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Nacionales - 26-05-2019 / 09:05

Los dilemas que le aguardan a Alberto Fernández

Los dilemas que le aguardan a Alberto Fernández
Si Fernández llega a la Casa Rosada, tendrá que elegir un camino. Fue elegido para hacer algo distinto al kirchnerismo, nada menos que por la jefa del kirchnerismo. Parece un oximorón o, al menos, un jeroglífico. Si hace aquello para lo cual fue designado, tal vez sea visto como un traidor. Si no lo hace, ¿cuál sería el sentido de su designación? Hasta ahora, esa duplicidad le permitió llegar tan alto como ni siquiera él imaginó.
Existe una razonable chance de que el próximo 10 de diciembre Mauricio Macri le entregue el bastón y le coloque la banda presidencial a Alberto Fernández. Ese día, el nuevo presidente será eventualmente ovacionado por los partidarios de su poderosa vicepresidenta y, tal vez, por un puñado de amigos de toda la vida.
 
El dilema de Alberto es sencillo de explicar. Un presidente, necesariamente debe ser el jefe político de un país. ¿Cómo transformarse en eso sin perder, al mismo tiempo, su principal punto de apoyo, que es Cristina, que era su jefa hasta hace cinco minutos? ¿Cómo ganar respeto en la estructura de poder sin desafiar a la principal referencia de esa estructura?
 
Un presidente debe tener autonomía, no puede consultar cada paso: ¿en qué momento esa autonomía será insoportable? ¿El primer día? ¿El segundo? Es cierto que, como dice el flamante candidato, "ni Cristina es Perón ni yo soy Cámpora", pero hay algo de la asimetría que se dio en ambos casos que deberá resolver con precisión quirúrgica.
 
Eso no solo dependerá de él sino, fundamentalmente, de ella, o de lo que ella perciba de sus movimientos, o de lo que la mesa chica que la rodea intérprete, entienda, intrigue a cada paso del ejercicio de un poder que nunca fue sencillo de manejar. Habitualmente, las disputas se han definido en favor del Presidente y en contra de su padrino político en este caso, madrina. Nadie sabe eso mejor que ella, porque recuerda.
 
Si Fernández llega a la Casa Rosada, tendrá que elegir un camino. Fue elegido para hacer algo distinto al kirchnerismo, nada menos que por la jefa del kirchnerismo. Parece un oximorón o, al menos, un jeroglífico. Si hace aquello para lo cual fue designado, tal vez sea visto como un traidor. Si no lo hace, ¿cuál sería el sentido de su designación? Hasta ahora, esa duplicidad le permitió llegar tan alto como ni siquiera él imaginó.
 
Cristina acaba de tomar una decisión que ha sorprendido por su plasticidad e inventiva. Hasta hace unos días era la favorita para suceder a Macri. Sin embargo, designó en su lugar a otra persona, que ha demostrado no ser uno de sus obsecuentes.
 
Nunca se sabrá si esa renuncia obedece a cuestiones personales, al miedo a perder la elección, o a un reconocimiento de que otra persona tiene mejores cualidades para gobernar el país en estas condiciones. En cualquier caso, la decisión está tomada y sus resultados se verán con el tiempo. Si llega a la Casa Rosada, Alberto Fernández deberá caminar por la cornisa: eso es, al fin y al cabo, ser el presidente de la Argentina.
 
"Primero dijeron que Néstor sería el chirolita de Duhalde, después que no funcionaría el doble comando, ahora dicen que Alberto no podrá bajo la tutela de Cristina. Siempre inventan estas cosas. Después se sorprenden de nuestros éxitos", es la defensa de la dirigencia cercana a la fórmula. Quién sabe...

 
La trágica encerrona que, inevitablemente, aguarda a Alberto Fernández
 
Existe una razonable chance de que el próximo 10 de diciembre Mauricio Macri le entregue el bastón y le coloque la banda presidencial a Alberto Fernández. Ese día, el nuevo presidente será eventualmente ovacionado por los partidarios de su poderosa vicepresidenta y, tal vez, por un puñado de amigos de toda la vida.
 
Un rato después, se sentará en su despacho, el mismo que perteneció a la vice durante ocho años. En el caso de que él desee hablar con ella, ¿le dará la orden a un asistente para que la convoque? ¿Enviará un mensaje de WhatsApp: "Necesito verte en mi despacho"? ¿Acudirá ella o le reclamará que sea él quien se desplace? ¿Primará el poder real o el formal? Si ella acude, ¿en qué lugar de esa distinguida oficina se sentará cada uno? ¿Cómo mirará ella la silla que le perteneció y ahora le pertenece a él? Hasta ahora, todo ha sido al revés. Ella llamó. Él fue. Ella ocupó la cabecera. Él, un lugar simbólico subordinado.
 
