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Sociedad e Interés General - 03-06-2019 / 20:06
EFEMÉRIDES POPULARES. LA REVOLUCIÓN DEL 4 DE JUNIO DEL 43, ENCABEZADA POR MILITARES NACIONALISTAS, PONE FIN A LA "DÉCADA INFAME" Y ABRE PASO AL ASCENSO DE PERÓN

El ocaso del Radicalismo como Movimiento Popular y el surgimiento del Peronismo

El ocaso del Radicalismo como Movimiento Popular y el surgimiento del Peronismo
La Revolución del 43 fue el movimiento militar, producido el 04 de junio de ese año, que derrocó al gobierno fraudulento de Ramón S. Castillo, poniendo fin a la llamada "Década Infame", un período de gobiernos autoritarios, ilegítimos y corruptos, signados por la trampa electoral sistemática, la represión a opositores, la proscripción del yrigoyenismo y la entrega económica de la Patria.
La Revolución del 43 fue el movimiento militar, producido el 04 de junio de ese año, que derrocó al gobierno fraudulento de Ramón S. Castillo, poniendo fin a la llamada "Década Infame", un período de gobiernos autoritarios, ilegítimos y corruptos, signados por la trampa electoral sistemática, la represión a opositores, la proscripción del yrigoyenismo y la entrega económica de la Patria.  
 
La serie de gobiernos militares que resultaron del mismo terminaron con la vieja argentina oligárquica, semicolonial y dependiente y culminaron con la asunción del gobierno electo democráticamente de Juan Perón, el 04 de junio de 1946. En su transcurso emergió la figura del entonces coronel Perón originándose el peronismo.
 
Con la Revolución, todo muere y todo nace en 1943. Y así como los caudillos federales se continuaron en el movimiento de Hipólito Yrigoyen, don Arturo Jauretche, a través de FORJA, fue el eslabón que conectó a Perón con  el yrigoyenismo del declinante radicalismo, en una íntima relación de continuidad entre ambos movimientos populares. 
 
Esta continuación superadora, integra a los mejores hombres e ideas del viejo movimiento en el nuevo y le trasmiten al justicialismo la tradición del nacionalismo democrático, procedente de las antiguas raíces federales de la Patria.
 

El Cordobazo, crónica de una insurrección popular
Escribe: Blas García





El fin de la década infame 
 
La vieja argentina oligárquica, semicolonial y dependiente, expresión de los intereses de los terratenientes de la pampa húmeda y de la burguesía comercial porteña, asociadas al capital extranjero, recuperó el control del aparato gubernamental tras al golpe de Estado del 6 de septiembre de 1930 que derrocó al gobierno popular y democrático de Hipólito Yrigoyen y se mantuvieron hasta el 4 de junio de 1943.  
 
En 1943 debían realizarse elecciones para elegir a un nuevo presidente mediante el conocido método del "fraude electoral patriótico" que daría la presidencia al oligarca Robustiano Patrón Costas, empresario azucarero de Salta, asegurando la continuidad y profundización del régimen entreguista, conservador y fraudulento, pero abriendo la posibilidad cierta de que Argentina participara en la Segunda Guerra Mundial, cambiando así su tradicional posición "neutralista".  
 
Con el golpe militar del 04 de junio de 1943 se puso fin al gobierno oligárquico de Ramón Castillo y a la llamada "década infame", signada por el fraude electoral sistemático, la represión a los opositores, la proscripción de la UCR, los negociados vergonzosos, el predominio conservador y la sumisión económica al Reino Unido. 
 
Concluyó una década en donde un vicepresidente, Julio A. Roca (hijo), había declarado públicamente que la Argentina era "desde el punto de vista económico, una parte integrante del Imperio Británico".  
 
Se terminó así un período de gobiernos autoritarios, fraudulentos y corruptos y un modelo económico agro-exportador basado exclusivamente en la renta diferencial de la tierra.  
 
