La Opinión Popular
                  17:27  |  Miércoles 08 de Febrero de 2013  |  Entre Ríos
El clima en Paraná
"El peronismo es un encuadramiento de las fuerzas populares vertebrado en torno a la clase trabajadora" John William Cooke
Recomendar Imprimir
Nacionales - 12-01-2023 / 10:01
CRIMEN CLASISTA, RACISTA Y DERECHISTA, SIN ATENUANTES

El demencial asesinato de Fernando Báez Sosa deja al desnudo algunas cuestiones

El demencial asesinato de Fernando Báez Sosa deja al desnudo algunas cuestiones
La violencia tiene nombre y apellido: Máximo Thomsen; Luciano, Ciro y Lucas Pertossi; Ayrton Viollaz; Enzo Comelli; Matías Benicelli y Blas Cinalli, todos de entre 21 y 23 años, y con domicilio conocido: son de Zárate. Son una horda de pibes bien, musculosos, jóvenes, bronceados y con las mejores pilchas, que golpea hasta matar a un muchacho al que le gritan “negro de mierda”.
El juicio por el demencial asesinato de Fernando Báez Sosa, golpeado hasta la muerte por un grupo de jugadores de rugby a la salida de un boliche de Villa Gesell, el 18 de enero de 2020, deja al descubierto algunas cuestiones. ¿Por qué lo asesinan a Fernando? Porque su piel era oscura, porque era paraguayo, porque venía de una familia trabajadora, porque su tonada era distinta. Es un crimen clasista, racista y derechista, sin atenuantes de un chico que tenía 18 años y se preparaba para estudiar abogacía.
 
La violencia tiene nombre y apellido: Máximo Thomsen; Luciano, Ciro y Lucas Pertossi; Ayrton Viollaz; Enzo Comelli; Matías Benicelli y Blas Cinalli, todos de entre 21 y 23 años, y con domicilio conocido: son de Zárate. Son una horda de pibes bien, musculosos, jóvenes, bronceados y con las mejores pilchas, que golpea hasta matar a un muchacho al que le gritan "negro de mierda".
 
Un crimen cobarde y monstruoso de esos pibes que tienen todos los privilegios sociales, culturales y de género posibles. Son chicos de clase alta o media alta, blancos, heterosexuales. La empatía yace tabicada en algún lugar recóndito de sus cabezas. "A este negro me lo voy a llevar de trofeo", le escuchó decir la testigo Tatiana Caro a uno de los Pertossi.
 
Planificaron pegar. Tomaron colectivos, viajaron cientos de kilómetros y alquilaron casas en la costa para pegar. Pegaron. Su orgullo de clase alta, el machismo de un ambiente medieval y derechista, el desprecio por lo otro, por el pobre, por la mina, por el paraguayo, los habilitó, los invitó, casi que los empujó a pegar. Y lo hacen hasta matar a Fernando. No hay atenuante alguno: lo asesinan gritando "matalo al negro". Le pegan por negro, por pobre. Son clasistas.
 
Hacen una barrera para que amigos o personas ajenas no puedan acceder y auxiliar a Fernando. Tienen saña. Filman mientras pegan y solo frenan para sumarse a "pegar al negro". Escriben, luego, "no mencionemos en el grupo de whattsapp que lo matamos". Algunos de ellos van a comer una hamburguesa. Mastican la hamburguesa mientras Fernando culmina su vida y mientras en las pantallas de los teléfonos titila el mensaje llamando a no mencionar que lo mataron. Hay una clara responsabilidad compartida: hacen un cerco para que nadie pueda defenderlo, niegan lo sucedido, buscan falsos culpables y mantienen el silencio cómplice ante lo que hicieron.
 
Los asesinos pertenecen a los sectores sociales prósperos, y han desatado todos los grados conocidos de la violencia en contra de un chico que estaba más abajo en los escalones sociales: Fernando era hijo de un portero de edificio y de una cuidadora de ancianos, que dejaron su Paraguay natal por falta de oportunidades, las cuales vinieron a buscar a la Argentina. Aquí nació Fernando. Y aquí, en un hecho tan bestialmente humano como antinatural en términos etarios, aquí murió Fernando antes que ellos.
 
