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Nacionales - 21-06-2019 / 08:06

La lluvia de inversiones de Macri terminó siendo una tremenda sequía

La lluvia de inversiones de Macri terminó siendo una tremenda sequía
De las dos malas noticias que difundió el miércoles el Indec los datos negativos sobre el mercado de trabajo han sido los que más repercusión y cobertura mediática tuvieron. Sin embargo, una mirada macroeconómica con perspectiva más amplia lleva a la conclusión de que el resultado más preocupante ha sido la abrupta caída en el nivel de actividad. En particular, el derrumbe estrepitoso que sigue teniendo la inversión, y en menor medida la escasa reacción que viene mostrando las exportaciones frente a la devaluación.
De las dos malas noticias que difundió el miércoles el Indec los datos negativos sobre el mercado de trabajo han sido los que más repercusión y cobertura mediática tuvieron. Sin embargo, una mirada macroeconómica con perspectiva más amplia lleva a la conclusión de que el resultado más preocupante ha sido la abrupta caída en el nivel de actividad. En particular, el derrumbe estrepitoso que sigue teniendo la inversión, y en menor medida la escasa reacción que viene mostrando las exportaciones frente a la devaluación.
 
La mayor relevancia que se le ha dado al aumento en el desempleo y de la subocupación en el trimestre pasado no obedece a que hayan alcanzado los valores más elevados de la gestión de Mauricio Macri y los más altos de los últimos 13 años, con el 10.1% de desocupados y 11,8% de subocupados, que implican un salto de 1 y 2 puntos respectivamente en relación a igual período del año pasado. La prioridad que se le dio a estas noticias se explica por la sencilla razón de que reflejan el padecimiento de alrededor de 4 millones de personas en un aspecto central de sus vidas.
 
Pero esas malas noticias no son sino la consecuencia inevitable de la brusca recesión que arrastra la economía, que en el primer trimestre del año registró un descenso interanual del Producto Bruto Interno del 5,8%, acumulando cuatro caídas trimestrales consecutivas.
 
Por ende, si bien la consecuencia es el dato negativo más sensible y perceptible por la población, lo más importante para el análisis está en las causas. No solamente porque la recesión es el factor determinante de la falta de trabajo ya existente, sino, además y fundamentalmente, porque el panorama que se vislumbra para la actividad económica global, y particularmente para dos variables claves de la macroeconomía, generan escepticismo sobre lo que puede ocurrir en el mercado de trabajo de ahora en más.
 
Si de por sí los cuatro trimestre de reducción del PBI son una muy mala noticia, la situación es aún peor cuando se observa cuál ha sido la evolución de sus distintos componentes. Lo primero a destacar es la inmensa caída en la inversión, o Formación Bruta de Capital Fijo en la jerga económica, que se desplomó un 24,6% en relación al primer trimestre de 2018.
 
Al revés de la lluvia de inversiones que Macri auguró durante su campaña electoral y en los primeros tiempos de su gestión, lo que está sucediendo con esa variable es una tremenda sequía. Y no se trata de una sequía circunstancial sino de una muy prolongada y profunda: ese 24,6% de retroceso interanual está precedido por una reducción del 5,7% en todo el año pasado, con dos últimos trimestres que bajaron 11,7% y 24,4%.
 

 
Tras esas gigantescas caídas, la proporción que ocupa la inversión en la generación de actividad ha llegado a mínimos históricos en la serie que publica el Indec. Tal como se observa en el gráfico, la Formación Bruta de Capital Fijo se ubicó en el 13,5% del PBI (medida a precios corrientes), bastante más abajo que el muy bajo nivel que aún registraba en 2004 o que los valores del último año del gobierno de Cristina Kirchner, y lejísimos del 19,5% que alcanzó en 2007, cuando la economía kirchnerista crecía a tasas chinas, mantenía superávits fiscal y externo, y niveles de inflación civilizados.
 
