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“El carácter inevitable de la derrota solo desalienta a los cobardes”. Alejandro Dolina
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Nacionales - 02-06-2019 / 10:06

¿La unificación del peronismo detrás de la fórmula F-F es un triunfo K, un triunfo anti-K o alguna mezcla de ambos?

¿La unificación del peronismo detrás de la fórmula F-F es un triunfo K, un triunfo anti-K o alguna mezcla de ambos?
En los últimos días, empieza a haber evidencias de que ese proceso está llegando a su fin. La mayoría del peronismo se empieza a encolumnar detrás de la fórmula Fernández-Fernández. Es difícil explicar un fenómeno tan reciente, pero es evidente que obedece a dos fenómenos complementarios. Así como antes Cristina lograba unir en su contra a gente muy distinta entre sí, ahora quien logra esos efectos es Mauricio Macri.
La decisión inesperada de Cristina de impulsar a Alberto Fernández ya ha tenido efectos radicales que, tal vez, cambien dramáticamente la dinámica que movió a la política argentina durante la última década. El primer efecto es la debilidad extrema en la que queda el peronismo no K. No es estrategia electoral sino de algo más profundo.
 
El cisma peronista no obedeció nunca al talento o a la picardía de un grupo de dirigentes. Al contrario, esos dirigentes fueron empujados por sus propias bases. Si José Manuel de la Sota hubiera querido ser K, habría desaparecido de la política cordobesa, por ejemplo, porque en Córdoba el kirchnerismo era rechazado de plano.
 
Con sus matices, el peronismo alternativo era un fenómeno popular que llegó inclusive a ganar la provincia de Buenos Aires. Mucha gente era peronista y era anti K. Por eso también muchos dirigentes lo eran: De la Sota, Felipe Solá, Facundo Moyano, Emilio Monzó y cientos y cientos de dirigentes de todo el país, entre ellos Alberto Fernández.
 
Un amplio sector de la población que históricamente votaba al peronismo decidió que el kirchnerismo no los representaba. Por eso, el peronismo K nunca más ganó en Córdoba, ni en la Capital, ni en Santa Fe, y en los últimos tiempos perdía inclusive en provincias impensadas como Jujuy.
 
En los últimos días, empieza a haber evidencias de que ese proceso está llegando a su fin. La mayoría del peronismo se empieza a encolumnar detrás de la fórmula Fernández-Fernández. Es difícil explicar un fenómeno tan reciente, pero es evidente que obedece a dos fenómenos complementarios. Así como antes Cristina lograba unir en su contra a gente muy distinta entre sí, ahora quien logra esos efectos es Mauricio Macri.
 
Por otro lado, el kirchnerismo empezó a transformarse en algo parecido al peronismo alternativo: de hecho, su candidato a presidente perteneció a ese sector y defiende, aun después de la designación, las posturas que lo llevaron a ser crítico durante casi una década. En todas las provincias, el kirchnerismo capituló frente al peronismo alternativo.
 
¿La unificación del peronismo detrás de la fórmula F-F es un triunfo K, un triunfo anti-K o alguna mezcla de ambos? Esa pregunta surge siempre que dos sectores confluyen: el mismo movimiento se puede percibir como el triunfo de los unos o de los otros, o como una articulación de visiones distintas.
 
En cualquier caso, el peronismo empieza a estar casi unido otra vez. Eso tal vez quiera decir que ese sector de la población que huyó del kirchnerismo ahora está volviendo al peronismo, porque ya no es K, o porque no es tan K, o porque se fastidió con Macri.
 
Esteban Bullrich, hace dos años, derrotó a Cristina. El peronismo tenía en esa elección otros dos candidatos: Florencio Randazzo y Sergio Massa. Eso no pasará esta vez. Para Macri, el desafío será aún mayor.

 
El jueves 16 de mayo, mientras Alberto Fernández estaba dando clases, su celular empezó a sonar. En la aplicación Telegram había insistentes mensajes de Cristina Kirchner. "Alberto". "Alberto". "Alberto". Contestó. "¿Podés venir al mediodía?".
 