Pocas personas reconocerán que ven ese problema en este momento de armonía y discursos sobre mi amigo Alberto y mi amiga Cristina. Alberto es un hombre abierto. Cristina maduró. No se van a pelear por quién llama a quién o por dónde se sienta cada uno. Sin embargo, la historia del peronismo no parece ser rica en esas armonías, que en estos días se pregonan.
 
Eduardo Duhalde ungió a Néstor Kirchner y, en pocos meses, el nuevo presidente se sacó de encima a su padrino. En las distintas provincias, sucede lo mismo: Sergio Uñac marginó del poder a su padrino José Luis Gioja en San Juan, Gustavo Bordet hizo lo mismo con José Urribarri en Entre Ríos, Juan Manzur corrió del Gobierno todo vestigio de José Alperovich, su antecesor y aliado, en Tucumán.
 
En ninguno de esos casos, el desnivel de poder entre unos y otros fue tan gigantesco como el que existe entre Cristina, una de las líderes más importantes de la democracia argentina, y Alberto, tanto o tan poco como su candidato a presidente.
 
El dilema de Alberto es sencillo de explicar. Un presidente, necesariamente debe ser el jefe político de un país. ¿Cómo transformarse en eso sin perder, al mismo tiempo, su principal punto de apoyo, que es Cristina, que era su jefa hasta hace cinco minutos? ¿Cómo ganar respeto en la estructura de poder sin desafiar a la principal referencia de esa estructura?
 
Un presidente debe tener autonomía, no puede consultar cada paso: ¿en qué momento esa autonomía será insoportable? ¿El primer día? ¿El segundo? Es cierto que, como dice el flamante candidato, "ni Cristina es Perón ni yo soy Cámpora", pero hay algo de la asimetría que se dio en ambos casos que deberá resolver con precisión quirúrgica.
 
Eso no solo dependerá de él sino, fundamentalmente, de ella, o de lo que ella perciba de sus movimientos, o de lo que la mesa chica que la rodea intérprete, entienda, intrigue a cada paso del ejercicio de un poder que nunca fue sencillo de manejar. Habitualmente, las disputas se han definido en favor del Presidente y en contra de su padrino político en este caso, madrina. Nadie sabe eso mejor que ella, porque recuerda.
 
En sus primeros pasos, el candidato se mostró dispuesto a reverenciar todos los símbolos del kirchnerismo ortodoxo. El primer acto de campaña se realizó en el territorio mítico de Santa Cruz el miércoles, y el segundo durante la inauguración de un Parque en Merlo, que se llamará Néstor Kirchner, un nombre que ya, por lejos, nombra más cosas en la Argentina que los de José de San Martín o Juan Domingo Perón.
 
En el medio, se tomó una foto con Rudy Ulloa Igor, el chofer de Néstor Kirchner, cuyo vertiginoso crecimiento patrimonial le permitió hasta llegar a presentar una oferta para quedarse con el canal Telefé.
 
Algunas personas plantean que el protagonismo de Fernández es una vuelta al "nestorismo", pero reducen ese significado a la capacidad de diálogo que tuvo el fallecido líder con sectores políticos, sociales y mediáticos a los que luego Cristina les cerró la puerta.
 
Pero "Nestorismo", también, como lo sabe cualquier independiente, es confraternizar con personalidades como Rudy. "Néstor, de día, hacía política conmigo y, de noche, hacía otras cosas con otras personas", dijo alguna vez Fernández, para desmarcarse de las peores prácticas de quien fuera su jefe.
 
En sus movimientos de esta semana, da a entender que está dispuesto a transitar las 24 horas del día. "Gracias Cristina, por el gesto de grandeza, por la generosidad", arrancó ayer en Merlo.
 
Las reverencias del candidato a un pasado al que, por momentos, perteneció y con el cual, en otros, confrontó, se manifiestan cada vez que debe responder preguntas sobre la corrupción que existió en el gobierno de Cristina Fernández.
 
Allí, Alberto se ciñe a un libreto muy preciso. Es capaz de admitir que hubo corrupción, pero siempre como un fenómeno difuso, difícil de identificar. Sobre los casos puntuales, en cambio, prefiere derivar el tema a la Justicia.
 
Pero cuando la Justicia avanza, la cuestiona con argumentos de abogado con experiencia. Prefiere centrarse en las arbitrariedades de los procesos judiciales antes que en las sospechas evidentes que existen sobre los acusados. Y, finalmente, cuando no logra detectar ninguna arbitrariedad judicial, aun cuando haya condenas firmes, en hechos gravísimos como la tragedia de Once, siembra dudas.
 