Del gráfico también se desprende que salvo los primeros años, la performance en materia de inversión del kirchnerismo no fue buena. La de Macri la empeoró, desperdiciando incluso la posibilidad que tuvo el Estado y la economía en su conjunto para tomar deuda con un destino productivo en lugar de sólo financiar el déficit fiscal y alimentar una obscena bicicleta financiera.
 
La situación es peor aún si de los componentes de la inversión se excluye la construcción (que muy poco aporta a la ampliación de la capacidad productiva) y la compra de Material de Transporte, y sólo se toma en cuenta la inversión productiva por antonomasia, que es la incorporación de Maquinaria y Equipo. La caída en el primer trimestre de este componente fue del 31,5% respecto a igual período del año pasado, con un descenso del 37,5% en la parte nacional y del 28,5% en lo importado.
 
Los dos trimestres previos registraron descensos del 14,2% y 30,5%, y el año 2018 cerró con una baja del 6,9%.
 
Si no aumentan, y de manera considerable, esos niveles de capitalización, el futuro de la economía argentina es sombrío. Entre otras cosas, para pensar en un aumento perdurable en el empleo que vaya atenuando el drama de los que no tienen suficiente o nada de trabajo.
 
Mirando hacia adelante, el próximo gobierno tendrá la paradójica ventaja de disponer de un hándicap para poder aumentar la producción y el empleo sin necesidad inmediata de incrementar la inversión. Y eso debido a que encontrará muchos sectores con elevada capacidad ociosa. Algo similar a lo que encontró Néstor Kirchner al asumir. Pero ese hándicap se agota más temprano o más tarde, de acuerdo a la magnitud y velocidad de la recuperación de cada sector en particular. El gobierno anterior padeció ese agotamiento en la segunda mitad de sus 12 años.
 
En un contexto general muy malo, hay algunos sectores que escapan a la regla: sobresalen los agronegocios, la industria del petróleo y gas vinculada con Vaca Muerta, el turismo, la minería y los servicios basados en el conocimiento. Ahí sí hay inversión y futuro promisorio, incluso con proyectos orientados a la exportación.
 
Lo de Vaca Muerta es muy conocido, tanto en lo referido a petróleo y gas como a algunos proyectos petroquímicos en evaluación. Otro ejemplo menos conocido es el de Simplot, un joint venture entre esa multinacional estadounidense y Fabio Calcaterra, primo del presidente y hermano de quien está seriamente involucrado en un par de casos de corrupción.
 
La sociedad que preside Fabio Calcaterra (con larga trayectoria en el negocio de la papa) inauguró el mes pasado una fábrica en Mendoza para elaborar papas fritas congeladas. En un principio emplean a 250 personas y proyectan facturar 120 millones de dólares anuales, de los cuales más de la mitad será por ventas al exterior.
 
Otro caso es el de Patagonian Trade Fruit, una compañía perteneciente al grupo empresario que encabeza Hugo Sánchez, el mismo dueño del complejo hotelero Bahía Manzano en Villa La Angostura, entre otros emprendimientos. Es líder en la producción de frutas en el Alto Valle, y le ha sumado kiwi en Balcarce y Sierra de los Padres. También está muy orientado a la exportación.
 
Una duda crucial es si con lo que exportarán ese puñado de sectores alcanza para que la Argentina revierta su recurrente escasez de dólares.
 
Una duda que se irá despejando con el tiempo.
 
Por ahora, tanto el informe del primer trimestre que difundió el miércoles el Indec donde las exportaciones sólo suben un 1,7% interanual, como las cifras del comercio exterior que muestran que las exportaciones del primer cuatrimestre no subieron nada a pesar de la gran devaluación, no justifican el optimismo discursivo del gobierno.
 
Porque así como sin inversión no hay posibilidad de crecer ni de aumentar el empleo, tampoco la habrá si la Argentina no resuelve su crónico problema externo.
 
