La Opinión Popular
                  18:08  |  Martes 21 de Enero de 2013  |  Entre Ríos
El clima en Paraná
“Tenemos nuevas prioridades: combatir el hambre y la pobreza, encender la economía, reactivar el consumo y generar empleo”. Alberto Fernández
Recomendar Imprimir
Nacionales - 29-07-2019 / 09:07
PARA EL MACRISMO ES MOTIVO DE FESTEJO

La crisis se agudiza y se extiende la rebaja de precios de alimentos por el desplome del consumo

La crisis se agudiza y se extiende la rebaja de precios de alimentos por el desplome del consumo
Lo cierto es que, en un marco de inflación alta, llama la atención la noticia de las rebajas de precios que están adoptando los fabricantes de alimentos. Y, como siempre, quedará para la polémica la interpretación sobre si se trata de un fenómeno positivo y digno de festejo, como interpreta el Gobierno, o si es el síntoma de la agudización de la crisis.
¿Argentina año verde? ¿O acaso un crudo síntoma de la recesión? Lo cierto es que distintas empresas alimenticias anunciaron que, a partir de agosto, rebajarán los precios de algunos de sus productos. Muchos de ellos forman parte de la canasta básica.
 
La decisión fue adoptada por algunas de las principales empresas productoras de alimentos de la Argentina e, incluso, algunas que sin llegar a liderar el mercado optan por pelearla para no perder clientes. Y la razón para rebajar precios en un marco inflacionario se vincula a la necesidad de que repunten las ventas, en un contexto de una contracción del consumo que ya lleva un año de duración.
 
Lo interesante del caso es que, además de las rebajas, las principales alimentarias del país están enviando a sus clientes listas sin mayores incrementos en los precios. Lo que está claro es que se acabaron las listas con aumentos generalizados. Al menos mientras el tipo de cambio no se mueva. Así, por ejemplo, Molinos -la principal fábrica de alimentos del país- les comunicó a sus clientes (cadenas de supermercados y mayoristas) que desde el 1° de agosto reducirá 30% el precio de sus botellas de aceto.
 
También (ya se puso en vigencia) una reducción de nada menos que el 20% en algunas series de fideos "Don Vicente", destinados al consumo medio y medio-alto de la pirámide de ingresos de los consumidores. Por otra parte, desde la próxima semana habrá una rebaja del 6% promedio en los aceites Ideal, la segunda marca más vendida de la empresa en ese rubro, detrás de Cocinero.
 
El dato de que las listas con los precios de los alimentos no se mueve -al contrario, que incluso incluyen rubros con rebajas- implica una buena noticia para la campaña electoral del Gobierno de Mauricio Macri, a escasas semanas de las Primarias y de las elecciones generales. Después del 2,7% de junio, la Casa Rosada se ilusiona con un índice algo inferior para este mes.
 
Lo cierto es que, en un marco de inflación alta, llama la atención la noticia de las rebajas de precios que están adoptando los fabricantes de alimentos. Y, como siempre, quedará para la polémica la interpretación sobre si se trata de un fenómeno positivo y digno de festejo, como interpreta el Gobierno, o si es el síntoma de la agudización de la crisis.
 
Una caída de precios en un contexto de inflación alta y de caída sostenida del consumo no puede habilitar al festejo porque no obedece a ninguna mejora en la productividad sino a un desplome de las compras. 

 
Otro producto de la canasta básica -la harina "triple cero"- tendrá un abaratamiento del 3,5% desde agosto. En el mismo sentido, se reducirán 8% promedio los productos congelados, lo mismo que las denominadas pastas deshidratadas, mientras que el precio del aceite en aerosol se reducirá un 10 por ciento.
 
Además de Molinos, las rebajas  incluyen a Pepsico, una de las líderes en el negocio de las bebidas gaseosas. La compañía impulsó una campaña -denominada "Súper Precios"-, con bajas en sus líneas.
 
Ejemplos: Pepsi Black, 7Up Free, Paso de los Toros Free y H2Oh!. El precio bajó un 9%, de $55 a $50. Se incluyeron a las presentaciones de 1,25 litro y a las de medio litro.
 
