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Internacionales - 09-09-2022 / 09:09
9 DE SEPTIEMBRE DE 1976

Muere Mao Tse-Tung

Muere Mao Tse-Tung
A los 82 años muere en Beijing el líder Mao Tse Tung (Mao Zedong) fundador de la República Popular China en 1949. Desarrolló una nueva teoría marxista leninista, el maoísmo, que influyó en fuerzas de izquierda de todo el mundo durante el siglo XX.
 
El 09 de septiembre de 1976, Mao Tse-Tung, o Mao Zedong, líder de la República Popular China, muere en Beijing a los 82 años. Fue el fundador del Partido Comunista en su país y afrontó una larga guerra civil contra los nacionalistas del Kuomintang, que quedó en un segundo plano por la invasión japonesa. Después de 1945 volvió el conflicto interno, en el cual los nacionalistas contaron con el apoyo de los Estados Unidos. Finalmente se impuso Mao, quien el 1º de octubre de 1949 proclamó el nacimiento del nuevo Estado comunista.
 
Bajo su liderazgo, el Partido Comunista se hizo con el poder en la China continental en 1949, cuando se proclamó la nueva República Popular, tras la victoria en la Guerra Civil contra las fuerzas de la República de China. La victoria comunista provocó la huida de Chiang Kai-shek y sus seguidores del Kuomintang a Taiwán y convirtió a Mao en el líder máximo de China hasta su muerte en 1976.
 
En el plano ideológico, el gran Mao asumió los planteamientos del marxismo-leninismo pero con matices propios basados en las características de la sociedad china, muy diferente de la europea.
 
En particular, el comunismo de Mao otorga un papel central a la clase campesina como motor de la revolución, planteamiento que difiere de la visión tradicional marxista-leninista de la Unión Soviética, que veía a los campesinos como una clase con escasa capacidad de movilización y adjudicaba a los trabajadores urbanos el papel central en la lucha de clases.
 
La etapa de gobierno de Mao estuvo caracterizada por intensas campañas de reafirmación ideológica, que provocarían grandes conmociones sociales y políticas en China, como el Gran Salto Adelante y especialmente la Revolución Cultural, momento en el que su poder alcanzó las cotas máximas al desarrollarse un intenso culto a la personalidad en torno a su figura.
 
Entre 1949 y 1975 la esperanza de vida se duplicó en China: de 32 a 65 años. A comienzos de los años 1970, Shanghái tenía una tasa de mortalidad infantil menor que Nueva York. En una generación, la tasa de alfabetización subió de 15% en 1949 a 80-90% a mediados de los años 1970.
 
Entre 1949 y 1976, China, el "enfermo de Asia", se transformó en una potencia industrial importante, con una tasa de desarrollo igualada solamente por los grandes auges de crecimiento de la historia.
 
Años más tarde se establecieron relaciones con los Estados Unidos y se produjo la histórica visita del entonces presidente, Richard Nixon. Tras la muerte de Mao, Deng Xiaoping pasó a ser el nuevo hombre fuerte de China.
 
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En el Frente de Todos existe coincidencia en marcar la gran elección que hizo Lula da Silva, al llegar en primera vuelta al 48,5%. Pero también admitían la preocupación por la consolidación de un espacio de ultraderecha, una novedad en la política de la región. Para explorar las posibles consecuencias en la campaña argentina, aconsejaban esperar ver lo que quedaba de campaña y el resultado del segundo turno del 30 de octubre.
 
El triunfo de Lula sobre Jair Bolsonaro en la primera vuelta de las elecciones presidenciales brasileñas dejó un sabor agridulce en quienes se identifican con una visión progresista de la sociedad y miran con preocupación el avance de las ultraderechas en la región y en el mundo. Las fallas groseras de la mayoría de las encuestas previas a los comicios fueron el principal alimento de esos sentimientos encontrados, ya que habían despertado grandes expectativas sobre un triunfo holgado del líder del Partido de los Trabajadores que, luego, las urnas no ratificaron.
 
En verdad, los sondeos previos acertaron, con buen grado de precisión, los votos que obtuvo Lula, pero subestimaron en por lo menos diez puntos los que cosechó Bolsonaro. De ahí que los cinco puntos de diferencia que finalmente sacó el expresidente tuvieron sabor a poco entre sus simpatizantes.
 
No deja de ser llamativo que ese resultado (48,4% de Lula contra 43,2% de Bolsonaro) se aproxima bastante al que se dio en Argentina el año 2019 (48,2% de Alberto Fernández contra 40,2% de Mauricio Macri). En ambos casos los oficialismos de derecha fueron vencidos por espacios populares que no alcanzaron, por poco margen, la mitad de los sufragios.
 
Pero en su favor debe reconocerse que superaron el 40% de los votos a pesar del sesgo antipopular de sus gestiones; un nivel muy alto que denota la consolidación del voto de derecha en la región y en el mundo. Esta realidad se ve reflejada muy bien en la frase -de una amarga ironía- que dice: "El producto más acabado del capitalismo es el pobre de derecha". Para lograr tan altos guarismos los representantes de la derecha neo (neoliberal con cuotas variables de neofascismo) recogen votos del electorado de origen popular que parece expresar así niveles crecientes de insatisfacción y desilusión, exacerbados por los grandes medios de la derecha.
 
Algunos datos de la realidad brasileña, especialmente los referidos a la brutal desigualdad social, quizás ayuden a entender algo mejor tan complejos procesos. Según la organización Oxfam el 5% más rico de la población de Brasil tiene los mismos ingresos que recibe el 95% restante; por otra parte es el tercer país más desigual de América Latina detrás de Colombia y Honduras, y el décimo más desigual del mundo.
 
El proceso de inclusión social que había iniciado Lula da Silva bajo su primera presidencia fue rápidamente neutralizado por el conservadurismo bolsonarista. Además el líder del PT había logrado ubicar a Brasil como la sexta economía mundial, logro que también arruinara la derecha al hacerla retroceder al décimo tercer lugar. Todo indica que la degradación social operó como tierra fértil para que germinen las semillas del autoritarismo más violento y retrógrado. Y en ese suelo debe sembrar hoy Lula da Silva su proyecto reparador.
 
El triunfo no parece lejano para el PT pues está a solo 1,6 puntos de la meta. Pero tendrá que resistir los embates del bolsonarismo que no reconoce límites a la hora de agredir con la violencia y la mentira. Son horas decisivas no solo para los brasileños sino también para toda Latinoamérica.
 
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