Por Marcelo Zlotogwiazda
 
Fuente: Infobae
 

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12-12-2019 / 08:12
12-12-2019 / 08:12
El nuevo ministro de Economía, Martín Guzmán, mostró a grandes trazos el camino para revertir la delicada desastrosa económica que dejó Mauricio Macri. Dijo que una de las rutas que podría tomar, la de la emisión monetaria, en realidad es una trampa que llevaría a la desestabilización general de las principales variables.
 
También fue enfático en que no hay espacio para generar impulso fiscal, porque el mapa heredado ofrece un pasaje que se estrecha por la propia recesión. Además, sostuvo que para lograr consistencia hay que tender a conseguir superávit primario (que los ingresos del Estado superen a los gastos, sin contar los pagos de deuda).
 
Guzmán también dijo que el principal objetivo en materia macroeconómica es dejar de caer, y confirmó que habrá aumentos de emergencia para jubilaciones y asignaciones. Sin shock de emisión ni suba del gasto público, el camino será reorientar los 1,2 billones de pesos que actualmente están previstos para cancelar vencimientos en 2020. Esa será la principal caja para financiar a empresas y familias, mejorar los ingresos populares y empezar a encender la economía.
 
Guzmán remarcó que la renegociación de la deuda es fundamental para darle consistencia a un plan económico integral. Es clave no solo porque Argentina no está en condiciones de cumplir sus compromisos, como coincide todo el arco de economistas y admitía hasta el ex ministro de Cambiemos, Hernán Lacunza.
 
La negociación con los acreedores también es esencial por otro motivo: se necesita liberar recursos para apalancar políticas que rescaten a la producción y al mercado interno. El margen de maniobra del año que viene surgirá de lo que se logre con los tenedores de bonos.
 
El proyecto de Presupuesto para 2020 que había presentado el gobierno anterior destinaba el 19,3% de las partidas a los pagos de deuda pública. Cuando Macri había empezado su gestión en 2015, la carga era equivalente al 5% de las partidas. Es decir que en 4 años cuadruplicó el volumen de intereses por el brutal endeudamiento que generó.
 
Sobre gastos totales estimados en 6,2 billones de pesos, para deuda pública estaban previstos 1,2 billones. Guzmán pretende no gastar nada de eso el año que viene y repetir el escenario en 2021. Esa fuente de financiamiento indirecta, pactada con los bonistas, sería la más importante en el arranque del programa económico.
 
Quedan otras dos que el ministro no mencionó. La primera es incrementar la recaudación fiscal con nuevas retenciones a las exportaciones, tanto del complejo agropecuario como de la minería, bajando las de la industria. También aumentar los ingresos por Bienes Personales, gravar las ganancias extraordinarias de los bancos y a quienes blanqueron y dejaron el dinero fuera del país. La última es una reasignación de partidas con una orientación progresiva del gasto público.
 
La Opinión Popular

11-12-2019 / 16:12
En una jornada cruzada por la emoción y la esperanza de la multitud que copó desde temprano el centro porteño, Alberto Fernández asumió como presidente de la Nación con un mensaje en el que hizo especial hincapié en la necesidad de unir a los argentinos, una especie de leit motiv que se repitió a lo largo de la jornada. Planteó como prioridad de su gestión la lucha contra el hambre y adelantó reformas en la Justicia y en los servicios de inteligencia, dos áreas delicadas.
 
"Durante cuatro años escuchamos que nosotros no volvíamos más, ¡pero esta noche volvimos y vamos a ser mejores! Gracias argentinos, a trabajar a partir de mañana por ese país que nos merecemos", concluyó Fernández antes de fundirse en un abrazo con Cristina y que los fuegos artificiales iluminaran el cielo sobre la Plaza de Mayo.
 
En una suerte de consejos al nuevo presidente, la vicepresidenta le había expresado: "no se preocupe por la tapa de un diario, preocúpese por llegar al corazón de los argentinos".
 