En el sector lácteo, uno de los más golpeados por la caída del consumo, son varias las empresas medianas y pequeñas que apuran rebajas de los valores de sus productos. Uno de los casos emblemáticos es el de la santafesina Ilolay, que anunció remarcaciones (bajistas) de entre 5% y hasta 35%.
 
Precisamente, el rubro de los yogures aparece como uno de los más lastimados por la crisis y, a la vez, uno de los que más se encarecieron en el último año.
 
En cambio, en los quesos, las rebajas son menores: de entre 5% y 15%. Lo mismo que en algunas leches, inclusive las saborizadas. En el caso de los yogures y las leches, las promociones son por tiempo limitado. No así en el caso del dulce de leche, que se abaratará un 15%, lo mismo que los postres.
 
 
Receta: cómo sobrellevar la crisis
 
Las rebajas se dan, al menos por ahora, en productos puntuales. Muchos de ellos clasificados como "prescindibles" desde el punto de vista de la billetera del consumidor, en un escenario de caída del poder adquisitivo. En otros casos, los ajustes bajistas tienen que ver con que las empresas no quieren resignar mercado y prefieren "perder plata" antes de que la competencia le saque "market share".
 
"Al final de cuentas, a los empresarios les sale más barato trabajar a pérdida que si la competencia les come participación. Salir a ganar eso que pierden por quedar poco competitivos en el marco de una caída del consumo, les va a costar más caro si deben reposicionar a la marca", cuenta un experto que conoce al dedillo el manejo de marketing de las compañías.
 
El caso de las gaseosas también se asemeja a lo que sucede con algunos rubros (como el aceto o ciertas marcas premium): son prescindibles para el consumidor en tiempos de crisis y bolsillos delgados. Es decir, la genta prefiere no comprarlos. O -lo que incluso es peor desde el lado de los empresarios- los reemplaza por productos de la competencia, más allá de que se traten de marcas desconocidas o de menor calidad.
 
Esto último fue lo que vino ocurriendo en el ahora híper competitivo mercado de las gaseosas: marcas de segundo y tercer orden, que antes focalizaban sus negocios en distritos puntuales, alejados de las grandes ciudades, ahora se expenden en las góndolas de los supermercados de la Ciudad de Buenos Aires.
 
 
Perspectivas grises
 
Los últimos indicadores económicos sugieren que el escenario no variará en el corto plazo. El Indec, por caso, acaba de anunciar que si bien la actividad económica se expandió 2,6% durante mayo, eso se debió a la extraordinaria perfomance del sector agropecuario. El resto de la economía -industria, comercio, bancos y la construcción- siguen operando en rojo.
 
Lo mismo vale para el consumo masivo. Las últimas mediciones muestran que la pérdida del poder adquisitivo de los salarios impactan negativamente en la economía: dos consultoras -Kantar y AC Nielsen- acaban de confirmar, en sendos informes, que el registro de junio se ubicó en el peor nivel del año.
 
De acuerdo con la medición de la consultora Kantar Worldpanel, el consumo masivo (alimentos, bebidas y productos de higiene y limpieza) registró una caída del 9% el mes pasado, en relación al mismo período de 2018.
 
Ese guarismo empeora la dinámica que se venía observando en los últimos meses: el retroceso del 9% de junio resulta más profundo que la baja del 6% de mayo. En abril, en tanto, la caída había sido del 7% y en marzo, del 11%. La consultora reportó además que el signo negativo abarca a todas las regiones del país e incluye a todos los niveles socioeconómicos.
 
Al respecto, la consultora de Orlando Ferreres midió que, en las primeras tres semanas de junio, comparadas con similar período de junio, da una inflación del 2,8%. Sin embargo, prevé que el mes cerrará en torno al 2,4 por ciento.
 
El antecedente histórico de bajas generalizadas de precios no permite ser muy esperanzador: fue en 2001, cuando ya cursando el cuarto año de recesión empezó a darse el inédito fenómeno de la deflación (es decir, una inflación negativa). Pero en aquella época nadie festejaba, porque el fenómeno no obedecía a ninguna mejora en la productividad sino a un desplome del consumo.
 