El crimen brutal de Fernando debería cortar una racha de impunidad y desinterés social frente a hechos similares, que siempre nacen acompañados por comunicados anodinos y cómplices de clubes de rugby que avalan o encubren el derecho al desprecio social de los que son dueños de todo, de los bienes materiales o de las opiniones. Esta vez los rugbiers fueron demasiado lejos y el crimen brutal no quedará impune. La bronca frente al crimen tiene algo de conciencia: no se considera ni deseable, ni normal, ni tolerable que estos rugbiers golpeen y maten, por el solo hecho de ser violentos con plata, a un pibe por el solo hecho de ser pobre y morocho.
 
La Opinión Popular

EL SÍNTOMA QUE EXPRESA LA ACUSACIÓN UNIVERSAL EN EL CASO DEL ASESINATO DE LOS RUGBIERS
 

Crimen de Fernando Báez Sosa: no todos somos culpables
 

Por Sebastián Plut 

Más allá de lo judicial, las preguntas no interrogan sobre el porqué de la violencia, el porqué de la muerte, sino cómo sostener la vida, singular y colectiva.
 
No tengo pretensión alguna de colocarme en el altar de las almas bellas, pero lo cierto es que no logro sentirme incluido en la frase "todos somos culpables" cuando, en estos días, se habla del asesinato de Fernando Báez Sosa.
 
Aquella sentencia, creo, no posee ningún valor explicativo, ni jurídico, ni sociológico, ni psicológico. Que en el universo de las hipótesis cualquiera pueda ser víctima de un crimen e, incluso, que todos abriguemos impulsos hostiles en nuestra intimidad, no autoriza a realizar tal afirmación.
 
La cocina de las causas siempre es compleja y la escala para medir responsabilidades no puede diluirse en una "salsa criolla" o en un Cambalache. Por caso, aun cuando la práctica del rugby haya tenido alguna participación, y de allí que si decimos "los rugbiers" de inmediato hoy pensamos en los acusados, tampoco seremos justos si enviamos a todos sus practicantes al banquillo.
 
Tampoco resulta verosímil, y carecería de toda utilidad argumentativa, sostener que todos somos culpables del atentado contra Cristina Fernández de Kirchner. Y en un terreno más banal, que hasta ha sido motivo de memes, tampoco es cierto que todos hayamos ganado el Mundial de fútbol.
 
Algo de todo esto ya expuse hace unos tres años en estas mismas páginas. En efecto, si bien es pertinente presentar algunas razones genéricas (alcohol, odio de clase, machismo, adolescencia, rugby), las circunstancias delimitadas por quiénes lo hicieron, cuándo, dónde, qué, cómo y por qué, no pueden ser despojadas de su singularidad.
 
En todo caso, propongo analizar la frase "todos somos culpables" como expresión de un síntoma. ¿Síntoma de qué? Pues bien, tamaña acusación universal es expresión de que en una sociedad ha sido perturbado el establecimiento de responsabilidades singulares, éticas y jurídicas.
 
Dicho de otro modo, el análisis se bifurca y va hacia un lado si buscamos responder la pregunta ¿por qué lo mataron?, mientras se dirige en otro sentido si el interrogante es ¿por qué pensamos que todos somos culpables?
 
Supongamos que el juicio concluye con una condena máxima, la que recibe el nombre de perpetua. E imaginemos, entonces, el saldo que dejará. Desde luego, no habrá condena (ni puede haberla) que resuelva el infinito dolor de los padres de Fernando. Pero aquí el problema que nos planteamos es otro: ¿aquel desenlace judicial logrará apaciguar las pulsiones vengativas que irremediablemente se encienden ante una injusticia así? Y también, ¿tendrá algún efecto en el sentido de la ejemplaridad de la pena?
 