En el ámbito militar, el GOU, del cual el coronel Perón es uno de sus líderes, tuvo un papel trascendente en dicho pronunciamiento, ya que Perón es el autor y redactor de puño y letra de la proclama revolucionaria del 04 de junio.
 
 
Crecimiento industrial  
 
La crisis capitalista mundial de 1929 obligó a proteger la economía nacional, permitiendo el surgimiento y desarrollo de pequeñas y medianas empresas industriales y luego, el aislamiento producido por la Segunda Guerra Mundial, alentó el crecimiento industrial basado en la sustitución de importaciones.  
 
Debido a lo anterior, comenzó la migración masiva del campo a la ciudad y de las provincias del norte hacia Buenos Aires y el desarrollo del sector industrial que, en 1943, superaría al sector agropecuario por primera vez en la Historia Argentina. 
 
 
Crecimiento social  
 
Como resultado del desarrollo económico y de las migraciones internas del campo a las grandes ciudades, en el seno de la sociedad, creció:  
 
-una burguesía fabril de pequeños y medianos propietarios;  
 
-una clase media vinculada al mercado interno; 
 
-una poderosa clase trabajadora, como nueva fuerza social.  
 
 
Ejercito industrialista  
 
El proceso de industrialización que se desarrolló en esa década se efectuó de un modo íntimamente relacionado con las Fuerzas Armadas y sus necesidades de la defensa nacional en épocas de guerra mundial, lo que cambió su relación con el poder oligárquico y modificó su composición social interna, sobre todo en el Ejercito.  
 
Todo ello permitió el advenimiento de sectores del nacionalismo popular en sus filas, integrado por nuevos grupos de oficiales provenientes de sectores medios y medios bajos, con nuevas ideas sobre la defensa vinculadas a la exigencia de la industrialización y las empresas militares y a la necesidad de un rol activo del Estado para promover estas actividades. 
 
 
Coronel nacionalista y "obrerista
 
La política desarrollada por el gobierno militar en 1943 es contradictoria, consecuencia de la integración de distintos sectores en el golpe militar: desde liberales a nacionalistas de derecha, radicales, católicos ultramontanos, etc.  
 
Por una parte: implementación de precios máximos, rebajas de alquileres, eliminación de aranceles en los hospitales, castigo a la usura, pero, por otro lado: intervención a los sindicatos, detención de dirigentes gremiales, cierre de periódicos, política universitaria reaccionaria a cargo de católicos ultra conservadores, etc.  
 
Sin embargo, en un sector del gobierno comienza a perfilarse una política nueva: un grupo de militares, el Grupo de Oficiales Unidos (GOU) cuyo orientador en el Coronel Juan Perón, estiman que uno de los objetivos fundamentales de la revolución consiste en establecer una alianza entre el Ejército y la clase trabajadora.  

Perón asume como Secretario de Trabajo y Bienestar Social generando, desde allí, las condiciones para expresar los anhelos del pueblo y darle cohesión y contenido diferenciado a un movimiento masivo de trabajadores, en oposición al viejo gremialismo proveniente del socialismo, el sindicalismo y el comunismo, que bajo el signo del reformismo o del ultraizquierdismo obraba como ala izquierda del orden semicolonial y dependiente. 
 
Para ello, en abierta oposición a los sectores militares que reprimen al movimiento obrero, lleva a cabo reuniones permanentes con sindicalistas, comienza a intervenir en los conflictos a favor de los trabajadores, impulsa el movimiento sindical, promulga nuevas leyes sociales, reforma las existentes y crea nuevos sindicatos. Alcanza prestigio y apoyo entre los sectores obreros. 
 
 
Arturo Jauretche y Perón  
 
A partir de 1943 se establece una relación estrecha entre Juan Perón y Arturo Jauretche. En el momento trascendental cuando Perón deja de ser un soldado para pasar a ser el conductor de un Pueblo, se encuentra con Jauretche, la más consecuente expresión de aquel irigoyenismo que constituyó el primer movimiento popular de masas del siglo XX. 
 