Eran otros tiempos, claro. Regía el "uno a uno" entre el peso y el dólar, lo cual hacía que todos los ajustes fueran nominales. Empezando por el de los salarios, como recuerdan los que tienen edad para haber vivido aquellos días.
 
Esta crisis de hoy tiene características diferentes, aunque una caída de precios en un contexto de inflación alta y de caída sostenida del consumo no puede habilitar al festejo. Queda, al menos, el consuelo de saber que, en el promedio, ayudará a que el índice de inflación continúe su senda descendente.
 
Por Claudio Zlotnik
 
Fuente: iProfesional
 
Agreganos como amigo a Facebook
21-01-2020 / 10:01
El asesinato de Fernando Báez Sosa que la UAR (Unión Argentina de Rugby) llamó fallecimiento es apenas una parte -la más importante-, de un combo letal.
 
La tipificación jurídica, responsabilidad penal y carradas de opiniones sobre el crimen, con mayor o menor espesura analítica, no le devolverán la vida al joven de 19 años y nos colocan en una endeble situación argumentativa.
 
Las sucesivas agresiones de rugbiers que terminan en muertes o sin ellas, con premeditación y alevosía, con el afán de destruir al otro por ser diferente, por las razones que fueren, son una noticia incómoda para un deporte que se arroga ciertos valores.
 
Los casos anteriores tuvieron una efímera visibilidad mediática. Algunos siguen impunes, como el asesinato de Ariel Malvino, a quien tres correntinos mataron en 2006 en Ferrugem, todos de familias influyentes en esa provincia.
 
Esa muerte y la de Báez Sosa tienen un componente clasista que deviene de la posición social de estas manadas de criminales musculados.
 
El rugby estigmatizado refuerza esa concepción de deporte cheto cuando ya no lo es. Hace tiempo dejó de serlo. Lo juegan los pueblos originarios en sus territorios, los pobres en las villas, los presos en las cárceles, crece entre las mujeres de cualquier condición social.
 
En la gran mayoría de estos crímenes no se percibe con claridad un ingrediente de consumo social que cruza a muchos de los victimarios. La ingesta desenfrenada de alcohol que confirman todas las estadísticas y en especial de la cerveza.
 
Cualquier campaña de concientización que busque antídotos contra la brutalidad de una manada de rugbiers, debería tomar en cuenta cuál es la única droga social legalizada y cuyo consumo está lejos de llegar a su techo.

20-01-2020 / 11:01
El presidente de la Cámara de Diputados, Sergio Massa, cuestionó a distintos funcionarios, -en su mayoría gerentes y directivos- de empresas públicas que ingresaron con cargos políticos al Estado durante el Gobierno del ex presidente, Mauricio Macri, y que en este nuevo período gubernamental no quieren dejar sus cargos en las diferentes dependencias estatales.
 
Massa denunció que dichos funcionarios, en caso de irse, piden doble indemnización y los definió como "okupas". Fuentes de distintos organismos estatales explicaron cómo esta situación afecta a la implementación de proyectos y políticas públicas.
 
El Presidente de la Cámara baja aseguró que "son unos inmorales", y que "no sólo no renuncian a los cargos a los que llegaron por una decisión política, sino que además piden la doble indemnización que ellos mismos rechazaban cuando estaban en el gobierno".
 
Massa se refería a esto ya que el 20 de mayo de 2016 Macri había vetado la ley de Emergencia Ocupacional, que fue sancionada por ambas cámaras legislativas y que pretendía prohibir los despidos por 180 días e implementar la doble indemnización.
 
Es decir, los funcionarios de Cambiemos que aún quedan en el estado, piden para irse la doble indemnización mientras que su gobierno estaba en contra de aplicar ese resarcimiento a los trabajadores despedidos.
 
Massa detalló que se trata de "gerentes de Aerolíneas Argentinas, Anses, Ferrocarriles Argentinos, Pami, Aysa y de otras empresas públicas, que se hacen los distraídos esperando que los echen para pedir que les liquiden la doble indemnización".
 