¿Cuánto dolor y lucha hubo y hay para llevar a cabo los juicios por delitos de lesa humanidad de la última dictadura cívico-militar?; ¿cuántas deficiencias y defecciones se esconden tras la causa AMIA? ¿Cuántas omisiones y tergiversaciones hay en la investigación por el atentado contra la actual vicepresidenta?
 
Quiero, entonces, insistir: decir "todos somos culpables" es la expresión que da cuenta de cuánto fracasa la respuesta de la justicia, por acción u omisión, por complicidad o negligencia.
 
"Todos somos culpables" es, además, un derivado de otra historia: la de una sociedad en la que se ha buscado instalar la teoría de los dos demonios para justificar la tortura, las desapariciones y la apropiación de niños y niñas.
 
Únicamente en un plano abstracto y ahistórico podemos decir que "todas las violencias son iguales". La abstracción y la ausencia de historicidad no anula el valor que tenga esta última afirmación, sino que le da el lugar que debe tener.
 
Sin embargo, en contexto, las violencias no son todas iguales, pues si igualamos lo que es diferente cometemos otro acto de violencia. Las diferencias son múltiples: a) los motivos; b) la frecuencia e intensidad y c) por último, que en ciertos sectores la violencia le es intrínseca, está en su naturaleza: Trelew, bombardeo de Plaza de Mayo, dictadura, violencia policial, exilios, desempleo, "meter bala", "ellos o nosotros", bolsas mortuorias, guillotinas, y un largo etcétera.
 
No es lo mismo, además, la violencia de quien tiene poder que la violencia del oprimido. No es lo mismo la violencia de quien está siempre protegido por la ley (y por el Poder Judicial) que la violencia de quien está desamparado y excluido de todo orden de protección legal.
 
Que "la violencia es mala, venga de donde venga" no quiere decir que todas las violencias sean iguales. Freud puso en cuestión esto mismo cuando indicó que la "libertad" no es un ideal, a menos que se trate de una rebelión que busca justicia.
 
Recordemos algo más que sostuvo Freud: "lo imperativo del mandamiento «No matarás» nos da la certeza de que somos del linaje de una serie interminable de generaciones de asesinos que llevaban en la sangre el gusto de matar, como quizá lo llevemos todavía nosotros. Las aspiraciones éticas de la humanidad son una conquista de la historia humana; y han devenido después, en medida por desdicha muy variable, en el patrimonio heredado de la humanidad que hoy vive".
 
Coincido plenamente con esta reflexión de Freud, pero será un error, nuevamente, aplicarla como fundamento del "todos somos culpables". Tal como él lo señala, es variable la medida en que cada quien asume el mandamiento, en que cada quien sostiene los imperativos éticos.
 
Pero aquí hay algo más: si bien el proceso judicial específico debe preguntarse por qué mataron a Fernando, las preguntas sociológicas y psicológicas pueden dirigirse en otro sentido: no tanto a plantearse el interrogante por la causa de la violencia sino sobre aquello que le hace de freno: los imperativos.
 
Tal es la propuesta freudiana, la de indagar por qué ocurre algo diverso de la inmediata extinción de lo vivo y, por extensión, por qué en los vínculos puede aparecer una legalidad diferente de la aniquilación del prójimo. Nos preguntamos, espantados, por qué ocurren determinadas atrocidades, pero la teoría freudiana jerarquiza el interrogante inverso: cómo puede crearse un universo complejo en que predominan la ética, la solidaridad y la ternura.
 
La noche del asesinato uno de los acusados, en lugar de decir "se murió" dijo "caducó", expresión que evidencia no solo la deshumanización de la que fue víctima Fernando, sino que también nos interroga por el estado psíquico de quien se expresa así. Si bien se habló de la conducta en masa de los acusados, el rasgo de estas violencias no está en el tándem masa-pérdida de individualidad sino en la desubjetivación. Otro de los acusados afirmó: "La vida nos jugó una mala pasada", así como también hablaron de llevarse un "trofeo" y de que para que una noche sea memorable debe haber golpes.
 
