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Nacionales - 15-06-2019 / 09:06
PANORAMA POLÍTICO NACIONAL

Miguel Ángel Pichetto resucita la siniestra Triple A

Miguel Ángel Pichetto resucita la siniestra Triple A
El primer aporte de Pichetto a la campaña macrista ha sido acusar de comunista, como lo hacía la Triple A, a Kicillof. El senador Pichetto se ha ganado una falsa imagen de dialoguista y negociador, simplemente porque siempre estuvo de acuerdo con quien tuviera el poder. Pasó olímpicamente por el menemismo, el duhaldismo, luego el kirchnerismo y ahora, se suma al macrismo tras aplicar una estrategia conciliadora a la que, con cierto humor, la sociedad calificó como “opoficialista”. Así cualquiera es dialoguista porque siempre acompañó al gobierno de turno.
El nuevo candidato del macrismo, el senador todo terreno Miguel Ángel Pichetto ha estrenado en campaña un discurso que fue utilizado en los 70 para masacrar a la juventud. Las bandas de la Triple A, la Alianza Anticomunista Argentina, se basaron en ese discurso para comenzar una masacre que se continuaría en un baño de sangre durante la dictadura.
 
La Triple A, Alianza Anticomunista Argentina, consideraba que la sola acusación de comunista contra un militante peronista, bastaba para que fuera secuestrado y acribillado a tiros. A veces los cuerpos eran destrozados con explosivos en barrios populares, como sucedió en Lomas de Zamora con varios vecinos.
 
Pichetto, que se acaba de alejar del peronismo, se da el lujo desde el macrismo de denunciar que fue todo el peronismo, y no él, quien ha descarriado. Y su primer aporte para la campaña de la gobernadora María Eugenia Vidal ha sido acusar, como antes lo hacía la Alianza Anticomunista Argentina (Triple A), de comunista al candidato del peronismo, Axel Kicillof.
 
Por la experiencia histórica de los argentinos, las acusaciones de Pichetto lo asimilan junto a la banda de criminales que se anticipó a la dictadura de Jorge Rafael Videla. Muchos de los integrantes de la Triple A, después pasaron a formar parte de los grupos de tareas que desataron el terrorismo de Estado en la Argentina en consonancia con los dictados de Washington en aquella época.
 
Acusar de comunista a un adversario político es una figura que recuerda también a los viejos macartistas de los Estados Unidos, a los fascistas italianos y españoles y a los nazis. Está incrustado en la historia reciente de la humanidad como uno de los rincones más oscuros y siniestros de la política.
 
Si fue un mal paso o algo pensado porque se supone que eso tendría efecto en algún sector del peronismo, es secundario. Pichetto irrumpe en la campaña bonaerense con el uniforme de los intolerantes y los extremistas, el discurso de barricada de las bandas violentas, algo que los argentinos han tratado de superar.
 
Son declaraciones que lo aproximan al estereotipo del peronista fascista con que algunos radicales y algunos socialistas caricaturizan al peronismo. El exabrupto contra Axel Kicillof reafirma esa imagen que deberán votar esos mismos radicales y socialistas.
 
El anticomunismo es un discurso del pasado, ha sido excusa para ensangrentar el país. Esas palabras traen el fantasma terrible de la Triple A.
 
La Opinión Popular

 
Entre tanta encuesta, lista corta y sábana, más vuelta y segunda vuelta, se metió la nota que desafina, o no tanto, que es la historia que recuerda que sin ella no hay democracia y entonces las Abuelas anunciaron que encontraron al nieto número 130. Sucedió al mismo tiempo que se lanzaron las candidaturas.
 
No hay doble intención al cronicarlos juntos en una nota política. Porque así pasó y no es casual, es la realidad del proceso democrático que construye este país. Se podría pensar que se trata de oponerlos: por un lado el juego político y por el otro, los derechos humanos. Pero en realidad, no solamente no se oponen, sino que se completan.
 
Y no porque la restitución de identidad a un nieto apropiado durante la dictadura forme parte de la campaña de ningún partido, sino porque todo el universo de esta transición democrática ha sido atravesado por los derechos humanos. No todos están de acuerdo. Aunque la gran mayoría los ha incorporado a conciencia, también están los que simpatizan con los represores.
 
