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Sociedad e Interés General - 28-08-2019 / 16:08
EFEMÉRIDES POPULARES. PRIMER GOLPE DE LA GUERRILLA URBANA

El Movimiento Nacionalista Revolucionario Tacuara (MNR-T) asalta el Policlínico Bancario

El Movimiento Nacionalista Revolucionario Tacuara (MNR-T) asalta el Policlínico Bancario
El 29 de agosto de 1963, en Buenos Aires, el Movimiento Nacionalista Revolucionario Tacuara (MNR-T), primera guerrilla urbana en la Argentina, asalta el Policlínico Bancario. Como consigna levantaban una línea histórica: «San Martín-Rosas-Perón». Arturo Illia acababa de ser elegido presidente, en elecciones fraudulentas, como "heredero" civil de la Revolución Libertadora, gorila, antiobrera y fusiladora.
El 29 de agosto de 1963, en Buenos Aires, el Movimiento Nacionalista Revolucionario Tacuara (MNR-T), primera guerrilla urbana en la Argentina, asalta el Policlínico Bancario. Como consigna levantaban una línea histórica: «San Martín-Rosas-Perón». Arturo Illia acababa de ser elegido presidente, en elecciones fraudulentas, como "heredero" civil de la Revolución Libertadora, gorila, antiobrera y fusiladora.
 
El MNRT fue una escisión de Tacuara, la agrupación de extrema derecha, anticomunista y antisemita,  fundada por Alberto Ezcurra Uriburu. Al elitismo fascista de Tacuara, el MNR-T le opone una línea "nacional y popular", encontrando en el peronismo una base social y política mucho más activa que vegetar entre las sectas de extrema derecha.
 
Las revoluciones de Argelia y Cuba ejercían su influencia; también los militantes de la Resistencia Peronista. En ese contexto, Joe Baxter y sus compañeros dieron el "giro a la izquierda" y decidieron identificarse con el peronismo. Por temperamento, los integrantes del grupo amaban la acción directa y adherían a la consigna de "vivir peligrosamente" predicada por el Duce.
 
En el asalto, el MNR-T mató a dos empleados, causó heridas a otros tres y huyó llevándose unos quince millones de pesos destinados a pagar los sueldos de los empleados de la institución. Parte del dinero obtenido fue destinado a financiar actividades de la organización MNR-T, a la que pertenecían los integrantes del grupo. Casi todos los participantes fueron detenidos y enjuiciados, otros permanecieron prófugos y algunos se incorporaron más adelante a otras organizaciones guerrilleras.
 
Por Carlos Morales para La Opinión Popular



El asalto al Policlínico Bancario, el primer golpe de la guerrilla urbana
 
Fue una conmoción en aquel entonces y terminaría por convertirse en un hito, si se considera la historia de los años que siguieron. El 29 de agosto de 1963 -hace hoy exactamente 40 años- un grupo armado entró a la playa de estacionamiento del Policlínico Bancario, mató a dos personas y robó la valija en la que llegaba el dinero para pagar los sueldos del personal. Eran unos 100 mil dólares, con los cuales la organización planeaba instalar un foco guerrillero en Formosa, invadir las islas Malvinas, comprar armamentos y llevar a los trabajadores a la lucha revolucionaria. Fue la primera operación de guerrilla urbana que conoció Buenos Aires. El comienzo de una lista larguísima, que explotaría en los 70.
 
El mes anterior, el radical Arturo Illia había ganado con el 25% de los votos unas elecciones en las que las Fuerzas Armadas habían proscripto al peronismo. En un contexto de democracia restringida, el temor de los factores de poder por la posibilidad de que los jóvenes se volcaran a la lucha revolucionaria crecía, potenciado por la explosión de movimientos antiimperialistas en distintas partes del mundo. Y especialmente, claro, por la revolución cubana, que había fascinado a muchos argentinos que no tenían nada que ver con el socialismo.
 
No fue, entonces, un hecho que surgió de la nada. Pero lo más sorprendente, tal vez, es el origen de ese grupo que asaltó el Policlínico: era un desprendimiento del Movimiento Nacionalista Tacuara, el grupo juvenil de ideas fascistas y antisemitas que había ganado fama en los dos o tres años previos gracias a su masividad y a su capacidad creciente para desarrollar violencia callejera.
 
Para 1963, Tacuara ya había dejado de ser solamente un grupo de choque callejero para ingresar en un complejo proceso de transformación. Y no sólo recibía adolescentes de doble apellido de Recoleta o Barrio Norte, sino también jóvenes de clase media que la veían como el instrumento más adecuado para expresar su oposición al sistema.
 
Así, con algún conocimiento técnico adquirido en los campamentos armados que Tacuara organizaba los fines de semana en descampados del Gran Buenos Aires, y el ánimo exacerbado por contactos con militares nacionalistas, sindicalistas y los sectores más intransigentes del peronismo, un grupo decidió pasar a la acción directa.
 
