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Sociedad e Interés General - 28-05-2019 / 18:05
29 DE MAYO DE 1969: A 50 AÑOS DE LA MAYOR PROTESTA OBRERA Y POPULAR EN LA HISTORIA LATINOAMERICANA (SEGUNDA PARTE)

A 50 años del Cordobazo: Memorias de una insurrección popular y sus consecuencias

A 50 años del Cordobazo: Memorias de una insurrección popular y sus consecuencias
Era una escena inédita en la Argentina que una manifestación popular se enfrentara e hiciese huir a policías represores. Arriba: La famosa escena, en que jóvenes obreros del Cordobazo se plantan, no retroceden, arrojan piedras sobre la milicada y esta huye. La resistencia hace retroceder a los temibles "cosacos" y los trabajadores del SMATA se toman revancha del escuadrón de caballería, derrotándolo en la vieja Terminal. Allí cerca caería muerto Máximo Mena. Abajo: Una escena frecuente, arquetipo de las batallas de ese día, el enfrentamiento de manifestantes universitarios con piedras contra los elementos represivos con armas de fuego, en las proximidades de la Plaza Vélez Sarsfield.
Hace 50 años, el 29 de mayo de 1969 ocurrió uno de los acontecimientos más trascendentales en la historia argentina del siglo XX. No fue un alzamiento popular espontáneo, fue organizado por los sindicatos obreros cordobeses, que contaron con el apoyo de los universitarios, de varios partidos políticos y la participación generalizada del pueblo.
 
En el Cordobazo la policía reprime cargando con la caballería, arrojando granadas de gases lacrimógenos y disparando con armas de fuego. Se inicia así el combate de masas callejero en respuesta a la represión. Las fuerzas policiales no tienen espacio para tomar prisioneros; en ese momento sólo se registran muertos y heridos de ambos bandos. 

Contando con el apoyo y la participación de toda la población, más de 50.000 mil manifestantes se adueñan de la ciudad, levantando barricadas y combatiendo contra la policía, que derrotada, debió replegarse a sus cuarteles dejando la ciudad en manos de los trabajadores y estudiantes, en un momento de triunfo de la rebelión popular y la insurrección urbana.

Por primera vez, desde la Semana Trágica, el aparato represivo es puesto en retirada por las fuerzas populares. Desesperado, el gobernador pide auxilio al Ejército. Los vecinos de la zona céntrica y estudiantes sueltos, se solidarizan con los obreros y colaboran en forma abierta en la sublevación popular. 

El saldo de la batalla de Córdoba fue trágico. Más de 16 héroes y mártires muertos, cientos de heridos y numerosos detenidos. Pero la rebelión popular, tal como fue planeada, triunfó y el pueblo se hizo dueño de su destino. 
 
La dictadura antiperonista del general Juan Carlos Onganía quedó herida de muerte y con ella sus proyectos de perpetuarse 20 años en el poder. Se desmanteló el programa económico-social neoliberal y las pretensiones autoritarias, abriendo el camino para el retorno a la democracia en 1973.

Escribe: Blas García (partícipe de "El Cordobazo")


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Blas Garcia


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Avance popular hacia el centro de la ciudad

El jueves 29,  a la mañana temprano, con Jorge Busti y otros compañeros pasamos a buscar por el hotel a Rodolfo Ortega Peña (luego asesinado por las AAA) y a Eduardo Luís Duhalde (ex secretario de Derechos Humanos de la Nación) que estaban en Córdoba con el historiador José María Rosa desarrollando un curso que organizamos desde el Integralismo sobre "Los caudillos federales", y a quienes acompañamos en las primeras horas de ese histórico día.
 
A las 10 horas el movimiento obrero deja sus lugares de trabajo organizados en columnas, siguiendo las rutas establecidas el día anterior. Las columnas son socialmente homogéneas, sus integrantes se conocen y, a la vez, se puedan identificar fácilmente a los sindicatos intervinientes y, para el caso de los estudiantes, las facultades a las que pertenecen, lo que le da una gran uniformidad y solidez al conjunto movilizado. 

Desde Grandes Motores Diesel y Perkins, por la Ruta 9; desde Perdriel e Ilasa, en las cercanías del aeropuerto de Pajas Blancas; desde la central de Lima y Maipú de la Empresa Provincial de Electricidad de Córdoba (EPEC), desde Santa Isabel, por el camino a Alta Gracia, las columnas obreras, densas, compactas, cargadas de impulso y rebeldía, doblegarían los sucesivos cordones policiales que las esperaban armas en mano. 

