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Nacionales - 06-07-2019 / 11:07
PANORAMA EMPRESARIO SEMANAL

El protectorado austral de Trump, de la campaña del miedo a la del humo

El protectorado austral de Trump, de la campaña del miedo a la del humo
Un protectorado es una soberanía parcial que un Estado ejerce sobre un territorio que no está incorporado a esa nación y que posee autoridades propias. Los protectorados concedían a su imperio protector, a cambio de su compromiso de defenderlo, el derecho a gestionar sus asuntos exteriores e intervenir en su administración. Aunque las relaciones internacionales se complejizaron mucho desde la segunda descolonización y queda poco de aquellas viejas metrópolis dominantes, el vínculo de Mauricio Macri con Donald Trump y el FMI parece haberse estrechado casi hasta ese punto durante los últimos tiempos, a un nivel incluso superior al de las "relaciones carnales" de Guido Di Tella durante el menemismo.
Donald Trump está dispuesto a hacer en América latina lo que hizo con Corea del Norte. Golpear la mesa, amenazante, para después posar sonriente para la foto y negociar para imponer sus intereses. La diferencia es que en el Cono Sur, alineado con Washington como nunca desde el fin de las dictaduras, no hace falta amenazar a nadie con bombas nucleares. Alcanza con que siga gobernado como hasta ahora, con un apego a los designios de la metrópoli solo visto en protectorados.
 
Eso es exactamente lo que procurará asegurarse durante su interinato el reemplazante de Christine Lagarde, David Lipton, quien tendrá el organismo a su cargo durante el tramo final de las campañas presidenciales en Argentina, Uruguay y Bolivia.
 
No es la primera metamorfosis que vive el FMI, que ya pasó de custodio del valor de las monedas entre la posguerra y los 70 a impulsor de las reformas del Estado y las privatizaciones en los años 80 y 90. Ahora, tras veinte años como paladín de la austeridad en los márgenes de Europa, el Fondo vuelve a Latinoamérica como antídoto contra el regreso de lo que en Estados Unidos definen como populismo.
 
La politización del Fondo y su abandono del rol meramente técnico que solía exhibir se pusieron tan de manifiesto que en su cuartel general ya hay un verdadero ejército de economistas trabajando en el plan de "reconstrucción" de Venezuela. La decisión que tomó el G7 es que las decenas de miles de millones de dólares que pondrán para apoyar a quien consiga desbancar a Nicolás Maduro y "restablecer la democracia" se canalicen a través del Fondo.
 
Y Lipton es el hombre ideal para la misión: su salto a la política lo dio en 1989, cuando voló a Polonia con Jeffrey Sachs enviado por el Tesoro para armarle desde las sombras y en un par de días y noches sin dormir el plan económico al partido Solidaridad, que corrió al comunismo en ese país mientras se derrumbaba la Unión Soviética.
 
La consagración de Lipton como "duro" llegó en 1997, cuando aterrizó ya como subsecretario del Tesoro en Seúl, en plena crisis asiática, para avalar las gestiones de emergencia que había iniciado en la capital coreana una misión urgente del FMI. Aquella vez no solo doblegó la resistencia del banco central coreano a subir sus tasas de interés sino que también lo forzó a abrir su sistema bancario al capital extranjero, haciéndose eco del lobby de Wall Street, donde más tarde trabajaría durante varios años, antes de volver al FMI.
 
En la cumbre de Osaka del fin de semana pasado, Dujovne pasó casi todo el tiempo con Lipton. Se sentaban uno junto al otro en el primer anillo de funcionarios detrás de los presidentes del G-20 y de Lagarde, que tenía su silla en esa mesa como jefa del FMI.
 
En Hacienda niegan que haya sido Lipton quien se opuso a autorizar al Gobierno a intervenir en el mercado cambiario con los dólares prestados por el Fondo. Es lo que más criticó Alberto Fernández ante Werner, montado sobre un dato: de los u$s 39.000 millones que recibió Macri desde la firma del acuerdo, un año atrás, US$32.400 millones ya se evaporaron para cubrir la fuga de divisas.

 
Christine Lagarde no les adelantó nada, pero su relación llegó a un punto de tal intimidad que alcanzaron a intuirlo. El fin de semana, en la cumbre del G-20 en Osaka, tanto Mauricio Macri como Nicolás Dujovne encontraron a la renunciante jefa del Fondo Monetario de mejor humor que el habitual.
 