A propósito de esos planteos, Fernández dio una definición. "Sé muy bien que la política es contradicción de intereses. Y sé muy bien con Cristina a quiénes representamos: a los que sufren, a los que se quedaron sin trabajo, a los que se quedaron sin escuela, a los que deambulan por esta ciudad buscando el techo de un banco para pasar la noche", sostuvo.
 
Agradeció a Dios haber conocido a Néstor y Cristina Kirchner, y pidió que no se insulte a Mauricio Macri con el cantito que se conoció como "el hit del verano". "No, no ya no. Todo eso ya pasó", cortó. Sostuvo que había que recordar el pasado reciente pero para no repetirlo y no reincidir en las divisiones. "Con las divisiones ganan los de siempre", consideró.
 
Fernández buscó, en la medida de lo posible, presentarse como una persona común afrontando un día único. Mostró en las redes sociales cómo se preparaba para ir al Congreso, hizo una consulta para saber si estaba bien su atuendo. Luego salió manejando su Toyota junto a su mujer Fabiola. Afuera lo esperaban vecinos de Puerto Madero para saludarlo. Habían armado el nombre Alberto, cada uno con una letra.
 
La plaza del Congreso había comenzado a llenarse desde temprano. Pese a que no hubo asueto y que las temperaturas eran muy altas desde la mañana, la característica fue gente festejando y cantando por donde fuera. La sensación era de alivio luego de una transición que se hizo eterna.
 
La llegada de Fernández sirvió para avivar los ánimos, tanto afuera como adentro del Congreso. En el ingreso lo esperaban las vicepresidentas Cristina y Gabriela Michetti. Fue muy comentado el gesto de Fernández de ayudar a Michetti con su silla, lo mismo que el gélido saludo entre Cristina y Mauricio Macri. La vicepresidenta electa no le obsequió ni una mirada. En sintonía, la marcha peronista que cantaron los legisladores y desde los palcos sonó más fuerte cuando apareció Macri en escena. Su presencia generaba incomodidad. 

10-12-2019 / 09:12
#Chaupelotudo. Se termina el peor gobierno desde el regreso de la democracia. Y uno de los más dañinos de la historia nacional. En sus cuatro años de mandato Mauricio Macri acumuló todo tipo de récords negativos y perpetró un saqueo a favor de los ricos amparado en el odio político antiperonista.

El mandato de Alberto Fernández y Cristina Kirchner arranca condicionado por la espantosa herencia que recibirá y la demanda reparatoria de los propios, sometidos durante cuatro años a una campaña feroz de estigmatización. Ante la tentación de la revancha, no comerse al caníbal. No ser injusto con los injustos.
 
El nuevo gabinete anticipa la aplicación de un programa progresista con altas dosis de realpolitik, a tono con lo que impone el contexto geopolítico y con la necesidad de acumular fuerza de cara a lo que viene: el 48% alcanzó para ganar las elecciones, pero es escaso para arar en tierra arrasada.
 
Alberto Fernández jurará este martes pero viene gestionando desde el día posterior a las Primarias Abiertas (PASO). Todo lo que estaba a su alcance (que no es tanto) y muy bien dentro de lo disponible. El Plan Argentina Contra el Hambre es el ejemplo de una gran movida que se vino pensando, articulando y que arrancará mañana. Otras requerirán más tiempo, debates, elaboraciones.
 
Las dos primeras fortalezas de Fernández son su legitimidad de origen y un aceptable poder relativo en el Congreso. Contará con mayoría propia en el Senado, le pasará muy cerca en Diputados. Pactando está en condiciones de lograr aprobación de las leyes y hasta rondar los dos tercios de la Cámara Alta necesarios para conseguir Acuerdos.
 
Los bloques de Juntos por el Cambio (JpC) seguramente perderán legisladores pero seguirán siendo potentes. Cuesta imaginar, sin embargo, que se den maña para obstruir o frenar las iniciativas del Ejecutivo. Los números no le dan y, tal vez, tampoco exista voluntad unánime de las facciones de la Alianza.
 
