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El clima en Paraná
"No se puede pretender que las deudas sean pagadas con sacrificios insoportables para los pueblos". Papa Francisco
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Nacionales - 21-08-2019 / 09:08
MENSAJES, SILENCIOS, AUSENCIAS

Hernán Lacunza: Cambiar algo para que nada cambie

Hernán Lacunza: Cambiar algo para que nada cambie
Tras una semana de marchas y contramarchas patéticas, el gobierno de Macri optó por un cambio de piezas en la conducción económica. La llegada de Lacunza a Hacienda en reemplazo de Dujovne generó expectativas de cambios de políticas. Los discursos del ministro Lacunza y el titular del Banco Central, Guido Sandleris, dieron la respuesta: nada va a cambiar. No hubo anuncios. Al contrario, se ratificó el rumbo y las políticas aplicadas hasta aquí, que fueron la causa principal del desastre financiero primero, socioeconómico después y, finalmente, político.
Nervioso ante el desafío, el flamante ministro de Hacienda, Hernán Lacunza, expuso onda 20 minutos, no abrió el juego a los periodistas y les comunicó que los verá pronto, sin fijar fechas.
 
El presidente del Banco Central (BCRA) Guido Sandleris habló después y habilitó una ronda de preguntas. Propalaron un mensaje uniforme: "el principal objetivo será estabilizar el tipo de cambio", enunció Lacunza. "Estabilidad financiera", concordó Sandleris.
 
El nerviosismo de Lacunza sembró huellas. Incurrió en un lapsus freudiano: afirmó haber sido nombrado presidente. Se olvidó los papeles cuando subió al estrado del microcine de Economía, se le secaba la garganta. Este cronista, que no integra su club de admiradores, clamaba desde un sillón en su casa para que alguien le acercara un vaso o una botellita de agua.
 
La dupla le habló al Fondo Monetario Internacional (FMI); al sistema financiero, a los especuladores, al gran empresariado. Lacunza se abstuvo de mencionar una sola medida.
 
La gente común, que suele levantarse más temprano que el presidente Mauricio Macri, transcurrió otro día difícil. Para quienes "gozan del beneficio" de cobrar un ingreso fijo el fin de mes es peor que el Aconcagua. Casi nadie habrá oído a los disertantes. Si alguien exceptuó la regla habrá notado que no le transmitían nada.
 
Las grandes desdichas de los laburantes no son consecuencia de "errores" sino de objetivos del macrismo, logros alcanzados. La disminución del valor relativo del salario es, en el proyecto neocon, requisito de la "competitividad". Lo consiguieron.
 
El FMI acusó recibo. Ni bien terminó Sandleris, difundió un conciso comunicado afirmando que sigue de cerca la situación de Argentina. Y que sus enviados vendrán pronto, sin anunciar fecha. Como mecanismo tranquilizador, supo a poco.

 
Macrilandia no era una fiesta
 
Ambos funcionarios reconocieron que la inflación en los próximos meses será alta. Mintieron o se auto engañaron respecto del estado de la economía al 10 de agosto. Mal que les pese Macrilandia no era una fiesta y la catástrofe económica financiera es muy previa al urnazo.
 
Un ejemplo, hay cantidades. Sandleris se obstina en apodar "proceso de desinflación" al constante aumento de precios que llevaba por la parte baja a un 45 por ciento anual. Aburre insistir sobre el punto: si el Índice de Precios al Consumidor trepa 3 puntos un mes y 2,9 el siguiente el oficialismo y la cadena oficial de medios privadas describen que "bajó". En fin.
 
Macanear es gratis para quien maneja el micrófono, tanto como ineficaz: la gente de a pie gasta más por los mismos productos; consume menos o se endeuda. Lo sufre cotidianamente y no se deja embaucar por el dialecto macrista que ya no escucha.
 
Sandleris reincide en aplicar un programa que produjo fugas de capitales record, estanflación, despidos, pobreza, indigencia y hambre.
 