Y el martes al mediodía terminaron de entender por qué. Su salida del Fondo para asumir al frente del Banco Central Europeo (BCE) la catapulta de un organismo antipático y deslegitimado por una larga historia de ajustazos y pronósticos fallidos a uno prestigioso y con interlocutores de peso global.
 
Todo ganancia para la abogada que de chica no consiguió ingresar a la École National de Administration (ENA) pero que terminó por convertirse igual en la mujer más poderosa de su país y en algunos años, con un poco de suerte, aspira ahora a presidirlo.
 
Algunos en el Gobierno inflaron el pecho con la noticia. "Su éxito es reflejo del nuestro", se oyó en la Jefatura de Gabinete, con el siguiente razonamiento: si el programa de asistencia financiera que Lagarde le concedió a Macri es el mayor de la historia del Fondo, que la hayan ascendido es una demostración de que el G7 (el club de las naciones más desarrolladas) está conforme con su aplicación.
 
La realidad es que el ascenso llega pocos meses antes de que el programa deba ser renegociado, gane quien gane las elecciones. Es lo que admitió en reserva a Lagarde el jefe del Departamento del Hemisferio Occidental del Fondo, Alejandro Werner, luego de sus entrevistas con Alberto Fernández y Roberto Lavagna de la semana pasada.
 
Lo que no pudo llevarse es lo que venía a buscar, al menos según concluyeron en ambos campamentos opositores por su insistencia: un compromiso escrito de esos dos candidatos de que mantendrán la hoja de ruta fijada por Macri, al menos en sus trazos generales: ajuste fiscal, aspiradora de pesos contra la inflación, respeto del calendario de pagos a los acreedores y reducción gradual de impuestos.
 
Además de informarlo al directorio del FMI, Werner les contó bastante detalladamente a sus interlocutores del Gobierno todo lo que conversó con Alberto Fernández y sus economistas Matías Kulfas y Cecilia Todesca. "En privado fue un pan de Dios", lo chicaneó uno de esos funcionarios ante BAE Negocios.
 
En el comunicado que sacó tras el encuentro, Fernández declaró haberle dicho a Werner que el programa vigente "compromete a nuestro país muy por encima de sus propias posibilidades" y que Argentina "vive desde hace tiempo en un default encubierto que no asoma solo por la asistencia del FMI en favor de la continuidad de políticas muy nocivas para el desarrollo".
 
 
Christine 2019
  
El premio para Lagarde, más que al éxito de su apuesta por Macri como quisieran cerca de Marcos Peña, es un reconocimiento a su capacidad de maniobrar con diplomacia entre intereses divergentes y dejar que se impusieran los que tenían que imponerse.
 
En este caso, los del principal accionista a quien debía responder como directora gerente del FMI: el Tesoro de los Estados Unidos, que detenta un 16% del voting power en su directorio pero que concentra el 41% junto al resto del G7 y que mantiene el poder de veto que le garantizaron los acuerdos de Bretton Woods.
 
Donald Trump está dispuesto a hacer en América latina lo que hizo con Corea del Norte. Golpear la mesa, amenazante, para después posar sonriente para la foto y negociar para imponer sus intereses. La diferencia es que en el Cono Sur, alineado con Washington como nunca desde el fin de las dictaduras, no hace falta amenazar a nadie con bombas nucleares. Alcanza con que siga gobernado como hasta ahora, con un apego a los designios de la metrópoli solo visto en protectorados.
 
Eso es exactamente lo que procurará asegurarse durante su interinato el reemplazante de Lagarde, David Lipton, quien tendrá el organismo a su cargo durante el tramo final de las campañas presidenciales en Argentina, Uruguay y Bolivia.
 
No es la primera metamorfosis que vive el FMI, que ya pasó de custodio del valor de las monedas entre la posguerra y los 70 a impulsor de las reformas del Estado y las privatizaciones en los años 80 y 90. Ahora, tras veinte años como paladín de la austeridad en los márgenes de Europa, el Fondo vuelve a Latinoamérica como antídoto contra el regreso de lo que en Estados Unidos definen como populismo.
 
La politización del Fondo y su abandono del rol meramente técnico que solía exhibir se pusieron tan de manifiesto que en su cuartel general ya hay un verdadero ejército de economistas trabajando en el plan de "reconstrucción" de Venezuela.
 
La decisión que tomó el G7 es que las decenas de miles de millones de dólares que pondrán para apoyar a quien consiga desbancar a Nicolás Maduro y "restablecer la democracia" se canalicen a través del Fondo.
 