Hace algunos años, el escritor español Javier Cercas escribió un libro fantástico llamado Anatomía de un instante, que se transformó en un clásico de la transición española. Allí, abundó sobre un concepto que no era propio, el de "héroes de la retirada". Se refería a líderes que habían pertenecido a un sistema y que, cuando llegaron a tener poder, contribuyeron a desarmarlo.
 
En ese concepto, Cercas ubicaba a Mijail Gorbachov, el estalinista que terminó con la Unión Soviética, o a Adolfo Suárez, el niño mimado del franquismo, que terminó con él. Si Fernández llega a la Casa Rosada, tendrá que elegir un camino. Fue elegido para hacer algo distinto al kirchnerismo, nada menos que por la jefa del kirchnerismo.
 
Parece un oximorón o, al menos, un jeroglífico. Si hace aquello para lo cual fue designado, tal vez sea visto como un traidor. Si no lo hace, ¿cuál sería el sentido de su designación? Hasta ahora, esa duplicidad le permitió llegar tan alto como ni siquiera él imaginó.
 
Cristina Kirchner acaba de tomar una decisión que ha sorprendido por su plasticidad e inventiva. Hasta hace unos días era la favorita para suceder a Macri. Sin embargo, designó en su lugar a otra persona, que ha demostrado no ser uno de sus obsecuentes.
 
Nunca se sabrá si esa renuncia obedece a cuestiones personales, al miedo a perder la elección, o a un reconocimiento de que otra persona tiene mejores cualidades para gobernar el país en estas condiciones. En cualquier caso, la decisión está tomada y sus resultados se verán con el tiempo.
 
Pero su carácter es su carácter. Esta semana mostró algo más de él durante la audiencia del juicio donde debió concurrir como acusada. En primera fila estaba Julio De Vido, quien fue el encargado de la obra pública desde el día en que Néstor asumió hasta que Cristina entregó el poder.
 
De Vido está detenido desde hace 20 meses. Cristina nunca lo visitó. Durante la audiencia, ni lo miró. Si De Vido es un preso político, inocente, perseguido por el macrismo, ¿cómo se explica esa crueldad? Si no lo es, o sea, si es culpable, ¿cómo se explica el gobierno de Cristina? En cualquier caso, he allí una muestra -una más- de cómo ella puede proceder cuando alguien pierde su beneplácito.
 
Si llega a la Casa Rosada, Alberto Fernández deberá caminar por la cornisa: eso es, al fin y al cabo, ser el presidente de la Argentina. A diferencia de otros, lo hará solo gracias al poder prestado por su vicepresidenta, una mujer de carácter muy intenso, capaz de ser la más generosa, o la más cruel, y ambas cosas por motivos a veces indescifrables.
 
"Primero dijeron que Néstor sería el chirolita de Duhalde, después que no funcionaría el doble comando, ahora dicen que Alberto no podrá bajo la tutela de Cristina. Siempre inventan estas cosas. Después se sorprenden de nuestros éxitos", es la defensa de la dirigencia cercana a la fórmula.
 
Quién sabe...
 
Por Ernesto Tenembaum
 
Fuente: Infobae
 

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18-09-2019 / 09:09
El viernes 9 de agosto, dos días antes de las PASO, se produjo una manipulación del mercado con motivo electoral, la cual fue generada por el propio Mauricio Macri. La misma consistió en alzar artificialmente el precio de papeles y acciones que cotizan en bolsa, lo que la Comisión Nacional de Valores (CNV) debería haber investigado.
 
Días después de las PASO, esos valores se derrumbaron y Martín Redrado, ex titular del Banco Central, manifestó: "El Presidente dijo que el dólar se vaya a dónde se tenga que ir y que los argentinos aprendan a votar" y que, según él, habría ordenado a la autoridad monetaria no intervenir para contener el valor de la divisa.
 
Ahora, el juez federal Rodolfo Canicoba Corral ordenó que, el Banco Central y el Ministerio de Hacienda, entreguen las agendas y registro de viajes de sus funcionarios para determinar si el Gobierno dejó que el dólar subiera un 30% después de la aplastante derrota de Macri en las PASO, por casi 17 puntos, ante Alberto Fernández.
 
Producto de la mega devaluación provocada por Macri tras las PASO, la inflación mayorista de agosto se disparó por encima del 11%, lo cual generará un impacto directo en el segmento minorista en las próximas semanas. En términos interanuales, el aumento superó el 60%.
 