En suma, la justicia debe hacer su tarea, debe definir quiénes son los culpables, su grado de participación, por qué lo hicieron, etc. En cambio, en el más allá del caso singular, las preguntas serán otras, ya no sobre el porqué de la violencia, el porqué de la muerte, sino cómo sostener la vida, singular y colectiva. Si no, el riesgo no será que todos seamos culpables, sino que todos seamos víctimas.
 
Por Sebastián Plut. Es doctor en Psicología. Psicoanalista.

 
Por Octavio Crivaro

Fuentes: Página 12 y La Izquierda Diario
 

 

Agreganos como amigo a Facebook
08-02-2023 / 10:02
El Gobierno vs. el discurso económico de Juntos; ya se mueven y contrastan datos con la gestión del macrismo. Los laderos del ministro de Economía, Sergio Massa, vieron el comunicado de la Mesa Nacional de Juntos por el Cambio avisando que, de ganar, tendrán una herencia económica "bomba" y varios se sorprendieron.
 
Comentaron que "ellos hipotecaron el país con una deuda escandalosa, que hablen de herencia es cínico". Según se reconstruyó, fue ése el primer capítulo de algo que se volverá un método y que también tiene bajada de línea a la tropa desde Presidencia.
 
El Gobierno, desde diferentes sectores del Frente de Todos, saldrá a dar la pelea discursiva, en el marco de la campaña, sobre los resultados económicos de las gestiones de Alberto Fernández y Mauricio Macri.
 
Aún en un escenario inflacionario preocupante, hay consenso para contrastar variables con la gestión de Macri, a la que identifican como plena de cifras negativas en un escenario sin guerra, pandemia ni sequía. Y la generadora, al fin y al cabo, del mayor problema de la macroeconomía: los 45 mil millones de dólares que le pidieron al Fondo Monetario para no terminar de manera anticipada el Gobierno y ser competitivos en las elecciones del año 2019.
 
"Lo mejor que nos puede pasar es que hagan comunicados instalando el debate sobre las variables económicas", contó un ministro de alto rango que prepara números y estrategia para la contienda. El mismo dirigente asegura que "nosotros no escondemos los problemas que tenemos, pero ellos son incapaces, en el mano a mano, de reconocer los datos que muestran que vamos por el buen camino".
 
Si bien Massa sabe que está al borde de incumplir con su promesa de llegar a abril con una inflación con el 3 adelante, la concordia política sobre el rumbo y la estabilidad post salida de Martín Guzmán reformularon el escenario y hoy, por necesidad, el centro parece estar en aflojar la metralla interna hacia los temas económicos.
 
"Las diferencias se resuelven, hoy, puertas adentro, todos coincidimos en que el salario tiene que ganar más terreno, y es la premisa número uno del año", se sinceró un dirigente albertista.
 
Así las cosas, más allá de las tensiones aún reinantes y la posibilidad de que se institucionalice el Frente en la mesa política que ya convocó el Presidente, el Gobierno llegó a un punto de acuerdo en la identificación del enemigo político en los próximos comicios.
 
Será un debate directo sobre la herencia del macrismo en todos los frentes, incluido el de la inflación, que según aseguran se duplicó en relación a la que dejó Cristina Fernández en 2015. 
 

08-02-2023 / 09:02
El juicio por el crimen de Lucio Dupuy, producido el 26 de noviembre de 2021 cuando el niño tenía 5 años, llegó a su fin. Los jueces de Tribunal de Audiencias de Santa Rosa, La Pampa, declararon culpables a la madre, Magdalena Espósito Valenti, y a la novia de ella, Abigaíl Páez, de los delitos de homicidio agravado. Para los jueces Alejandra Ongaro, Andrés Olié y Daniel Sáez no hay dudas: ambas mujeres fueron las asesinas.
 
Las condenas a Espósito Valenti y Páez por el asesinato de Lucio Dupuy, aun cuando no se conoce todavía el monto de las penas, llegaron para reparar, aunque sea en parte, el dolor de la familia del niño y la conmoción de una sociedad desgarrada por un acto de crueldad inaudito.
 
