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Kirchner, Mundial y poder - LA RELACIÓN ENTRE POLÍTICA Y FÚTBOL / Noticias de Paraná, Entre Ríos - La Opinión Popular
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Internacionales - 07-07-2010 / 08:07
LA RELACIÓN ENTRE POLÍTICA Y FÚTBOL

Kirchner, Mundial y poder

Kirchner, Mundial y poder
Néstor Kirchner y Diego Maradona.
«Aguante Maradona, la selección y aguante también la Argentina». La presidenta del país, Cristina Fernández de Kirchner, eligió el lenguaje de la tribuna para apoyar al dios caído, pero parecía hablar, además, de otras cosas. «Aún dura la tristeza de la ilusión», lamentó, tal vez porque se jugaba algo más que un partido de fútbol. La eliminación de Argentina ha dado al traste con el plan de la presidenta de asociarse al ideal de triunfo ante los comicios del 2011.
 
Fuente: elPeriodico.com de Barcelona - España

Dicen que cuando juega la selección los enconos se atenúan y la más insólita alianza de clases se teje con los colores celeste y blanco. Y si bien eso es cierto, lo es también que hubo argentinos que se desahogaron con los goles alemanes. Una alegría que tiene una explicación política: la derrota en Suráfrica permite soñar a algunos con otras victorias.
 
Barcelona, la revista política más corrosiva de Argentina, dio cuenta de esa alegría. Una caricatura muestra a los dirigentes de la Unión Cívica Radical (UCR) con la camiseta de la selección mientras gritan: «Volveremos, volveremos otra vez (al poder)». Días antes, el escenario era otro. «Si Argentina sale campeón, ¿Néstor Kirchner gana las elecciones y vuelve a convertirse en presidente?», se interrogó el periodista Luis Majul, en pleno júbilo maradoniano.
 
Antes de la derrota, se decía que la presidenta viajaría a Suráfrica para participar de una coronación que se imaginaba inexorable. Se pensó que recibiría la copa de manos de Diego, besaría a Messi frente a las cámaras y forjaría alrededor de esas imágenes la idea de un país abrazado al ideal de la victoria.
 
«El Gobierno pensaba librar en el frente futbolístico una de las batallas decisivas por su continuidad en el poder. Los goles le darían a la política oficial ese encanto que ella, por sí sola, no consigue», señaló el diario La Nación. La debacle obliga ahora a repensar ese plan.
 
La relación de la política con el fútbol no es nueva en Argentina. Fue una dictadura militar la que trató de sacar provecho a ese sentimiento: organizó el Mundial de 1978, que ganó Argentina, y con ese telón de fondo intentó ocultar las denuncias de violación de los derechos humanos.
 
Llegó la democracia y el Gobierno de Raúl Alfonsín (de la UCR) tampoco fue indiferente al mundo del balón. Al extremo de que trató de forzar la renuncia del entrenador de la selección, Carlos Bilardo. Cosas de la vida: Bilardo, de la mano de Maradona, obtuvo la copa en México-86.
 
Y Alfonsín, la misma tarde del triunfo, le pidió disculpas en público. Su sucesor, Carlos Menem, nombró a Maradona «embajador sin cartera». Pero no dudó en sacrificar al entonces jugador y exhibirlo al mundo como adicto cuando un escándalo se asomaba.
 
Alta inflación
 
En su pelea con el Grupo Clarín, el kirchnerismo descubrió las bondades del fútbol y estatalizó las transmisiones televisivas de los partidos que pertenecían a Clarín. Decidió gastar 110 millones de euros anuales bajo la consigna «fútbol para todos» y se alió con Maradona, que se hizo del partido peronista.
 
El Mundial ha traído un añadido: ha coincidido con los fastos del Bicentenario y la salida de la crisis económica. Las ganas de ver los goles de Messi en alta definición se tradujo en compras de un millón de plasmas. Pero ahora ya nadie quiere hablar de fútbol. La política vuelve a escena. La gente habla de la alta inflación, de que Néstor Kirchner perdería en una segunda vuelta electoral en el 2011...
 
Mientras, el dictador Jorge Videla, sentado en el banquillo de los acusados, vuelve a reivindicar la represión que, en ese 1978, con miles de personas en las calles festejando los goles, llegaba a otra de las máximas formas de crueldad.
 
Fuente: elPeriodico.com de Barcelona - España

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Ante la convicción de que la única salida era la lucha revolucionaria, Fidel Castro participó de la elaboración de un ataque armado contra los cuarteles Moncada, de Santiago de Cuba, y Carlos Manuel de Céspedes, de Bayamo, ambos en la provincia de Oriente el 26 de julio de 1953.
 
El intento de tomar el Cuartel Moncada se basaba en que, por sus características (un importante valor estratégico por su posición; agrupaba al menos 3000 armas; además de encontrarse en una zona activamente opuesta al golpe dado por Batista), podría propiciar un levantamiento popular armado, llamar al pueblo a la huelga general desde la radio y aprovechar las cualidades del terreno (rodeado de montañas y cerca del mar) pudieran posibilitar el desarrollo de la lucha armada.
 
La táctica ideada consistía en llegar armados y una vez dentro, emplear el valor simbólico de la «Rebelión de los Sargentos» (movimiento militar que en 1933 derrocó al presidente Machado) para contactar con las demás guarniciones y animarlos al levantamiento. Si la rebelión no recibiera apoyo, la idea era escapar a las montañas y armar al pueblo para continuar la lucha.
 
El intento fracasó -entre otros factores- porque se perdió el factor sorpresa a partir de una posta que el regimiento en el cuartel agregó a causa de la celebración de los carnavales en la ciudad. A pesar de contar con el apoyo de algunos ciudadanos que trataron de camuflarlos, muchos fueron atrapados, aunque Castro consiguió escapar con algunos hombres a la Sierra Maestra.
 
Tras varios días caminando, deciden entrar en una pequeña casa en la sierra, siendo sorprendidos mientras dormían. Castro, salva la vida gracias al sargento que lo detuvo, que al entregarlo exigió que no fuese torturado.
 
Fidel Castro fue hecho prisionero, juzgado y sentenciado a quince años de prisión. En el alegato final del juicio, Fidel Castro pronunció un discurso de autodefensa. Posteriormente Castro escribió «La historia me absolverá», en el que defendió sus acciones y explicó sus puntos de vista políticos. Tras 22 meses de prisión fue liberado durante la amnistía general de mayo de 1955. Meses después se exilió a México.
 
De la redacción de La Opinión Popular
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