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Táctica de las fuerzas represivas

La marcha hacia el centro se lleva a cabo y la lucha se entabla cuando reprime la Policía. Las columnas que son agredidas, inmediatamente se rearman y siguen su marcha. La primera batalla se libran cerca del mediodía, 5.000 obreros mecánicos frente al Hogar Pizzurno, en la Avenida Vélez Sarsfield.

La policía advierte que no puede impedir el desplazamiento del movimiento popular, porque avanzaba en múltiples columnas. Entonces concentran su atención en la custodia de lugares estratégicos: medios de comunicación, dependencias oficiales, usinas, puentes, etc.

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Ocupación del centro de Córdoba

A partir del momento en que la mayoría de las columnas llegan a la zona del centro de la ciudad, entran en contacto los distintos sectores movilizados y se generaliza la lucha en condiciones de ciudad ocupada. 

A las 12,30 horas, entretanto, una fuerte batalla campal hacía retroceder y huir a la caballería policial (los "cosacos") en las inmediaciones de la plaza Vélez Sarsfield y allí cerca cae la primera víctima fatal, el obrero de IKA-Renault, Máximo Mena. 

Al circular la noticia de la muerte se construyen barricadas para defenderse de la policía en casi todas las esquinas del centro, siendo reforzadas con fogatas; se vuelcan y se incendian vehículos para obstaculizar el desplazamiento de las fuerzas policiales y se producen algunos pocos casos de saqueos a comercios. 

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Combate de masas callejero

La policía reprime cargando con la caballería, arrojando granadas de gases lacrimógenos y disparando con armas de fuego. Se inicia el combate de masas callejero. Las fuerzas policiales no tienen espacio para tomar prisioneros; en ese momento sólo se registran muertos y heridos de ambos bandos. 

Contando con el apoyo y la participación de toda la población, más de 50.000 mil manifestantes se adueñan de la ciudad, levantando barricadas y combatiendo contra la policía, que derrotada, debió replegarse a sus cuarteles dejando la ciudad en manos de los trabajadores y estudiantes.

Por primera vez, desde la Semana Trágica, el aparato represivo es puesto en retirada por las fuerzas populares. Desesperado, el gobernador pide auxilio al Ejército. Los vecinos de la zona céntrica y estudiantes sueltos, se solidarizan con los obreros y colaboran en forma abierta en la sublevación popular. 

A las 13.15 horas el Ejército emite un comunicado informando que se han constituido los Consejos de Guerra, pero nadie se retira del campo de batalla que abarca más de 200 manzanas.

Virtudes y zonceras en la era macrista 

Control popular de las calles

Se toma por asalto el Círculo de Suboficiales del Ejército, en San Luís y La Cañada, donde queman, destrozan y arrojan a la calle todo lo que encuentran en su interior, se incendia la firma estadounidense Xerox, la concesionaria Citroen, las oficinas de la Dirección General de Rentas, y la Aduana. Los manifestantes toman como rehenes a cinco agentes de policía a quienes se los conduce a una casa particular para luego ser liberados. 

Se mantienen, defienden y construyen más barricadas; se producen atentados, destrozos, incendio de comercios y de coches, expropiaciones de armas a la policía, ataques a comisarías. La lucha es frontal, total. En ese momento se produce la derrota absoluta de la policía provincial y la fuga total de los efectivos, que se refugian en el Cabildo de la Ciudad. 

A 50 años del Cordobazo: Crónica de una insurrección popular y sus consecuencias

El Ejército entra en operaciones

A las 15.45 horas se da a conocer otro bando militar anunciando que a las 17 horas el Ejército entrará en operaciones. La policía provincial se retira del campo de batalla.

En ese momento, las escaramuzas se habían extendido a todos los barrios de la ciudad y se suceden las siguientes acciones: asalto e incendio a organismos oficiales; enfrentamientos armados en el barrio Alberdi; atentados a líneas de electricidad; destrozos de destacamentos policiales y de comisarías; baleo contra domicilios de funcionarios públicos y acciones aisladas de francotiradores. En este momento del combate, ambos bandos disparan con armas de fuego.

Todas estas acciones se despliegan en momentos en que la policía se ha retirado del escenario de las luchas y éste se encuentra bajo el control del Ejército y Gendarmería.
 
Cristina Cremer, Gustavo Zavallo y Jorge Busti visitaron Centro de Adicciones del departamento Concordia 

Desenlace de la rebelión popular

En la noche, el Ejército logra desalojar el centro, haciendo fuego indiscriminadamente, registrándose heridos en ambos bandos, pero ahora se ha creado el espacio para las detenciones. Se allanan sindicatos y la CGT "A", se llevan a cabo arrestos y se ponen en marcha inmediatamente los Consejos de Guerra. Así, son condenados los dirigentes Canelles, 10 años de cárcel; Tosco, 8 años; Elpidio Torres, 7 años. Estas fueron las respuestas de la dictadura a la pueblada.