 
Aparte de la herencia y la mala suerte
 
Lacunza atribuyó las dificultades del programa económico a un coctel de "herencia recibida, errores propios y mala suerte"...esquivó estipular precisiones.
 
El ministro de Hacienda describió como "falsa dicotomía" a la que escinde a "los mercados" de la economía real. La Argentina actual prueba rotundamente lo contrario. En casi cuatro años un puñado ganadores se la llevaron con pala y decenas de millones de perdedores cayeron mucho.
 
En ocho días el Gobierno se las ingenió para ponerse de punta con la totalidad de los gobernadores opositores, incluyendo a los no peronistas. La reducción del IVA y la suspensión de los aumentos a las naftas obraron el milagro.
 
La supresión, tiempo atrás, del Fondo Federal Solidario (alias "Fondo sojero") la tala de los subsidios nacionales al transporte urbano e intraprovincial damnificaron a los territorios, ahora se les propina otros sablazos. Desfinanciar a las provincias para que cierren las cuentas nacionales: Domingo Cavallo vive.
 
 
Mejor que hacer es decir
 
Para "tender puentes" Lacunza promueve encuentros con economistas vinculados a los presidenciables que siguen en carrera. La convocatoria se escenifica como un gesto dialoguista. Cualquier distensión merece ser bienvenida.
 
Pero al mismo tiempo el relato oficial (desde Macri hasta Lacunza pasando por la violenta diputada Elisa Carrió) responsabiliza al electorado o acaso al funcionamiento del sistema democrático por la corrida cambiaria.
 
Prepara el terreno para culpar al adversario por la agravación de los daños que sobrevendrán en el eterno plazo que media hasta octubre. "Lo que diga la oposición es más importante que lo que pueda hacer el Gobierno" delira Lacunza.
 
Dujovne hurtó el cuerpo al juramento de Lacunza. Prefirió irse como un visir del FMI antes que ayudar a su gobierno en desgracia. Redactó una renuncia que merece un seminario y no estas breves líneas.
 
Federico Polak, un dirigente con historia, ex vocero leal y eficiente del presidente Raúl Alfonsín, la diseccionó en twitter: "el texto de la renuncia de Dujovne es maravilloso. Desecha toda formalidad, tutea, llama al presidente por su nombre. En la substancia es aún más maravilloso. Luce orgulloso del resultado de su trabajo. No pide disculpas. Vive un mundo Aldous Huxley".
 
Dujovne se jacta de haber reducido el déficit (para lo cual excluye de la cuenta a los pagos de la deuda externa), suprimido impuestos provinciales distorsivos y un par de méritos macroeconómicos. Ni una palabra sobre avances sociales o laborales... Ni pudo imaginarlos. Encabeza "querido Mauricio". El conjunto parece la dimisión a la comisión directiva de un club de golf.
 
En jornadas pródigas en producirlos, otro autorretrato del funcionariado del gobierno de clase. Creído, desdeñoso de las formas institucionales, enfrascado en su concepción del mundo. Lacunza, más elocuente, con estilo más "político", juega de todas maneras en el mismo equipazo, obcecado en no cambiar. Entró a la cancha en el peor momento.
 
Por Mario Wainfeld
 
Fuente: pagina12.com.ar
 

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23-02-2020 / 10:02
El domingo próximo, el presidente Alberto Fernández hablará por segunda vez ante la Asamblea Legislativa. Ratificará rumbo y medidas, hará un repaso de la gestión que lleva menos de tres meses, remarcará la magnitud del descalabro dejado por el ex presidente Mauricio Macri. Anunciará proyectos de ley (varios anticipados en el día de la jura) y subrayará los avances referidos a la renegociación de la deuda externa.
 
El mandatario comenzará a redactar el borrador mañana, los ministerios (es habitual) le hacen llegar informes y sugerencias. Para el período ordinario de Sesiones, el Ejecutivo impulsará las siguientes leyes.
 
· Reforma judicial.
· Creación de un Consejo para la Calidad Institucional del Poder Judicial.
· Consejo Económico Social.
· Aborto libre, legal y gratuito.
 
