Internacionales - 29-05-2010 / 09:05
PRESIDENTA ARGENTINA DESCARTA RESTRINGIR INGRESO DE ALIMENTOS BRASILEÑOS
El amplio poder de fuego de Brasil
Presidente de Brasil, Luiz Inacio Lula da Silva,y su homóloga argentina, Cristina Kirchner, en Rio de Janeiro este viernes.
Brasil está en condiciones de frenar compras a la Argentina por más de 6.000 millones de dólares: desde automotores, autopartes y combustibles hasta minerales y productos agrícolas. Y sin violar las reglas de la Organización Mundial del Comercio (OMC).
Desde hace tiempo, la OMC lo autoriza a aplicar licencias no automáticas -restricciones transitorias- sobre un amplio universo de bienes argentinos, así como también sobre los de otros países.
Cuenta, además, con un afinado sistema de controles, que le permite trabar el ingreso de cualquier producto en 24 ó 48 horas. De eso habló el secretario de Comercio Exterior brasileño, Welber Barral, cuando dijo que "con solo tocar un botón" podrían tomar represalias contra la Argentina: fue lo que uno piense, menos literatura.
Lula da Silva jamás irá sobre los 6.000 millones de dólares y confiará en la palabra de Cristina Kirchner. Pero, llegado el punto, dentro de aquel universo de bienes argentinos sus funcionarios tienen para elegir dónde golpear.
Por ahora, sólo hubo advertencias aunque cada vez más sonoras. Y no ya de un secretario o de técnicos de menor rango. Ayer mismo, antes del encuentro presidencial, el canciller Celso Amorim dijo, a propósito del caso de los alimentos: "No nos gusta y va a acabar teniendo consecuencias".
De poco sirvió explicar, como hizo la ministra de Industria el jueves, que no hay una queja formal del gobierno de Lula, ni camiones brasileños impedidos de cruzar la frontera. La intención de presentar todo normal fue desairada nada menos que por el canciller Amorim.
Está claro, allí y aquí, que Guillermo Moreno dio la orden de restringir la entrada de alimentos con el consentimiento de Olivos. Lo sabe Débora Giorgi, que quedó al margen de la decisión.
Los mensajes que llegan equivalen a afirmar: si dicen que no hay nada, entonces que no haya nada y quede bien remachado.
En Brasil conocen de sobra las maniobras de Moreno y sus presiones sobre los empresarios. Y le temen a los actos imprevisibles del secretario de Comercio, a que de un día para el otro pueda imponer trabas a dedo. Igual que ahora.
Es que desde la última disputa comercial fuerte funciona una comisión bilateral creada, justamente, para zanjar diferencias. La integra Giorgi: el problema es que Moreno circula por afuera, con patente oficial para hacer y deshacer.
En las advertencias de Amorim y Barral asomó, también, un mensaje hacia el interior de su propio país. Algo semejante a un intento por contener a los empresarios brasileños, como decirles: si la Argentina pone obstáculos, les tiramos con todo.
Allí hay elecciones en octubre, y la inquietud de Lula es que los industriales se inclinen de lleno por el candidato opositor, José Serra. Tal vez no representen muchos votos; sí, mucho poder de presión y capacidad para meter ruido.
Pasa, además, que la candidata del Presidente, Dilma Rousseff, ha recortado notablemente la distancia que la separaba de Serra en las encuestas. Va por más, y no es el momento de entregarle una bandera a la oposición, a un contrincante que encima menoscaba el Mercosur.
Se quebró, de paso, una norma no escrita entre los dos Gobiernos. Que cuando uno enfrentara un proceso electoral, el otro no iba a fastidiarlo con decisiones unilaterales que lo pusieran en aprietos.
Es cierto que, luego del bajón de 2009, en el primer cuatrimestre del año el comercio bilateral creció un 48%. Y también que la Argentina acusó un déficit con Brasil de US$ 563 millones según el INDEC.
Ni bueno, ni malo. Ocurre, simplemente, que median enormes diferencias estructurales y de escala y que nuestro país es muy dependiente de los bienes industriales brasileños.
Quizás sea una asociación libre con las trabas de Moreno. Entre los petroleros circula una frase atribuida a un encumbrado funcionario: "Es necesario juntar dólares estos meses, para bancar las importaciones de energía y combustibles".
Eso habla de la fragilidad del sistema eléctrico. Y, a la vez, de la posibilidad de que puedan imponerse restricciones sobre otras compras al exterior.
Las importaciones totales vuelan, tanto por el repunte de la economía como por la dependencia de bienes e insumos que aquí no se producen. En el primer cuatrimestre crecieron un 37%, y 43% en abril: la tendencia da claramente para arriba.
Nada pone en peligro el saldo comercial robusto. Sólo que se está achicando. Y el superávit significa dólares, necesarios para mantener un considerable stock de reservas y enfrentar cualquier contingencia.
Aplicar el método Moreno puede ser una alternativa. Quizás el personaje les caiga simpático a algunos que lo conocen de antes. El problema es cuando, por su método K, el Gobierno cosecha ostensibles antipatías afuera.
Fuente: Clarín