Y Lipton es el hombre ideal para la misión: su salto a la política lo dio en 1989, cuando voló a Polonia con Jeffrey Sachs enviado por el Tesoro para armarle desde las sombras y en un par de días y noches sin dormir el plan económico al partido Solidaridad, que corrió al comunismo en ese país mientras se derrumbaba la Unión Soviética.
 
La consagración de Lipton como "duro" llegó en 1997, cuando aterrizó ya como subsecretario del Tesoro en Seúl, en plena crisis asiática, para avalar las gestiones de emergencia que había iniciado en la capital coreana una misión urgente del FMI.
 
Aquella vez no solo doblegó la resistencia del banco central coreano a subir sus tasas de interés sino que también lo forzó a abrir su sistema bancario al capital extranjero, haciéndose eco del lobby de Wall Street, donde más tarde trabajaría durante varios años, antes de volver al FMI. Lo cuenta Paul Blustein, un periodista del The Washington Post, en su libro The Chastening (La Penitencia).
 
En la cumbre de Osaka del fin de semana pasado, Dujovne pasó casi todo el tiempo con Lipton. Se sentaban uno junto al otro en el primer anillo de funcionarios detrás de los presidentes del G-20 y de Lagarde, que tenía su silla en esa mesa como jefa del FMI.
 
En Hacienda niegan que haya sido Lipton quien se opuso a autorizar al Gobierno a intervenir en el mercado cambiario con los dólares prestados por el Fondo. Es lo que más criticó Alberto Fernández ante Werner, montado sobre un dato: de los u$s 39.000 millones que recibió Macri desde la firma del acuerdo, un año atrás, US$32.400 millones ya se evaporaron para cubrir la fuga de divisas.
 
 
Promesas sobre el bidet
  
Antes de llegar a Osaka, Dujovne pasó por Wall Street con el vicepresidente del Banco Central, Gustavo Cañonero. Además de varias reuniones uno a uno, los argentinos mantuvieron tres encuentros con inversores privados y ejecutivos de bancos de inversión. Uno en Goldman Sachs, otro en el HSBC y otro en el Santander. En todos prometió lo mismo que ayer anticipó del proyecto de Presupuesto 2020: un superávit primario equivalente al 1,1% del PBI.
 
Los que oyeron a Dujovne y Cañonero en Nueva York saben que sus pronósticos solo cierran si el Fondo acepta estirar los plazos de pago de la deuda para los próximos años. Sobre todo los de 2021 (US$21.200 millones) y 2022 (US$22.300 millones). Dan por hecho que si es reelecto Macri eso ocurrirá, por la misma razón que llevó al FMI a relajar todos sus requisitos y reglas estrictas hasta ahora: para evitar que vuelva el populismo.
 
Para llegar a ese 1% de superávit primario el año que viene, sin embargo, el Gobierno debería afectar las jubilaciones y las prestaciones sociales en términos reales. Y el riesgo es que eso vuelva a deprimir el consumo y a deprimir la recaudación, como acaba de admitir la Afip que ocurrió durante toda la primera mitad de este año.
 
Por eso los inversores mantienen sus reparos sobre Argentina. Sus órdenes de venta hacen que apenas se recuperan los bonos, sus agentes salen a rematarlos. De ahí que nadie prevea que el riesgo país baje mucho más de lo que bajó hasta ahora.
 
Esa endeblez de la economía y sus escasas perspectivas de repunte inmediato convencieron a Macri de salir a hacer campaña con cumbres internacionales y acuerdos como el que apuró el Mercosur con la Unión Europea o el que, sorpresivamente, ayer anticipó que buscará también con Estados Unidos.
 
Un regreso al ALCA quince años después, con Macri y Jair Bolsonaro en la locomotora imaginaria que ahora lleva a la región en sentido opuesto al de aquel tren que piloteó Diego Maradona en 2005 en Mar del Plata con Néstor Kirchner, Lula Da Silva y Hugo Chávez a bordo.
 
La locomotora electoral promete mucho humo, como el que emanó del pacto Mercosur-Europa durante toda esta semana. Un pacto cuya letra chica todavía tiene huecos e inconsistencias inexplicables, como que los europeos aseguren que podrán aplicar salvaguardias para limitar los volúmenes de importaciones de ciertos alimentos incluso dentro de las cuotas que comprometieron dejar entrar sin aranceles. Acá lo niegan.
 