Se anticipan conflictos referidos a la interrupción del embarazo. Otras iniciativas del Gobierno levantarán vientos de fronda: el aumento de las retenciones a la soja y la ley que reforma a la baja las jubilaciones de privilegio que ya se está tratando.
 
El paquete de normas que propondrá el mandatario no contiene leyes mordaza o restrictivas de libertad de prensa. Tampoco un proyecto para sancionar el negacionismo del terrorismo de Estado. Fernández dijo en París que estudiaría dicha idea pero la desechó para prevenir acechanzas contra la libertad de expresión.
 
Lo actual y lo posible: Los primeros resultados del Plan contra el Hambre entusiasman al Presidente que maneja al dedillo los datos de Concordia, la ciudad entrerriana en la que primero se aplicó. Miles de tarjetas usadas sabiamente por las jefas de familia se traducen en consumo local, ganancias para pequeños comercios, mejoras palpables en la alimentación de los pibes.
 
En otra provincia, Santa Fe, el gobernador Omar Perotti se entusiasma, refiere el presidente, con el dinamismo impreso por el nuevo derecho social. Los dos ejemplos, desde ya, son micro. Para que pudieran potenciarse será necesario aliviar a la Argentina de los pagos de deuda externa en los próximos años.
 
Miles de millones de dólares que reactivarían en el corto plazo, durante los seis-siete-ocho últimos meses de 2020. "Obra pública, el Plan de Viviendas que está atrasado", proyecta Fernández. Actividades clásicas, mano de obra intensivas, para masas de trabajadores desocupados o que changuean hoy en día.
 
"Keynes corazón", cantaría la hinchada aunque es consabido que dichos resurgimientos no serán suficientes. Habrá que promover subsidios o incentivos que permitan el nacimiento de industrias con potencial exportador o la resurrección de la capacidad ociosa tras el industricidio macrista.

22-02-2020 / 10:02
La centralidad de la deuda en la coyuntura actual es de tal magnitud que cualquier decisión del gobierno queda relegada a un segundo plano y condicionada por esa centralidad, que es económica y política a la vez. El ministro Martín Guzmán expuso con claridad en la Cámara de Diputados la suerte de círculo vicioso en que está la cuestión de la deuda pública nacional: "Hay voluntad firme de pagar la deuda. El problema es que no hay capacidad para hacerlo. Para poder pagar Argentina tiene que crecer y para poder crecer se tiene que sacar de encima el peso de una deuda que asfixia".
 
Este círculo, en el que intervienen jugadores con peso e intereses propios, es el centro del debate. El gobierno caracteriza a la deuda como impagable, pero al mismo tiempo la reconoce y legitima, por lo tanto necesita de una "reestructuración profunda": estiramiento de plazos, quita de capital y reducción de intereses.
 
El FMI estaría dispuesto a posponer los vencimientos a cambio de garantías de la sustentabilidad de los mismos, léase superávit fiscal primario suficiente para hacer frente a los vencimientos, al mismo tiempo que presiona para que los privados acepten quitas de capital, que no está dispuesto a hacer con sus propias acreencias. Los bonistas exigen más pagos ahora, un plan económico y el aval del Fondo de que la deuda total es sustentable para luego acordar.
 
El ministro agregó que en su esquema el equilibrio fiscal recién se obtendría para el 2023 -lo que significa que pedirá como mínimo 4 años de gracia- la economía entonces podría crecer al 2% a partir del año próximo. Los analistas consideran que ese crecimiento es bajo para generar los excedentes necesarios para afrontar los vencimientos.
 
La realidad es que las reservas no alcanzan para afrontar las deudas en dólares mientras que para los vencimientos en pesos -suman hasta junio la friolera de 850.000 millones- no es aconsejable emitir, a riesgo de que la inflación se desmadre del todo, por algo se suspenden la indexación jubilatoria y salarial. Así el margen de maniobras es reducidísimo, sino nulo.
 