Gran parte de los funcionarios que integran este gobierno piensa así y no lo oculta. Pero a pesar del desfinanciamiento institucional a los centros de memoria, a pesar de los intentos de poner en libertad a los genocidas, de la guerra mediática de baja intensidad contra los organismos, y del discurso de mano dura, no han podido desviar la centralidad que tienen los derechos humanos en la vida democrática argentina.
 
Estos treinta y cinco años de democracia que comenzaron con la salida de la dictadura, con sus idas y vueltas, con sus golpes de mercado y su periodismo de guerra, con fake-news y guerra jurídica o lawfare, a pesar de toda esa carga antidemocrática y autoritaria, nostálgica del viejo palo de las dictaduras, el ciudadano común se conmueve con la lucha de las Abuelas y siente gratitud y afecto por las Madres de Plaza de Mayo.
 
Y cada vez que las quieren ensuciar terminan por ensuciarse ellos. Muchos de los funcionarios de este gobierno hubieran querido lograr la libertad de los represores y su reivindicación. Tienen el poder, lo intentaron con los viejos discursos de los amigos de la dictadura sobre "dejar atrás el pasado", la "reconciliación" con los asesinos y le agregaron su nueva herramienta con campañas de difamación de los organismos y de los familiares de las víctimas. Pero no pudieron.
 
Por eso no desentona en este marco que las Abuelas presentaran con alegría al nuevo nieto que recuperó su identidad. Y tampoco desentona que el nuevo candidato del oficialismo, el senador todo terreno Miguel Ángel Pichetto haya estrenado en campaña un discurso que fue utilizado en los 70 para masacrar a la juventud.
 
El senador se ha ganado una falsa imagen de dialoguista y negociador, simplemente porque siempre estuvo de acuerdo con quien tuviera el poder. Pasó olímpicamente por el menemismo, el duhaldismo, luego el kirchnerismo y ahora, se suma al macrismo tras aplicar una estrategia conciliadora a la que, con cierto humor, la sociedad calificó como "opoficialista". Así cualquiera es dialoguista porque siempre acompañó al gobierno de turno.
 
Pero el dialoguista en cuestión tomó esta decisión sin dialogar con sus compañeros de la bancada que presidía. Ni siquiera se permitió la regla elemental de comunicarles su decisión antes de que se enteraran por los medios.
 
Es una actitud que quema las naves. Y en la historia nada sale de un repollo, todo surge de algo que lo precedió. Si es que llegara a ganar la fórmula del macrismo, como vicepresidente Pichetto se convertiría en titular de un Senado donde estarán los mismos senadores a quienes dejó en banda sin consulta ni aviso. Aunque Argentina es un país generoso, no es el mejor antecedente de dialoguismo.
 
Esta decisión no se toma de la noche a la mañana. Es lógico que haya empezado mucho antes con conversaciones con viejos punteros del peronismo menemista que no pesan en la provincia y con los llamados peronistas del macrismo.
 
Los senadores de su bloque, la mayoría de los cuales responden a gobernadores que fueron apretados económicamente o que coquetearon de motu proprio con el oficialismo, dicen que no fueron avisados, pero es evidente que también les ocultó las conversaciones que mantenía desde hace varios días. La decisión debió esperar primero los sondeos al radical Ernesto Sanz y al gobernador de Salta, Juan Manuel Urtubey.
 
Pero Pichetto la estaba trabajando desde antes; su designación estaba en la gatera y se disparó con la dispersión de Alternativa Federal. Por lo menos ya estaba en discusión en abril cuando se subió al viaje a Nueva York, que organizó el banco HSBC para tranquilizar a Wall Street. El senador ya trabajaba en ese momento con un pie en Alternativa Federal y otro en el macrismo.
 
El gobierno intenta presentar a Pichetto como un dialoguista o un moderado porque ha sido capaz de cambiar de bando. El senador muestra un flanco cuando tiene que defender lo que piensan los oficialismos y otro muy diferente cuando dice lo que piensa.
 
Y allí surgen los exabruptos como cuando dijo que "Perú transfirió todo su esquema narcotraficante: las principales villas de la Argentina están tomadas por peruanos, Argentina incorpora toda esa resaca" y otras expresiones de corte xenófobo.
 