O que la cuota de carne que Europa acepta comprar (99.000 toneladas anuales luego de 5 años) equivalga al 1% de su producción de carne bovina anual y al 0,0125% de su consumo. ¿Para eso tanto lío?
 
El humo no se disipará al menos hasta el 27 de octubre. Será más o menos en función de lo peleado que esté el comicio. Después el que gane tendrá que soplar y ver si debajo quedó algo en pie.
 
Por Alejandro Bercovich
 
Fuente: BAE Negocios
 

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23-07-2019 / 09:07
Según estimaciones privadas, la producción industrial caerá 4,6% en 2019 afectada por el fuerte deterioro del poder adquisitivo y la política de apretón monetario con tasas por las nubes. Un retroceso superior al 2,5% proyectado por la Unión Industrial Argentina.
 
De confirmarse una baja de esta magnitud, el Gobierno de Mauricio Macri dejará una profunda herida para el sector manufacturero, que acumulará un derrumbe superior al 11% a lo largo de su mandato.
 
Un informe de la Fundación Capital (FC), que dirige Martín Redrado, planteó que pese a haber tocado piso en el primer trimestre, la economía no logra salir del pozo, aun con el impulso del fuerte crecimiento del agro que resulta el único motor en marcha.
 
De acuerdo a sus cálculos, el primer semestre habría cerrado con una caída del producto del 3,3% interanual que la llevó a su nivel más bajo en siete años.
 
Con indicadores sectoriales que adelantan una leve desaceleración de la baja, en la segunda mitad la actividad mostraría una tenue mejora del 0,9% interanual, ante una menor base de comparación y gracias a un pequeño repunte en el salario real.
 
Así, la consultora proyectó que la PBI cerrará 2019 con un declive del 1,3%, una décima menos que el promedio previsto por los analistas consultados por el BCRA en su último Relevamiento de Expectativas de Mercado.
 
Además, estimó que, sin contar la cosecha récord, la caída anual sería el doble de grande. Es que, por la caída del consumo y el muy elevado costo de financiamiento, la industria y el comercio cerrarían el año con fuertes retrocesos del 4,6% y 6,5% interanual, respectivamente, y en conjunto restarían 1,5 punto al producto.
 
En ambos casos, uno de los principales factores es el desplome del poder adquisitivo. 
 

22-07-2019 / 09:07
"Hiperpolarización". Esa es la palabra más escuchada en las últimas jornadas en los mentideros políticos. La utilizan analistas, consultores y los propios protagonistas. Se refiere al escenario político que, a gran velocidad, va fluyendo rumbo a las PASO.
 
A menos de tres semanas para las elecciones, que en rigor definirá las candidaturas de las generales de octubre, los dos búnkers de los cuales saldrá el futuro Presidente ya manejan un escenario en el que las candidaturas de Mauricio Macri-Miguel Ángel Pichetto y la de Alberto Fernández y Cristina Fernández concentran nada menos que el 80% de los votos.
 
Incluso, en el Instituto Patria -desde donde se maneja la campaña de Cristina- no descartan que la hiperpolarización se acerque al 85 por ciento. Esto implica que el escenario de definición que se esperaba para octubre podría ocurrir ya en las PASO de agosto. Y se entusiasman con que la fórmula opositora se ubique ya en "zona de victoria en primera vuelta".
 
Esa misma lectura se está haciendo en estos días en otras oficinas, aunque con menos triunfalismo: los operadores financieros -tanto de la City porteña como de Wall Street- están yendo a posiciones defensivas, a la espera de que la situación se aclare. Es que el escenario que se abre para el dólar varía mucho según qué candidato se imponga.
 
Lo cierto es que se ve un escenario inédito de la política argentina de los últimos años. De hecho, en las últimas competencias hubo tres corrientes bien diferenciadas: los dos polos determinados por el oficialismo de Cambiemos, a un lado, y el Kirchnerismo, del otro. En el medio, el Peronismo "moderado" liderado por Sergio Massa, hoy candidato estelar en las boletas de los Fernández.
 
El hecho de que el "espacio del medio" -hoy representado por Lavagna-Urtubey- se haya reducido (algunos hablan directamente de una implosión) da lugar al crecimiento de los dos polos. Un verdadero "mano a mano" que, a la hora de estimar un resultado, la mayoría de los encuestadores grafica como una verdadera moneda al aire.
 