Pero ¿qué garantiza que haciendo lo de siempre tengamos resultados diferentes? ¿Dónde está la virtud de seguir honrando una deuda que amenaza con continuar por varios años más el estancamiento de la economía? ¿Dónde está escrito que si hay una reestructuración "exitosa" se abrirán los mercados y habrá nuevo financiamiento? ¿Por qué vendrían inversiones productivas que hace tiempo no vienen? ¿Qué garantiza que dentro de 5 años no haya una nueva crisis de deuda?
 
La figura del default se recorta cada vez más nítidamente en el horizonte, el tema es si lo imponen los mercados y entonces la salida será caótica y muy gravosa para los sectores populares, o bien es producto de una decisión política. Entonces la salida no será un campo de rosas, pero será ordenada -deberá ir acompañada de medidas complementarias, como mayor intervención estatal en la banca y el comercio exterior entre otras- y abrirá un futuro diferente a la mediocridad actual. No hay que dejarse amedrentar por el terrorismo mediático de los medios al servicio de los fondos de inversión.

22-02-2020 / 08:02
Está la sensación de que el gobierno de Alberto Fernández llegó hace mucho a pesar de que apenas pasaron dos meses y días desde que asumió. Hay un clima de rutina sin sorpresa. Que en buen castellano también puede definirse como alivio.
 
Es un problema, porque es más fácil convertir en costumbre al alivio que a la tragedia. No es que el nuevo gobierno haya tomado muchas o pocas decisiones. En este fenómeno tiene más que ver el desastre como terminó la gestión de Mauricio Macri, la incertidumbre ante un gobierno paralizado por una crisis creada por ellos mismos y que todos los días arrojaba resultados nefastos sin que pudieran frenarla.
 
Es fácil acostumbrarse al alivio y olvidarse de la tragedia. Es fácil, pero peligroso. El macrista que odia al peronismo, que se hundía pero no quería dar el brazo a torcer ni reconocerlo, y que a pesar de su situación personal en franca picada volvió a votar a Macri, sintió alivio por la derrota. Nadie podrá decir que facilitó el triunfo del peronismo, su conciencia estará tranquila y, gracias a la derrota de su candidato, el bolsillo también.
 
El primer macrista en reconocerlo ha sido el Fondo Monetario Internacional. El organismo decidió prestarle a Macri 56 mil millones de dólares --el 62 por ciento de su capacidad de préstamo-- para que gane las elecciones. Y el tipo habilitó la fuga del 90 por ciento de esa fortuna y encima perdió las elecciones. La primera línea del Fondo, en especial la que baja de Washington y habilitó esa jugada ultramacrista, apostó a perdedor y llevó las finanzas del organismo al borde de la bancarrota.
 
Ahora resulta que el equipo técnico del organismo que, transgrediendo sus propios estatutos, respaldó a Macri contra el actual gobierno, reconoce que la deuda argentina es "insostenible".
 
O sea: reconoce que el préstamo fue un error, que prestaron una fortuna que no se podría devolver. Antes de pedir al Fondo, el gobierno de Macri se había endeudado con particulares en cien mil millones de dólares, en apenas año y medio. Rompió todos los récords, de los planetarios y de la historia. Cuando el Fondo les prestó, los prestamistas particulares ya no querían hacerlo porque veían el borde del precipicio.
 
Deuda "insostenible" en criollo quiere decir que fue una barrabasada. El Fondo está diciendo que la política neoliberal de Cambiemos fue un desatino que destruyó el aparato productivo y creó adicción y dependencia del endeudamiento.
 
Y no fue ejecutada por cuatros de copa sino por las estrellas locales del neoliberalismo, por los economistas que siempre hablaban por la tele, los preferidos por la mayoría de los empresarios, los Ceos campeones del capitalismo. Si el Fondo Monetario reconoce que la deuda es "insostenible", está diciendo que esa gente hizo un desastre.

21-02-2020 / 12:02
Apenas dos meses después de haber realizado un más que entusiasta diagnóstico en la única cadena nacional de su gestión acerca del país que dejaba, el ahora ex presidente Mauricio Macri aseguró "estar preocupado por la actualidad de la Argentina".
 
