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“En política no hay que reír ni llorar, sólo comprender”, Baruch Spinoza. "La derrota tiene algo positivo, nunca es definitiva. En cambio, la victoria tiene algo negativo, jamás es definitiva", José Saramago.
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Internacionales - 06-01-2022 / 08:01
6 DE ENERO DE 2021

Asalto al Capitolio de los Estados Unidos

Asalto al Capitolio de los Estados Unidos
Asalto al Capitolio. Fue en el marco de una movilización en apoyo a Donald Trump ocurrida el 6 de enero de 2021.
 
El 06 de enero de 2021, la democracia yanqui afronta un hecho sin precedentes en su historia: la toma del Capitolio. Una turba de extrema derecha, seguidores del presidente Donald Trump irrumpe en el edificio del Congreso mientras se llevaba a cabo la sesión que consagraba a Joe Biden como nuevo mandatario.
 
Azuzados por el propio Trump, bajo la creencia de que se había consumado un fraude en las elecciones de noviembre, los manifestantes asaltan el Capitolio y chocan con la policía. Hay cinco muertos y decenas de heridos y detenidos. Entre los asaltantes prevalecen miembros de grupos de extrema derecha, como QAnon y Proud Boys, e incluso flamean la bandera de la Confederación, un símbolo racista y supremacista.
 
Trump afronta un inédito segundo juicio político (el anterior había sido por la trama rusa, justo antes de la pandemia), del que es absuelto en el Senado después de haber dejado el poder. En el medio, Biden asume sin la presencia del magnate, cuyo acceso a las redes sociales quedó vedado desde lo que se considera un intento de golpe de Estado.
 
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OPINIÓN
 
Los Reyes Magos y los padres mentirosos
 
Además de su desembozado ejemplo de corrupción política, EEUU está promoviendo a través de sus multinacionales y de sus embajadas, los mismos métodos espurios para beneficiar a los partidos de derecha de todo el mundo.
 
Por José Albarracín
 
En la tradición cristiana el 6 de enero se emplea para recordar el pasaje del Evangelio de Mateo que narra la visita de los llamados "reyes magos" al recién nacido Jesús. El texto bíblico no habla de reyes, ni da sus nombres, ni dice que fueran tres. De hecho, en realidad, no eran ni reyes, ni magos: eran lo que en aquellas épocas podría calificarse como "científicos" provenientes de Oriente. No deja de ser una ironía, entonces, que el nuevo significado que ha pasado a tener esta fecha en Occidente, desde el año pasado, coincida con un brutal ataque contra la ciencia y contra la democracia: el asalto al Congreso de los Estados Unidos por los partidarios de Donald Trump, perdedor de las elecciones de 2020.
 
 
Es hoy.
 
Cuando se cumple su primer aniversario, apenas si se comienza a vislumbrar la gravedad del episodio que investiga un comité especial del Congreso, y que conmocionó al país del norte y al mundo entero. Hasta el momento sólo han sido condenados por el hecho algunos de sus participantes presenciales que, con la tecnología disponible, fueron fácilmente identificables como culpables de varios delitos.
 
Pero lo que aquel motín ponía en escena, era algo mucho más profundo, grave y preocupante.
 
Hoy se sabe que prominentes miembros del gobierno de Trump y varios abogados de renombre, trabajaron hasta último momento en diseñar una fachada "legal" para un autogolpe, que invalidara las elecciones presidenciales en las que triunfara Joe Biden, y perpetuara a Trump en el poder.
 
Se sabe, también, que varios periodistas "estrella" de la cadena Fox News, mientras en vivo minimizaban los incidentes en Washington, en privado enviaban mensajes a los colaboradores más cercanos del entonces presidente, rogándoles que hicieran algo para detener la batahola, a fin de "preservar el legado" de esa administración.
 
Es un hecho, por otra parte, que muchos de aquellos colaboradores de la Casa Blanca se han complotado para negar su colaboración en la investigación de estos sucesos, aún corriendo el riesgo de ser acusados de desacato y puestos en prisión.
 
Y está claro que el Partido Republicano, lejos de distanciarse de esos hechos sediciosos -y más lejos aún de condenarlos- lo que ha hecho, por el contrario, es expulsar de sus filas a los pocos dirigentes que se atrevieron a desafiar la evidente mentira en que se basaron, esto es, el supuesto fraude electoral. El mismo partido que cuando el presidente Richard Nixon fue acusado de actos bastante menos graves que los perpetrados por Trump, le soltó la mano y lo dejó caer.
 
 
Mesías.
 
La diferencia con aquellos episodios de los años setenta, está en los profundos cambios que ha experimentado el mundo, tanto en materia política, como tecnológica. Como dice ahora Francis Fukuyama -tratando de recular en su profecía del "fin del mundo" de hace treinta años atrás- el problema es que, a partir de internet y la atomización de la producción de "informaciones", las personas no sólo discrepamos en cuando a nuestros valores -como siempre hemos hecho- sino que, además, vivimos en universos fácticos distintos. Ya no se pelea tanto por las ideas, se pelea por capturar el relato de la verdad.
 
"Un partido político saludable, funcional, afronta sus derrotas electorales haciendo una autocrítica de sus errores, y redoblando sus esfuerzos para atraer más votantes la próxima vez. El Partido Republicano, como los movimientos autoritarios de todo el mundo, se ha mostrado incapaz de hacer esto. La retórica de sus líderes sugiere que se autoperciben como el único gobernante legítimo posible, y de ahí que describan la victoria de cualquier otro partido como el resultado de un fraude".
 