Fernández tenía comprometido el almuerzo. Cristina le pidió que fuera a verla al departamento de su hija Florencia, entre las tres y las cuatro de la tarde. Fernández fue sin saber lo que le esperaba. Cristina lo recibió en el comedor y les pidió a todos sus acompañantes que los dejaran solos. Cerró las puertas y ventanas.
 
Ya completamente a solas le explicó que quería que fuera candidato a presidente, que solo lo había consultado con Máximo, su hijo, que ella no podría serlo porque tenía demasiadas puertas cerradas y que estaba dispuesta a ser su compañera de fórmula.
 
Pero esos son los efectos menores de la decisión de Cristina Kirchner. Hay consecuencias mucho más sensibles respecto de cómo se desenvolvió la política en los últimos años.
 
Muchos años antes del encuentro en la casa de Florencia Kirchner, el 30 de marzo del 2008, la relación entre ambos Fernández había comenzado a quebrarse. Ese día, ante una Plaza de Mayo repleta, Cristina Kirchner pronunció un discurso a la vez fundacional y terrible. "En estos días de marzo, amigos y amigas, hermanos y hermanas, donde he visto nuevamente el rostro de un pasado que parecería querer volver... Tal vez muchos de ustedes no lo recuerdan, pero un 24 de febrero de 1976 también hubo un lockout patronal, las mismas organizaciones que hoy se jactan de poder llevar adelante el desabastecimiento del pueblo llamaron también a un lockout patronal... Esta vez no han venido acompañados de tanques, esta vez han sido acompañados por generales multimediáticos que además de apoyar el lockout al pueblo, han hecho lockout a la información, cambiando, tergiversando, mostrando una sola cara".
 
Eran los primeros días de la crisis por la resolución 125. En distintos puntos del país, la protesta del sector agropecuario impedía el tránsito. En ese discurso, Cristina también acusó al dibujante Hermenegildo Sábat de haber publicado una caricatura "cuasi-mafiosa". Esa noche, Alberto Fernández, en la quinta de Olivos, se animó a preguntar: "Quiero saber algo: ¿nosotros seguimos siendo un movimiento reformista o ahora somos revolucionarios?". Unos meses después, Fernández se iría de la jefatura de Gabinete.
 
En esa ruptura entre Cristina y una lista interminable de personas -no solo Fernández- había una diferencia de agenda muy profunda. Una de esas diferencias se explicaba por una palabra que marcó a la Argentina: grieta. Cristina creía en la necesidad de la grieta, la estimulaba en cada discurso, en cada gesto. Era su principal motor. El hostigamiento a los disidentes durante sus dos mandatos, que ella no reconoce en su extenso libro, fue una constante. Uno de esos disidentes era Fernández. Desde el momento en que asumió como candidato, Fernández ha expresado una y otra vez que la guerra terminó. "Ningún país progresa con esa locura". Ha hecho incluso concesiones muy fuertes al grupo Clarín, al declarar que la fusión con Telecom es un derecho adquirido. Día tras día, intenta restablecer vínculos con periodistas que el kirchnerismo odiaba.
 
¿Es una estrategia electoral inteligente de CFK para reimplantar el sectarismo y la agresividad cuando llegue al poder? ¿Cree él en eso, pero finalmente será ella quien imponga la lógica de las cosas si ganan? ¿Alberto es Cristina? ¿Cristina sigue siendo Cristina? Son todas preguntas que no tienen respuestas a priori. Pero parece claro que el kirchnerismo duro, primero en las provincias y luego a nivel nacional, entendió que la grieta lo llevó una y otra vez a la derrota: había que salir de ahí. Su apertura obedece, entonces, primero a una presión social: quien impulse la grieta es castigado. Cambia o muere. Luego de tantos golpes, y de tanto daño que ese fenómeno le causó a la sociedad argentina, Cristina Fernández finalmente parece haber registrado lo obvio. Su decisión es, al mismo tiempo, un gesto de realismo político y una claudicación. Al colocar un candidato antigrieta, reconoce, luego de tantos años, que esa estrategia la llevó a la derrota: a punto tal que decide ceder nada menos que la candidatura a presidente a un referente de la antigrieta.
 