Las figuras penales que utilizó el tribunal para respaldar el veredicto permiten anticipar que, el próximo 13 de febrero, cuando los magistrados den a conocer el texto completo de la sentencia con todas sus consideraciones, les caería a las dos mujeres la condena a reclusión perpetua. Las declaraciones públicas de quienes más interesados estaban en el resultado de este juicio, especialmente los abuelos y el padre del niño, el abogado querellante y los fiscales se mostraron conformes por la resolución del tribunal.
 
La trascendencia que le dieron al caso los medios de comunicación más grandes del país hizo que coincidiera su cobertura periodística con la que viene recibiendo otro juicio resonante: el que investiga el asesinato de Fernando Báez Sosa en Villa Gesell por acción de un violento grupo de jóvenes.
 
La superposición temporal de ambos procesos judiciales, motivados por homicidios cometidos con derroche escalofriante de violencia -a pesar de las diferencias sustantivas entre ambos casos- generó una suerte de clima mediático propiciatorio para que se manifestaran voces desaforadas que corrieron el debate de los temas que más deberían interesar a la sociedad: la violencia doméstica, el sistema penal y carcelario, la presencia o ausencia del Estado a la hora de proteger a la niñez, las disputas paternas por la tenencia de menores, etcétera.
 
En muchos medios porteños, especialmente en la televisión, predominó el tinte sensacionalista, admonitorio y una fuerte carga de prejuicios. La orientación sexual de las entonces acusadas y hoy condenadas, o su presunta pertenencia al movimiento feminista ocupó un lugar central y, con ello, se desperdició la oportunidad de hablar en profundidad de los sucesos determinantes que rodearon al caso. El oportunista uso político de ambos crímenes fue otro condimento sobresaliente por estos días.
 
El Poder Judicial actuó con ejecutividad y resolvió el caso sin los tiempos morosos que se observaban antes de los debates orales. En el desarrollo de las audiencias supo preservar la intimidad en un proceso que sin dudas lo requería. Pero también es cierto que se filtraron elementos de prueba que alimentaron el morbo social y, asimismo, hubo accesos desmedidos a información reservada del caso en el sistema de salud pública, un tema que deberá merecer mucha atención en las autoridades del ministerio.
 
A pesar de la condena aún quedan varias asignaturas pendientes. La actuación de la jueza de Familia y el Menor de General Pico será evaluada, como todo lo indica, en un juicio político; pero también deben profundizarse las investigaciones sobre cómo fallaron en la detección precoz de la extrema violencia que sufrió Lucio el sistema de salud y el educativo, y, también, la policía provincial.
 
La Opinión Popular

07-02-2023 / 09:02
Fernando Báez Sosa fue y es la principal víctima de esta tragedia espesa, hiper mediatizada. Con él, su mamá Graciela y su padre Silvino. En charlas familiares o de café se los identifica por sus nombres de pila, que quizá mañana sirva para designar a una ley. Tradiciones de la democracia argentina, de eso se trata. Positivas en muchos sentidos aunque jamás perfectas. La solidaridad masiva con la familia de Fernando es tangible, rotunda, reconoce pocos antecedentes.  Sería necio o unidireccional atribuirlo solo al discurso predominante en los medios de difusión.
 
Fernando era un pibe de una familia tipo, pongalé. Papá y mamá paraguayos, gente de laburo, con hijo único. Tal vez de un escalón social menos empinado que el de quienes lo mataron en un acto plagado de barbarie con cuotas de machismo y racismo. En otros casos, quizá, la vocación aspiracional de los sectores medios que "hacen" opinión pública hubiera acercado a mucho público a los acusados, gente presentable, "influyente", calificó algún vecino de Zárate. No oligarcas ni aristócratas pero personas bien ranqueadas.
 
No ocurrió ante este homicidio... consecuencia de sus características, divulgadas hasta el hastío en cualquier horario de desprotección al menor. La identificación con la familia se funda en una escala de valores querible, humana.
 
El fenómeno se ha repetido, Silvino y Graciela recorren un itinerario transitado. Lo estilizo. La víctima, los familiares lo son, se planta frente a un micrófono o una cámara y cuenta el origen de su desdicha. Es una persona común, no tenía antes compromisos políticos (o si los tenía, no argumenta en su nombre), algo rompió la inercia de su existencia, algo la cambió definitivamente. Es irreparable.
 