En lo que constituyó su regreso a la actividad política tras dejar el gobierno el pasado 10 de diciembre y tras tomarse unas extensas vacaciones, Macri encabezó la reunión de la mesa chica del PRO.
 
En las oficinas que el PRO montó en el edificio "Holiday" (vacaciones en inglés, lo que supuso no pocas chicanas en las redes sociales) de Vicente López, el ex mandatario comenzó a desplegar su estrategia para intentar mantenerse como el mandamás de la oposición a pesar de su resonante fracaso en su intento reeleccionista.
 
Tras el encuentro el ex peronista, ex senador y ex compañero de fórmula de Macri, Miguel Ángel Pichetto, aseguró a los medios que analizaron la coyuntura nacional y comenzaron a trazar los pasos a seguir ya en tanto oposición.
 
De la cumbre del PRO participaron también el jefe de Gobierno porteño, Horacio Rodríguez Larreta, la ex gobernadora de Buenos Aires, María Eugenia Vidal, la ex ministra de Seguridad y presidenta del espacio, Patricia Bullrich y el ex ministro de Seguridad bonaerense, Cristian Ritondo.
 
"Al expresidente lo vi muy bien, con mucho interés en seguir los temas del país, con muchas prudencia y responsabilidad, nosotros a su vez le transmitimos los problemas que nos preocupan", dijo Pichetto y aseguró que Macri "está preocupado por la actualidad del país".
 
Se juntan por inercia, y porque creen que el 40% que sacaron de votos les pertenece. No es poco, pero solo les queda el apoyo mediático y judicial, ya que políticamente están reventados.
 
La Opinión Popular
 

21-02-2020 / 09:02
El apoyo que logró el gobierno de Alberto Fernández del FMI lo fortalece de cara a la negociación con los acreedores privados pero no implica que la cuestión de la deuda esté a punto de resolverse. Ni mucho menos.
 
Si el resultado de la primera misión del Fondo tras la salida de Mauricio Macri fueran los octavos de final de un Mundial, bien podría decirse que la renegociación de la deuda con el organismo son los cuartos y la discusión con los bonistas, la final.
 
Aunque anteayer por la noche algunos de los negociadores descorcharon espumantes, en el quinto piso de Economía no comparten la euforia que se apoderó de otras áreas del Ejecutivo y de la militancia en las redes sociales. "Además de paciencia oriental hay que tener algo de astucia florentina", comentaron desde allí.
 
Lo que aprovechó el Gobierno al máximo fue la coincidencia coyuntural de sus intereses con el FMI, al que circunstancialmente también le conviene que los bonistas cobren lo menos posible. Para poder cobrar más él, por supuesto, pero también para no inflar el "riesgo moral" (moral hazard) del que solía hablar Anne Krueger en 2002.
 
La tesis del "riesgo moral" -un clásico de los tecnócratas del Fondo- sostiene que si los prestamistas nunca pierden, cada vez correrán riesgos mayores. Total, alguien (el Fondo) los rescatará.
 
Esa coincidencia no implica que el Fondo se haya hecho peronista ni que su directora gerente, Kristalina Georgieva, haya vuelto a sus días de estudiante en el Alto Instituto de Economía Karl Marx de la Bulgaria comunista.
 
El FMI necesita que se olvide lo más rápido posible el abochornante préstamo récord que el Tesoro estadounidense forzó a firmar a Christine Lagarde para que Macri fuera reelecto, pero su matriz de pensamiento sigue siendo la misma.
 
Aún tras la purga que se llevó puestos a David Lipton (un halcón demócrata que Donald Trump aprovechó para tirar por la ventana) y al encargado del caso argentino, Roberto Cardarelli, la ortodoxia fiscal de Lagarde sigue vivita y coleando en la calle 19. La gravitación de Wall Street sobre su staff, también.
 
En cuanto a las condiciones que vaya a poner el FMI para aplazar sus cobros, el ministro Martin Guzmán viene repitiendo que no hará "austeridad en recesión".
 

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