Hay un significado muy profundo en el hecho de que sea el kirchnerismo el que impulse una propuesta antigrieta. Es una derrota, al menos temporaria, de todos los intelectuales, tuiteros, periodistas, militantes, que durante estos años gozaron de esa guerrita que tiene más recompensa psicológica que política. Y tal vez les permita a todos ellos cambiar, entender que la militancia política es algo más sofisticado que el regodeo en la agresión y la paranoia, y que hay una manera más feliz de vivir la vida.
 
Todo esto habilita a que, progresivamente, en el peronismo, en la política, en las familias, en todos lados, la confrontación ceda, al menos en estos días, a una incipiente distensión.
 
Para ganar, Cristina admite que perdió en muchos campos. Otra vez: ¿es gatopardismo? ¿Tendrá efectos permanentes? Como muchas cosas en la democracia, eso no dependerá de sus líderes sino de la sociedad civil que los empuja en una dirección u otra.
 
Tal vez sea una visión ingenua. O boba. Pero tal vez algo relevante haya empezado a cambiar.
 
Por Ernesto Tenembaum
 
Fuente: Infobae
 

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25-06-2019 / 15:06
25-06-2019 / 09:06
El Gobierno de Mauricio Macri insiste con suspender las PASO, pese a que reconoce que no tiene los votos en el Congreso. Primero había sido el secretario de Asuntos Políticos, Adrián Pérez, el que había sugerido que se suspendieran o se eliminaran las PASO por su costo y porque pocos espacios disputan realmente una interna.
 
Ayer, el ministro del Interior, Rogelio Frigerio, insistió con el tema en la reunión de gabinete. Y el gobernador de Mendoza, Alfredo Cornejo, aseguró que "lo sensato" sería suspenderlas. No obstante, en la Rosada aseguraron que no tienen las mayorías necesarias para modificar las elecciones del 11 de agosto. Sin tener en cuenta eso, el macrismo ya presentó un proyecto en Diputados para suspender las elecciones.
 
"Que los tipos que impulsaron la política para que se hayan fugado U$S68.000 millones de la Argentina durante su gobierno, vengan a decir ahora que les preocupa el gasto de las PASO, sólo puede llevarnos a la conclusión de que están en pánico por la derrota que van a sufrir", sostuvo la diputada nacional Fernanda Vallejos.
 
"Me encantaría que con la misma furia pida suspender los tarifazos. No son conscientes al plantear el debate, y además ponen en peligro las instituciones democráticas", sostuvo Marisa Uceda, precandidata a diputada nacional por la provincia de Mendoza en el mismo sentido.
 
Como el Ejecutivo, por la Constitución Nacional, tiene prohibido legislar en materia electoral con un DNU, el proyecto requerirá sesión extraordinaria y de mayoría especial para poder ser aprobado, posibilidad que parece difícil. Si no tienen los votos, entonces, ¿para qué el Gobierno agita este tema? "Para sentar posición", dicen algunos.
 
Sobre el miedo a perder las PASO de la alianza "Juntos por el Cambio", "Juntos Somos el Cambio" o "Somos el Cambio", como quiera que se llame el oficialismo, que parece que cambió de nombre 3 veces en 30 horas, llueven las especulaciones. El macrismo necesitaría evitar esa instancia, dado que se avecina una derrota contundente que polarizaría aún más los resultados de octubre donde los ciudadanos "votarían en primera vuelta como si fuera la segunda".
 
Otros problemas son Roberto Lavagna y José Luis Espert que, según los análisis del macrismo, morderían parte de sus votos. También hay quienes creen que en octubre la economía podría estar mejor que en agosto y, entonces, la suspensión de las PASO les daría tiempo para mejorar sus números en la elección. El famoso "segundo semestre".
 
