio Macri en la Jefatura de Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires.


Así, es posible que el peronismo federal se imponga en 2011, pero no es de peronistas sentarse en la puerta de su casa para ver pasar el cadáver del kirchnerismo. El papel de Job no cuadra con el de un justicialista. Porque nada vendrá de arriba.

En tanto, el kirchnerismo busca rearmase para sobrevivir, desde la oposición, a partir de fines de 2011.
 
De la redacción de La Opinión Popular

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