Esta devaluación provocó un aumento de la inflación. De acuerdo al último informe del INDEC, el índice de precios internos al por mayor (IPIM) registró una suba de 11,2% respecto del mes anterior. Este aumento se explicó como consecuencia de la suba de 9,9% en los "Productos nacionales" y de 28,2% en los "Productos importados". En la retrospectiva con agosto de 2018, la suba de precios alcanzó el 62,9%. 

Según el documento oficial, el nivel general del índice de precios básicos del productor (IPP) registró un incremento de 11,3% en el mismo período, como consecuencia del aumento de 7,1% en los "Productos primarios" y de 13,2% en los "Productos manufacturados y energía eléctrica".
 
La semana pasada, la inflación minorista fue del 4% en agosto, y se espera que septiembre muestre aumentos mayores. Justamente, el pronunciado ascenso en el rubro mayorista deberá traspolarse a las góndolas en el mediano plazo.
 
La estampida preanuncia que la inflación minorista en septiembre marcará un nuevo record de la desastrosa gestión de la alianza Cambiemos. La consecuencia será que más argentinos quedaran sumergidos en la pobreza y que a todos se deterioraran los ingresos.
 
La Opinión Popular

17-09-2019 / 09:09
El Gobierno de Mauricio Macri prevé que en el 2020 la totalidad del sector público nacional logre ahorrar $405.252 millones, de la mano de una fuerte caída en el gasto de obra pública, en las transferencias a las provincias y en los subsidios a la energía.
 
Como contrapartida, el 82,6% de ese ahorro será destinado al pago de deuda externa. Los datos surgen del proyecto de Ley de Presupuesto 2020 presentado ayer por el ministro de Hacienda, Hernán Lacunza. El documento realizó algunas proyecciones macro extraordinarias.
 
Algunos de los datos más llamativos surgieron del cálculo publicado en el cuadro Ingresos y gastos de la administración nacional. Ahí se observó en primer lugar que el resultado primario estimado por Hacienda para el 2019 es un déficit de apenas 0,5% del PBI, tal como el que permitía el acuerdo con el FMI y sus ajustadores.
 
Desde los privados hay discrepancias: la consultora Elypsis prevé un rojo primario de 1% este año. El grueso de los analistas, de hecho, proyecta que habrá incumplimiento de un acuerdo con el Fondo que, de todas formas, está en renegociación.
 
En segundo lugar se vio que para el 2020 Hacienda proyecta un superávit de $250.939 millones. Es decir un ahorro de $374.414 millones, si se lo compara con el rojo de $123.475 millones previsto por el Gobierno para el 2019, muy discutido por las consultoras privadas.
 
Lo extraordinario en este caso es que de esos $374.414 millones que se ahorran, el 82,6% será destinado al pago de intereses generados por la deuda externa contraída.
 
Y eso porque en 2020, a la par de ese recorte esperado de los gastos primarios, el pago de intereses crecerá 42,5%. Es decir: el año que viene se gastará un extra de $309.320 millones en partidas generadas por la política de endeudamiento externo.
 

17-09-2019 / 09:09
Si hubiera una metáfora deportiva para comparar el eventual resultado electoral de la elección de octubre, según la nueva encuesta que se conoció por estas horas -al igual que otras publicadas la semana pasada-, sería goleada...
 
No hay muchas incertidumbres de cara a octubre: Alberto Fernández se consolida como el candidato más votado y hasta superaría el 50% de los votos. Mauricio Macri, por su parte, perdería algunos puntos desde las PASO (un 5,9% cambiaría su voto a su favor, pero un 8,2% dice que lo votó y no lo va a volver a votar).
 
En efecto, la consultora Gustavo Córdoba & Asociados realizó un relevamiento nacional en el que Fernández obtiene el 54,5 por ciento de la intención de voto, mientras que Macri queda lejos, muy lejos con el 31,8 por ciento.
 
El trabajo sostiene que se manifiesta una consolidación de la diferencia entre el candidato del Frente de Todos y el Presidente de la Nación, entrando "en una inercia en la que ya casi no quedan incertidumbres sobre el posible resultado de las elecciones de octubre".
 
Casi 23 puntos de ventaja que muestran una fuerte polarización entre las dos principales fórmulas y, es casi ocioso recordar, deja a la dupla de Juntos por el Cambio lejos, muy lejos de un eventual balotaje.
 
El sondeo realizado sobre 1.200 casos pone al resto de los candidatos presidenciales con porcentajes casi marginales: Roberto Lavagna con el 6,1 por ciento; Nicolás Del Caño con el 2,2; José Luis Espert con el 1,4, y Juan José Gómez Centurión con el 0,7 por ciento.
 