Desde el peronista Frente de Todos, la oposición no fue expresada públicamente con el énfasis que se esperaba, ya que podría sacar rédito de la imposibilidad de que la iniciativa prospere. En ese sentido, señalan dos aspectos. Por un lado, la muestra de debilidad que la iniciativa implica, a 45 días de la realización de las PASO y con la campaña y en marcha. Por el otro, el carácter poco republicano que observan en el hecho de querer modificar las reglas de juego a poco de las elecciones. ¿A qué le llamarán democracia los macristas?
 
La Opinión Popular

24-06-2019 / 09:06
La designación de Miguel Ángel Pichetto, como compañero de fórmula presidencial, es el intento de exhibir, frente a los factores de poder internacionales que obsesionan a Mauricio Macri, que el Gobierno está dispuesto a no encerrarse en sí mismo. De allí para adelante, vender que el dólar quieto y la estabilización del riesgo-país son consecuencia de haber agregado a un... peronista suelto.
 
Falsamente, Pichetto fue presentado  como un abridor de puertas peronistas. Por fuera del Congreso, donde resultó un sumiso y eficaz operario de cuanto oficialismo le tocara en suerte, el senador no tiene la capacidad articulatoria proyectada antes en la propaganda de Clarín, La Nación e Infobae que en el imaginario macrista.
 
Esa proyección no fue ni es otra cosa que la imagen de amplitud exigida a los cambiemitas. Macri, Peña, Durán Barba y Cía., tomaron nota que insistir con el "purismo" Pro los conducía a la derrota con toda seguridad. "Peronizarse" en dosis reguladas es la movida única.
 
Esa táctica macrista, surgida del manotazo de ahogado y no de una ejecución elaborada, corre el riesgo que una porción del gorilaje eterno opte por no comerse ese sapo, tras haberse desgañitado contra el peronismo como símbolo del fracaso de los últimos 70 años. No, al menos, en una primera vuelta, lo que podría determinar la victoria de Fernández y Fernández.
 
Pichetto, como parte de un esquema fantasioso de división del peronismo, quedó circunscripto al discurso fascistoide. El susceptible de evitar más fugas entre ese núcleo duro de los amarillos pegoteados no por amor a Macri, sino por espanto a Cristina.
 
Previo al cierre de nombres y ubicaciones electivas, empezaron a demostrarse los cortos alcances de la maniobra. El reparto de cargos en la pata bonaerense "peronista" de Cambiemos dejó heridos entre los aliados.
 
Pichetto no logró ablandar la decisión de María Eugenia Vidal y Federico Salvai de copar las listas de la provincia con los más puros y el armado bonaerense que venía trabajando el ex intendente de Avellaneda, Baldomero "Cacho" Álvarez, se quedó sin nada.
 
Integran ese grupo básicamente ex duhaldistas como Isidoro Laso, Chicho Basile, Mabel Muller y una serie de dirigentes distritales, que solían reunirse con Pichetto, cuando el senador todavía coqueteaba con la idea de disputar la candidatura presidencial en Alternativa Federal. Como se ve, la ex Cambiemos intenta ganar tiempo con operaciones que se diluyen a muy poco de andar.
 
La Opinión Popular

23-06-2019 / 09:06
Se terminaron las especulaciones, las negociaciones a contrareloj. Las idas, las vueltas y los ocultamientos. Todos los partidos ya definieron y presentaron ante la justicia electoral todas sus cartas: fórmula presidencial, a gobernador, listas de candidatos a diputados, senadores, intendentes municipales. Ahora arranca la verdadera campaña, la batalla final de las Primarias Abiertas, Simultáneas y Obligatorias (PASO).
 
Las tratativas excitadas, los armados de último momento signan esas jornadas, siempre.  Se anotaron ocho fórmulas presidenciales, con ambiciones muy dispares. Sólo dos, todo lo indica, mantienen aspiraciones firmes de llegar a la Casa Rosada. La oficialista, integrada por el presidente Mauricio Macri y el senador Miguel Pichetto. Por la oposición, la compuesta por el ex jefe de Gabinete Alberto Fernández y la ex presidenta Cristina Fernández.
 