La vida de esa víctima ya nunca será la misma y por eso se dirige a personas que se parecían a ella (las más veces) o a él antes de la privación. De privación hablamos, porque las víctimas estaban mejor, en un sentido sustantivo, antes de que ese "algo" aconteciera.
 
"Yo era como vos", le dice la víctima al espectador de la televisión o la radio. "Lo que me pasó te puede pasar porque la gente común está en riesgo, si las cosas no cambian". "Yo no quiero venganza, quiero justicia". Justicia no es sólo sanción a los culpables sino un cambio de escenario, parcial pero ineludible. Justicia es que la muerte de Fernando no haya sido en vano, que "esto no se repita".
 
Una sentencia justa, severa, forma parte de ese camino imaginario. Desprovista de detalles o de espinas en los que entraremos más abajo, es una noble utopía republicana. Las instituciones funcionan, las leyes se aplican, los culpables tienen castigo impartido por un Estado imparcial... la sociedad mejorará. Casi no hace falta agregar que este cronista enaltece esos pensamientos aunque descree de que su resultado promedio sea tan virtuoso.
 
Los familiares, larga prosapia, renuncian a la mal llamada "justicia por mano propia". O, por mejor decir: a la violencia privada, a la vendetta. Acuden a la ley y a las instituciones que deberían regular proporcionalidad en los castigos y frenar la violencia entre particulares. Deberían.
 

06-02-2023 / 12:02
Uno de los errores políticos más importantes del gobierno del presidente Alberto Fernández fue no haber impulsado cambios en la Corte Suprema heredada del macrismo en los primeros 15 días de mandato. No haber seguido el ejemplo de Néstor Kirchner, que el 5 de junio de 2003, habiendo asumido hace menos de dos semanas y con sólo el 22,25% de los votos, tomó el toro por las astas.
 
Néstor hizo ese día una cadena nacional. Leyó un discurso de 6.25 minutos. "Hemos asumido el compromiso de reconciliar a las instituciones con la sociedad", dijo, entre otras frases. Uno de los primeros efectos fue la renuncia del presidente de la Corte, el riojano Julio Nazareno, emblema de la mayoría automática del menemato. Con esa decisión, Nazareno pudo conservar la cuantiosa jubilación que reciben los jerarcas del Poder Judicial, ya que la hubiera perdido si dejaba el cargo por la vía del juicio político.
 
La mayoría de los funcionarios judiciales, por supuesto que no todos, están constituidos por una alquimia que mezcla un sentimiento de supremacía, por encima de la ley y la Constitución, con el sueño del burócrata de ser jubilado de lujo: ir todas las semanas a un palco del Colón, vacacionar en Europa.
 
En un juicio político la relación de fuerzas es clave. Néstor había sacado el 22,25%. Sin embargo, además de ser un líder político excepcional, con una enorme confianza en la fuerza de la voluntad, sabía que el anti menemismo en ese momento era mucho más que el porcentaje que él había conseguido y que esa relación de fuerzas inclinaría la balanza. La Argentina tuvo después la mejor Corte Suprema de su historia. El gobierno peronista le dio al país algunos años de una calidad institucional desconocida.
 
Alberto partió de la base de que la Corte se iba a adaptar a los nuevos vientos por instinto de supervivencia. Apostó a que los ministros que habían convalidado el lawfare dejando que se practique la violación a los derechos constitucionales iban a dar un volantazo y corregir el rumbo, similar a lo que ocurrió en Brasil. No pasó. Los procesos políticos en Brasil tienen esa tradición histórica. Argentina no es Brasil, para bien y para mal.
 
La Corte no se adaptó a los nuevos vientos que auguró el triunfo del FdT. Reaccionó de modo corporativo. Encubrió los delitos que habían realizado los tribunales inferiores: las extorsiones para conseguir las delaciones que le dieran carnadura a las acusaciones por supuesta corrupción, las violaciones al debido proceso para encarcelar y generar puestas en escena que les sirvieran a los grandes medios para construir shows y condenas mediáticas.
 