"Esta gente no llegó con los clasificados bajo el brazo sino que fue designada políticamente y ahora pide una doble indemnización que el mismo Gobierno anterior vetó cuando el Congreso aprobó la Ley", agregó el funcionario. 

19-01-2020 / 18:01
Al grito de "¡no fue suicidio, fue un magnicidio!" un grupo de manifestantes antiperonistas se movilizó a la Plaza del Vaticano, para recordar al fiscal Alberto Nisman a cinco años de su muerte. Los manifestantes se ufanaron de "no llevar banderas políticas". Sin embargo, en el discurso dispararon contra el presidente, Alberto Fernández, y festejaron la presencia de dirigentes del macrismo.
 
Todo el acto fue en línea con los dichos bolzonaristas de la ex ministra de Seguridad Patricia Bullrich en los últimos días. La ex funcionaria acusó al jefe de Estado de haber pactado "la demolición de la causa del Memorándum con Irán" que tiene como acusada a Cristina Fernández. Aunque varios dirigentes opositores confirmaron que no judicializarán esta acusación.
 
La ceremonia tuvo de invitados estrellas a los mediáticos diputados Waldo Wolff y Fernando Iglesias, ambos del PRO. De la Coalición Cívica hicieron su aparición Elisa Carrió y su heredero político Maximilano Ferraro. No solo legisladores gurkas del macrismo asistieron, en las primeras filas estaba el ex secretario de Derechos Humanos Claudio Avruj, el ex titular de Medios Públicos Hernán Lombardi y el ex ministro de Educación Alejandro Finocchiaro. Con estos dirigentes macristas bien presentes, los oradores seguían jurando la "independencia política" del acto.
 
Lo que hace varias semanas parecía que iba a ser un acto cargado de contenido opositor con concurrencia masiva, se fue desinflando en los últimos días a medida de que las distintas organizaciones de la comunidad judía en la Argentina anunciaron que no participarían. Tanto la Delegación de Asociaciones Israelitas Argentinas (DAIA) y la Asociación Mutual Israelita Argentina (AMIA) decidieron no participar de esta movilización que pedía "Justicia por el asesinato del fiscal", cuando a cinco años de su muerte la Justicia aun no encontró pruebas que definan al caso. Es una muerte utilizada por el macrismo para reforzar la demonización del kirchnerismo.
 
Su ex pareja y jueza federal, Sandra Arroyo Salgado, y sus hijas tampoco asistieron. Incluso, algunos meses atrás dejaron de ser querellantes en la causa que investiga la muerte de Nisman. Sin embargo, los manifestantes colmaron la pequeña Plaza del Vaticano.
 
La previa fue caliente: intimidaciones a periodistas y reproches entre los manifestantes por la escasez de jóvenes en este acto. Lo cierto es que el calor en una plaza seca, con poca sombra, generó molestia en una buena parte de los adultos mayores que se acercaron temprano.
 
Antes que comenzara el acto, desde la organización pidieron que "respetaran a todos los periodistas". La consigna no fue tomada de la mejor manera por los "defensores de la república", muchos abuchearon, otros chistaban por lo bajo, mientras que otros gritaron: "Son cómplices y corruptos".
 
La Opinión Popular

19-01-2020 / 11:01
En el siglo XX se firmaron, como jamás antes, tratados internacionales que limitan la violencia entre Estados, regulan el trato a prisioneros de guerra, refugiados y migrantes, prohíben la tortura y cien etcéteras. Rigen hoy en día, se amplían regularmente. Centenares de naciones adhieren, se celebran reuniones para ratificar principios universales.
 
Sin embargo el presidente de la mayor potencia del planeta --promotora y signataria de muchas de esas normas, sede física de organismos internacionales-- manda asesinar a un general de otro país. Sin que medie guerra declarada, sin cumplir las (de por sí laxas) leyes de su país. Los propios funcionarios de Donald Trump no alcanzan a justificar, ni siquiera a explicar, la movida. Los opositores la critican con ineficaz dureza.
 