Lo cierto es que, bajo este nuevo escenario pre electoral, los "laboratorios" de ambos lados se han puesto a elaborar distintos contextos para el 11 de agosto a la noche, una vez que se conozcan los resultados.
 
Consultores como Rosendo Fraga y Lucas Romero (Synopsis), entre otros, ya hablan de la cada vez mayor probabilidad que el futuro presidente de los argentinos se defina en octubre. Es decir, que Macri o Fernández gane en primera vuelta por llegar al 45% de los votos, el "piso" a partir del cual un candidato puede ganar en primera vuelta.
 
"Es perfectamente posible que uno de los candidatos obtenga entre 42% y 44% de los votos y quede a un paso de ganar en primera vuelta, en octubre", afirma Fraga.

22-07-2019 / 08:07
Este viernes, durante la visita de campaña que Mauricio Macri y María Eugenia Vidal hicieron a la ciudad de Azul, una mujer se acercó hasta donde estaba el presidente y lo insultó por el cierre de Fanazul, la emblemática fábrica que el Gobierno desmanteló y cerró. "Nos dejaste sin trabajo, sos un hijo de puta", gritó Fernanda Marsciano, quien luego vería como la rodeaban los policías para llevarla detenida.
 
Marsciano es esposa de un ex trabajador de la fábrica militar de Azul, y en ese momento regresaba de hacer las compras cuando se cruzó con el operativo de seguridad que acompañaba a Macri y a Vidal durante su recorrida por el Hospital de Niños.
 
A pesar de la bronca y la angustia, la mujer nunca intentó acercarse a los mandatarios, quienes estaban fuertemente custodiados. Sin embargo, los policías la rodearon rápidamente y se la llevaron del lugar sin mediar palabra, como puede verse en los videos que se subieron a las redes. "Queremos trabajar, se necesitan fuentes de trabajo, la gente se está muriendo de hambre", fue lo último que alcanzó a gritarle Fernanda Marsciano a la distancia.
 
En la sede policial informaron que "desde ahora en más, esa clase de manifestaciones serán plausibles de enfrentarse a una detención por contravención". La decisión policial se basa en un decreto de la última dictadura militar genocida incluido en el Código de Faltas.
 
Fernanda Marsciano permaneció varias horas detenida e incomunicada en la comisaría primera de Azul y ahora tiene abierta una causa contravencional por disturbios en la vía pública, en donde el juez correccional Aníbal Álvarez deberá decidir si la absuelve o no.
 
"Es una actitud absolutamente provocativa del Gobierno nacional, provincial y local, que vienen a esta ciudad después de cerrar Fanazul y dejar a 200 familias sin trabajo. Encima detienen a Fernanda ante su desesperación", opinó Vanina Zurita, secretaria general de la Asociación de Trabajadores del Estado (ATE). "Esta gestión muestra constantemente el desprecio que tienen por la clase trabajadora. Son unos cínicos", agregó.
 
Por su parte, la Comisión Interamericana de Derechos Humanos (CIDH) entiende que la libertad de expresión debe contemplar aquellos dichos que "ofenden, resultan chocantes o perturban", porque "tales son las exigencias del pluralismo, la tolerancia y apertura mental sin las cuales no existe una sociedad democrática". No justificamos su reacción, pero la dominó la impotencia. Repudiamos la falta total de sensibilidad social del gobierno de Macri, que eligió la represión y la comisaría y no contenerla y solucionarle su problema.
 
La Opinión Popular

21-07-2019 / 09:07
La economía a partir del 2020 estará muy condicionada por la herencia macrista. El stock de deuda equivalente a casi el 90 por ciento del Producto Interno Bruto es una carga muy pesada. Si a este ya potente limitante se le agrega que el Fondo Monetario Internacional es auditor de la gestión de gobierno y uno de los principales acreedores, la capacidad de desplegar una política económica con cierto margen de autonomía se reduce considerablemente. 
 
Es una restricción fundamental para las perspectivas de un gobierno diferente al actual, incluso también para un escenario de Mauricio Macri reelecto. Lo que sucede es que no hay misterios acerca de qué pasará en un segundo mandato macrista.
 
No habrá una estrategia para tratar de administrar esa restricción, sino que el sendero anunciado es hacer lo mismo pero más rápido, lo que tendrá como consecuencia la profundización de la actual crisis socioeconómica. Cada una de las variables congeladas a presión (dólar y tarifas ) tiene destino de estallido, el cual sería más intenso que los desbordes padecidos en estos años de macrismo. En ese panorama crítico, el Fondo estará omnipresente en la vida cotidiana indicando la hoja de ruta que pretende para la economía argentina.
 