Dialogaron casi todas las mañana, durante aquel año 43, sobre que "no hay nacionalismo sin pueblo", que solo los "descamisados" podían aplastar a los "vendepatrias" y "los cipayos", que "la independencia económica y la soberanía política no se plasman sin la justicia social", que permitieron a Perón elaborar un designio antioligárquico y antiimperialista; y sentar las bases de una doctrina política destinada a remover los cimientos de la vieja Argentina agro-exportadora. 
 
 
Resurgimiento de las masas populares  
 
Esta búsqueda de la clase trabajadora por parte de un alto oficial del Ejército es insólita. Pero es el resultado del conocimiento de la injusticia social que Perón ha adquirido: en su deambular militar por todo el país y su trato personal con soldados provenientes de las zonas mas desamparadas, y de su experiencia en Europa, donde reparó en importantes concentraciones populares; lo que provocó en él la convicción de que había llegado la hora de las masas populares.  

Esas masas populares eran el instrumento fundamental para un proceso de cambio como el que necesitaba la Argentina, cuya tarea principal era la creación de un país autárquico e independiente.
 
Eran las masas populares que hicieron la patria con San Martín, las montoneras bravías del interior que acompañaron a los caudillos federales y los revolucionarios y votantes de Hipólito Irigoyen.  
 
Estas nuevas masas populares, empleadas en las nacientes industrias y sin antecedentes políticos ni de sindicalización, son las que constituirán, a mediado de la década del 40, las bases del naciente movimiento peronista. 
 
 
Continuidad superadora  
 
Así como los caudillos federales se continuaron en el movimiento de Hipólito Yrigoyen, Jauretche, a través de FORJA, fue el eslabón vivo que enlazó al irigoyenismo del ya declinante radicalismo, con el naciente peronismo. 
 
Jauretche primero, y luego Perón, establecieron con sus actos, sus palabras y sus plumas, una íntima relación de continuidad entre ambos movimientos nacionalistas populares. Fue la expresión de que todo moría y todo nacía en 1943.
 
Esta continuidad superadora, que integraba a los mejores hombres e ideas del viejo movimiento en el nuevo, sería inconcebible sin el pensamiento y la acción de Forja y Jauretche, que le trasmiten al justicialismo la tradición del nacionalismo democrático, procedente de las más antiguas raíces federales de la Patria.
 
Escribe: Blas García

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17-09-2019 / 18:09
Sin memoria ni justicia, hoy se cumplen 13 años de la segunda desaparición de Julio López, el testigo clave que aportó datos indispensables para que avance el juicio contra Miguel Etchecolatz -que fue el responsable de su primera desaparición-, militares y policías involucrados con la última dictadura cívico-militar.
 
El albañil, que ya había estado desaparecido tres años (1976-1979) durante la dictadura militar genocida, cuando era cruelmente común y cotidiano que los milicos se llevaran a cualquier persona que militara o estuviera ligada a un militante, se había transformado en una figura mediática que le comenzó a hacer ruido a muchos, por aquellos días de 2006.
 
Testigo fundamental del juicio contra el siniestro Etchecolatz, el albañil López no pudo presenciar la condena contra el represor, porque ese mismo día lo desaparecieron, 30 años después de su primer secuestro, como en el peor momento de la dictadura, pero en democracia.
 
En aquel momento, y luego de su desaparición, todos salieron a apuntar a los sectores ligados con el represor Etchecolatz, pero desde la Policía nunca explicaron nada.
 
Una parte de la sociedad está atenta a la falta de López, pero otros parecen no querer verla. Hay un mandato del poder hacia determinados sectores de derechos humanos de no hablar de Julio López. Diez años de dolor, de desazón, desconcierto y muchos interrogantes.
 
Un 18 de septiembre, dejó su casa y su familia López, un desaparecido político en democracia. Hoy volvemos a exigir que impulse una investigación en serio sobre el destino de Jorge Julio López, testigo clave en los juicios por los crímenes de la dictadura militar.
 