El binomio que encabeza el ex ministro Roberto Lavagna y completa el gobernador salteño Juan Manuel Urtubey se ilusiona con llegar de escolta en la primera vuelta y vencer en el ballottage. Un escenario que oscila entre el batacazo y el milagro.
 
El Frente de Izquierda y de los Trabajadores (FIT-Unidad) procura sostener y extender la representación parlamentaria que acumuló en años. Se sumó el MST dejando de lado la arcaica tradición divisiva de la izquierda. Es el único Frente de ese sector con implantación nacional.
 
Otros pretendientes deberán sortear el escollo de las PASO para llegar a octubre: acumular más del 1,5 por ciento de los votos válidamente emitidos. Presumiblemente, habrá quien quede en el camino.
 
El economista José Luis Espert procuraba colocarse en el estrecho espacio que media entre el macrismo y la pared ubicada a su derecha. Una borocoteada de Pichetto puede dejarlo sin poder competir, fuera de la cancha antes de empezar.
 
Los cierres de lista motivan ansiedades, desazones, dejan personas heridas, embroncadas... algunas satisfechas también. Con el correr de los días quienes "entraron" bajarán los enconos y empezarán a trabajar en la campaña. Los que quedaron afuera, that is the question.
 
Habrá entonces contadas primarias nacionales para legisladores. En Buenos Aires por intendencias, Concejos Deliberantes y cargos en la Legislatura. Sin ser lo más restallante tiene importancia. En este año se comprobó empíricamente que es muy arduo para los partidos organizar internas sin la cobertura institucional de las PASO. Las PASO serán la primera etapa, el 27 de octubre el pueblo argentino decidirá sobre su futuro. Una ocasión digna de celebrarse siempre.
 
La Opinión Popular

22-06-2019 / 11:06
Entre el 11 y el 12 de junio fueron tres las noticias que sacudieron el escenario electoral. Mauricio Macri anunciaba que Miguel Ángel Pichetto lo acompañaría en la fórmula presidencial, mientras que Alberto Fernández y Sergio Massa lanzaban el Frente de Todos, sellando una unidad que terminaría de polarizar una elección que tiene actores sin ganas y con la energía puesta en no pasar desapercibidos.
 
Para ello, la izquierda también anunció una histórica fusión: el Frente de Izquierda y de los Trabajadores (FIT), conformado por las agrupaciones PTS, PO e IS, sumaría a sus filas al Movimiento Socialista de los Trabajadores (MST), confirmando a Nicolás del Caño como precandidato a presidente y a Romina Del Plá como precandidata a vice.
 
La jugada calló una de las críticas que recibió este movimiento desde su conformación en 2011. "Nos pedían esta fusión para que la señal de unión quede clara y sea contundente", dijo uno de los dirigentes más importantes del FIT.
 
Sin embargo, y tal como sucede en cada jugada política, están los victoriosos, contentos y conformes que paralelamente deben explicar por qué otros nombres que también podrían haber pertenecido a este grupo participarán de las elecciones por fuera del Frente de Izquierda-Unidad.
 
El caso más significativo es de Manuela Castañeira, quien además de convertirse en la única mujer precandidata a presidente por el Nuevo MÁS, será la persona más joven en competir por este puesto en las próximas PASO. "No quisieron abrir la interna e ir juntos a las Primarias", explicó la entrerriana de 34 años. Enfrente, la respuesta fue otra: "Siempre invitamos a todos a debatir, pero no quisieron sentarse con nosotros".
 
Luis Zamora, quien también rechazó la idea de sumarse a este conjunto de agrupaciones, anunció que irá como precandidato a diputado porteño y que su espacio, Autodeterminación y Libertad, únicamente presentará candidaturas en la ciudad de Buenos Aires.
 
El espacio que nuclea al 90% de las fuerzas de izquierda en todo el país presentará candidatos en 22 de los 24 distritos de la Argentina. 
 

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