El saldo de la batalla de Córdoba fue trágico. Más de 16 héroes y mártires muertos, cientos de heridos y numerosos detenidos. Pero la rebelión popular, tal como fue planeada, triunfó, el pueblo se hacia dueño de su destino y la dictadura de Onganía quedó herida de muerte y con ella sus proyectos de perpetuarse 20 años en el poder.

Virtudes y zonceras en la era macrista 

Etapa de rebeliones persistentes

El Cordobazo puso en evidencia las limitaciones del Estado autoritario implantado en 1966 y de una política económica neoliberal que sólo satisfacía los intereses del gran capital monopolista nacional y extranjero.
 
Desde 1969 hasta 1971, la clase obrera cordobesa llevó adelante un colosal ascenso político que no sólo fue determinante para acabar con las dictaduras de los generales Onganía y Levingston, sino que también selló la suerte de distintos gobiernos provinciales. Además, el Cordobazo fue el hito inicial de un proceso de agravamiento de la protesta social y la lucha violenta que, durante varios años, se desarrolló en la sociedad argentina.

También, esta rebelión fue el punto más alto en el curso de la lucha popular que se inicio en 1955 y culminaría en 1972 con el regreso de Juan Perón a la Patria, el peronismo aglutinando a todo el pueblo, el triunfo electoral de 1973 y las Fuerzas Armadas saliendo por la puerta de atrás de la Casa Rosada. 

El Cordobazo, signado por la metodología de la violencia popular, nos enseñó que cada pueblo tiene la capacidad de desarrollar respuestas acordes con el tiempo que le toca vivir, que pueden tomar distintas formas: legales o ilegales; pacificas o violentas. Y nos demostró que: con una política popular, con dirigentes firmes y unidad de todos los sectores, se pueden derrotar los proyectos reaccionarios más represivos y cruentos, aunque parezcan muy sólidos.
 
El 29 de mayo de 1969, los obreros y estudiantes de Córdoba nos sublevamos contra un orden opresivo y carente de libertad, un gobierno autoritario, usurpador e ilegítimo que recurría a la represión para conservar y gestionar el poder, para imponer sus intereses económicos y ejercer su voluntad política. Y asumimos el derecho a la rebelión, que es del pueblo. Y ese derecho, que nace en la aspiración a la libertad, de la Patria y de las personas, es un derecho irrenunciable.
 
Por eso esta crónica merece ser recordada. Y quienes en aquel 29 de mayo de 1969 tuvimos la oportunidad de estar allí, de ser partícipe de tan histórico hecho que nos marcó a fuego, y estamos vivos para contarlo, tenemos el ineludible deber de hacer conocer esta historia, ejemplo popular de movilización y lucha que dejó huellas imborrables en toda una generación de militantes obreros y juveniles, para enseñar a las nuevas generaciones que la mejor forma de lucha es aquella que responde a la situación histórica concreta que se esta viviendo.


Escribe: Blas García*
*Participó, como presidente de la Federación de Agrupaciones Universitarias Integralistas, en el "El Cordobazo". 

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Por la tarde, el ejército inició la operación de recuperar la zona del centro y al caer la noche los manifestantes se habían retirado a los suburbios, donde atacaron comisarías y otros símbolos de la autoridad. Mientras tanto, francotiradores disparaban contra las tropas, retardando su avance por la ciudad. El restablecimiento del orden por el Ejército se logró gracias al espectáculo que dieron los soldados enfrentando directamente a sus conciudadanos en las calles de Córdoba.
17-09-2019 / 18:09
Sin memoria ni justicia, hoy se cumplen 13 años de la segunda desaparición de Julio López, el testigo clave que aportó datos indispensables para que avance el juicio contra Miguel Etchecolatz -que fue el responsable de su primera desaparición-, militares y policías involucrados con la última dictadura cívico-militar.
 
El albañil, que ya había estado desaparecido tres años (1976-1979) durante la dictadura militar genocida, cuando era cruelmente común y cotidiano que los milicos se llevaran a cualquier persona que militara o estuviera ligada a un militante, se había transformado en una figura mediática que le comenzó a hacer ruido a muchos, por aquellos días de 2006.
 
Testigo fundamental del juicio contra el siniestro Etchecolatz, el albañil López no pudo presenciar la condena contra el represor, porque ese mismo día lo desaparecieron, 30 años después de su primer secuestro, como en el peor momento de la dictadura, pero en democracia.
 
