La Opinión Popular
                  07:09  |  Viernes 29 de Mayo de 2013  |  Entre Ríos
El clima en Paraná
“La pandemia nos demostró que vivimos en un país injusto y que la calidad de vida incide fuertemente en el riesgo de contagio”. Alberto Fernández
Recomendar Imprimir
Nacionales - 03-05-2020 / 11:05
MEDIDAS Y CONFLICTOS DURANTE LA PESTE

Reacciones de la derecha macrista contra el Gobierno

Reacciones de la derecha macrista contra el Gobierno
El sector de la dirigencia macrista o radical, sin responsabilidades de gestión, se dedica a torpedear al oficialismo, hacer papelones como la travesía por la democracia, apostar a la bronca ciudadana.
La agenda pública impuesta por la pandemia podría resumirse en un puñado de ítems que concentran la atención de gobernantes en todo el planeta. En la Argentina acerca posiciones entre el presidente Alberto Fernández con los gobernadores e intendentes, en particular los de provincias o ciudades muy populosas. Eligen una racionalidad similar: consciente, reflexiva, privilegiando a la vida y la salud entre tantas variables acuciantes.

Otro sector de la dirigencia macrista o radical, sin responsabilidades de gestión, se dedica a torpedear al oficialismo, hacer papelones como la travesía por la democracia, apostar a la bronca ciudadana. Tratan de inventarle a Alberto un adversario social como fueron Juan Carlos Blumberg para Néstor Kirchner en 2004 o "el campo" para Cristina en 2008. La mal llamada (aunque astutamente elegida como combate) "liberación de los presos" les propició un logro en estos días.

El establishment económico-mediático se vale de esa dirigencia aliada que le siembra árboles para tapar el bosque. El bosque lo componen la desigualdad, el capitalismo global existente, los intereses de los acreedores externos, la protección de las fortunas exorbitantes.

Defender eso de frente se hace cuesta arriba; se acude a elipsis, bolazos, a "los intereses de todos". El diario macrista "La Nación", honor al mérito, lo hace sin ambages. Macartismo desembozado, clamor por las grandes empresas, silencio para los derechos sociales.

El multimedios macrista "Clarín" acude a mecanismos intrincados, encubridores. Solo su principal columnista económico defiende abiertamente a los bonistas extranjeros, se desempeña como vocero de sus patoteadas. Otros editores disimulan un cachito. 

 
Que florezcan mil medidas
 
Los poderes ejecutivos habilitan actividades con más soltura en ciudades chicas o en territorios con pocos contagios. Entre tanto, el Estado nacional acumula acciones concebidas como un modo peronista de gerenciar la catástrofe.
 
Proteger el empleo, mantener hibernada (viva, pues) una fracción tremenda de la capacidad instalada. Ayuda alimentaria y programas de ingresos adicionales para sectores cada vez más amplios de la pirámide social. Rumbo emprendido con convicción, fallas, contradicciones, resistencias dignas de mención.
 
Si se miran las partes del "programa" (subrayamos las comillas) carecen de originalidad: se practican en otras comarcas. Si se observa el conjunto es encomiable, progresista en sus intenciones.
 
Por orden de aparición se comenzó con créditos para empresas. El Banco Central habilitaba líneas, la banca pública y privada ten(dr)ía que otorgar los créditos. El peso de lo preexistente condicionó el funcionamiento. La banca privada, con contadas y meritorias excepciones, se orienta a consolidar la concentración de poder y riqueza.
 
El ministro de Desarrollo productivo Matías Kulfas formuló un balance hasta hoy, en declaraciones por FM Nacional Folclórica. Los bancos privados, reseñó, demoraron los trámites causando "malhumor" del Gobierno. Desde siempre entorpecen el acceso a las PyMES, acuden a trámites engorrosos, pedidos de papelería inaccesible.
 
El Gobierno, aseveró Kulfas, exigió y presionó para que llegaran respuestas. Se van concretando recién ahora con fluidez. El lapso atrancado perjudicó a los trabajadores, a empresas chicas o medianas...podía haberse evitado. Un mes, acotamos, pesa como un año en otros contextos.
 
En el ínterin se dispuso el pago directo de hasta el cincuenta por ciento de salarios a trabajadores de empresas en apuros, con fondos de la Administración Nacional de la Seguridad Social (ANSES).
 
En el medio se cuela el pacto entre la Confederación General del Trabajo (CGT) y la Unión Industrial Argentina (UIA), prefigurado por acuerdos entre sindicatos y corporaciones empresarias sectoriales. Se aplican en actividades paralizadas por la cuarentena.
 