El gobierno de Macri convocó nuevamente al país al FMI, con todo lo que eso significa, no sólo como proveedor de dólares -además acreedor privilegiado-, sino como auditor dominante de la política económica. No son secretas las exigencias que planteará la tecnoburocracia de Washington para el gobierno 2020. El camino que han trazado es:
 
1. Como el programa financiero definido con el gobierno de Macri es un desastre, al concentrar el 90 por ciento del crédito entre junio de 2018 y diciembre de 2019, y que ha sido diseñado para financiar la campaña electoral del oficialismo, a mediados del año próximo será necesaria la redefinición de los vencimientos, concentrados en 2021 y 2022.
2. El Fondo está predispuesto a refinanciar los vencimientos, convirtiendo el stand by en un programa denominado Extended Fund Facility, de hasta 10 años.
3. El paso previo que propondrá es colaborar en el "reperfilamiento" de la deuda con el sector privado. Como lo ha dejado escrito en el memorándum de entendimiento del stand by y en cada una de sus revisiones, la deuda argentina es "insustentable con elevada probabilidad".
4. Todo este esquema de colaboración del FMI viene con una exigencia: instrumentar las reformas laboral, previsional y tributaria, además de continuar con el ajuste fiscal. 


Es una hoja de ruta que muestra disposición a ayudar a administrar la carga pesada de la deuda, pero con un condicionamiento fulminante para cualquier política que aspire a mejorar el bienestar general.

20-07-2019 / 11:07
Mike Pompeo, representante de Donald Trump, está en la Argentina para consolidar el encolumnamiento incondicional de Macri y avalar la política del macrismo. El secretario de Estado tuvo un día agradable, porque según su cuenta de Twitter, estuvo "encantado de reunirme con el presidente Mauricio Macri". La satisfacción viene por el estrecho alineamiento de Argentina con la parte más agresiva de la política exterior yanqui.
 
La conferencia ministerial de Lucha Contra el Terrorismo le permitió saludar el regalito argentino de salirse del marco de las Naciones Unidas en cuánto a quién es un terrorista y quién no. Macri, por decreto y sin consultar al Congreso, creó un registro propio y lo estrenó poniendo a Hezbollah, el tipo de cosas que en Washington saludan como políticas de Estado.
 
La llegada del funcionario americano, que en términos reales es el segundo más poderoso en cualquier gobierno norteamericano, sella las nuevas relaciones carnales. Esto se venía preparando desde hace rato y tuvo un evento previo el mes pasado, cuando llegó el almirante Craig Faller, jefe del Comando Sur de las fuerzas armadas de EE.UU.
 
La parte macrista, para variar, se pasó de olfa: los americanos anunciaron que la visita era para hablar de "nuestros intereses comunes y la cooperación mutua", mientras que la argentina explicó que era para hablar de "ciberdefensa, narcotráfico y crimen organizado". Faller, hablando ante cadetes de aquí, les explicó la nueva guerra fría al decirles que Rusia, China, Irán, Venezuela, Cuba y Nicaragua "no comparten los valores democráticos que tienen Washington y Buenos Aires".
 
No extraña este trumpismo explícito del macrismo, porque Pompeo está entre un puñado de funcionarios que le viene durando al pintoresco presidente, que te echa a la primera contradicción. Primero lo nombró en la CIA, momento en el que Pompeo tuvo que dar marcha atrás en una declaración que lo había hecho famoso cuando era diputado, que torturar prisioneros era correcto y necesario. Como juró que no iba a autorizar que se volviera a usar el submarino en los interrogatorios, logró algunos votos demócratas y fue confirmado.
 
En abril del año pasado reemplazó a Rex Tillerson como secretario de Estado. Tillerson, evidentemente, no se había mostrado como un completo alfil de Trump, y hacía cosas como no putear debidamente a la ONU. En el extraño universo de la derecha dura en Estados Unidos, las Naciones Unidas rankean con la masonería y los Sabios de Sión como una conspiración oscura.
 
Macri y su gobierno bailan al son de la música que toca la administración Trump. Estos actos del Gobierno tienen un inmediato efecto práctico: mayor sumisión a la política exterior del principal país imperialista y cumplir con todas la ocurrencias de su presidente.
 
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