El PRO de Macri se radicalizó en campaña y en el calvario post derrota. Encarna un bolsonarismo argentino, confirmado por las monsergas de Macri y la designación de la gurka Patricia Bullrich como presidenta del partido. Más a la derecha... en la Argentina no se consigue. La intransigencia, todo lo indica, será lo suyo. Su respeto a las reglas democráticas... habrá que ver.
 
Luego de años en el llano, Alberto reingresará hoy a la política de palacio, ámbito natural del status quo. Su éxito o fracaso dependerá, sin embargo, de la fortaleza que acumule en la calle. Porque el proyecto oligárquico que encarnó Macri se va del gobierno, pero no del poder. Sigue enquistado en los tribunales, en el periodismo hegemónico, en los grandes bancos, en los directorios de las empresas monopólicas y el gran capital concentrado, que no le darán al Gobierno popular ni el beneficio de la duda.
 
La Opinión Popular

 

09-12-2019 / 07:12
Lo que parecía imposible, sucedió: después de las derrotas electorales de Mauricio Macri en la Nación y en Buenos Aires, el macrismo sufrió una nueva caída al perder en Boca, el bastión en el que nació y creció su poder. Lo hizo posible la lista opositora que encabezan Jorge Amor Ameal y Mario Pergolini, pero que tuvo en Juan Román Riquelme, el máximo ídolo del club, como principal emblema del triunfo.
 
Pasada largamente la medianoche y escrutadas más del 80% de las mesas, en un conteo lentísimo y que pasó por diferentes etapas, la dupla opositora se imponía con un 53,5% de los votos por delante del oficialismo que proponía a Christian Gribaudo y Juan Carlos Crespi como postulantes, que sumaban un 30,6%. En tercer lugar, con un 15,9% se ubicaba la lista de José Beraldi y Rodolfo Ferrari.
 
"Ganamos porque la gente no aguantó más. Lo primero que vamos a hacer es abrirle la puerta al socio", dijo un exultante Ameal, cerca de la una de la mañana. A su lado, Pergolini destacaba la grandeza del club, por haber logrado que casi 40 mil personas se acercaran a votar.
 
Atrás había quedado una elección récord para un club argentino, con 38.363 votantes, en la que la dupla Ameal-Pergolini logró un triunfo claro que supone el fin del macrismo en Boca después de 24 años de hegemonía, desde que Macri se impusiera en los comicios de diciembre de 1995 al binomio que componían Antonio Alegre y Carlos Heller.
 
Como había pedido Riquelme, desde muy temprano los socios de Boca se acercaron en masa a la Bombonera para votar, en unas elecciones que mostraron irregularidades y que tuvieron varias denuncias por parte de los opositores. "Son tramposos, son tram-po-sos", bramaba Riquelme cuando se iba enterando de los problemas.
 
Ameal comenzó dando la sorpresa al imponerse por 2 puntos en las mesas de las peñas, que se estimaba que iban a ser favorables al oficialismo. Gribaudo solo se impuso entre los vitalicios, en tanto que la sorpresa la dieron las mesas de Damas, que le daban más de 100 votos de diferencia para la vuelta del ídolo en cada una de ellas, con excepción de una.
 
Así, con casi el 100% escrutado, Ameal llegaba al 52,84% de los votos, mientras Gribaudo tenía 30,6% y José Beraldi, el tercero en discordia, solo 16,41%. Pero luego de unas mínimas dudas, cuando las primeras mesas de activos marcaban paridad, la tendencia se consolidó con diferencias amplias en las mesas que concentraban a la mayoría de los votantes.
 
Y allí la tendencia se hizo irreversible, por más que el escrutinio avanzaba a paso de tortuga. Pero si esperaron 24 años para sacar al macrismo de Boca, los ganadores no se preocuparon demasiado y celebraron una victoria que hace un tiempo parecía imposible.
 
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