Lo lideraba Joe Baxter, un joven hijo de un inmigrante irlandés que apenas había pasado los 20 años y estaba recién desprendiéndose de su admiración por el nazismo que lo había conducido a Tacuara. En 1970 -después de entrenarse en China y pasar varios años en Cuba- fundaría el Ejército Revolucionario del Pueblo (ERP) junto a Mario Roberto Santucho.
 
Después de varios robos de dinero y de armas a pequeña escala, la operación del Policlínico representaba para la organización la posibilidad de dar un salto de calidad. Así, alquilaron una ambulancia, doparon al chofer y lo colocaron sobre la camilla, para que cumpliera el papel de enfermo que les permitiera entrar a la playa de estacionamiento, justo cuando llegaba el furgón con el dinero para los sueldos. Con una ráfaga de ametralladora, uno de los asaltantes mató a dos empleados del Policlínico y los demás cargaron la valija en la ambulancia para la huida.
 
"Descomunal asalto", fue al día siguiente el título principal de Clarín, que habló de "uno de los asaltos más precisos, espectaculares y odiosos de los últimos meses".
 
Antes del final de 1963, Baxter -que no había participado personalmente del asalto porque su cara ya se había hecho conocida, como la de uno de los jefes de Tacuara- viajaría a Madrid para contarle los planes del grupo a Juan Perón. El líder exiliado lo estimularía, como habría de hacerlo con todos los grupos que se volcaron a la lucha armada en aquellos años de exilio.
 
Sólo siete meses después -en marzo de 1964- se sabría que el asalto al Policlínico Bancario había sido una operación política. El velo se corrió cuando un empleado judicial que no integraba el grupo pero había actuado como entregador gastó en París, junto a su hermano y a una prostituta, parte del dinero, cuya numeración estaba en manos de la Policía.
 
Para entonces, no se trataba de la única corporización de los temores militares ante la anunciada llegada a la Argentina de la lucha revolucionaria. Por los montes salteños marchaba un grupo guerrillero formado y financiado desde Cuba, liderado por el periodista Jorge Masetti.
 
La mayoría de los asaltantes del Policlínico Bancario fueron encarcelados y algunos no salieron en libertad hasta mayo de 1973, cuando el peronismo volvió al poder y fueron amnistiados los presos políticos. Varios de ellos se integraron a las Fuerzas Armadas Peronistas (FAP), otros a Montoneros y los menos al ERP, aunque uno de ellos se lo vinculó con la ultraderecha peronista y con los servicios de inteligencia del Ejército que en los 80 viajaron a Centroamérica a dar entrenamientos en guerra contrainsurgente.
 
Una mezcla asombrosa, propia de un grupo en el cual cientos de jóvenes de los 60 amanecieron a la violencia, que se llamó Tacuara.
 
Fuente: Clarín

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El Movimiento Nacionalista Revolucionario Tacuara (MNR-T) asalta el Policlínico Bancario
Joe Baxter.
18-09-2019 / 20:09
18-09-2019 / 20:09
18-09-2019 / 20:09
El día 19 de septiembre de 1945 se realiza la Marcha de la Constitución y la Libertad, en donde la oposición juega todas sus armas contra la candidatura de Juan Perón, bajo los auspicios de la Embajada yanqui y las estrofas de la Marsellesa. Amplios sectores de clase media confluyen con la clase alta y la oligarquía, concentrándose frente al Congreso.
 
El Daily Mail, de Londres, sostiene: "Fue una demostración política, pero ni Bond Street podía haber hecho una exhibición tal de modelos y ni aún Mr. Cochran, el conocido empresario teatral, lograría reunir tantas mujeres bonitas para exhibirlas en una mezcla semejante de pasión política y de alegría".
 
El historiador Norberto Galasso relata que a la cabeza de la manifestación marchan la derecha y la izquierda del viejo país: "Don Joaquín de Anchorena y Antonio Santamarina contestaban a los aplausos con elegantes galerazos, Rodolfo Ghioldi, Pedro Chiaranti y Ernesto Giudici (todos del PC), con el puño en alto, Alfredo Palacios (PS) con amplios ademanes que no desacomodaban su chambergo".
 
También integran las primeras filas: Manuel Ordoñez, Carlos Saavedra Lamas, Jorge Walter Perkins, Eustaquio Méndez Delfino, Rodolfo Aráoz Alfaro y otros oligarcas, sumándose, en las cercanías de Plaza Francia, un personaje conocido: el embajador yanqui Spruille Braden.
 
Días después, al partir, Braden declara que no solo ha estado en la parte final de la marcha sino que el personal de la embajada fue dispuesto estratégicamente a lo largo del itinerario. The New York Times sostiene: "250.000 personas se congregaron a favor de la libertad. Multitud record gritó ¡Muera Perón!"
 