Se abona el 75 por ciento del salario de bolsillo, como regla general que admite un abanico de excepciones. La contrapartida consiste en no suspender ni despedir durante la vigencia de los acuerdos.
 
El ministerio de Trabajo reconoce validez a la inédita paritaria, que puede homologar verificando que cumple las normas vigentes. No da la impresión de que el sistema sea legal considerando el carácter protectorio del derecho laboral argentino.
 
Pero la conjunción entre gremios, patronales, estado y la necesidad de los laburantes --se supone-- validará la flexibilización. Habrá sindicatos, ramas de actividad, centrales obreras como la CTA, que se opongan.
 
El cuadro reproduce, en una coyuntura atroz, el estadio en que se encontraban las relaciones profesionales hace un año o tres. El movimiento obrero fragmentado: sin liderazgos unificados, con demasiados Secretarios Generales de baja combatividad.
 
El crecimiento y la política pro operaria del kirchnerismo "subsidiaron" a cúpulas gremiales que se conformaban con firmar paritarias que le ganaban a la inflación o la empardaban, en la mayor parte de los casos. Otros derechos dependían del Gobierno o los conseguían los sindicatos mejor organizados y conducidos. La conducción de la CGT congrega baja legitimidad desde hace demasiado tiempo.
 
Retomemos: las sucesivas acciones apuntan a evitar quiebras, cierres de establecimientos, despidos masivos. La pretensión explica las movidas oficiales que, sin duda, prefiguran otras porque la malaria se prolonga y las necesidades crecen. Se destina un porcentaje ascendente del menguante Producto Bruto Interno (PBI) a paliar la malaria. La mejor política posible dentro del cruel marco de lo accesible.
 
**
 
 
El Ingreso Familiar de Emergencia (part one)
 
Concebido como un programa adicional de transferencia de ingresos, el IFE resalta por varios aspectos y por su alta noticiabilidad. Hacemos un repaso a vuelo de dron:
 
* Se concibió y concretó en tiempo record.
 
* Se supuso que comprendería a alrededor de 3,8 millones de beneficiarios. Se concedió a 7,9 millones, duplicación larga que impactó en el monto de la inversión social. Las evaluaciones oficiales posteriores interpretan que un factor determinante del chocante gap atañe a la definición laxa del "grupo familiar", que permitió la incorporación de beneficiarios no previstos.
 
* El crecimiento de la base social --destaca de modo certero un documento de la Dirección de economía, igualdad y género del ministerio de Economía-- no implica (textual): "que existan dentro de este universo individuos que no cumplan con la condiciones del IFE. (...) En todos los casos se trata de una población cuyos ingresos son bajos, inestables e insuficientes para quedarse en casa".
 
La explicación, sencilla cuan dolorosa, es "que a la pobreza y desigualdad estructural de la economía se le sumaron actividades nuevas, los nuevos sectores vulnerables por la crisis causada por el COVID que, producto de la pandemia y las medidas de salud implementadas, se ven privadas de generar ingresos".
 
En jerga de este cronista: no se produjo el aluvión de avivados, "planeros" que la derecha autóctona e internacional denuncia ante cada medida social compensatoria de desigualdades.
 
* El cronograma de pagos se resintió por un haz de motivos, entre ellos la carencia de bancarización de muchos beneficiarios, incluyendo trabajadores formalizados que deberían estarlo.
 
* Jóvenes de entre 18 y 25 años componen el 24.8 por ciento del total de perceptores.
 
La prolongación de la cuarentena motiva al Gobierno a pensar un nuevo programa de ingresos contemplando aciertos y falencias del IFE. Una de éstas: llegó poco a argentinos de sectores medios empobrecidos por la covid-19. El mundo de los cuentapropistas engrosado bajo la presidencia de Mauricio Macri: el 22,9 por ciento de la población ocupada, según el aludido informe de Economía.
 
Un alto funcionario de otra cartera razona que "no llegamos a todos los que queríamos abarcar". Gente común de clase media en descenso, cuyo flujo de ingresos se cercenó. Un sector sub estudiado, "inasible", integrado por quienes deben vender su propio trabajo para poder sobrevivir.
 
De nuevo, gravita lo preexistente. Seis millones de trabajadores registrados en la actividad privada versus una cifra superior, creciente, de informales y desocupados. El IFE dotó al Estado un relevamiento actualizado del mundo de la pobreza pero no alcanza a distinguir entre laburantes parados y "en negro". Ni hablar de los que reciben paga "en gris" (parte formal y parte por debajo de la mesa).
 