De la redacción de La Opinión Popular



16-09-2019 / 21:09
 
El 16 de septiembre de 1976 un grupo de jóvenes de la ciudad de La Plata fueron secuestrados, torturados y desaparecidos a raíz de sus luchas por el boleto estudiantil secundario, en una operación represiva conocida como la "Noche de los lápices".
 
Todos ellos tenían entre catorce y dieciocho años; estaban comprometidos con el momento histórico que vivían, se daban cuenta de que los tiempos habían virado definitivamente hacia la represión ilegal, pero eligieron seguir en la lucha por una sociedad más justa y solidaria, enfrentando a la alianza entre la patria financiera y sus personeros militares. Hoy forman parte de los 238 adolescentes argentinos, que fueron secuestrados durante la dictadura y aún siguen desaparecidos.
 
De aquella noche, los seis que no volvieron jamás, de la decena de adolescentes detenidos en ese septiembre, fueron: Claudio de Acha 16 años, Horacio Ungaro 16 años, María Clara Ciocchini 17 años, María Claudia Falcone 16 años, Francisco López Muntaner 17 años, Daniel A. Racero 18 años, todos jóvenes, militantes y peronistas que fueron brutalmente secuestrados y torturados durante meses en un campo clandestino de detención.
 
Hace casi una década, y a modo de homenaje, desde el gobierno nacional junto con organizaciones políticas y reparticiones provinciales de políticas de Juventud impulsamos que se designe el 16 de septiembre como el "Día de la Juventud".
 
Se lo planteamos al entonces presidente Néstor Kirchner que de inmediato tomó la propuesta e impulsó la iniciativa. En nuestra provincia, el primer acto de homenaje a esta fecha lo hizo Gustavo Bordet en el 2006 en el PJ de Concordia.
 
Fue una excelente manera de rendir siempre homenaje a una generación que participó políticamente, persiguió una transformación en la Argentina, se sacrificó y militó para cambiar un país dependiente, sometido económica y culturalmente, evidentemente injusto en la distribución de la riqueza y el poder.
 
Escribe: Alejandro Gonzalo García Garro
 

16-09-2019 / 21:09
El 17 de septiembre de 1861 tuvo lugar la batalla de Pavón entre las fuerzas porteñas, comandadas por el general Bartolomé Mitre, y las tropas federales de la Confederación Argentina, al mando del general Justo José de Urquiza.
 
Cuando estaba ganando la batalla, Urquiza retira sus tropas, aun teniendo superioridad numérica. La victoria fue para los porteños, que extenderían así su dominio unitario a todo el país. Y Urquiza  se convierte en el jefe traidor del Partido Federal, lo que luego le costaría la vida.
 
La batalla de Pavón suscitó polémicas que aún perduran, pero al margen de las interpretaciones sobre los entretelones de la batalla, lo cierto es que el resultado de este combate abre el camino para que los liberales porteños permitan la penetración del neocolonialismo británico en nuestra Patria.
 
Esta relación consistía en la coincidencia de los sectores ganaderos y comerciales porteños con los importadores de productos industriales ingleses, que trabajaban mancomunados con los inversores británicos. Argentina pasó a ser la granja y Gran Bretaña, la fábrica. Dejamos de ser una Patria libre y pasamos a ser un país semicolonial y dependiente.
 
En las guerras civiles argentinas del siglo XIX se definió la identidad de nuestra Patria y su lugar en el mundo. Caseros, Pavón, Cepeda y la guerra de genocidio que el mitrismo llevó al Paraguay, consolidaron el triunfo de quienes se identificaban con la "civilización", de acuerdo a la definición de Sarmiento, en perjuicio de quienes representarían a la "barbarie", el interior federal.
 
A continuación, transcribimos un artículo del maestro José María Rosa sobre esta batalla, sus interpretaciones y consecuencias.
 

Gustavo Rearte, fundador y líder de la JP, héroe de la Resistencia Peronista
Por Blas García



16-09-2019 / 20:09
16-09-2019 / 09:09
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