El historiador Rodolfo Puiggros afirma que esa marcha constituyó la antesala del golpe: "El plan maquinado por Braden con los 'demócratas' se dividía en tres etapas: primero, un acto en el Luna Park convocado por el Partido Comunista (31/8/45), segundo, la marcha de la Constitución y la Libertad (19/9/45) y tercero, el golpe militar".
 
En la noche de 19, Braden informa, con sumo alborozo: "La concurrencia a la manifestación se ha estimado en doscientas a trescientas mil personas (algunos, creen medio millón) y ha tenido una representatividad genuina, evidenciada por la forma en que se hallaban entremezcladas las clases sociales y los grupos políticos. Tuvo buena organización y autodisciplina... Las dimensiones y naturaleza de la manifestación resultan notables".
 
La embajada norteamericana en La Paz informa, a su vez, que "anoche debió realizarse en Salta una reunión de la que participarían miembros del Ejército que se están poniendo contra Perón. El movimiento está destinado a derrocar al actual régimen, indefectiblemente el 26 de octubre próximo".
 
El día 22, Braden abandona la Argentina, con rumbo a Estados Unidos. El día anterior a su partida -sostiene el agregado cultural de la embajada, Mr. Griffith"Braden sostuvo una conversación con José Peter, el jefe de la organización gremial de los comunistas en los frigoríficos, para discutir la situación obrera".
 
Por Blas García 


17-09-2019 / 18:09
Sin memoria ni justicia, hoy se cumplen 13 años de la segunda desaparición de Julio López, el testigo clave que aportó datos indispensables para que avance el juicio contra Miguel Etchecolatz -que fue el responsable de su primera desaparición-, militares y policías involucrados con la última dictadura cívico-militar.
 
El albañil, que ya había estado desaparecido tres años (1976-1979) durante la dictadura militar genocida, cuando era cruelmente común y cotidiano que los milicos se llevaran a cualquier persona que militara o estuviera ligada a un militante, se había transformado en una figura mediática que le comenzó a hacer ruido a muchos, por aquellos días de 2006.
 
Testigo fundamental del juicio contra el siniestro Etchecolatz, el albañil López no pudo presenciar la condena contra el represor, porque ese mismo día lo desaparecieron, 30 años después de su primer secuestro, como en el peor momento de la dictadura, pero en democracia.
 
En aquel momento, y luego de su desaparición, todos salieron a apuntar a los sectores ligados con el represor Etchecolatz, pero desde la Policía nunca explicaron nada.
 
Una parte de la sociedad está atenta a la falta de López, pero otros parecen no querer verla. Hay un mandato del poder hacia determinados sectores de derechos humanos de no hablar de Julio López. Diez años de dolor, de desazón, desconcierto y muchos interrogantes.
 
Un 18 de septiembre, dejó su casa y su familia López, un desaparecido político en democracia. Hoy volvemos a exigir que impulse una investigación en serio sobre el destino de Jorge Julio López, testigo clave en los juicios por los crímenes de la dictadura militar.
 
De la redacción de La Opinión Popular



16-09-2019 / 21:09
 
El 16 de septiembre de 1976 un grupo de jóvenes de la ciudad de La Plata fueron secuestrados, torturados y desaparecidos a raíz de sus luchas por el boleto estudiantil secundario, en una operación represiva conocida como la "Noche de los lápices".
 
Todos ellos tenían entre catorce y dieciocho años; estaban comprometidos con el momento histórico que vivían, se daban cuenta de que los tiempos habían virado definitivamente hacia la represión ilegal, pero eligieron seguir en la lucha por una sociedad más justa y solidaria, enfrentando a la alianza entre la patria financiera y sus personeros militares. Hoy forman parte de los 238 adolescentes argentinos, que fueron secuestrados durante la dictadura y aún siguen desaparecidos.
 
De aquella noche, los seis que no volvieron jamás, de la decena de adolescentes detenidos en ese septiembre, fueron: Claudio de Acha 16 años, Horacio Ungaro 16 años, María Clara Ciocchini 17 años, María Claudia Falcone 16 años, Francisco López Muntaner 17 años, Daniel A. Racero 18 años, todos jóvenes, militantes y peronistas que fueron brutalmente secuestrados y torturados durante meses en un campo clandestino de detención.
 
Hace casi una década, y a modo de homenaje, desde el gobierno nacional junto con organizaciones políticas y reparticiones provinciales de políticas de Juventud impulsamos que se designe el 16 de septiembre como el "Día de la Juventud".
 
Se lo planteamos al entonces presidente Néstor Kirchner que de inmediato tomó la propuesta e impulsó la iniciativa. En nuestra provincia, el primer acto de homenaje a esta fecha lo hizo Gustavo Bordet en el 2006 en el PJ de Concordia.
 
Fue una excelente manera de rendir siempre homenaje a una generación que participó políticamente, persiguió una transformación en la Argentina, se sacrificó y militó para cambiar un país dependiente, sometido económica y culturalmente, evidentemente injusto en la distribución de la riqueza y el poder.
 
Escribe: Alejandro Gonzalo García Garro
 

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