El hecho de que sus primeras declaraciones se hayan enfocado hacia el distrito bonaerense demuestra que el macrismo tratará de utilizarlo para fortalecer un flanco que temen perder por el peso del peronismo. Sacan al ruedo a un Pichetto con el estereotipo del viejo macartismo de derecha.
 
Es una de las peores caras que le pueden ofrecer a su votante radical y a la mayoría del peronismo, que desde el advenimiento de la democracia prefirió dirimir sus internas en paz y no regresar a los viejos discursos del odio como el que acaba de proferir el candidato a vicepresidente de Mauricio Macri.
 
Por Luis Bruschtein
 
Fuente: Página12
 

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Miguel Ángel Pichetto resucita la siniestra Triple A
La asociación Abuelas de Plaza de Mayo presentó este jueves al nieto 130, cuyo hallazgo fue anunciado el lunes. Se trata de Javier Matías Darroux Mijalchuk, hijo de Elena Mijalchuk y Juan Manuel Darroux, desaparecidos en diciembre de 1977.
12-12-2019 / 08:12
12-12-2019 / 08:12
El nuevo ministro de Economía, Martín Guzmán, mostró a grandes trazos el camino para revertir la delicada desastrosa económica que dejó Mauricio Macri. Dijo que una de las rutas que podría tomar, la de la emisión monetaria, en realidad es una trampa que llevaría a la desestabilización general de las principales variables.
 
También fue enfático en que no hay espacio para generar impulso fiscal, porque el mapa heredado ofrece un pasaje que se estrecha por la propia recesión. Además, sostuvo que para lograr consistencia hay que tender a conseguir superávit primario (que los ingresos del Estado superen a los gastos, sin contar los pagos de deuda).
 
Guzmán también dijo que el principal objetivo en materia macroeconómica es dejar de caer, y confirmó que habrá aumentos de emergencia para jubilaciones y asignaciones. Sin shock de emisión ni suba del gasto público, el camino será reorientar los 1,2 billones de pesos que actualmente están previstos para cancelar vencimientos en 2020. Esa será la principal caja para financiar a empresas y familias, mejorar los ingresos populares y empezar a encender la economía.
 
Guzmán remarcó que la renegociación de la deuda es fundamental para darle consistencia a un plan económico integral. Es clave no solo porque Argentina no está en condiciones de cumplir sus compromisos, como coincide todo el arco de economistas y admitía hasta el ex ministro de Cambiemos, Hernán Lacunza.
 
La negociación con los acreedores también es esencial por otro motivo: se necesita liberar recursos para apalancar políticas que rescaten a la producción y al mercado interno. El margen de maniobra del año que viene surgirá de lo que se logre con los tenedores de bonos.
 
El proyecto de Presupuesto para 2020 que había presentado el gobierno anterior destinaba el 19,3% de las partidas a los pagos de deuda pública. Cuando Macri había empezado su gestión en 2015, la carga era equivalente al 5% de las partidas. Es decir que en 4 años cuadruplicó el volumen de intereses por el brutal endeudamiento que generó.
 
Sobre gastos totales estimados en 6,2 billones de pesos, para deuda pública estaban previstos 1,2 billones. Guzmán pretende no gastar nada de eso el año que viene y repetir el escenario en 2021. Esa fuente de financiamiento indirecta, pactada con los bonistas, sería la más importante en el arranque del programa económico.
 
Quedan otras dos que el ministro no mencionó. La primera es incrementar la recaudación fiscal con nuevas retenciones a las exportaciones, tanto del complejo agropecuario como de la minería, bajando las de la industria. También aumentar los ingresos por Bienes Personales, gravar las ganancias extraordinarias de los bancos y a quienes blanqueron y dejaron el dinero fuera del país. La última es una reasignación de partidas con una orientación progresiva del gasto público.
 
La Opinión Popular

11-12-2019 / 16:12
En una jornada cruzada por la emoción y la esperanza de la multitud que copó desde temprano el centro porteño, Alberto Fernández asumió como presidente de la Nación con un mensaje en el que hizo especial hincapié en la necesidad de unir a los argentinos, una especie de leit motiv que se repitió a lo largo de la jornada. Planteó como prioridad de su gestión la lucha contra el hambre y adelantó reformas en la Justicia y en los servicios de inteligencia, dos áreas delicadas.
 