En la Casa Rosada, Economía y la ANSES estudian cómo mejorar las prestaciones de la IFE con un nuevo programa que supere al anterior, también por un mes. Los detalles se están elaborando. Seguramente no será una nueva ronda del universo de los que van cobrando (un IFE II, pongalé). Ni, tal vez, siquiera ampliado con aquellos cuyos pedidos se rechazaron por falta de datos.
 
La premura se nutre con análisis circunstanciados. Las discusiones internas, tan necesarias cuan desgastantes, empujaron el primer relevo importante de funcionarios dispuesto por el presidente: el pedido de renuncia a Alejandro Vanoli y la designación de Fernanda Raverta en la ANSES.
 
La Vulgata traduce la movida en términos de ofensiva del castro-chavismo K. El diagnóstico reduccionista se mezcla con el desdén al piso de protección social que dejó el kirchnerismo. En especial, las jubilaciones cuasi universales y la Asignación Universal por Hijo (AUH). Más sensato, el gobierno de Colombia le solicita al Gobierno información urgente sobre la AUH.
 
**
 
El conflicto vivo
 
Volvamos al principio. La cuarentena se prolonga, en defensa de derechos esenciales. El encierro persiste, el horizonte de salida se aleja, acentuando incertidumbres, miedos, pánicos. Un costo colectivo acaso inevitable pero riesgoso.
 
El Gobierno universaliza prestaciones, atiende necesidades de amplias franjas sociales.
 
La derecha nativa, pragmática e inteligente, se organiza para defender el orden previo. Su narrativa niega el conflicto entre clases, su praxis defiende las posiciones adquiridas.
 
La peste carece de precedentes estrictos. La crisis capitalista de 2008-2009 ofrece, empero, algunas enseñanzas. Expuso en carne viva las lacras del capitalismo financiero. La causaron los bancos, el capital privado... salieron fortalecidos en el balance ulterior. Resultaron ganadores de la catástrofe que engendraron.
 
En un formidable ensayo publicado en L´Humanité, Denis Merklen, sociólogo rioplatense radicado en Francia, alerta:
 
"La covid-19 corre el riesgo de transformarse en una metáfora. La llamada a una solidaridad sin adversarios es como declarar la guerra a un virus. En la vida social hay riesgos naturales, verdaderos pero los enemigos y adversarios de las solidaridades son siempre humanos. Conviene identificarlos".
 
"El modelo de desarrollo que nos lleva a la crisis, el de la mundialización incontrolada y de puro mercado que hace decir hoy que la solidaridad está amenazada constituye el proyecto que construyen los grupos dirigentes de nuestra sociedad (...). Olvidar la conflictividad que habitaba nuestra sociedad hace unos meses como si no existiera más es el mejor medio de tornar vano el llamado a la solidaridad y de prepararse para que todo vuelva a ser como antes".
 
La reflexión, que traducimos libremente, contradice a varios optimistas de la progresía que atisban en datos coyunturales la profecía imparable del porvenir. Estados fuertes, atención a la salud pública, medidas universales, gasto social creciente. Tal futuro, opina quien firma esta columna, es hipotético, acaso factible.
 
Pero debe ser construido desde las políticas públicas, la participación ciudadana, la militancia... aún en el mundo de las palabras e ideas. El Gobierno argentino se orienta en ese sentido, sus adversarios le serruchan el piso. Todos saben lo que hacen. La correlación de fuerzas acaso mejoró un poco, pero sigue siendo adversa.
 
Por Mario Wainfeld
 
Fuente: pagina12.com.ar
 

Agreganos como amigo a Facebook
28-05-2020 / 11:05
Hay dos cosas seguras si Mauricio Macri está en el gobierno: la aplicación sin piedad del nefasto modelo neoliberal y las operaciones de espionaje a gran escala. Ahí están sus gestiones como jefe de gobierno de la Ciudad de Buenos Aires y como presidente de la Nación para corroborarlo.
 
Si algún día fuera ungido nuevamente como gobernante -posibilidad que hoy aparece como muy remota pero que no debería descartarse definitivamente si se tiene en cuenta el caudal de votos que obtuvo el año pasado tras cuatro años de gestión calamitosa- podemos estar seguros de que esas dos facetas volverán a brillar en todo su esplendor.
 
Es imposible concebir a Macri, el que mandó a espiar a su hermana y su cuñado, sin tales atributos. La concentración de la riqueza -y su consecuencia directa: la multiplicación de la pobreza- y el espionaje como instrumento de coerción forman parte del ADN macrista por encima de cualquier otro rasgo.
 