El magnicidio es presenciado impávidamente por la Organización de las Naciones Unidas (ONU): el poder expuesto en carne viva. Suena cándido o sarcástico preguntarse qué habría pasado si el mandatario homicida fuera iraní, argentino o hasta belga.
 
El orden global siempre fue asimétrico, tendencia que se agrava en la era de la globalización financiera y la primacía de líderes de derecha, racistas, violentos, xenófobos, machistas. Hiper tácticos, predispuestos a adoptar decisiones tremendas mientras tuitean. A toda velocidad, a pura ligereza.
 
Cuando asumieron Trump y su colega brasileño Jair Bolsonaro algunos expertos predijeron que poderes establecidos de sus patrias les demarcarían límites. Las Agencias de Estados Unidos, su élite económica, el Departamento de Estado, allá en el Norte que manda.
 
Acá cerca, Itamaraty, la célebre y profesional Cancillería de Brasil que, se supone, ensilló a la dictadura militar o limó diferencias entre presidentes tan disímiles como José Sarney, Fernando Henrique Cardoso y Lula da Silva.
 
Esos frenos y balances fracasaron, no actuaron, entraron en el pasado. Las mesas chicas de los presidentes del siglo XXI resultan ser minúsculas, a veces se superponen con la reunión familiar. Bolsonaro y sus críos, sin ir más lejos.
 
En ese contexto espantoso, volátil, filo indescifrable, el presidente Alberto Fernández intenta instalar un esquema de negociación de la deuda externa bastante novedoso (nada lo es del todo). Trata de conciliar ciertos principios básicos de soberanía y de llegar a un acuerdo con el Fondo Monetario Internacional (FMI).
 
Pagar pero supeditándose a la normalización de la economía, la lucha contra la pobreza y la desigualdad, la deuda interna. La oferta parece sensata, en particular porque la formula un país pacífico, sin violencia racial ni ansias bélicas, una suerte de remanso en el vecindario soliviantado.

18-01-2020 / 10:01
El "fifty-fifty" que proponía Juan Perón para la Argentina era un anhelo por el cual trabajadores y empresas se repartían en partes iguales, 50-50, los ingresos que genera el país. Más allá de que el fifty-fifty no sea un nivel de distribución ideal, el dato publicado por el Indec muestra que la dinámica tiende a alejarse.
 
Ya que, durante el cierre del período Cambiemos, los asalariados volvieron a perder porciones de la distribución del ingreso. Esta vez el fenómeno vino acompañado de una novedad: los empresarios no mejoraron su participación. Y es que los que capturaron la diferencia fueron los trabajadores no asalariados.
 
El cuentapropismo, surgido por la fuerte crisis económica del 2018-2019, creció con fuerza, creó 265.000 puestos de subsistencia, que no califican ni como asalariados ni como empresarios, y llevó a la participación del ingreso mixto a crecer hasta quedarse con el 12,6% de la torta.
 
En este caso, la mencionada torta es el valor agregado por la economía local. Sobre el total del producto nacional, los asalariados se quedaron con el 45,1%. Eso implicó una caída fuerte desde el 52% con el que se quedaba en el 2015, según los datos del Centro de Estudios sobre Población, Empleo y Desarrollo (Ceped).
 
El Indec comenzó a publicar sus números en el 2016 y en el tercer trimestre de ese año todavía era el 52,7%. El deterioro se aceleró durante la gestión Cambiemos.
 
Los empresarios se quedaron con el 44,4% durante el tercer trimestre del 2019. Fue la primera caída en mucho tiempo, ya que en el mismo período del 2018 habían obtenido el 44,9%. Mientras tanto, los cuentapropistas pasaron del 11,4% al 12,6%.
 
Los asalariados son tres cuartos de quienes generan el ingreso nacional y se quedan con el 45,1% del producto; los empresarios son apenas el 3,9% y se quedan con el 44,4%; los cuentapropistas son el 22,9% y se quedan sólo con el 12,6%.
 
La Opinión Popular

NicoSal soluciones web

© Copyright 2009 LA OPINIÓN POPULAR – www.laopinionpopular.com.ar - Todos los derechos reservados.

E-mail: contacto@laopinionpopular.com.ar