Estas palabras del grave editorial de New York Times, pueden extenderse en realidad a todas fuerzas políticas populistas de derecha creadas a semejanza del trumpismo: El brasileño Jair Bolsonaro ya está adelantando que en las elecciones de este año -que perderá casi seguro- serán fraudulentas. El año pasado, la peruana Keiko Fukimori jamás reconoció su derrota electoral en las presidenciales, mientras en Argentina, antes de conocerse el resultado de las parlamentarias, la Alianza Cambiemos anticipaba que habría fraude electoral.
 
 
El problema.
 
En realidad, lo ocurrido en EEUU no hace más que desnudar lo que ya era un secreto a voces, y es que aquel país en realidad no es una democracia real, sino un sistema de gobierno aristocrático. Gracias al adefesio constitucional del Colegio Electoral, y a la atomización de la elección presidencial en 51 distritos, hace mucho tiempo que el voto popular ha perdido significado real. Biden ganó las elecciones por más de siete millones de votos: su triunfo fue tan aplastante que ni debería discutirse. Hillary Clinton, por su parte, había sacado más de tres millones de votos de diferencia sobre los que obtuvo Trump en la elección anterior, pero perdió la presidencia por la cantidad de delegados cosechados.
 
Lejos de encarar una solución razonable a este problema, los republicanos se han dado a profundizar sus prácticas antidemocráticas, tanto restringiendo o suprimiendo el derecho a votar de las minorías y los trabajadores, como redibujando los distritos electorales para asegurarse la victoria.
 
El problema no es tanto que EEUU desnude su profunda decadencia moral e institucional: es que, además de su desembozado ejemplo de corrupción política, está promoviendo a través de sus multinacionales y de sus embajadas, los mismos métodos espurios para beneficiar a los partidos de derecha de todo el mundo.
 
El peligro para la democracia es real. Y no se combatirá con magia. Hará falta mucha militancia para convencer a la mayor cantidad de gente posible, de que los Reyes Magos son, en realidad, los padres. Y que los padres nos han estado mintiendo.
 
Fuente: La Arena
 
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La Segunda Guerra Mundial, desatada por las potencias imperialistas, y que arrastró a la Unión Soviética y a otros pueblos de Europa y de Asia, criminalmente invadidos, los llevó a una sangrienta lucha de liberación.
 
El 21 de enero de 1944, en Leningrado, los soviéticos rompen el asedio alemán a la ciudad, que duró 29 meses. El sitio de Leningrado fue una acción militar alemana durante la Segunda Guerra Mundial encabezada por Wilhelm Ritter von Leeb, que buscó inicialmente apoderarse de la ciudad de Leningrado (la actual San Petersburgo).
 
El objetivo de las tropas nazis era borrar a Leningrado de la faz de la tierra: acabar con la cuna de la revolución bolchevique y el símbolo de la cultura rusa sería una solución perfecta para socavar la resistencia soviética.
 
Había otros factores también: era un puerto marítimo estratégico y alojaba la única fábrica productora de tanques pesados, coches y trenes blindados del mundo. Los comandantes nazis analizaron la posible escalada de la resistencia y decidieron matar a la ciudad de hambre.
 
Adolf Hitler, ante la perspectiva de tener que mantener a una población enemiga de más de 3.000.000 de habitantes, instruyó que se la sitiara y se dejara morir a la población por hambre y frío. El sitio duró casi 900 días, desde 1941 hasta 1944, uno de los asedios más largos de la historia de la humanidad.
 
La ciudad estuvo a punto de perecer si no hubiera sido que se estableció un corredor a través del helado lago Ládoga por donde llegaba una escuálida ayuda a los sitiados. 
 
Los muertos hasta ser liberada la ciudad superaron la cifra extraoficial de 1.200.000, más personas de las que perdieron EE.UU. y el Reino Unido juntos a lo largo de toda la Segunda Guerra Mundial, que culminó en la derrota del fascismo, la formación del campo mundial del socialismo y la lucha por su soberanía de los pueblos coloniales y dependientes.
 
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20-01-2022 / 07:01
20-01-2022 / 06:01
 
El 20 de enero de 1942, en el distrito berlinés de Wannsee, tuvo lugar una conferencia de grupo de representantes civiles, policiales y militares del gobierno de la Alemania nazi sobre la «Solución final del problema judío» (Endlösung der Judenfrage). Las decisiones tomadas condujeron al Holocausto.
 
Debido a la apertura de un frente militar contra EE.UU., Alemania reorganizó la administración de recursos en los territorios ocupados. Hermann Göring, mariscal del Reich, da plenos poderes al General de las SS Reinhard Heydrich, con el objeto de encontrar la «solución final» al problema judío en Europa.
 
La discusión se centró en el objetivo de expulsar a los judíos de todos los ámbitos de Alemania. Se expusieron las medidas a tomar y se presentó el plan de la «deportación» de los judíos hacia el este para «apropiada (...) durante dicha acción sin duda una gran parte será eliminada por causas naturales», el «remanente final tendrá (...) que ser tratado en conformidad, porque (...), si son liberados, actuarían como la semilla de un nuevo resurgimiento judío».
 
La reunión fue la primera discusión de la Solución Final y los protocolos con el contenido de la reunión fueron hallados intactos por los Aliados al final de la Segunda Guerra Mundial y usados durante los juicios de Núremberg como prueba contundente sobre el programa de exterminación de los judíos en los campos de concentración.
 
El protocolo de la reunión no menciona explícitamente el asesinato en masa. Pero, el criminal nazi Adolf Eichmann, secuestrado en Argentina el año 1960 por el Mossad y llevado a juicio en Jerusalén, donde fue condenado a muerte por crímenes contra la humanidad y ejecutado el 31 de mayo de 1962, admitió en su juicio que el lenguaje real usado durante la conferencia fue mucho más directo e incluyó términos tales como «exterminación» y «aniquilación».
 
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