En aquel momento, y luego de su desaparición, todos salieron a apuntar a los sectores ligados con el represor Etchecolatz, pero desde la Policía nunca explicaron nada.
 
Una parte de la sociedad está atenta a la falta de López, pero otros parecen no querer verla. Hay un mandato del poder hacia determinados sectores de derechos humanos de no hablar de Julio López. Diez años de dolor, de desazón, desconcierto y muchos interrogantes.
 
Un 18 de septiembre, dejó su casa y su familia López, un desaparecido político en democracia. Hoy volvemos a exigir que impulse una investigación en serio sobre el destino de Jorge Julio López, testigo clave en los juicios por los crímenes de la dictadura militar.
 
De la redacción de La Opinión Popular



16-09-2019 / 21:09
 
El 16 de septiembre de 1976 un grupo de jóvenes de la ciudad de La Plata fueron secuestrados, torturados y desaparecidos a raíz de sus luchas por el boleto estudiantil secundario, en una operación represiva conocida como la "Noche de los lápices".
 
Todos ellos tenían entre catorce y dieciocho años; estaban comprometidos con el momento histórico que vivían, se daban cuenta de que los tiempos habían virado definitivamente hacia la represión ilegal, pero eligieron seguir en la lucha por una sociedad más justa y solidaria, enfrentando a la alianza entre la patria financiera y sus personeros militares. Hoy forman parte de los 238 adolescentes argentinos, que fueron secuestrados durante la dictadura y aún siguen desaparecidos.
 
De aquella noche, los seis que no volvieron jamás, de la decena de adolescentes detenidos en ese septiembre, fueron: Claudio de Acha 16 años, Horacio Ungaro 16 años, María Clara Ciocchini 17 años, María Claudia Falcone 16 años, Francisco López Muntaner 17 años, Daniel A. Racero 18 años, todos jóvenes, militantes y peronistas que fueron brutalmente secuestrados y torturados durante meses en un campo clandestino de detención.
 
Hace casi una década, y a modo de homenaje, desde el gobierno nacional junto con organizaciones políticas y reparticiones provinciales de políticas de Juventud impulsamos que se designe el 16 de septiembre como el "Día de la Juventud".
 
Se lo planteamos al entonces presidente Néstor Kirchner que de inmediato tomó la propuesta e impulsó la iniciativa. En nuestra provincia, el primer acto de homenaje a esta fecha lo hizo Gustavo Bordet en el 2006 en el PJ de Concordia.
 
Fue una excelente manera de rendir siempre homenaje a una generación que participó políticamente, persiguió una transformación en la Argentina, se sacrificó y militó para cambiar un país dependiente, sometido económica y culturalmente, evidentemente injusto en la distribución de la riqueza y el poder.
 
Escribe: Alejandro Gonzalo García Garro
 

16-09-2019 / 21:09
El 17 de septiembre de 1861 tuvo lugar la batalla de Pavón entre las fuerzas porteñas, comandadas por el general Bartolomé Mitre, y las tropas federales de la Confederación Argentina, al mando del general Justo José de Urquiza.
 
Cuando estaba ganando la batalla, Urquiza retira sus tropas, aun teniendo superioridad numérica. La victoria fue para los porteños, que extenderían así su dominio unitario a todo el país. Y Urquiza  se convierte en el jefe traidor del Partido Federal, lo que luego le costaría la vida.
 
La batalla de Pavón suscitó polémicas que aún perduran, pero al margen de las interpretaciones sobre los entretelones de la batalla, lo cierto es que el resultado de este combate abre el camino para que los liberales porteños permitan la penetración del neocolonialismo británico en nuestra Patria.
 
Esta relación consistía en la coincidencia de los sectores ganaderos y comerciales porteños con los importadores de productos industriales ingleses, que trabajaban mancomunados con los inversores británicos. Argentina pasó a ser la granja y Gran Bretaña, la fábrica. Dejamos de ser una Patria libre y pasamos a ser un país semicolonial y dependiente.
 
En las guerras civiles argentinas del siglo XIX se definió la identidad de nuestra Patria y su lugar en el mundo. Caseros, Pavón, Cepeda y la guerra de genocidio que el mitrismo llevó al Paraguay, consolidaron el triunfo de quienes se identificaban con la "civilización", de acuerdo a la definición de Sarmiento, en perjuicio de quienes representarían a la "barbarie", el interior federal.
 
A continuación, transcribimos un artículo del maestro José María Rosa sobre esta batalla, sus interpretaciones y consecuencias.
 

Gustavo Rearte, fundador y líder de la JP, héroe de la Resistencia Peronista
Por Blas García



16-09-2019 / 20:09
16-09-2019 / 09:09
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