"Durante cuatro años escuchamos que nosotros no volvíamos más, ¡pero esta noche volvimos y vamos a ser mejores! Gracias argentinos, a trabajar a partir de mañana por ese país que nos merecemos", concluyó Fernández antes de fundirse en un abrazo con Cristina y que los fuegos artificiales iluminaran el cielo sobre la Plaza de Mayo.
 
En una suerte de consejos al nuevo presidente, la vicepresidenta le había expresado: "no se preocupe por la tapa de un diario, preocúpese por llegar al corazón de los argentinos".
 
A propósito de esos planteos, Fernández dio una definición. "Sé muy bien que la política es contradicción de intereses. Y sé muy bien con Cristina a quiénes representamos: a los que sufren, a los que se quedaron sin trabajo, a los que se quedaron sin escuela, a los que deambulan por esta ciudad buscando el techo de un banco para pasar la noche", sostuvo.
 
Agradeció a Dios haber conocido a Néstor y Cristina Kirchner, y pidió que no se insulte a Mauricio Macri con el cantito que se conoció como "el hit del verano". "No, no ya no. Todo eso ya pasó", cortó. Sostuvo que había que recordar el pasado reciente pero para no repetirlo y no reincidir en las divisiones. "Con las divisiones ganan los de siempre", consideró.
 
Fernández buscó, en la medida de lo posible, presentarse como una persona común afrontando un día único. Mostró en las redes sociales cómo se preparaba para ir al Congreso, hizo una consulta para saber si estaba bien su atuendo. Luego salió manejando su Toyota junto a su mujer Fabiola. Afuera lo esperaban vecinos de Puerto Madero para saludarlo. Habían armado el nombre Alberto, cada uno con una letra.
 
La plaza del Congreso había comenzado a llenarse desde temprano. Pese a que no hubo asueto y que las temperaturas eran muy altas desde la mañana, la característica fue gente festejando y cantando por donde fuera. La sensación era de alivio luego de una transición que se hizo eterna.
 
La llegada de Fernández sirvió para avivar los ánimos, tanto afuera como adentro del Congreso. En el ingreso lo esperaban las vicepresidentas Cristina y Gabriela Michetti. Fue muy comentado el gesto de Fernández de ayudar a Michetti con su silla, lo mismo que el gélido saludo entre Cristina y Mauricio Macri. La vicepresidenta electa no le obsequió ni una mirada. En sintonía, la marcha peronista que cantaron los legisladores y desde los palcos sonó más fuerte cuando apareció Macri en escena. Su presencia generaba incomodidad. 

10-12-2019 / 09:12
#Chaupelotudo. Se termina el peor gobierno desde el regreso de la democracia. Y uno de los más dañinos de la historia nacional. En sus cuatro años de mandato Mauricio Macri acumuló todo tipo de récords negativos y perpetró un saqueo a favor de los ricos amparado en el odio político antiperonista.

El mandato de Alberto Fernández y Cristina Kirchner arranca condicionado por la espantosa herencia que recibirá y la demanda reparatoria de los propios, sometidos durante cuatro años a una campaña feroz de estigmatización. Ante la tentación de la revancha, no comerse al caníbal. No ser injusto con los injustos.
 
El nuevo gabinete anticipa la aplicación de un programa progresista con altas dosis de realpolitik, a tono con lo que impone el contexto geopolítico y con la necesidad de acumular fuerza de cara a lo que viene: el 48% alcanzó para ganar las elecciones, pero es escaso para arar en tierra arrasada.
 
Alberto Fernández jurará este martes pero viene gestionando desde el día posterior a las Primarias Abiertas (PASO). Todo lo que estaba a su alcance (que no es tanto) y muy bien dentro de lo disponible. El Plan Argentina Contra el Hambre es el ejemplo de una gran movida que se vino pensando, articulando y que arrancará mañana. Otras requerirán más tiempo, debates, elaboraciones.
 
Las dos primeras fortalezas de Fernández son su legitimidad de origen y un aceptable poder relativo en el Congreso. Contará con mayoría propia en el Senado, le pasará muy cerca en Diputados. Pactando está en condiciones de lograr aprobación de las leyes y hasta rondar los dos tercios de la Cámara Alta necesarios para conseguir Acuerdos.
 