Luego, en 2021, tras la derrota electoral del peronismo a nivel nacional, el Máximo Tribunal dobló la apuesta. Los cortesanos se sintieron fortalecidos por la victoria de Juntos por el Cambio y se consolidaron como la Corte que defiende a los grandes grupos económicos que operan en la Argentina y al sector antiperonista de la política, con el respaldo de la embajada yanqui. Las causas contra Mauricio Macri no avanzan ni un centímetro. Están congeladas como Walt Disney.
 
La Corte y la Procuración General, ocupada por el interino Eduardo Casal, han sido durante estos tres años las trincheras del macrismo dentro de la estructura del Estado. Cuando Macri ganó las elecciones de 2015, su consultor Jaime Durán Barba solía decirle algo que se puede aplicar al FdT: "Tomamos el gobierno, pero todavía no el poder". El FdT ganó el gobierno, pero faltó la decisión política de desmontar la Corte macrista.
 
El juicio político impulsado ahora, disparado por el pornográfico fallo sobre coparticipación que financia la campaña de Horacio Rodríguez Larreta, se produce en un contexto de debilidad del peronismo, comparado con el inicio del mandato de Alberto. Pero en la política -y en la vida- se pelea por lo que puede pelear, aunque sea haya empezado tarde. 
 

06-02-2023 / 11:02
El presidente Alberto Fernández se ha declarado dispuesto a armar la "mesa electoral", una denominación que no dice gran cosa con relación a las tareas y el poder de decisión que el organismo asumiría.
 
La cuestión se desplaza -con algo de ingenuidad- a la creación de algo así como un foro de discusión pública en el que cada representante haría público su punto de vista sobre la "política electoral"; la indefinición es muy evidente y nada casual: se procura evitar la puesta en escena de distintos tipos y formas de cuestionamiento a la actual política gubernamental bajo la forma de "propuestas electorales".
 
Esto es lógico y muy criterioso: si la "mesa" se convierte en un coro de voces críticas desde distintas lógicas y perspectivas políticas poco podría acumular a favor de un impulso de unidad de acción a la que se supone una exigencia mínima de cualquier pretensión de triunfo electoral.
 
Además, para la elección presidencial faltan varios meses todavía. Pero es muy importante que los organizadores sean conscientes de que tarde o temprano el balance del gobierno de estos cuatro años de gobierno deberá hacerse. Y no solamente eso, sino que ese balance deberá ser estructurado en una clave política que permita que todas las voces -o la mayoría, las más influyentes, las más representativas- se expresen públicamente.
 
Es impensable que una "mesa" jerarquice los puntos de vista de unos sobre los de otros: lo mejor sería dejar todas las interpretaciones abiertas. Porque el momento decisivo de un eventual renacimiento del frente debería ser el de las primarias abiertas. Allí será donde se organicen los acuerdos y las diferencias, el balance y la proyección futura de la coalición.
 
Una mirada "ideal" aconseja ese orden: primero el balance que cada sector hace de la marcha de la experiencia de gobierno, una evaluación pública, plenamente abierta a la discusión de todo aquel que quiera sumar su punto de vista. No habría posiciones "buenas o malas", la etapa establecería los contornos de la discusión, los acuerdos y los desacuerdos.
 
Ahora bien, la "mesa" debería abstenerse de establecer jerarquías entre los puntos de vista. Este circuito tiene una enorme ventaja respecto de lo que fue práctica del FdT desde su fundación: el cierre de las primarias a un puñado de actores. Todos tendrían derecho a defender su punto de vista desde la plataforma que existe y tiene fuerza legal precisamente por esa virtud: la de someterse a la prueba de la voluntad del electorado. 
 

NicoSal soluciones web

© Copyright 2009 LA OPINIÓN POPULAR – www.laopinionpopular.com.ar - Todos los derechos reservados.

E-mail: contacto@laopinionpopular.com.ar