"Te escuchaban los teléfonos, te leían los mails, te apretaban con la AFIP. Tenían un aparato del Estado, que pagábamos nosotros, para perseguir a los que pensaban distinto o a los propios que pudieran descarriarse. #SiSePuede", disparó el conductor televisivo Marcelo Tinelli, desde su cuenta en Twitter. No se salvaba nadie.
 
Ayer, la Comisión Bicameral de Inteligencia abrió un sumario para investigar delitos en la Agencia, una trama de espías, arrepentidos y amenazas en la AFI macrista. El plenario de la Comisión acordó investigar el caso revelado por un narco arrepentido, quien contó que actuó como sicario contratado por la Agencia Federal de Inteligencia en 2018. 
 

27-05-2020 / 12:05
27-05-2020 / 11:05
Como se sabe, los ricos no piden permiso. La conductora ultra macrista se encontraba realizando la cuarentena en la Ciudad de Buenos Aires, y según trascendió, el sábado, Susana Giménez violó el aislamiento social preventivo y obligatorio al viajar en un avión privado hacia la ciudad uruguaya de Montevideo. La propia Susana lo confirmó y hasta se quejó por los trámites. "Llené más papeles que si hubiera viajado a Rusia durante el comunismo", lamentó.
 
La decisión de Susana generó fuerte malestar en la gente, algo similar a lo ocurrido con el empresario millonario Nicky Caputo, que se fue con toda su familia a Estados Unidos en medio de la pandemia. Partió en un vuelo privado hacia Fort Lauderdale, en Florida. Para hacerlo, alegó la necesidad de repatriarse en Estados Unidos. Mauricio Macri se quedó sin su "hermano del alma".
 
Después de rajarse a Uruguay, la millonaria conductora se mostró muy preocupada porque sus perros no la reconocieron."Yo me sé cuidar sola, no preciso que me encierren en mi casa con llave, yo me cuido sola y sé muy bien lo que tengo que hacer", exclamó Giménez en declaraciones televisivas, y añadió: "Los presos están en la calle ¿nosotros vamos a estar presos? Es el año más espantoso que estamos viviendo, y el gobierno no sabe bien qué hacer", subestimando el poder legal constituido para intentar justificarse.
 
Luego, Susana 
tiró mierda pa' todos lados con una serie de definiciones insólitas en la que no solo comparó a Argentina con Venezuela, sino que también atacó "al populismo". Además, lanzó todo tipo de fake news, como que "había doctoras que decían que si te inyectás  vitamnias endovenosas te podés curár". Por otro lado, dijo: "Hoy escuché que si mezclas dos antibióticos van muy bien". Todas estas mentiras ante la pasividad de los periodistas que no le repreguntaron nada.



26-05-2020 / 11:05
26-05-2020 / 11:05
La militancia anticuarentena, que lidera el Grupo Clarín con sus diarios, radios y canales de televisión, seguido por La Nación, el Grupo América e Infobae, es tan irresponsable socialmente como mezquina en términos políticos e ignorante de la cuestión económica. Desprecian el destino sanitario de las personas mayores y de los grupos socioeconómicos vulnerables.
 
La controversia con la militancia social y periodística anticuarentena se parece a las discusiones delirantes con grupos terraplanistas y antivacunas. Con fake news y apelando a la angustia personal por la cuarentena, lo que hacen es una provocación abierta a una parte de la sociedad, atrapada por el cansancio, el miedo económico y la confusión.
 
Trabajan para que la mayoría de la sociedad acepte que los adultos mayores y pobres se mueran por coronavirus. Esto es lo que ha sucedido en Suecia, Italia, España, que han dejado morir a las personas mayores contagiadas porque sus respectivos sistemas sanitarios han colapsado; o en Estados Unidos y en Brasil, donde el coronavirus se concentra en pobres e inmigrantes.
 
El resultado sanitario de la opción anticuarentena es un desastre humanitario, fosas comunes, cementerios desbordados y, además, derrumbe económico. La sociedad argentina posee una larga historia de movilizaciones y resistencias social y política que no soportaría cantidades de contagiados y muertes como se anotan diariamente en Brasil, Chile, Perú, Italia, España, Gran Bretaña o Estados Unidos.
 
El objetivo político de los militantes anticuarentena es erosionar la elevada aceptación social y política que hoy tiene el gobierno de Alberto Fernández. La campaña la lideran grupos conservadores porque les irrita que Cristina y el kirchnerismo tengan un papel destacado en la alianza de gobierno.
 

NicoSal soluciones web

© Copyright 2009 LA OPINIÓN POPULAR – www.laopinionpopular.com.ar - Todos los derechos reservados.

E-mail: contacto@laopinionpopular.com.ar