Los bloques de Juntos por el Cambio (JpC) seguramente perderán legisladores pero seguirán siendo potentes. Cuesta imaginar, sin embargo, que se den maña para obstruir o frenar las iniciativas del Ejecutivo. Los números no le dan y, tal vez, tampoco exista voluntad unánime de las facciones de la Alianza.
 
El PRO de Macri se radicalizó en campaña y en el calvario post derrota. Encarna un bolsonarismo argentino, confirmado por las monsergas de Macri y la designación de la gurka Patricia Bullrich como presidenta del partido. Más a la derecha... en la Argentina no se consigue. La intransigencia, todo lo indica, será lo suyo. Su respeto a las reglas democráticas... habrá que ver.
 
Luego de años en el llano, Alberto reingresará hoy a la política de palacio, ámbito natural del status quo. Su éxito o fracaso dependerá, sin embargo, de la fortaleza que acumule en la calle. Porque el proyecto oligárquico que encarnó Macri se va del gobierno, pero no del poder. Sigue enquistado en los tribunales, en el periodismo hegemónico, en los grandes bancos, en los directorios de las empresas monopólicas y el gran capital concentrado, que no le darán al Gobierno popular ni el beneficio de la duda.
 
La Opinión Popular

 

09-12-2019 / 07:12
Lo que parecía imposible, sucedió: después de las derrotas electorales de Mauricio Macri en la Nación y en Buenos Aires, el macrismo sufrió una nueva caída al perder en Boca, el bastión en el que nació y creció su poder. Lo hizo posible la lista opositora que encabezan Jorge Amor Ameal y Mario Pergolini, pero que tuvo en Juan Román Riquelme, el máximo ídolo del club, como principal emblema del triunfo.
 
Pasada largamente la medianoche y escrutadas más del 80% de las mesas, en un conteo lentísimo y que pasó por diferentes etapas, la dupla opositora se imponía con un 53,5% de los votos por delante del oficialismo que proponía a Christian Gribaudo y Juan Carlos Crespi como postulantes, que sumaban un 30,6%. En tercer lugar, con un 15,9% se ubicaba la lista de José Beraldi y Rodolfo Ferrari.
 
"Ganamos porque la gente no aguantó más. Lo primero que vamos a hacer es abrirle la puerta al socio", dijo un exultante Ameal, cerca de la una de la mañana. A su lado, Pergolini destacaba la grandeza del club, por haber logrado que casi 40 mil personas se acercaran a votar.
 
Atrás había quedado una elección récord para un club argentino, con 38.363 votantes, en la que la dupla Ameal-Pergolini logró un triunfo claro que supone el fin del macrismo en Boca después de 24 años de hegemonía, desde que Macri se impusiera en los comicios de diciembre de 1995 al binomio que componían Antonio Alegre y Carlos Heller.
 
Como había pedido Riquelme, desde muy temprano los socios de Boca se acercaron en masa a la Bombonera para votar, en unas elecciones que mostraron irregularidades y que tuvieron varias denuncias por parte de los opositores. "Son tramposos, son tram-po-sos", bramaba Riquelme cuando se iba enterando de los problemas.
 
Ameal comenzó dando la sorpresa al imponerse por 2 puntos en las mesas de las peñas, que se estimaba que iban a ser favorables al oficialismo. Gribaudo solo se impuso entre los vitalicios, en tanto que la sorpresa la dieron las mesas de Damas, que le daban más de 100 votos de diferencia para la vuelta del ídolo en cada una de ellas, con excepción de una.
 
Así, con casi el 100% escrutado, Ameal llegaba al 52,84% de los votos, mientras Gribaudo tenía 30,6% y José Beraldi, el tercero en discordia, solo 16,41%. Pero luego de unas mínimas dudas, cuando las primeras mesas de activos marcaban paridad, la tendencia se consolidó con diferencias amplias en las mesas que concentraban a la mayoría de los votantes.
 
Y allí la tendencia se hizo irreversible, por más que el escrutinio avanzaba a paso de tortuga. Pero si esperaron 24 años para sacar al macrismo de Boca, los ganadores no se preocuparon demasiado y celebraron una victoria que hace un tiempo parecía imposible.
 
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