Además, la mitad de los encuestados sostuvo que las medidas económicas tomadas por el gobierno después de las PASO fueron "tardías e inoportunas". Casi el 30%, por otro lado, considera que "ayudan a pasar el mal momento". Solo un 9% cree que pueden solucionar la crisis económica.
 
La Opinión Popular

16-09-2019 / 10:09
El sermón en la misa de cuerpo presente es la que se dice estando el cadáver del difunto expuesto y preparado para llevarlo después al entierro. Es lo que escuchó el Presidente en la fiesta del Señor y la Virgen del Milagro en Salta.
 
Fue al finalizar la ceremonia, que se hizo en el atrio de la céntrica Catedral Basílica de Salta, de cara a una multitud ubicada en la plaza 9 de Julio, cuando el arzobispo de Salta, Mario Cargnello, tomó el micrófono y se dirigió a Macri.
 
"Usted dijo que se había sentido golpeado y en el clima de ese golpe quiso venir aquí. Ha venido a un buen lugar, ha venido a encontrarse con el señor", dijo monseñor mirando al presidente. Y citó su promesa de terminar con la pobreza: "Usted dijo que iba a luchar por la pobreza cero. ¿Qué puede decir Salta de la pobreza?, le da rostro a la pobreza".
 
Al respecto, utilizó el ejemplo de los peregrinos de La Puna que trabajan en las minas y que caminan durante una semana más de 200 kilómetros para llegar a la Catedral. "Son gente humilde que trabaja en condiciones de inclemencias climáticas para darle riqueza a la República", los definió Cargnello.
 
"Los pobres no son una molestia, son una oportunidad, son maestros", agregó el sacerdote, que luego retomó el ejemplo de los mineros: bajan desde La Puna en peregrinación "el dueño de la mina, el gerente y el último minero, todos juntos, y provocan una nueva sociedad en Salta", dijo.
 
"¿No es posible venir juntos caminando por la historia? ¿Por qué debe hacerse la historia desde la pelea?", preguntó Cargnello y rescató que eso es lo que enseñan los pobres, en este caso los mineros. "Por eso Mauricio, hablaste de la pobreza, llévate el rostro de los pobres, son dignos, son argentinos, son respetuosos y merecen nos pongamos de rodillas ante ellos", concluyó el religioso.
 
Pero hubo más críticas desde la Iglesia. Luego de que el sacerdote Raúl Méndez, uno de los hombres fuertes de la Iglesia salteña, calificara de inoportuna la visita de Macri, se refirió al tema monseñor Dante Bernacki, otro de los referentes de la institución.
 
"Me da la impresión que no le dio resultado la Pachamama y viene a ver si el Señor del Milagro le tira un voto más", manifestó en declaraciones a FM Aries. Igualmente aclaró que por protocolo siempre se invita al presidente, aunque esta es la primera vez en muchos años que un mandatario nacional aceptó venir.
 
La Opinión Popular

15-09-2019 / 10:09
La narrativa macrista niega la existencia de la lucha de clases; sin embargo su praxis la radicalizó. El macrismo desechó el gradualismo en sus primeros cien días. Cimentó en ellos la redistribución regresiva de los ingresos, el poder y las oportunidades.
 
Sentó las bases para que prosperaran la Banca, los especuladores, el capital financiero, los exportadores agropecuarios, los fondos buitres, las concesionarias de servicios públicos. Favoreció a los medios concentrados. Definió a los ganadores (por goleada) y a los perdedores del modelo. Implantó la persecución judicial a opositores, mediante la doctrina Gerardo Morales- Irurzun.
 
El gobierno de clase se propuso bajar los salarios y presionar a los trabajadores con el cruel dilema: aceptar sueldos de hambre o quedar en la calle. Dicho objetivo se concretó en buena medida, limitado en parte por la movilización social, por la cultura resistente de los argentinos y por la red de protección social creada o consolidada por el peronismo.
 
Otra ambición animaba al macrismo: instalar una hegemonía político-cultural que le garantizara poner fin al populismo y perpetuarse en el poder. Fracasó ese designio, tan ajeno a la historia nacional.
 
Si, como todo lo indica, se ratifica su derrota en el todavía lejano 27 de octubre dejará un país asolado, endeudado hasta el tuétano.
 
La herencia del macrismo moviliza a los cuerpos de sus candidatos y líderes territoriales. Todos se alejan de Mauricio Macri, reniegan de su existencia y de su legado que incluye legislación regresiva, doctrina Chocobar y otras lindezas.
 
Todas maquilladas bajo el seudónimo "republicano", adoptado por la derecha nativa que ni siquiera tiene la franqueza de reconocer su propia identidad.
 

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